Siria y la creciente importancia de China en la geopolítica internacional

Siria y la creciente importancia de China en la geopolítica internacional

La crisis en Siria, que se extiende por más de cinco años y que representa un verdadero fracaso de la diplomacia, se ha convertido hace tiempo en una crisis regional, y una urgencia de la agenda política mundial que sigue en situación de “atolladero”. Cada día, nuevos eventos, nuevos sucesos que merecen ser interpretados en clave geopolítica. Desde la red de alianzas con diferentes thin-tanks, expertos y medios, compartimos la opinión de Vladímir Mijéiev, consejero de la Corporación estatal rusa Rostec y analista internacional, que expone su perspectiva en el portal de “Russia Beyond The Headlines” en español. Para Vladímir Mijéiev, Pekín podría abandonar su postura de extrema cautela en política internacional. La noticia de que podría enviar instructores militares a Siria marca un cambio de rumbo. Además, plantea la posibilidad de una alianza militar ad hoc con Rusia e Irán. Esto es lo que se viene si China interviene de otra manera en este acuciante asunto de la agenda global, la crisis en Siria.

China y Siria estudian la posibilidad de que instructores militares chinos entrenen a personal del Ejército sirio en Damasco. Además Guan Youfei, director de la Oficina de Cooperación Militar de la Comisión Militar Central de China, declaró que ambas partes habían llegado a un acuerdo para que militares chinos suministren ayuda humanitaria.
Sin embargo, las declaraciones acerca de la la intención de estrechar los vínculos militares entre ambos fue lo que más atención atrajo.
No es la primera vez que se habla de ello. El año pasado se dijo que decenas de instructores militares chinos estaban en Siria, aunque estas afirmaciones nunca se demostraron.
Sin embargo, los hechos recientes muestran que el país asiático trata de aumentar su implicación en Siria, lo que incluye el envío de emisarios para contribuir a la búsqueda de una solución diplomática al conflicto.

¿Cuáles son las motivaciones de China para implicarse en un terreno pantanoso como Oriente Próximo?Assad
Los recientes reveses militares del Estado Islámico en Siria aumentan las opciones de Bashar al-Asad para seguir presidiendo el país y Pekín parece haber captado en estos momentos se abren posibilidades para nuevos negocios.
Hace unos meses el reforzado dirigente de Damasco animó abiertamente a Irán, China y Rusia a seguir apoyando a su gobierno y prometió un trato preferencial a estos tres países cuando la reconstrucción del desolado país se convierta en una prioridad.
Pekín espera vender materiales de construcción así como lucrativos contratos. También confía en exportar sus servicios y para ello que necesita una sólida red de relaciones bilaterales.
Gleb Ivashentsov, antiguo embajador de Rusia en Corea del Sur y actual miembro del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia, comparte esta opinión pero también cree que entran en juego consideraciones geopolíticas.
“Una cooperación más vigorosa con Damasco sirve a Pekín para obtener una posición privilegiada en la Siria posterior a la guerra”, comenta Ivashentsov. “El comercio y la cooperación económica están entre sus prioridades. Sin embargo, también es una señal a EE UU en el sentido de que China se está volviendo más decidida a la hora de marcarse objetivos en política exterior. Además, no puedo excluir que esto sea una respuesta al despliegue de los sistemas antimisiles estadounidenses en Corea del Sur”.

Un nuevo proveedor de seguridad
Un comportamiento más decidido de China en los asuntos mundiales no se limita al interés por introducirse en mercados extranjeros, llenarlos de productos de consumo y/o extraer e importar sus recursos minerales.
La cuestión va más allá. Se trata de lo que el mandatario Xi Jinping calificó como “la nueva diplomacia de una superpotencia con acento chino”, según afirma Alexander Lomanov, profesor del Instituto de Estudios del Extremo Oriente de la Academia Rusa de Ciencias.
“Es una revisión total del legado de Deng Xiaoping, que rezaba: ‘nunca lleves la delantera, nunca reveles tu auténtico potencial, nunca estires demasiado tus habilidades”, afirma Lomanov. “Estas palabras son de 1992, tras la lección que supuso en colapso de la Unión Soviética. Pero desde entonces ha pasado un cuarto de siglo: China ha cambiado y está superando los límites que ella misma se había puesto”.
Lomanov añade que el gigante asiático trata de asegurar su posición en la escena internacional. “Si echas un vistazo a los blogs chinos, hay notables reacciones a la noticia de un posible aumento de la cooperación militar con Siria. ‘Entrar en el fútbol geopolítico en la segunda mitad del partido era nuestra tradición”, -asegura uno de los blogueros-. Ahora que “hemos crecido, ha llegado el momento de entrar en el partido desde el principio”, explica Lomanov.
Las publicaciones apuntan a la posibilidad de que China abandone su cautelosa postura en los asuntos internacionales.
Si los acontecimientos se desarrollan en esa dirección, China pronto podría probar a desempeñar un papel de proveedor de seguridad y Oriente Medio podría ser un campo de pruebas aceptable.
¿Está Pekín lo suficientemente preparado para asumir esa carga? Probablemente, sí. En cualquier caso, los chinos ya no tienen ningún complejo de inferioridad.

Publicado en https://es.rbth.com/opinion

A 100 años del Acuerdo Sykes-Pikot, nada que festejar

A 100 años del Acuerdo Sykes-Pikot, nada que festejar

El próximo 16 de mayo se cumple el centenario del acuerdo negociado secretamente entre los negociadores Mark Sykes y François Georges-Picot, por Gran Bretaña y Francia, respectivamente (1). Este acuerdo, negociado en medio de la Primera Guerra Mundial, tenía el objetivo de delimitar las respectivas zonas de influencias francobritánicas en buena parte del Imperio Otomano, que luchaba del lado de las potencias centrales en dicha conflagración.
La contienda mundial había alcanzado o amenazaba alcanzar zonas estratégicas para los grandes imperios europeos, particularmente para el británico, como las regiones petroleras del Golfo Pérsico, el canal de Suez, la ruta a la India, etc. Sumado a esto, el hecho que las huestes del Sultán otomano se hayan involucrado en el conflicto del bando contrario, motivaron una serie de acuerdos con los nacientes movimientos nacionalistas árabes, ubicados desde la península arábiga hasta Siria e Irak, para contribuir a minar los ya endebles cimientos sobre los que apoyaba el Imperio con  base en Constantinopla.
En este contexto, y ante la cierta posibilidad de la derrota de las potencias centrales, y por ende del desmoronamiento territorial del Imperio Otomano, los aliados europeos prestamente acordaron delimitar las esferas de influencia en caso de que el final de aquel imperio finalmente se produjera.Sykes-P
En medio del estancamiento de la guerra, y la reducción de la acción bélica a las trincheras en el escenario europeo occidental, la febril actividad diplomática británica aseguró en forma paralela el respaldo a la autonomía de los inquietos movimientos nacionalistas árabes (2), defendió la idea de la creación de un Hogar Nacional Judío en  el territorio histórico de Palestina (3), y acordó en forma secreta con su par francesa zonas de acción directa e influencia en el Creciente Fértil.
Efectivamente, el acuerdo en cuestión – negociado desde finales de 1915 y cerrado en mayo de 1916 – repartía la amplia región delimitada por el Mediterráneo oriental, el Golfo Pérsico, Persia y Anatolia, entre zonas de control directo para cada una de las  dos potencias , y zonas de influencia adyacentes a las primeras en las que sobrevendría un Estado árabe – o una Confederación árabe – sólo formalmente independiente, que incluía derechos prioritarios en materia de prerrogativas empresariales y préstamos para las empresas francesas y británicas, respectivamente, sobre las locales, así como el derecho de suministrar funcionarios y consejeros en forma excluyente (4).
El control directo francés se circunscribiría al territorio del actual Líbano y la región de Cilicia, en Anatolia meridional, mientras que su área de influencia abarcaría el norte y centro de Siria – Damasco, Alepo – y de la presente provincia iraquí de Mosul. Por su parte, Gran Bretaña adquiriría el derecho a controlar directamente el puerto de Haifa, Kuwait y la Mesopotamia – incluyendo Basora y Bagdad-, y podría ejercer su influencia en el sur de Siria, Jordania y Palestina. Asimismo, el acuerdo establecía una zona de control “internacional” – zona en la que también participaría Rusia (5) – , en aquella región histórica, que incluía San Juan de Acre y Jerusalén.

El Acuerdo bilateral también preveía disposiciones en materia de apertura recíproca de los puertos de Alexandretta y Haifa, derechos a favor de Gran Bretaña para la construcción y administración de vías férreas entre las diferentes áreas – el Baghdad Railway -, el levantamiento de barreras aduaneras interiores entre las mismas, y el aseguramiento que no se consentirían concesiones territoriales ni bases navales a terceros Estados sin el concurso de los gobiernos francés y británico.
Los resultados de los tratados de Versalles endosaron buena parte de lo acordado secretamente por los negociadores francobritánicos. Fruto de los intereses contrapuestos entre Francia y Gran Bretaña en la región, fueron necesarias ulteriores negociaciones que redundaron en la reasignación de los yacimientos de Mosul por parte de Francia a Gran Bretaña, a cambio de concesiones petroleras y del otorgamiento del control directo francés no sólo sobre el litoral mediterráneo de Siria, sino también sobre las regiones interiores de Alepo, Homs y Damasco, región interior esta que había sido objeto de las concesiones contradictorias británicas para un fututo Estado árabe (6).
En definitiva, este enorme cuerpo jurídico que significaron los Tratados de Versalles (7), germen de todo lo ocurrido en los años subsiguientes en Europa, también selló la suerte de los pueblos del Medio Oriente. Particularmente fue en la Conferencia de San Remo de 1920 donde se resuelve la constitución y distribución de los Mandatos de la Sociedad de Naciones a Francia y Gran Bretaña en las regiones concernidas (8): Siria y Líbano para Francia, y para la mandataria británica, Mesopotamia y Palestina, esta última confirmando el logro inicial de la aplicación de la llamada Declaración Balfour a favor de la causa sionista (9).
A la luz de los acontecimientos que han ensombrecido la región desde entonces, se impone una reflexión sobre aquella negociación, la cual claramente no fue beneficiosa para las poblaciones locales y la zona en su conjunto, y con el correr del tiempo pasaron significar una amenaza no sólo para la paz y seguridad regional, sino también internacional. De acuerdo con Hobsbawm, la reorganización del Próximo Oriente – mediante la negociación referida, y en términos generales, luego de todas las negociaciones con las que dio término la Primera Guerra Mundial – se realizó según principios imperialistas convencionales10.
En efecto, bajo las presiones y tácticas de la guerra total que sin duda significó la Gran Guerra, la actividad diplomática se desplegó paralelamente al esfuerzo bélico, y con su afán de procurar apoyos y aliados, se prometieron indistintamente respaldar los anhelos autonomistas de los árabes frente a los otomanos (11), junto con el patrocinio a la constitución de un Estado judío en su histórica región de asiento. Al mismo tiempo, se dividieron diferentes áreas de influencia y control, motivadas por las ya  significativas inversiones en la región y por la creciente importancia estratégica que la misma iba adquiriendo en materia petrolera, vías férreas, marítimas y rutas comerciales.Sykes-2
El principio del respeto de las nacionalidades pregonado por el presidente Wilson – plasmado en varios de sus Catorce Puntos – fue secundado apenas parcialmente en la Europa central, como consecuencia del vacío generado por la caída de los imperios alemán, austro-húngaro y ruso, pero prácticamente inaplicado en Medio Oriente – a pesar de que muchas de las declaraciones parecieron así defenderlo – , donde además de dividirse las zonas de influencia ya comentadas, luego formalizadas bajo el recién inaugurado sistema de Mandatos por la Sociedad de Naciones, quedaron nacionalidades y grupos étnicos subsumidos en entidades estatales mayores como pasó con los kurdos, los azeríes o los armenios. Sólo la Turquía kemalista de principios de los años 20 pudo enfrentar los intentos cercenadores de su territorio nuclear, pudiendo conformar su moderno Estado en toda Anatolia.
Este acuerdo francobritánico motivó, luego de su posterior publicidad12, la sorpresa e incluso el repudio por parte de las poblaciones árabes, y también del movimiento sionista, todo lo cual redundó en un rápido deterioro de las relaciones entre las potencias mandatarias y los referidos colectivos en las décadas siguientes, que no hicieron sino agravar la ya delicada situación de creciente enfrentamiento que se estaba gestando en toda la región.
Del mismo modo de lo acontecido en otras geografías – claramente en África, pero patente en el resto del continente asiático, en las islas del Pacífico, y también en la propia América -, los límites de los Estados de la región del Cercano Oriente responden a una delimitación que no refleja las verdaderas interacciones, particularidades y pulsiones de las poblaciones locales, redundando en una condena ab initio al conflicto, a la intromisión de los asuntos de un Estado en los del otro, y en términos generales, a la superposición de intereses más allá de las fronteras estatales. El actual accionar transfronterizo de grupos religiosos y partidos políticos, incluyendo a organizaciones terroristas como el propio Estado Islámico – que precisamente parece querer desdibujar las fronteras preestablecidas – , son indicio de que las soluciones que parecían beneficiosas en un momento resultaron no serlo tanto a la luz del historial de conflicto, guerra y subdesarrollo general de la región.
En momentos en que Siria e Irak son el escenario de las disputas, las ambiciones y los regateos de grupos dentro y fuera de sus fronteras – Estados, organizaciones religiosas y políticas, etc -, recordando el Acuerdo Sykes-Picot en su centenario, tal vez sea buen momento para recordar las consecuencias negativas que provoca la negociación de acuerdos únicamente atendiendo a intereses estrictamente egoístas, sin pensar aunque sea brevemente en el interés general de toda una región, y sin estimar las eventuales derivaciones de no considerar ese interés mayor.

Por Dr. Ramiro Rodríguez Bausero
Secretario de la Embajada de la República Oriental del Uruguay en Argentina. Analista internacional. Eurasian-Latin American Conference 2016. Académico en UDELAR y el Consejo Uruguayo para las Relaciones Internacionales CURI.

1 Disponible en su versión en inglés http://www.saylor.org/site/wp-content/uploads/2011/08/HIST351- 9.2.4-Sykes-Picot-Agreement.pdf y en francés http://mjp.univ-perp.fr/constit/sy1916.htm. El intercambio de Notas se realizó en la capital británica, entre el Secretario del Foreign Office, Edward Grey, y Embajador francés en Londres, Paul Cambon.
2 Se reporta una activa correspondencia mantenida entre 1915 y 1916 entre Hussein bin Ali, sharif de La Meca y Henry Mc Mahon, Alto Comisionado británico en Egipto. El primero se había alzado contra el sultán otomano con beduinos de Arabia occidental y desertores y prisioneros del propio ejército otomano. Hourani, Albert – La historia de los árabes. Cap. 19, 2003, Vergara.
3 En julio de 1917, el Secretario de Exteriores británico Lord Balfour finalmente consolidó la promesa de Gran Bretaña de reconstruir en Palestina el Hogar Nacional Judío, otorgando a la causa sionista el derecho irrestricto a la inmigración judía a ese territorio y dotando de autonomía interna a las futuras autoridades judías que allí se instalaran. Johnson, Paul – La Historia de los Judíos. 2007, Ed. Vergara.
4 « La France et la Grande-Bretagne sont disposées à reconnaître et à soutenir un État arabe  indépendant ou une confédération d’États arabes dans les zones (A) et (B) indiquées sur la carte ci-jointe, sous la suzeraineté d’un chef arabe. Dans la zone (A), la France, et, dans la zone (B), la Grande-Bretagne, auront un droit de priorité sur les entreprises et les emprunts locaux Dans la zone (A), la France et dans la zone (B), la Grande-Bretagne, seront seules á fournir des conseillers ou des fonctionnaires étrangers á la demande de l’État arabe ou de la Confédération d’États arabes. ». Disponible en http://mjp.univ- perp.fr/constit/sy1916.htm.
5 De acuerdo a lo negociado por Sykes y Picot, Rusia debería prestar su aprobación al mismo. Asimismo, se hace referencia a las pretensiones territoriales de Italia en territorio otomano – Anatolia-, y se sugiere la comunicación de los términos acordados al Japón.
6 Renouvin, Pierre – Historia de las Relaciones Internacionales. Tomo II, Parte Las crisis del siglo XX, Libro I, Cap. VII. 1990, Akal.
7 En la simplificación por denominar Tratados de Versalles, se incluyen los Tratados firmados por los Estados vencedores con cada uno de los vencidos: Versalles propiamente dicho con Alemania, Trianon con Hungría, Saint-Germain con Austria, Sèvres con Turquía y Neully con Bulgaria.
8 http://www.cfr.org/israel/san-remo-resolution/p15248
9 Al decir de Hobsbawm, “otra secuencia problemática e insuperada de la Primera Guerra Mundial”. Hobsbawm, Eric – Historia del Siglo XIX. Primera Parte, Cap.I, 2007, Grupo Editorial Planeta, Buenos Aires.
10 Hobsbawm, Eric – Op. cit.
11 Principalmente a lo largo de la correspondencia Hussein-McMahon ya referida.
12 En noviembre de 1917 en diarios rusos y británicos.

Referencias Consultadas:
-Hobsbawm, Eric – Historia del Siglo XIX. Grupo Editorial Planeta, Buenos Aires, 2007. Hourani, Albert – La historia de los árabes. Ed. Vergara, 2003.
-Johnson, Paul – La Historia de los Judíos.  Vergara, 2007.
-Laurens, Henry – Comment l’Empire Ottoman fut dépecé. Le Monde Diplomatique, abril       de        2003.                    Disponible en  https://www.monde- diplomatique.fr/2003/04/LAURENS/10102.
-Renouvin, Pierre – Historia de las Relaciones Internacionales. Akal, 1990.
US Department of State – International Boundary Study No. 94. Jordan – Syria Boundary. The Geographer Office of the Geographer Bureau of Intelligence and Research.   – December  30, 1969. Disponible en http://archive.law.fsu.edu/library/collection/LimitsinSeas/IBS094.pdf.
-Zorgbibe, Charles – Historia de las Relaciones Internacionales 1. De la Europa de Bismarck hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Alianza Editorial, 1997.

Atolladero Siria en el contexto de fricciones entre Irán y Arabia Saudita

Atolladero Siria en el contexto de fricciones entre Irán y Arabia Saudita

Entrevista a dos voces calificadas para ayudarnos a entender sobre las complejidades del tablero geopolítico en Oriente Medio, con el foco en el atolladero Siria. Opinión de expertos de Argentina sobre la actualidad de la crisis en Siria, desde las implicancias geopolíticas tras las fricciones entre Irán y Arabia Saudita. Reflexiones del analista Horacio Calderón y del Director de Equilibrium Global Dr. Alberto Hutschenreuter.

Pregunta: No podemos ignorar los efectos del conflicto entre Arabia Saudita e Irán en la región. ¿Particularmente con Siria, qué ocurre? Bashar Al-Assad, un alauita con apoyo chiita, con apoyo de Irán. Una Arabia Saudita aliada de Estados Unidos. ¿Qué lectura o interpretación podemos hacer considerando la fricción saudí-iraní?
Horacio Calderón: La historia del conflicto entre persas y árabes ha producido numerosos enfrentamientos a lo largo de los siglos, como también ocurre entre sunitas y chiitas, a veces veladamente, a veces de manera sangrienta, cuando aún vivía el mismo Mohammed, profeta del Islam.
No obstante, y si bien el actual conflicto es multifacético y multidimensional, en las regiones de Asia Suroccidental conocidas como Levante y Medio Oriente parece exclusivamente basado y expandido en líneas religiosas sectarias y también étnicas; su explosión y derrame se renueva actualmente con una elevada intensidad gracias a la intervención de las más grandes potencias mundiales y sus respectivos aliados estatales y no estatales. Es decir, la crisis política y militar en el Levante y el Medio Oriente tiene un firme basamento en los intereses, objetivos y estrategias de los diferentes y múltiples actores, que podrían ser considerados corresponsables del inmenso drama humanitario que ha causado hasta hoy centenares de miles de muertos.
El actual conflicto en Siria estalló gracias a una rebelión patrocinada por Arabia Saudita que, conjuntamente con otros países árabes del Golfo Pérsico y Jordania, apoyados por potencias occidentales como EE.UU., Francia y Gran Bretaña, además de Turquía, respaldaron el crecimiento y las operaciones de organizaciones yihadistas e islamistas con el objeto de derrocar al régimen del presidente Bashar Al-Assad. Estas intenciones son orientadas a destruir el “tridente” geopolítico conformado por Irán, Siria y el movimiento Hizballah libanés. Poco importaba en un principio que Siria se convirtiera en un territorio sumergido en un caos similar al de Libia o del mismo Irak. El objetivo es derrocar al presidente Assad sin importar las consecuencias que podría deparar a todo el Levante y las regiones adyacentes.
El conflicto ha experimentado un cambio de paradigma, a partir de la alianza estratégica en ciernes entre EE.UU. e Irán, que coloca a Arabia Saudita en una situación extrema frente a su antiguo aliado, tal como sucede con Israel. Arabia Saudita e Israel son estrechos aliados en el momento actual, aunque esta vinculación se deba a que ambos países enfrentan a un enemigo común: Irán.
Además, aunque usted no lo haya preguntado, agregaría que la intervención militar de Rusia en Siria está cambiando el curso de los acontecimientos. De hecho, ha fortalecido a su gobierno en la defensa de sus principales bastiones y, según cómo evolucione la situación en los diferentes teatros militares, podrían avanzar también hacia las regiones controladas por las fuerzas yihadistas encabezadas por el ISIS y las redes que obedecen actualmente a Al-Qaeda Central lideradas por el Frente Al-Nusra.

Alberto Hutschenreuter: En Siria existía una suerte de pacto social que “trascendía” o “rebajaba” las diferencias religiosas y que explican que hasta 2011, cuando se inician los levantamientos o “golpes de la calle”, casi no existían cuestionamientos al régimen de confesión alawita, una rama disidente del islam chií. Este régimen proporcionaba un aceptable nivel de vida, y así evitaba cuestionamientos de importancia; un pacto típico en regímenes autocráticos. Hasta entonces, el objetivo irrenunciable del régimen de Damasco, que a la vez fungía como factor de unidad nacional, eran los Altos del Golán, espacio nacional perdido frente a Israel tras la traumática derrota militar de 1967.
Pero a partir de la guerra que se inició en 2011 esta referencia de “unidad nacional” quedó de lado, y Siria se convirtió en un escenario de convulsión en el que guerreaban múltiples actores. Entonces, reapareció para la mayoría religiosa del país, los sunnitas, la posibilidad de convertirse en poder. Pero ello habría implicado no sólo un cambio de escala a nivel nacional, sino a nivel regional e incluso global.Siriaaa
La estabilidad en Medio Oriente funciona sobre la base de un delicado equilibrio de insatisfacciones nacionales (Stephen Walt diría “equilibrio de las amenazas”) siendo el régimen alawita de Siria un garante de dicho equilibrio. En mi opinión, es dudoso afirmar que la mayoría de los actores, incluido Occidente, deseaba una Siria sin Bachar al Asad o, para decirlo de otra manera, una Siria bajo mando inestable. La misma inteligencia israelí ha advertido sobre el peligro que implicaría para Israel la deriva de Siria hacia un “Siriastán”, es decir, un espacio anárquico, atravesado por el accionar de múltiples grupos y funcional para la insurgencia y el terrorismo.
Lo que quiero decir es que el factor religioso sin duda es poderoso en la región, pero no olvidemos que, ante todo, las relaciones internacionales son relaciones de poder e intereses.
En cuanto a Arabia Saudita, es cierto que es un aliado de Estados Unidos. Pero la postura cada vez más asertiva y desafiante de la política exterior de Riad tal vez nos esté diciendo que la relación con Estados Unidos no es tan segura o sólida como antes. El “factor 11-S” ha provocado cambios en la relación, pues desde aquella catástrofe nacional las autoridades estadounidenses se propusieron rebajar la dependencia energética del área del Golfo Pérsico y del peso de lo que denominan “Riadpolitik”, es decir, la fuerte  influencia de Arabia Saudita en el cartel de países exportadores de petróleo. En otros términos, podríamos decir que durante la última década hubo cierta reluctancia estadounidense a la “influencia del lobby saudita” (parafraseando a John Mearsheimer).
Asimismo, acaso con el fin de “desmarcarse” de una delicada cuestión, las críticas de altos funcionarios estadounidenses, entre ellos de la misma Hillary Clinton, sobre la responsabilidad saudita en relación con la gestación del EI se hicieron cada vez más fuertes. Más todavía, en las conversaciones de Viena se registró cierta “disposición” de Estados Unidos a aceptar que el presidente sirio continúe en el poder lograda la estabilidad en el país (algo inaceptable para Arabia Saudita).

Pregunta: Analistas sostienen que lo sucedido entre Arabia Saudita e Irán puede frenar el plan de acción y proceso de paz firmado en Viena el diciembre pasado. ¿Qué cree usted? ¿Por qué?
Horacio Calderon: Comparto la posición de quienes sostienen que el agravamiento de la situación entre Arabia Saudita e Irán podría frenar los acuerdos de Viena de diciembre pasado. Por último, si bien un estallido bélico entre estos viejos adversarios es posible, no puede evaluarse, aún, su grado de probabilidad en razón de los esfuerzos diplomáticos de EE.UU. para que la situación actual no se agrave.

Alberto Hutschenreuter: Es una seria posibilidad. Los dos países, vitales para lograr un curso favorable de la situación en Siria, desde hace tiempo se encuentran en una carrera por la predominancia regional. Los dos han logrado una acumulación militar que ha convertido a la región en la segunda donde más han subido los gastos de defensa. A ello tal vez deberíamos agregar que los dos sufren (diferentes) sentimientos de humillación que siempre se expresan a través de posturas de afirmación nacional hacia fuera.
En esa carrera difícilmente se acepte que uno obtenga ganancias relativas de poder en detrimento del otro. Y la percepción de Arabia Saudita (acertada, sin duda) es que Irán ha logrado mayores ganancias de poder en la región, e incluso en temas como la energía nuclear pues considera que en el acuerdo nuclear de Viena de julio de 2015 Teherán ha cedido pero no ha perdido, puesto que el levantamiento de las sanciones le significará fortalecer su poder nacional y ampliar su capacidad para proyectar poder e influencia. Mientras, como bien ha advertido la especialista Liliya Khusainova, en 2015 Arabia Saudita registró un fuerte déficit público (15 por ciento del PBI) debido a la pronunciada caída del precio del barril, déficit que se ampliará durante 2016.
Por otra parte, si la llegada del monarca Salman en enero pasado implicó una política externa saudita de reafirmación nacional dirigida principalmente a Irán, la ejecución del clérigo chií Nimr Baquir al Nimr por parte de las régimen de Riad y el siguiente asalto a la embajada de Arabia Saudita en Teherán, que ocasionó la ruptura de relaciones entre los dos países (a la que se sumaron los aliados de Riad), crea una nueva situación de escalada entre los dos actores, que seguramente se expresará en términos de violencia en aquellos sitios de compulsa regional, por caso, Yemen.
En breve, con este cuadro será complejo que ambos se “desconecten” de sus percepciones y competencia y den su consentimiento a un acuerdo hasta hoy precario.

Pregunta:¿Podemos decir que en el conflicto entre Arabia Saudita e Irán se define por la lucha de la hegemonía en Medio Oriente?
Horacio Calderon: Sin lugar a dudas y, nuevamente, el conflicto entre estos actores tiene como objetivo convertirse en hegemones o en el hegemon de esa región sin olvidar que la principal potencia militar, por su armamento nuclear, continúa siendo Israel. Sin embargo, si EE.UU. retirara gran parte de su poder naval-militar del Medio Oriente para trasladarlo a la región Asia-Pacífico, objetivo primario de la estrategia de su alianza con Irán, dejaría a este último país como el gran hegemon regional, al que sólo podrían oponerse Turquía, Egipto e Israel, aunque no en lo inmediato. No debería perderse de vista a estos tres últimos actores y sus respectivas acciones en los próximos años.
Finalmente, si se dejara sola a Arabia saudita y los reinos y emiratos del Golfo, Irán podría derrotarlos militarmente, aunque este escenario es a mi juicio de baja probabilidad de ocurrencia. No puede considerarse a Arabia Saudita e Irán como dos colosos que se enfrentarían a solas para solucionar sus conflictos. Sería, como bien dijo el Papa Francisco, un conflicto armado extremadamente grave, pero uno más en la “tercera guerra mundial” por etapas a la que aludió el Sumo Pontífice.

Alberto Hutschenreuter: Sin duda estamos frente a una pugna, imprevista tan solo hace poco más de una década. Claramente es una lucha por la hegemonía, y esa lucha va por delante de otras cuestiones o conflictos, incluso de la misma amenaza terrorista. Pero más allá de esta compulsa, es importante decir que la misma resulta funcional para otros actores o potencias medias de la región, concretamente Israel, como así perjudicial para otros, por ejemplo, los palestinos. Asimismo, también resulta funcional para los países que suministran armamentos, que son principalmente los miembros plenos del Consejo de Seguridad y Alemania.
Es una pugna por la hegemonía, pero en Medio Oriente la hegemonía, que desde el enfoque del “realismo ofensivo” es la mayor garantía de seguridad que puede lograr un Estado, difícilmente aportará estabilidad regional. Medio Oriente, más que cualquier otro espacio del globo, requiere de equilibrio de fuerzas y de compromisos menos preferenciales y más “neutrales” por parte de las potencias extrazonales, algo sin duda difícil de lograr. Se pueden haber aflojado algunas lealtades estratégicas, pero ello no significa que se sacrifiquen intereses.

Pregunta: ¿Puede usted repasar brevemente un punto que nos permita conocer qué ha aportado Irán y qué ha aportado Arabia Saudita a la crisis en Siria? ¿Cómo califica la actuación de cada uno?
Horacio Calderon: Si bien las respuestas cortas invitan al reduccionismo, puedo decir que Arabia Saudita e Irán no se enfrentan en Siria de manera directa sino a través de sus respectivos aliados y representantes. Por el lado de Irán predominan las fuerzas del Hizballah libanés y un sinnúmero de milicias extremistas chiitas compuestas por milicianos de ese mismo país, de Irak y de la misma Siria. En cuanto a los sauditas, no han cesado de respaldar a cuando movimiento o grupo terrorista pudiera ser utilizado para derrocar al régimen de Bashar Al-Assad, sin importarles las consecuencias. Esto parece ser una política de Estado del régimen extremista de la Casa de los Saud, responsable principal del estallido y crecimiento del caos de seguridad regional.

Alberto Hutschenreuter: Arabia Saudita e Irán son actores clave para lograr un curso favorable en relación con el fin de la guerra en Siria. El problema es que ambos son parte del conflicto y dirimen poder a través del conflicto. Algunos especialistas sostienen que Arabia Saudita e Irán se enfrentan en Siria a través de terceros, es decir, confrontan por delegación; pero esa situación es relativamente cierta porque Teherán ha intervenido directamente en la guerra en Siria en defensa del régimen encabezado por Bachar al Asad por medio de milicias. Asimismo, apoya a Hezbolá, que es confesionalmente afín.Siria.78
En rigor, más allá de los tres escenarios de convulsión en los que Riad y Teherán ejercen gran ascendencia, Siria, Irak y Yemen, los dos países son relevantes en todos los problemas que atraviesan la placa geopolítica de Medio Oriente y Golfo Pérsico, una de las regiones con mayor condensación geopolítica, geoeconómica y geocultural-religiosa del planeta. Pero dicha placa posee una condición singular que la hace única en relación a otras fallas geopolíticas del globo: el carácter irreductible de los conflictos, tanto abiertos cuanto latentes. Habitualmente se piensa en el conflicto israelo-palestino o en la siempre tensa situación entre Israel e Irán cuando se alude a esa condición singular de la región de Medio Oriente; pero hoy la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán (a la que hasta hace algún tiempo se sumaba Turquía) se presenta en términos casi irreductibles, pues los dos países, sin duda los que más han construido poder e incrementado sensiblemente su capacidad para proyectar poder, se hallan en una carrera por la predominancia y la hegemonía política, militar y religiosa en la región (y más allá también).
De manera que los dos actores son críticos en relación con el final de la guerra en Siria, pero será difícil que ambos alcancen una convergencia cuando se encuentran en el cénit de su condición ya no geopolítica sino geoestratégica, es decir, no sólo son actores pivotes por la posición selectiva en la que se encuentran y por su alta viabilidad económica derivada de sus recursos, sino que ascendieron al grado geoestratégico por su notable capacidad para proyectar poder e influencia hacia otros espacios.
Por otro lado, cuesta calibrar si la iniciativa de Riad de formar una alianza militar de 34 países musulmanes para enfrentar al Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés) está realmente orientada a ello o apunta más bien a cimentar poder frente a Teherán. Dada la orientación política de carácter más asertivo que adoptó el poder saudita tras el ascenso del rey Salman bin Abdelaziz en enero de 2015, lo segundo se acerca más a la realidad.
Finalmente, aun considerando que dejan su rivalidad de lado para evitar que la guerra finalmente los pueda desestabilizar, es difícil considerar que Arabia Saudita pueda controlar al actor, el EI, que en buena medida contribuyó a gestarlo. Por su parte, es difícil considerar que Irán avalará cambios que impliquen el debilitamiento de un régimen aliado.

Pregunta: Hace poco se anunció una “alianza islámica” liderada por Riad para combatir al Estado Islámico. ¿Esta fricción con Irán puede tener consecuencias para esta alianza de países que buscan combatir al ISIS?
Horacio Calderon: Dado lo expuesto en las preguntas anteriores, no creo en absoluto en los dudosos beneficios de una llamada “alianza islámica” para combatir al ISIS, liderada por Arabia Saudita, ya que sumarse a ella equivaldría, a mi juicio, a acostarse a dormir con el enemigo.

Alberto Hutschenreuter: Como sostuve, para Arabia Saudita lo central es lograr ganancias de poder frente a su principal antagonista y amenaza regional, que es Irán. Sobre este propósito estratégico mayor se articulan diferentes iniciativas, siendo la alianza islámica, en la que no están Irak, Siria e Irán, es decir, el “eje chiíta”, un intento de configurar un frente interestatal que implique construcción de poder para Riad frente a Teherán.
Si el propósito real de la alianza es la lucha contra el EI, es inconcebible que no formen parte de ella Irak y Siria, los dos países árabes y musulmanes que más sufren la violencia extrema del EI.
Pero no todos en la alianza tienen el mismo grado de belicosidad frente a Irán. Por supuesto que siempre están los incondicionales a Riad, como Bahréin, que casi no mantiene vínculos con Teherán y recibe importante asistencia financiera y militar de Riad. A Barhéin se suman Emiratos Árabes Unidos, Sudán y otras petromonarquías del golfo, pero después el compromiso de otros países musulmanes se torna más lábil. Consideremos, por caso, Pakistán: para este país su hipótesis de conflicto mayor pasa por la India, no por Irán. En breve, a mayor número de miembros de una alianza, el propósito estratégico de la misma tiende a debilitarse pues no todos tienen la misma percepción en materia de amenazas. Siempre existen percepciones diferenciadas. Esto puede considerarse una regularidad en las relaciones internacionales.

Desarollo & Contenido:
Vanina Soledad Fattori

Horacio Calderón es analista internacional, experto en asuntos de Medio Oriente y asuntos de seguridad internacional. Es columnista en medios de Argentina y del mundo. Site : http://horaciocalderon.com/

Alberto Hutschenreuter es analista internacional, autor de los libros: “La Gran Perturbación” y “Política Exterior de Rusia & Humillación-Repación”.

 

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