El próximo 16 de mayo se cumple el centenario del acuerdo negociado secretamente entre los negociadores Mark Sykes y François Georges-Picot, por Gran Bretaña y Francia, respectivamente (1). Este acuerdo, negociado en medio de la Primera Guerra Mundial, tenía el objetivo de delimitar las respectivas zonas de influencias francobritánicas en buena parte del Imperio Otomano, que luchaba del lado de las potencias centrales en dicha conflagración.
La contienda mundial había alcanzado o amenazaba alcanzar zonas estratégicas para los grandes imperios europeos, particularmente para el británico, como las regiones petroleras del Golfo Pérsico, el canal de Suez, la ruta a la India, etc. Sumado a esto, el hecho que las huestes del Sultán otomano se hayan involucrado en el conflicto del bando contrario, motivaron una serie de acuerdos con los nacientes movimientos nacionalistas árabes, ubicados desde la península arábiga hasta Siria e Irak, para contribuir a minar los ya endebles cimientos sobre los que apoyaba el Imperio con  base en Constantinopla.
En este contexto, y ante la cierta posibilidad de la derrota de las potencias centrales, y por ende del desmoronamiento territorial del Imperio Otomano, los aliados europeos prestamente acordaron delimitar las esferas de influencia en caso de que el final de aquel imperio finalmente se produjera.


En medio del estancamiento de la guerra, y la reducción de la acción bélica a las trincheras en el escenario europeo occidental, la febril actividad diplomática británica aseguró en forma paralela el respaldo a la autonomía de los inquietos movimientos nacionalistas árabes (2), defendió la idea de la creación de un Hogar Nacional Judío en  el territorio histórico de Palestina (3), y acordó en forma secreta con su par francesa zonas de acción directa e influencia en el Creciente Fértil.
Efectivamente, el acuerdo en cuestión – negociado desde finales de 1915 y cerrado en mayo de 1916 – repartía la amplia región delimitada por el Mediterráneo oriental, el Golfo Pérsico, Persia y Anatolia, entre zonas de control directo para cada una de las  dos potencias , y zonas de influencia adyacentes a las primeras en las que sobrevendría un Estado árabe – o una Confederación árabe – sólo formalmente independiente, que incluía derechos prioritarios en materia de prerrogativas empresariales y préstamos para las empresas francesas y británicas, respectivamente, sobre las locales, así como el derecho de suministrar funcionarios y consejeros en forma excluyente (4).
El control directo francés se circunscribiría al territorio del actual Líbano y la región de Cilicia, en Anatolia meridional, mientras que su área de influencia abarcaría el norte y centro de Siria – Damasco, Alepo – y de la presente provincia iraquí de Mosul. Por su parte, Gran Bretaña adquiriría el derecho a controlar directamente el puerto de Haifa, Kuwait y la Mesopotamia – incluyendo Basora y Bagdad-, y podría ejercer su influencia en el sur de Siria, Jordania y Palestina. Asimismo, el acuerdo establecía una zona de control “internacional” – zona en la que también participaría Rusia (5) – , en aquella región histórica, que incluía San Juan de Acre y Jerusalén.

El Acuerdo bilateral también preveía disposiciones en materia de apertura recíproca de los puertos de Alexandretta y Haifa, derechos a favor de Gran Bretaña para la construcción y administración de vías férreas entre las diferentes áreas – el Baghdad Railway -, el levantamiento de barreras aduaneras interiores entre las mismas, y el aseguramiento que no se consentirían concesiones territoriales ni bases navales a terceros Estados sin el concurso de los gobiernos francés y británico.
Los resultados de los tratados de Versalles endosaron buena parte de lo acordado secretamente por los negociadores francobritánicos. Fruto de los intereses contrapuestos entre Francia y Gran Bretaña en la región, fueron necesarias ulteriores negociaciones que redundaron en la reasignación de los yacimientos de Mosul por parte de Francia a Gran Bretaña, a cambio de concesiones petroleras y del otorgamiento del control directo francés no sólo sobre el litoral mediterráneo de Siria, sino también sobre las regiones interiores de Alepo, Homs y Damasco, región interior esta que había sido objeto de las concesiones contradictorias británicas para un fututo Estado árabe (6).
En definitiva, este enorme cuerpo jurídico que significaron los Tratados de Versalles (7), germen de todo lo ocurrido en los años subsiguientes en Europa, también selló la suerte de los pueblos del Medio Oriente. Particularmente fue en la Conferencia de San Remo de 1920 donde se resuelve la constitución y distribución de los Mandatos de la Sociedad de Naciones a Francia y Gran Bretaña en las regiones concernidas (8): Siria y Líbano para Francia, y para la mandataria británica, Mesopotamia y Palestina, esta última confirmando el logro inicial de la aplicación de la llamada Declaración Balfour a favor de la causa sionista (9).
A la luz de los acontecimientos que han ensombrecido la región desde entonces, se impone una reflexión sobre aquella negociación, la cual claramente no fue beneficiosa para las poblaciones locales y la zona en su conjunto, y con el correr del tiempo pasaron significar una amenaza no sólo para la paz y seguridad regional, sino también internacional. De acuerdo con Hobsbawm, la reorganización del Próximo Oriente – mediante la negociación referida, y en términos generales, luego de todas las negociaciones con las que dio término la Primera Guerra Mundial – se realizó según principios imperialistas convencionales10.
En efecto, bajo las presiones y tácticas de la guerra total que sin duda significó la Gran Guerra, la actividad diplomática se desplegó paralelamente al esfuerzo bélico, y con su afán de procurar apoyos y aliados, se prometieron indistintamente respaldar los anhelos autonomistas de los árabes frente a los otomanos (11), junto con el patrocinio a la constitución de un Estado judío en su histórica región de asiento. Al mismo tiempo, se dividieron diferentes áreas de influencia y control, motivadas por las ya  significativas inversiones en la región y por la creciente importancia estratégica que la misma iba adquiriendo en materia petrolera, vías férreas, marítimas y rutas comerciales.


El principio del respeto de las nacionalidades pregonado por el presidente Wilson – plasmado en varios de sus Catorce Puntos – fue secundado apenas parcialmente en la Europa central, como consecuencia del vacío generado por la caída de los imperios alemán, austro-húngaro y ruso, pero prácticamente inaplicado en Medio Oriente – a pesar de que muchas de las declaraciones parecieron así defenderlo – , donde además de dividirse las zonas de influencia ya comentadas, luego formalizadas bajo el recién inaugurado sistema de Mandatos por la Sociedad de Naciones, quedaron nacionalidades y grupos étnicos subsumidos en entidades estatales mayores como pasó con los kurdos, los azeríes o los armenios. Sólo la Turquía kemalista de principios de los años 20 pudo enfrentar los intentos cercenadores de su territorio nuclear, pudiendo conformar su moderno Estado en toda Anatolia.
Este acuerdo francobritánico motivó, luego de su posterior publicidad12, la sorpresa e incluso el repudio por parte de las poblaciones árabes, y también del movimiento sionista, todo lo cual redundó en un rápido deterioro de las relaciones entre las potencias mandatarias y los referidos colectivos en las décadas siguientes, que no hicieron sino agravar la ya delicada situación de creciente enfrentamiento que se estaba gestando en toda la región.
Del mismo modo de lo acontecido en otras geografías – claramente en África, pero patente en el resto del continente asiático, en las islas del Pacífico, y también en la propia América -, los límites de los Estados de la región del Cercano Oriente responden a una delimitación que no refleja las verdaderas interacciones, particularidades y pulsiones de las poblaciones locales, redundando en una condena ab initio al conflicto, a la intromisión de los asuntos de un Estado en los del otro, y en términos generales, a la superposición de intereses más allá de las fronteras estatales. El actual accionar transfronterizo de grupos religiosos y partidos políticos, incluyendo a organizaciones terroristas como el propio Estado Islámico – que precisamente parece querer desdibujar las fronteras preestablecidas – , son indicio de que las soluciones que parecían beneficiosas en un momento resultaron no serlo tanto a la luz del historial de conflicto, guerra y subdesarrollo general de la región.
En momentos en que Siria e Irak son el escenario de las disputas, las ambiciones y los regateos de grupos dentro y fuera de sus fronteras – Estados, organizaciones religiosas y políticas, etc -, recordando el Acuerdo Sykes-Picot en su centenario, tal vez sea buen momento para recordar las consecuencias negativas que provoca la negociación de acuerdos únicamente atendiendo a intereses estrictamente egoístas, sin pensar aunque sea brevemente en el interés general de toda una región, y sin estimar las eventuales derivaciones de no considerar ese interés mayor.

Por Dr. Ramiro Rodríguez Bausero
Secretario de la Embajada de la República Oriental del Uruguay en Argentina. Analista internacional. Eurasian-Latin American Conference 2016. Académico en UDELAR y el Consejo Uruguayo para las Relaciones Internacionales CURI.

1 Disponible en su versión en inglés http://www.saylor.org/site/wp-content/uploads/2011/08/HIST351- 9.2.4-Sykes-Picot-Agreement.pdf y en francés http://mjp.univ-perp.fr/constit/sy1916.htm. El intercambio de Notas se realizó en la capital británica, entre el Secretario del Foreign Office, Edward Grey, y Embajador francés en Londres, Paul Cambon.
2 Se reporta una activa correspondencia mantenida entre 1915 y 1916 entre Hussein bin Ali, sharif de La Meca y Henry Mc Mahon, Alto Comisionado británico en Egipto. El primero se había alzado contra el sultán otomano con beduinos de Arabia occidental y desertores y prisioneros del propio ejército otomano. Hourani, Albert – La historia de los árabes. Cap. 19, 2003, Vergara.
3 En julio de 1917, el Secretario de Exteriores británico Lord Balfour finalmente consolidó la promesa de Gran Bretaña de reconstruir en Palestina el Hogar Nacional Judío, otorgando a la causa sionista el derecho irrestricto a la inmigración judía a ese territorio y dotando de autonomía interna a las futuras autoridades judías que allí se instalaran. Johnson, Paul – La Historia de los Judíos. 2007, Ed. Vergara.
4 « La France et la Grande-Bretagne sont disposées à reconnaître et à soutenir un État arabe  indépendant ou une confédération d’États arabes dans les zones (A) et (B) indiquées sur la carte ci-jointe, sous la suzeraineté d’un chef arabe. Dans la zone (A), la France, et, dans la zone (B), la Grande-Bretagne, auront un droit de priorité sur les entreprises et les emprunts locaux Dans la zone (A), la France et dans la zone (B), la Grande-Bretagne, seront seules á fournir des conseillers ou des fonctionnaires étrangers á la demande de l’État arabe ou de la Confédération d’États arabes. ». Disponible en http://mjp.univ- perp.fr/constit/sy1916.htm.
5 De acuerdo a lo negociado por Sykes y Picot, Rusia debería prestar su aprobación al mismo. Asimismo, se hace referencia a las pretensiones territoriales de Italia en territorio otomano – Anatolia-, y se sugiere la comunicación de los términos acordados al Japón.
6 Renouvin, Pierre – Historia de las Relaciones Internacionales. Tomo II, Parte Las crisis del siglo XX, Libro I, Cap. VII. 1990, Akal.
7 En la simplificación por denominar Tratados de Versalles, se incluyen los Tratados firmados por los Estados vencedores con cada uno de los vencidos: Versalles propiamente dicho con Alemania, Trianon con Hungría, Saint-Germain con Austria, Sèvres con Turquía y Neully con Bulgaria.
8 http://www.cfr.org/israel/san-remo-resolution/p15248
9 Al decir de Hobsbawm, “otra secuencia problemática e insuperada de la Primera Guerra Mundial”. Hobsbawm, Eric – Historia del Siglo XIX. Primera Parte, Cap.I, 2007, Grupo Editorial Planeta, Buenos Aires.
10 Hobsbawm, Eric – Op. cit.
11 Principalmente a lo largo de la correspondencia Hussein-McMahon ya referida.
12 En noviembre de 1917 en diarios rusos y británicos.

Referencias Consultadas:
-Hobsbawm, Eric – Historia del Siglo XIX. Grupo Editorial Planeta, Buenos Aires, 2007. Hourani, Albert – La historia de los árabes. Ed. Vergara, 2003.
-Johnson, Paul – La Historia de los Judíos.  Vergara, 2007.
-Laurens, Henry – Comment l’Empire Ottoman fut dépecé. Le Monde Diplomatique, abril       de        2003.                    Disponible en  https://www.monde- diplomatique.fr/2003/04/LAURENS/10102.
-Renouvin, Pierre – Historia de las Relaciones Internacionales. Akal, 1990.
US Department of State – International Boundary Study No. 94. Jordan – Syria Boundary. The Geographer Office of the Geographer Bureau of Intelligence and Research.   – December  30, 1969. Disponible en http://archive.law.fsu.edu/library/collection/LimitsinSeas/IBS094.pdf.
-Zorgbibe, Charles – Historia de las Relaciones Internacionales 1. De la Europa de Bismarck hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Alianza Editorial, 1997.

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