Una aproximación a la realidad de Perú desde un testimonio y una perspectiva de análisis. Esta nota nace de dos hechos bien precisos: una discusión sobre las microfinanzas, las cuales ubican a Perú como líder mundial en este sector[1], y las palabras de un peruano emigrado en Italia que un día me dijo: “¡Perú no es de los peruanos!”.

En realidad, la situación en Perú es más compleja y se puede decir que el crédito posee dos roles:
-puede significar verdaderamente el inicio de un desarrollo que parta de la base;
-puede ser un instrumento para absorber las últimas reservas de ahorro.

Esta situación depende del modo en que el estado entienda la economía y de las leyes que se derivan de esa lectura.  Si el gobierno protege a las pequeñas y medianas empresas, el crédito se vuelve un instrumento fundamental; si al contrario el gobierno direcciona su máximo esfuerzo en favorecer al capital proveniente del exterior, el crédito asume un rol destructivo de la economía local.
En primer lugar, es necesario entender bien las dinámicas que implica el crédito. Con el crédito y, específicamente con el microcrédito, personas físicas y jurídicas (pequeñas o de medianas dimensiones) acceden a un determinado flujo de financiamiento en lo inmediato prometiendo devolver el mismo después de un cierto período más un costo fijo o variable (interés). Por lo tanto, se presume que la persona que lo solicita está en condiciones de afrontar la deuda derivada de la obtención del crédito. Dicha deuda puede ser absorbida por dos caminos: con parte de la ganancia obtenida por la inversión del crédito (situación óptima)  o con parte o el total de los ahorros acumulados en el tiempo (situación negativa). El impacto de la deuda sobre las personas físicas o jurídicas depende además del marco legislativo relativo a la pequeña y mediana empresa. Estos factores permiten crear un informe sobre la capacidad de acumulación de capital por parte de las partes interesadas y, en consecuencia, tener una idea del impacto que puede significar la deuda sobre esa acumulación. Si las condiciones son netamente desfavorables, el superávit puede ser inexistente o ser (en la mejor de las hipótesis) de todos modos inferior a la deuda contraída, poniendo en los hechos al sujeto en una situación de insolvencia y acumulación crónica de deuda, la cual se agrava por el efecto multiplicador del interés pasivo (mora).

Consideremos ahora brevemente el panorama económico nacional peruano de los últimos años:

http://www.cepal.org/publicaciones/xml/2/51822/BPE-Peru.pdf

La balanza comercial ha empeorado en los últimos años pasando de -341 millones de dólares en 2011 a -11690 millones de dólares en 2013. Por otro lado, la balanza de capital y financiera (principalmente IED), al contrario, ha variado de 8032 millones de dólares en 2011 a 21650 millones de dólares en 2012, para quedar en 14094 millones de dólares en 2013.
Sobre el total de la IED de 2010 ‒sin tener en cuenta aquellos flujos financieros no registrados y considerando los sectores receptores de dicha IED‒, el sector minero recibió el 61%, seguido por las finanzas (11%), la energía eléctrica (10%), el transporte y comunicaciones (7%) y la construcción (5%). El 6% restante, no comprendió ningún flujo hacia la agricultura, la cual permaneció completamente como objeto de inversiones internas. En relación al origen de dichos flujos financieros (siempre considerando solo aquellos claramente rastreables) estos se dividieron principalmente entre Brasil (38%), Inglaterra (27%), Colombia (8%), EEUU (7%), España (7%) y Suiza (2%). En el sector minero fueron principalmente tres las multinacionales protagonistas: la estadounidense Newmont (EEUU), Xtrata (Suiza) y Southern Perú (EEUU). A estas se agregó la peruana Petro-Perú (compañía petrolera estatal), que solamente este año por efectos de la ley 30130, decidió ceder el 49% de su control de la empresa a inversores privados.

A continuación vemos el panorama del mercado de trabajo del 2007. Si bien hablamos de un escenario de siete años atrás, consideramos que al no haber variado la jerarquía de los sectores económicos, podemos obtener ideas para reflexionar la situación actual.

 

Fonte: http://www.cepal.org/publicaciones/xml/4/52514/haciaundesarrolloinclusivo-peru.pdf

Se aprecia con claridad que el sector minero, aun siendo el de mayor atracción de IED y aquel que mayormente participa en la constitución de las exportaciones peruanas como del PBI nacional, en concreto tiene un escaso impacto en términos ocupacionales. Considerando que es el sector más atractivo para el capital extranjero y privado, se puede imaginar que el impacto sobre el PIB se debe principalmente a los impuestos y los derechos de concesión, mientras la gran parte del capital generado termina en el extranjero y, en particular, en los mismos países donde se origina la IED. El mayor impacto de la fuerza de trabajo lo posee la agricultura (cerca del 30%), que sin embargo, permanece en los márgenes de las dinámicas económicas nacionales e internacionales del país andino.
Volvamos ahora a las micro, pequeñas y medianas empresas peruanas. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI)[2] ellas en 2013 constituían el 99,6% de las empresas existentes en el territorio. De ellas, el 96,2% se catalogaron como micro empresas. Sin embargo, el 0,4% de las empresas restantes (grandes empresas) tuvieron un impacto sobre el comercio interno y externo del país del 79,3%, llevando a la fácil conclusión de que la pequeña y la mediana empresa tuvieron un escaso impacto en la economía del país, sobre todo si consideramos que el 46,6% de estas se ubican en la ciudad de Lima. Se deduce así, la imperfecta difusión de la iniciativa privada en el país y, en consecuencia, el imperfecto acceso a fórmulas financieras útiles al desarrollo de pequeñas actividades productivas. Además, si consideramos que el sector agrícola es aquel con el más alto absorbimiento de la mano de obra, un análisis más profundo pone en evidencia como la gran parte de los trabajadores de ese sector no están regulados y como el mismo sector no es objeto de emprendimientos de pequeñas dimensiones. El hecho que estas últimas se concentren en la ciudad de Lima, nos lleva a percibir que la actividad desarrollada es mayormente de naturaleza comercial/o accesoria al rubro comercial (servicios varios). Es importante resaltar que muchas actividades agrícolas de las regiones internas (amazónicas y andinas) no son parte de los datos recabados por las estadísticas.
Ahora corresponde reflexionar sobre todo lo dicho. Si consideramos los evidentes vínculos entre las grandes empresas, la IED y la capacidad de absorbimiento de la fuerza de trabajo, podemos deducir que el micro financiamiento se relaciona principalmente con el sector terciario (comercio y servicios) ubicado en el corazón de la capital ‒en un mercado altamente competitivo donde la pequeña y mediana empresa sufren muy a menudo el excesivo poder de las grandes empresas que absorben el excedente financiero (ahorros e inversiones) y lo re direccionan hacia fuera del territorio. En este contexto, el estado, en vez de garantizar una tutela de las empresas locales en un más amplio cuadro de armonía económica y jurídica, entre públicos y privados y, entre la población urbana y la rural/indígena, contribuye a agudizar las disparidades y los conflictos sociales. Esta aproximación, siempre dispuesta a atraer capitales extranjeros, no hace otra cosa que justificar aquella percepción de injusticia social por la cual ¡Perú no es de los peruanos! En este sentido, vemos la importancia de ir más allá de los datos estadísticos: un PBI en crecimiento o una inflación baja y estable, no son necesariamente sinónimo de bienestar socio-económico del país examinado.

Por William Bavone para “Equilibrium Global” – Parma-Italia.
Desarrollo & adaptación
Maximiliano Barreto

[1] http://amsinforma.blogspot.it/2014/11/peru-mantiene-liderazgo-en-ranking.html
[2] http://www.inei.gob.pe/prensa/noticias/micro-pequenas-y-medianas-empresas-concentran-mas-/

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