Según datos de la Organización Internacional de las Migraciones, en lo que va del año más de 2000 migrantes perdieron la vida intentando cruzar el Mediterráneo,casi medio millar más de muertes quelas ocurridas durante el mismo período del año anterior. También como en 2014, la mayoría de las pérdidas ocurrieron en la zona del canal de Sicilia o el Mediterráneo central, el espacio más estrecho que utilizan las mafias para “depositar” en Europa “la mercancía” desde África, es decir, personas desahuciadas.
La tragedia casi diaria de los migrantes vuelve a poner de manifiesto la relevancia e impacto de la dimensión socio-humana de la seguridad en las cuestiones internacionales.Basta considerar que la Unión Europea se ve comprometida a replantear esquemas de seguridad que refuercen lo que hasta el momento han sido los principales instrumentos para enfrentar dicho desafío, esto es, misiones que vayan más allá de las operaciones de control y el rescate en el Mediterráneo; incluso dispositivos que podrían requerir consentimiento del Consejo de Seguridad de NU.
Pero más allá de la desgracia y de la complejidad que presenta la cuestión en clave de seguridad internacional, una mirada desde la geopolítica, es decir, desde la reflexión sobre el espacio en términos de intereses, nos permitiría apreciar varias situaciones o fases que se relacionany que en buena medida ayudan a explicar la tragedia desde un cuadro más abarcador.


La primera consideración que surge es la relativa a la relación entre “zonas prósperas” y “zonas pobres”. En retrospectiva, aquella hipótesis que prefiguraba un mundo fragmentado en “zonas de paz” y “zonas turbulentas”, muy bien desarrollada por Max Singer y AaronWildavsky en un influyente trabajo de 1993titulado “The Real WorldOrder”, sin duda ha sido una de las más respaldadas por los acontecimientos de los años siguientes, hechos que incluso ampliaron los componentes en los que se fundabadicha hipótesis, puesto que los autores enfatizaban la condición de paz o imposibilidad de confrontación armada que predominaba en(y entre) las modernas democracias como la principal distinción con los espacios turbulentos.
Si bien hasta el presente existen incertidumbres respecto de la configuración final del escenario internacional, un mundo en base a zonas con velocidades políticas, sociales, demográficas, económicas, tecnológicas, militares, etc., diferentes es uno de los datos más contundentes que nos ofrece el mundo de hoy y que más impacto tiene en la seguridad internacional.
Es cierto que dichas zonas puedenapreciarsehacia el interior de un Estado, por caso, India, país en el que “coexisten” espacios prósperos junto a verdaderos eriales de miseria, o incluso en países avanzados aunque con distintas dinámicas de desarrollo, por ejemplo, el norte y el sur de Italia.Pero son aquellos espacios intercontinentales los que mejor ilustran las diferentes realidades geopolíticas, es decir, aquellos espacios generalmente separados por accidentes geográficos que los mantienen distanciados, pero a la vez próximos por la oportunidad que ofrecen a aquellos que quieren abandonar las zonas infortunadas; y en este sentido, Europa y Nor-África (a la que debemos sumar el espacio subsahariano) son los espacios más notables.

Consideremos a continuación algunos datos relativos a la “zona pobre” que nos proporciona el sociólogo Josep Marc Laporta, a fin de hacernos una idea de los contrastes entre un espacio y el otro.
En África más de la mitad de la población carece de agua potable; más de dos terceras partes se ven privadas de infraestructuras sanitarias; en el África subsaharina uno de cada veinte adultos está infectado por el VIH, a lo que hay que agregar que casi el 70 por ciento de la población mundial con VIH vive en África; la malaria mata anualmente a cerca de un millón de africanos; una persona de cada tres sufre hambre crónico; uno de cada cinco niños no accede a la educación primaria; mientras en Europa se dispone de una media de 35 médicos por cada 10.000 habitantes, en África solo hay dos; en tanto Europa represente el 7 por ciento de la población mundial, tiene el 25 por ciento de la producción y el 50 por ciento del gasto social mundial, África tiene el 14 por ciento de la población mundial, el 2 por ciento de la producción y el 2 por ciento del gasto social.
El profesor Yves Lacoste nos aporta otras realidades del espacio pobre africano: elevado índice de trabajadores agricultores de muy baja productividad; infrautilización o desaprovechamiento de recursos naturales; industrialización incompleta o restringida; hipertrofia y parasitismo del sector terciario; dependencia económica, baja renta per cápita; elevadas tasas de desempleo; debilidad de las clases medias, escasa integración nacional, etc.
Podemos incluir otros datos, por caso, Estados fallidos; Estados débiles; guerras intraestatales; pandemias; escasa sociedad civil; terrorismo, monoproducción de cultivos, ruptura de las comunidades campesinas, escaso desarrollo de la sociedad civil, fuertes gastos en armamentos, crimen organizado, etc.
En breve, un cuadro de profunda crisis que reconoce sus causas directas en la colonización europea, es decir, en la proyección de fuerza europea sobre el continente sin otra motivación que la satisfacción de sus intereses nacionales: explotación de recursos. Jamás existió otra razón (favorable a los africanos) en aquella distante empresa de poder y dominación.
Esta fue la primera fase geopolítica sobre la que se monta la situación que enfrenta Europa; una Europa cuyos esfuerzos de cooperación y ayuda a la “zona desventurada”, muchas veces respondiendo a situaciones de emergencia, son sin duda apreciables, pero insuficientes ante el tamaño de problemáticas estructurales que sufre África.
Por ello, la crisis de África y la tragedia de los migrantes que anhelan salir de ese gueto de miseria resultan indisociables del patrón histórico, esto es, de la concepción y práctica con que Europa se vinculó con África a partir del siglo XIX, y que hoy demanda reparo.
Como bien sostiene el experto John Agnew en su excelente trabajo “Geopolítica. Una re-visión de la política mundial”, durante el siglo XIX Europa afirmó su sentimiento de superioridad respecto de otras culturas como asimismo el sentimiento relativo a que el resto del mundo estaba “disponible” para ser usado por los europeos.
Desde esta percepción europea de primacía “civilizatoria”, el espacio y los recursos del “extranjero inmediato” pasaban a ser reservas o “coto” de suexclusiva potestad. Para expresarlo en los propios términos de Agnew “[…] el mundo que estaba más allá de lo inmediatamente conocido era un espacio vacío y blanco que sería rellenado y etiquetado de acuerdo a la variación de sus características naturales respecto a los de Europa. El mundo fue entonces conocido y ‘poseído’ no solo política sino epistemológicamente. Este fue el gran logro de la naturalización: despolitizar la rivalidad entre Imperios y presentarla como una serie de ‘hechos de la vida’ naturales y geográficamente determinados”.


En estos términos, la predominancia “legitimada” de Europa sobre espacio, habitantes y riquezas del África,fue la primera fase geopolítica que necesariamente debemos considerar en relación a la tragedia actual de los migrantes en el Mediterráneo.
El continente africano, que para principios del siglo XX se encontraba controlado casi totalmente por los países europeos, continuó siendo un gueto estratégico hasta que la “derrota” de Europa en la Segunda Guerra Mundial, es decir, la pérdida de poder global, regional e incluso localde dichos países ante el ascensode Estados Unidos y la Unión Soviética, implicó el principio del fin del colonialismo, mas no de su fin: el aprovechamiento de los recursos.
Peor aún, a la continuación de la explotación de los recursos se sumó la pugna entre los dos actores, que en África implicó nuevos clivajes y, por la naturaleza del conflicto internacional, todo abandono de posibles esfuerzos de institucionalización.
A la configuración geopolítica entre zonas de desarrollo asimétrico sigue la casi única chance para los africanos: lograr acceder a la zona próspera que le proporcione un espacio de inclusión que les permita iniciar una vida digna.
Entonces, si logran cruzar el Mediterráneo y nos ser capturados y devueltos a su continente, sobreviene la tercera fase geopolítica: ingresar al espacio de inclusión europeo. Pero no el que les asegura el país al que llegan, sino casi al único posible para ellos: el que les ofrece el crimen organizado a través de sus múltiples actividades.
En suma, existen al menos tres dinámicas o fases de cuño geopolítico que nos ayudan a abordar la crisis de los migrantes. Una relativa a las fuentes que hicieron de África un espacio de problemas estructurales; otra que configura dos espacios encontrados en los que uno de ellos, el próspero, está forzado a desplegar mecanismos que combinen cupos más amplios de migrantes y esquemas de cooperación y asistencia en el continente africano basados en el mediano y el largo plazo. De ello dependerá la afirmación o no de la tercera fase: la llegada de contingentes cada vez más numerososy temerarios, como así decididos a lograr ser parte de cualquier “espacio de inclusión” en la zona próspera.

Por Dr. Alberto Hutschenreuter
Analista Internacional – Académico. Autor del libro “Política Exterior de Rusia & Humillación y Reparación”. Y del libro “La Gran Perturbación & Política entre Estados en el Siglo XXI”.

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