Más allá de la coyuntura internacional y los vaivenes de su política nacional, la Federación Rusa ha resguardado históricamente sus intereses nacionales en la Antártida, demostrando su intención manifiesta de participar en las decisiones -actuales y futuras- que se tomen en dicho continente.
Las primeras aventuras rusas hacia el continente antártico se llevaron a cabo durante la primera década del siglo XIX. Desde entonces, comenzaron a trascender los nombres de reconocidos exploradores, como Faddey Bellingshausen o Mijaíl Lázarev, quienes avistaron y bautizaron numerosas tierras en honor a su zar.
Con la llegada del Partido Comunista al poder, la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se propuso extender su presencia hacia el sexto continente. La primera incursión soviética hacia la Antártida se concreta en el año 1947 cuando la flota ballenera “Slava” arriba al Océano Austral.
Este primer acercamiento a la Antártida no significó solo  un beneficio económico -debido a la captura de cetáceos- sino también una ventaja geopolítica, gracias a la reanudación de una presencia activa en el Polo Sur que se remontaba a la para entonces centenaria expedición del capitán Bellinghausen.
Por otro lado, la tripulación de científicos de este buque-factoría se encargó de recolectar información técnica acerca de los sistemas hidrográficos, meteorológicos y biológicos, entre otros tantos, que permitieron establecer las bases para el desarrollo de investigaciones en cuestiones antárticas con casi una década de anterioridad al IGY, Año Geofísico Internacional (1957-58).
Luego de esta primera aventura, comenzaron a realizarse de manera formal otras expediciones conocidas por la sigla SAE (Expedición Antártica Soviética).
Teniendo presente la lógica del mundo bipolar impregnada en aquel entonces, es dable notar que el gobierno soviético consideró estas actividades en el Polo Sur como una cuestión esencial para mantener su status de “superpotencia” frente a su oponente: Estados Unidos.


El exitoso alcance y capacidad del Programa Antártico Soviético permitió que la Unión Soviética se convierta en uno de los 12 signatarios originales del Tratado Antártico en el año 1959.
Estos logros del Politburó se vieron en un punto de inflexión tras la implosión de la Unión Soviética. En tal contexto, la abrupta reducción de fondos disponibles y la separación de quince entidades políticas y económicas (que otrora sustentaban y ejecutaban el programa antártico soviético) colapsaron la viabilidad de nuevos avances en la “cuestión antártica”.
A pesar de que la Federación Rusa, como Estado continuador de la URSS, asumió todos los derechos y obligaciones derivados de acuerdos y tratados -incluyendo el Tratado Antártico- y la reorganización y puesta en valor de las operaciones antárticas legadas por los soviéticos, durante la presidencia de Borís Yeltsin se produjeron serias dificultades a la hora de contar con la financiación necesaria para proyectar nuevas actividades en la Antártida.
Esto llevo a que las estaciones “Russkaia”, “Leningradskaia” y “Molodezhanaya” fueran abandonadas, el trabajo en la estación “Vostok” se detenga y los proyectos de investigación fueran abandonados debido al drástico recorte de personal de las estaciones.
Sin embargo, la elección del nuevo presidente, Vladimir Putin, en el año 2001 y el mejoramiento de las condiciones económicas resultaron favorables para la ahora llamada RAE (Expedición Antártica Rusa).
Es así que mediante una serie de decretos, la nueva gestión se propone mejorar la eficiencia de las investigaciones antárticas de “alta prioridad” y modernizar la logística e infraestructura de la RAE.
Esta reinicio de las actividades antárticas rusas se consolida en el año 2005, cuando el gobierno proyectó las actividades de la RAE para el período 2006-2010. En base al notorio incremento de las operaciones antárticas de diversos países en la Antártida, el gobierno ruso entendió que las futuras campañas de la RAE no podían mantenerse en un mínimo permisible.

Por ello, además de poner en condiciones óptimas las cuestiones logísticas referentes a las próximas campañas y la puesta en marcha de un viaje políticamente simbólico llevado a cabo por varios expedicionarios distinguidos por el gobierno, se planificó e implementó una estrategia para el desarrollo de actividades antárticas hasta el año 2030.
Esta nueva estrategia, dividida en tres etapas, aspira a renovar y reequipar técnicamente todas las estaciones, construir buques de investigación y expedición adicionales y desarrollar la logística y prueba de nuevas aeronaves en el continente antártico. Esto proveerá de nuevos medios de apoyo a la marina y la aviación y permitirá conducir la investigación geológica y geofísica de minerales, hidrocarburos y otros recursos minerales.
De esta forma, la Federación Rusa vuelve a emerger como uno de los actores preeminentes en el tablero antártico, un tablero que muchos expertos consideran como protagonista de potenciales disputas geopolíticas debido a su basta cantidad de recursos naturales, valiosos frente al desafío que representa la búsqueda de nuevas fuentes de energía y alimentación para abastecer a una población mundial en constante crecimiento.

Lic. Martín Rafael López.
Analista en www.equilibriumglobal.com
Lic. Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas de la Universidad Católica de La Plata.
Investigador del Departamento Malvinas, Antártida e Islas del Atlántico Sur (IRI-UNLP).

Colaboración para “Russia Beyond The Headlines” Diciembre 2015.

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