Desde la red de vinculaciones de Equilibrium Global con expertos y think-tanks en diferentes capitales del mundo, entrevistamos al analista internacional Ariel González Levaggi sobre la geopolítica de Turquía. Radicado en Estambul, González Levaggi describe la dinámica en Eurasia desde el rol de Turquía en un espacio regional cargado de crispaciones. La relación con Rusia, el atolladero de Siria, el diálogo con la Unión Europea; González Levaggi habla del “gran tablero de Eurasia” para puntualizar las claves de la política exterior de Turquía.

Pregunta: Transitamos una década de cambios y transformaciones en la reconfiguración del poder global, donde ya no queda un solo centro que monopolice las decisiones sobre el curso de las relaciones internacionales, donde se está acrecentando el perfil multipolar. En este escenario, el espacio geográfico de Eurasia es el de mayor dinamismo en la palestra internacional. Puede Ud. describirnos el rol de Turquía en el presente en el espacio de Eurasia
Ariel González Levaggi: Durante la última década se han incrementado las voces que caracterizan al sistema internacional como multipolar. Aunque todavía no hay un panorama definitivo sobre las características del orden internacional – entendiendo éste como no sólo en términos de distribución de capacidades materiales, sino también como sus principales patrones normativos de conducta –, hay elementos que nos hacen pensar la existencia de una serie de transformaciones en el seno del orden imperante desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Ante la pregunta sobre qué tipo de mundo vivimos, suelo responder que estamos ante un mundo “interpolar”. Este concepto – desarrollado por el italiano Giovanni Grevi – presenta la política internacional caracterizada por la interdependencia económica en un mundo crecientemente multipolar, esto quiere decir que potencias establecidas (G7) y emergentes (BRICS y MIKTA) se encuentran en una dinámica que fluctúa entre la cooperación y el conflicto. Al mismo tiempo, durante los últimos años se han acentuado las diferencias al interior de las potencias emergentes por las mismas razones que explicaron su emergencia: estabilidad política y crecimiento económico. Los emergentes que han sostenido su crecimiento en el sector industrial han logrado mantener su performance en materia económica y militar como es el caso de la República Popular China, secundado por India. Aquellos proveedores de materias primas y energía como Brasil y Rusia se han visto perjudicados por los vaivenes de los precios de las materias primas, afectando no sólo su carácter de emergente sino, además – como el caso brasileño – la propia estabilidad política debido a la pérdida de dinamismo económico.


En el caso del espacio Eurasiático, las dinámicas geopolíticas y geoeconómicas tanto regionales como globales, priman por sobre las consideraciones de cooperación comercial o integración regional. Para simplificar su comprensión, es fundamental comprender que los principales temas de agenda que definen este espacio son la energía y la conectividad, ambos íntimamente relacionados con las ambiciones de las potencias regionales para alcanzar seguridad, bienestar y status.  El “gran tablero” euroasiático está compuesto principalmente de dos tipos distintos de sub-ordenes regionales – interconectados, pero crecientemente autónomos – Eurasia Central y Eurasia Oriental, definidos principalmente por las interacciones entre las principales potencias regionales. Por ejemplo, Eurasia Occidental tiene como actores centrales a Turquía, Rusia e Irán, cuyas interacciones tienen efecto sobre las subregiones del Mar Negro, el Cáucaso, el Mar Caspio y Asia Central. Como toda potencia regional, Turquía juega un papel central en materia de estabilidad regional, además de cumplir un rol destacado en la promoción de la cooperación económica y comercial. Al mismo tiempo, el legado imperial otomano, junto con la emergencia de una nueva elite política de corte conservador, han modificado su identidad y acciones en el plano regional e internacional durante los últimos años.

Pregunta: En Turquía confluyen civilizaciones, confluyen los límites de tres continentes; pero también confluyen los problemas. ¿Cómo el Gobierno de Ankara desarrolla su política exterior en un vecindario caracterizado por la inestabilidad? ¿Cuáles son las claves de la diplomacia turca?
Ariel González Levaggi: Diversos autores han identificado a Turquía como una especie “rara” en el plano de las naciones. Samuel Huntington lo caracterizaba como “estado desgarrado”, Barry Buzan lo describe como “estado aislante”, mientras que Philip Robins lo caracteriza como “estado vértice” (cusp state). La posición geográfica turca es una fuente fundamental de activos, pero también de riesgos. Desde principios de los 2000, Turquía trató de utilizar su posición geográfica como un factor articulador de diversos intereses regionales, lo que llevó a establecer una agenda positiva con rivales tradicionales como fue el caso de Rusia, Irán y Siria. La política de “Cero Problemas con los Vecinos” fue su consumación. Sin embargo, la Primavera Árabe, junto con la subsecuente falta de cálculo de Ankara frente a la nueva situación, frustraron el proyecto.
Presionado por un entorno cada vez más hostil, y con una agenda crecientemente securitizada, Turquía ha mutado considerablemente. Tanto su proyecto regional “europeizador”, como su revisionismo neo-imperial, han sido dejados de lado por una estrategia de contracción. Cambios bruscos a nivel interno y externo, forzaron a Ankara a regresar a una política de statu-quo centrada en el soporte de Occidente, especialmente en términos de seguridad nacional, tal es el caso del uso de instalaciones militares en la disputa contra el Estado Islámico, la cooperación anti-terrorista o los acuerdos con Europa en torno a los refugiados. En este contexto, Turquía está volviendo a cumplir el rol de guardián de un sector importante de los intereses occidentales en la región, con el triple objeto de limitar las ambiciones neo-revisionistas rusas, bloquear los esfuerzos del Estado Islámico en Siria e Iraq, y contener el flujo de refugiados que se dirige hacia Europa. Sin embargo, la vinculación entre Occidente y Turquía no es sencilla, y se encuentra atravesada por múltiples tensiones en relación a la cuestión kurda, el apoyo a grupo rebeldes islamistas sirios, el retroceso en materia de reformas democráticas, entre otros.

Pregunta: La crisis de refugiados es una crisis de derechos humanos. Turquía alberga a más de 2 millones de refugiados desde el comienzo de la guerra siria. ¿Cómo puede describirnos el rol de Turquía para avanzar con el fin de la crisis?


Ariel González Levaggi: Siria es un gran juego en el cual intereses locales, regionales y globales se encuentran entrelazados de una forma bastante compleja. En este sentido, Turquía desarrolló una política activa en apoyo a las fuerzas de oposición políticas y militares, especialmente aquellas vinculadas a una serie de grupos de orientación sunnitas, como también a aquellos de etnia turkmena. Hoy en día Turquía tiene tres enemigos en Siria que afectan su seguridad nacional: el régimen de Assad, las milicias kurdas del YPG, y el Estado Islámico. Dado este complicado contexto, poco puede hacer Turquía para que la guerra civil finalice, aunque puede ser de utilidad para acercar a facciones opositoras a moderar sus demandas, aunque este escenario todavía es lejano. En el caso de los refugiados, Ankara promovió una política de puertas abiertas a aquellas víctimas del conflicto armado, que al día de hoy se contabilizan por encima de los 2,7 millones de personas, al menos según datos oficiales. Con el avance de la guerra civil, actualmente más del 80% de los refugiados son urbanos, debido al déficit de infraestructura, la búsqueda de oportunidades laborales y la existencia de rutas migratorias ilegales hacia Europa. La política humanitaria de Ankara se implementó junto a una política multidimensional en materia humanitaria, liderada por la Agencia de Manejo de Desastres y Emergencias (AFAD) – y no por Naciones Unidas -, cuyo foco ha estado en la provisión de bienes sociales – viviendas temporarias, ingreso mínimo, educación, salud, etc. – inicialmente en campos de refugiados construidos en tiempo récord. La “Cumbre Humanitaria Mundial” celebrada en Estambul a fines de mayo de 2016 permitió discutir cómo la comunidad internacional se enfrenta a los desafíos de crisis humanitaria en gran escala, pero fue también una muestra de cómo funciona el modelo humanitario turco.

Pregunta: Turquía y Rusia atraviesan una etapa histórica de distanciamiento. Enemistad marcada de los propios líderes, Erdoğan y Putin. Esta situación, ¿cree Ud. que representa alguna ventaja geopolítica para Occidente? ¿Quién capitaliza los beneficios de que Moscú y Ankara no tengan en el presente una relación de distensión? ¿La tensión política puede generar efectos nocivos en Eurasia y/o el Cáucaso?
Ariel González Levaggi: A lo largo de su historia, Turquía y Rusia han sido vecinos en pugna. A lo largo de la historia, Crimea ha sido un ejemplo paradigmático de disputas, conquistas y desplazamiento forzado de población. Hubo solamente dos momentos en la época contemporánea en los cuales las relaciones fueron óptimas: los primeros años de la República de Turquía desde 1923 hasta 1935 – cuando finalmente Ankara firma un acuerdo con los británicos, generando sospecha en el régimen de Stalin –, y desde principios de los años 2000 hasta los comienzos de la guerra civil en Siria, donde la agenda tuvo un cariz bastante positivo, especialmente en materia de cooperación energética, comercio, inversiones y turismo. Lejos de concretarse un “eje euroasiático” como algunos analistas preveían, desde 2012 hasta fines de 2015, la tensión fue in crescendo dado los proyectos contrapuestos, y el regreso al viejo “gran juego” de alianzas, balances y soporte a grupos paraestatales. Desde un punto de vista sistémico, la divergencia de trayectorias entre ambas potencias regionales ha sido fuertemente condicionada por las tensiones entre Rusia y Occidente, que empujaron a Turquía hacia una política menos autónoma hacia Moscú. Dicho distanciamiento tiene implicancias profundas para todo el orden euroasiático, especialmente para los intereses turcos en el Cáucaso y Asia Central. Por ejemplo, durante la última crisis armada en el Cáucaso, quedo claro que Rusia sigue siendo la voz decisiva en la región, mientras que Ankara tuvo un papel secundario.

Pregunta: ¿Qué impresiones nos puede brindar desde su residencia en Estambul sobre la percepción de la sociedad turca y el deseo de ser miembro de la Unión Europea?
Ariel González Levaggi: Durante mis años de estancia en Estambul, la situación en relación a las expectativas del país como un jugador central de la política regional y global, junto a su anhelo de pertenecer a la Unión Europea ha sufrido considerables cambios. A pesar de las últimas negociaciones en torno a la extensión de visado, se percibe un extendido escepticismo en relación al proceso de adhesión de Turquía a la Unión Europea. Hay que tener en cuenta que hoy Turquía se encuentra en una situación muy compleja. Los efectos de la guerra civil en Siria – con la consecuente crisis humanitaria y el deterioro de la seguridad nacional – han agregado pesimismo a las perspectivas internacionales del país. En estos días es muy difícil encontrar un barrio de Estambul en el cual no haya refugiados, mientras que los diversos atentados que se sucedieron en Ankara y Estambul han afectado la vida social, tanto de locales como extranjeros. Ni hablar de aquellas localidades cercanas a la frontera con Siria, o las que se encuentran bajo fuego debido a las operaciones militares turcas contra el grupo terrorista kurdo del PKK. En relación al terrorismo, su efecto multiplicador es impactante. Un simple atentado tiene un impacto global, afectando no sólo la percepción de los ciudadanos sobre su propia seguridad, sino también la imagen internacional de Turquía.

Por Alejandro Barrandegui
Relaciones Internacionales – Universidad del Salvador

Ariel González Levaggi, Candidato a Doctor en Relaciones Internacionales y Ciencia Política de la Universidad Koç (Estambul, Turquía). Secretario de la Cátedra de Estudios Turcos, Departamento Eurasia (IRI/UNLP). Coordinador de Agenda del Programa TESA de Formadores de Opinión para la Paz: Turquía, Jordania, Israel y Palestina. Co-editor de la obra colectiva “Turquía-América Latina y el Caribe: una asociación emergente” (Editorial de la Universidad Bahçeşehir, Estambul, 2016).

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