India y Estados Unidos en la Era Trump

India y Estados Unidos en la Era Trump

Compartimos otra publicación de la serie de artículos “Perspectiva India”, donde la experta Dra. Lía Rodríguez de la Vega nos acerca mensualmente un material para una proximidad con la agenda actual de la India. Aquí en análisis para seguir la geopolítica desde el suceso de la asunción de Donald Trump como Presidente en EEUU y la relación con India. Un completo abordaje que nos permite conocer de la agenda que se viene, desde el factor nuclear al tema China, desde la geopolítica en Asia y otros temas de controversias. Lía Rodríguez de la Vega nos ayuda a desgranar los acontecimientos más significativos de las relaciones internacionales de India, que será la nación más poblada del planeta en un futuro próximo y por ello, tenemos que tomar una proximidad. Aquí describiendo el significativo acontecimiento de “la era Trump” y cómo se ajustan las cosas en Asia desde la perspectiva de India.

El triunfo de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos y su asunción al poder el 20 de enero de 2017, abren un interrogante para las relaciones bilaterales con India, atendiendo a que con la gestión anterior, el Primer Ministro Modi desarrolló una muy buena relación, evidenciada entre otros en sus 9 encuentros con el presidente Obama, durante los 2 y medio últimos años. El escenario permite, por supuesto hacer consideraciones en función de los dichos del ahora presidente durante su campaña aunque no le quita cierta tensión al escenario de fondo, que en Delhi está dado por la remoción del Embajador de Estados Unidos en India, Richard Verma, primer descendiente de indios en ocupar esa posición, en el marco de la orden del nuevo presidente del cese de todos los embajadores nombrados por la administración anterior, en el día de su asunción al poder, sin períodos de gracia y sin contar aún con sus reemplazos -situación que por otro lado es la de las embajadas de Estados Unidos en todo el mundo-. Ello implica que  la Subdirectora de la Misión diplomática estadounidense en Delhi, Marykay L. Carlson, se desempeñará como Chargé d’affaires hasta el nombramiento de un nuevo embajador. El embajador saliente ha señalado por su parte, que espera que la nueva administración continúe el camino del crecimiento de la relación bilateral, agregando que el House Caucus de India e Indian Americans son dos de los mayores grupos en el congreso estadounidense.
Trump ha mostrado también su posición acerca de Asia a través de sus dichos de campaña. En tal sentido, pareciera que en lo que respecta a China, probablemente las relaciones bilaterales permanezcan con dificultad, considerando la promesa del nuevo presidente electo de  imponer una tarifa del 45 % sobre bienes chinos importados y también la de desafiar la beligerancia china en el Mar del Sur de China (vale aquí recordar además, que la plataforma republicana se manifiesta contra la tiranía en internet y señala a China, Cuba e Irán, como países que restringen la libertad de prensa y aíslan a sus pueblos, privándolos de diversas libertades) (p. 60).  Para sumar a la ecuación a India, mientras puede decirse que las cuestiones limítrofes tensionan su relación con China, al igual que lo hace el apoyo chino a Pakistán, forma parte con ella del bloque de los BRICS y al mismo tiempo, converge con Estados Unidos en la necesidad de contener el ascenso y alcance de China en la región.
Bajo la gestión del presidente electo, India podría beneficiarse del refuerzo del compromiso estadounidense con sus aliados asiáticos tradicionales como Corea del Sur, Japón y Taiwán, aunque cabe recordar que Trump puso en duda la cantidad de dinero gastada por Estados Unidos para garantizar la seguridad de sus aliados en Asia, exigiendo a Tokio y Seúl que “paguen para jugar”, manifestando incluso una sugerencia para el desarrollo de sus capacidades nucleares independientes, contradiciendo décadas de política exterior estadounidense en la región, al tiempo que anunció el retiro de su país del TPP/Acuerdo Trans- Pacífico de Cooperación Económica. Por lo demás, su contacto directo con la presidente taiwanesa recientemente electa rompió con décadas de la política del principio “una China”, de Estados Unidos, desarrollada por ambos partidos y generó la protesta formal de Beijing. Ese beneficio para India, del refuerzo de relación con estos aliados, tendría clara relación con la situación en el Mar del Sur de China y podría por ejemplo traducirse en el realce de las capacidades de la marina india. El Océano Índico y la zona marítima de Asia Pacífico serán focos de atención vital, por su importancia económica, estratégica y la presencia china allí. Asociado a ello, cabe recordar que China estableció ya  su primera base naval internacional en Djibouti -que asegura la presencia china allí hasta 2026, con un contingente de 10.000 soldados-, evidenciando la dimensión extra-regional de su alcance -con “la primera perla del collar” en la ruta de la seda que conecta China con Oriente Medio, pasando a formar parte de los países que tienen bases fuera de sus territorios-, de modo que para una mayor efectividad de acción, resultaría útil para los Estados Unidos poder cooperar con la marina india, inclusive coordinando acciones que impliquen a las islas de Diego García y Asunción. Cabe agregar que India tiene una muy buena relación con los tres países mencionados, aunque atraviesa un momento de tensión con Japón por sus restricciones a la importación de acero desde ese país, que puede llevar a ambos países a dirimir la cuestión en la Organización Mundial del Comercio y a pesar de que no reconoce oficialmente a Taiwán ni mantiene relaciones diplomáticas oficiales con ese país.

Respecto a Rusia, mientras Trump parece sostener una buena relación con el presidente Putin, la plataforma partidaria, afirma por un lado su respeto y deseo de mantener la relación amistosa con el pueblo ruso y por otro  señala que no aceptarán ningún cambio territorial en Europa del Este, impuesto por la fuerza, en Ucrania, Georgia u otro lugar, usando medidas legales para llevar a la justicia a quienes practiquen tales agresiones (p. 49). En ese marco y atendiendo a la India, en el reciente encuentro bilateral Rusia-India, Modi y Dmitry Rogozin avanzaron sobre el fortalecimiento de la asociación económica de ambos países y el abordaje de las cuestiones regionales de Afganistán y Pakistán. Por lo demás, las relaciones de India con Rusia son un pilar fundamental de la política exterior india y Rusia ha sido un socio probo, de larga data para la India. En 2000 se firmó la “Declaración sobre la asociación estratégica India-Rusia” y a partir de ello, los lazos entre ambos países adquirieron un carácter cualitativamente nuevo con la mejora de la cooperación en prácticamente todos los ámbitos.
En lo que se refiere específicamente a la India, la plataforma del Partido Republicano sostiene que “India es nuestro aliado geopolítico y socio comercial estratégico”, ensalza los valores democráticos de las instituciones indias y señala que ello le está dando al país una posición de liderazgo no solamente en Asia sino en el mundo. Apela al gobierno indio para la extensión de la inversión y comercio extranjeros. De igual manera, apela a la protección de todas las comunidades religiosas del país y hace un reconocimiento al aporte que los ciudadanos estadounidenses de origen indio hacen a los Estados Unidos (p. 56).
La misma plataforma, a continuación de lo señalado, apunta que los conflictos en Medio Oriente crearon desafíos políticos y militares para las personas de Pakistán. Agrega que su relación bilateral, a veces difícil, es beneficiosa para ambos y apunta que se espera fortalecer los lazos históricos que se han resentido bajo el peso del conflicto internacional. Advierte que ese proceso no puede progresar en tanto algún ciudadano pakistaní pueda ser castigado por ayudar en la Guerra contra el Terror y señala que pakistaníes, afganos y estadounidenses coinciden en el interés de liberar a la región de los Talibanes y de asegurar el arsenal nuclear pakistaní, objetivo que sostiene ha sido descuidado por la administración anterior. Finalmente, promete que un presidente republicano trabajará con todos los líderes regionales para restaurar la confianza mutua insistiendo sobre el progreso contra la corrupción y el comercio narcótico que abastece de combustible la insurrección (p. 56). A correlato de la plataforma, bien vale señalar que India busca aislar a Pakistán en asociación directa al tema del terrorismo, cuyo más cercano antecedente es el atentado del 18 de septiembre de 2016, en un cuartel de una brigada india cerca de la ciudad de URI, en la zona de la Línea de Control, que resultó en 17 muertos y del que es sospechoso principal, el grupo Jaish-e-Mohammed. Trump, por su parte ha señalado que le gustaría ver una mejora en la relación entre India y Pakistán.

Así, la temática del terrorismo, inicialmente podría pensarse como un punto de encuentro entre Estados Unidos e India y ello se traduce en los dichos de Trump, en la prédica de total oposición y lucha contra ISIS y el Talibán, sin embargo, cabe ver la implicancia de tales dichos al considerar grupos como Jaish-e-Mohammed (principal organización terrorista de Jammu y Cachemira, sospechoso de haber perpetrado distintos ataques en India, que a su vez recoge algunos cuadros de Al Umar Mujahideen) y  Lashkar-e-Taiba (una de las mayores organizaciones terroristas activas de Asia del Sur, al que India acusa por los atentados de 2001 en el Parlamento y 2008, en Mumbai), ambos particularmente anti indios y con base en Pakistán.
Por otro lado, respecto de Medio Oriente y del terrorismo, el presidente electo se ha mostrado crítico de la política exterior estadounidense en la región, lo que hace prever una inversión de la misma. En ese marco, mientras la plataforma republicana alude a que debe restaurarse la independencia de Líbano -aislando a Hezbollah-, apoyar la transición hacia un gobierno post-Assad en Siria,  continuar la ayuda a Irak en la lucha contra grupos como ISIS, (pp. 46-47), etc., parece avizorarse un cambio importante en  las relaciones con Irán, ante el posible intento de la nueva gestión de terminar el acuerdo nuclear con ese país (la plataforma partidaria sostiene que no considera el acuerdo con estatus de trato y al mismo tiempo reafirma su compromiso con la seguridad de Israel -cuya relación con India, por otro lado, se potenció durante el gobierno de Modi, siendo India el segundo socio comercial de Israel en Asia, luego de China-). La posibilidad del empeoramiento en las relaciones entre Estados Unidos e Irán  perjudicaría a la India, en tanto cualquier sanción contra Irán podría afectar  su capacidad importadora de petróleo de ese país (recordemos que en el último período de sanciones a Irán, India recurrió a Venezuela por más petróleo) y también la cooperación indo- iraní en lo referido al Puerto de Chabahar (que forma parte de su estrategia del “Triángulo de Varuna”, que contrasta la del “Collar de Perlas”, china). Paralelo a ello, India podría encontrar estímulo en la nueva administración en lo relacionado a la ayuda para la asistencia a Afganistán (debiendo considerarse aquí los beneficios que el puerto de Chabahar implica para ese país). Por lo demás, en lo que hace a los países aliados, incluídos los  del Golfo, Trump ha repetido que debieran pagar por la seguridad que se les  provee, mientras más allá de su retórica anti islámica, una parte de la opinión pública de esa zona aparece crítica de lo que ve como excesivas intervenciones de Estados Unidos en la región.
Pareciera también esperable una mayor presión de Estados Unidos sobre la India para obtener más acceso de mercado, especialmente en lo asociado al área de defensa (India es el primer comprador mundial de armamento y aunque Rusia es todavía su mayor proveedor, bajo la Iniciativa de Tecnología de Defensa y Comercio y habiendo nombrado a India “un socio mayor de defensa”, las firmas estadounidenses tienen progresivamente una presencia más importante en ese mercado indio). Al mismo tiempo, Estados Unidos parece avanzar hacia  medidas proteccionistas, que pueden perjudicar a India, por ejemplo en el tema del outsourcing, tornando más difícil que las compañías estadounidenses se muevan o mantengan funciones de servicio en el extranjero (Trump señaló su intención de imponer mayores impuestos a las compañías que tienen estas operaciones). También, el presidente electo manifestó que finalizará el uso de las visas H-1B, como un programa de trabajo barato y va a instituir el requerimiento de contratar a estadounidenses primero, por  cada visa y programa inmigratorio (habiendo sido ciudadanos indios, los mayores usuarios de esas visas en los últimos años), golpeando así a  dos de los grupos más formados que provienen de India (estudiantes y trabajadores  que pertenecen sobre todo a industrias tecnológicas). A la temática del trabajo, se agrega el tema de los derechos de propiedad, que siguen en la mira pero, a pesar de todo lo señalado, existen especulaciones acerca de que algunas de tales medidas podrían no ser inmediatas.

Otro tema abierto es el de la membresía de la India en el Grupo de Proveedores Nucleares, en el que India contó con el favor del lobby de la gestión Obama, al tiempo que encontró la negativa de China. Al respecto, pocos días previos a la asunción de Trump, el saliente Embajador de Estados Unidos en India, señaló que esperaba que la nueva gestión continuara impulsando el ingreso de la India al grupo.
Paralelo a lo señalado, cabe revisar la dinámica desarrollada hasta ahora entre Trump y la comunidad indo-americana. En ese marco, puede mencionarse que la Coalición Republicana Hindú (que busca una relación fuerte entre Estados Unidos e India e incluye una fuerte retórica anti islámica) fue uno de los mayores donantes de la campaña presidencial de Trump (su presidente, Shalabh Kumar, donó cerca de U$S 900.000 a la campaña). En un evento de la Coalición para recaudar fondos para la campaña de Trump, este expresó que tiene gran respecto por los hindúes (sin que nadie aclarara que ni todos los indios son hindúes ni todos los hindúes son indios), que tiene varios amigos de ese origen y que son empresarios impresionantes (agregando que “la comunidad india e hindú tendrá un amigo verdadero en la Casa Blanca”). Hizo también referencia al Primer Ministro Modi, diciendo: “espero trabajar con el Primer Ministro Narendra Modi, quien ha sido enérgico en reformar la burocracia india. Gran hombre. Lo aplaudo por hacer eso”. El evento fue respaldado y repudiado por distintos miembros de la comunidad indo-americana, al tiempo que son también conocidos otros dichos contradictorios con lo ya señalado, como la mención de Trump en un acto, de que Goodrich Lighting Systems despidió 255 trabajadores y llevó sus trabajos a la India (PTI).
Otro elemento que se suma a lo controversial de la llegada de Trump a la comunidad indo-americana, es el tema de sus avisos de campaña, que reutilizaban una frase usada en su momento por Modi “ “Abki Baar Trump Sarkar”/ “En este tiempo, un gobierno de Trump”.
Por lo demás, cabe señalar que un informe sobre votantes asiáticos registrados en Estados Unidos (los asiático-americanos y los isleños del Pacífico son el grupo racial de más rápido crecimiento en Estados Unidos), dirigido por Karthick Ramakrishnan, de UC Riverside School of Public Policy (que incluyó indios,  chinos, filipinos, vietnamitas, japoneses, camboyanos, coreanos y hmong), mostró que Trump era visto de modo desfavorable por el 79% de esa población, al tiempo que Hillary Clinton era vista de manera favorable por el 70% de la misma. Entre los votantes registrados de ese origen, Clinton lideraba el apoyo con el 70%. En contraste con este informe, Trump recibió el apoyo de un grupo nacionalista hindú en India, el Hindu Sena, cuyo líder, Vishnu Gupta, recalcó la coincidencia de ambos en la retórica en contra de los islámicos.
Así, a más de contar con Bobby Jindal (descendiente de indios) como uno de los candidatos de las primarias republicanas (más allá de su relación con la comunidad misma), la comunidad indo-americana sumó la designación de la también descendiente indo-americana y Gobernadora de Carolina del Sur, Nimrata “Nikky” Haley, como Embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas (quien primero apoyó a Marcos Rubio, tras su derrota apoyó a Ted Cruz y finalmente a Trump).

Por último, la escena del llamado telefónico de Obama al Primer Ministro Modi para agradecer la asociación entre ambos países que ha permitido mejorar y profundizar las relaciones entre ambos (recordemos que esa profundización implicó signos como un saludo en gujarati del presidente Obama a Modi y la apelación habitual de uno a otro por su primer nombre en público, habiendo sido Obama uno de los  primeros en saludar a Modi tras su triunfo en 2014 e invitándolo a visitar Estados Unidos y a su vez siendo Invitado de Honor por Modi, para la celebración del Día de la República en 2015) parece encontrar una cierta continuidad, aún con interrogantes y algunas tensiones, en la relación bilateral entre Estados Unidos e India, en la trayectoria positiva que ya tenía, a través de la felicitación del Primer Ministro Modi al electo presidente Trump,  invitándolo precisamente a profundizar las relaciones entre ambos países y “realizar el potencial total de nuestra cooperación”.

Por Dra. Lía Rodriguez de la Vega
Analista Internacional – Académica
Comité de Asuntos Asiáticos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales CARI
Ex. Directora de la Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y Africa ALADAA

Federalización, una solución para Ucrania. Entrevista Dr. Marcelo Montes

Federalización, una solución para Ucrania. Entrevista Dr. Marcelo Montes

Iniciamos la publicación de una serie de entrevistas en oportunidad de cumplirse tres años del inicio de la crisis en Ucrania. El testimonio del experto Dr. Marcelo Montes, miembro del Comité de Eurasia del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales CARI, quien ha sido una voz que ha venido sosteniendo el concepto de “federalización”, como una vía política y pacífica para solucionar el problema de las regiones separatistas del sudeste de Ucrania, ¿qué piensa Marcelo Montes sobre este concepto en el panorama actual, a tres años de haberse desatado la crisis? Un repaso sobre la revolución “Maidan”. Y con Donald Trump hay que observar qué nuevo diseño de la geopolítica emerge, sobre todo en la relación de Estados Unidos con Rusia y la prioridad que reciba la resolución de la crisis que, luego de tres años, aún atraviesa Ucrania.

Pregunta: estamos ante un tercer aniversario de la revolución “Maidán” o “Euromaidan”, ¿puede Ud. transmitirnos su opinión sobre el balance de esta gesta popular? Los miles de jóvenes que marcharon por sus convicciones sobre el futuro de Ucrania mirando a Occidente, ¿hoy han logrado un objetivo que pueda significar que ha valido la pena el sacrificio por esa histórica movilización?
Dr. Marcelo Montes: Desmitificaría parte de vuestra aseveración en el sentido de que no sólo había jóvenes idealistas o que marcharon “según sus convicciones”. La revuelta empezó el 21 de noviembre de 2013, iniciándose como una protesta de estudiantes pero también de pensionados en contra del ajuste impositivo y salarial del entonces Presidente Yanukovich, en el marco de la discusión del acuerdo asociativo con la UE. La debilidad y torpeza de este mandatario, para estabilizar la situación, hizo que las protestas, lejos de apaciguarse, se incrementaran y entonces, aprovechando el caos general, se agregaron grupos muy heterogéneos de adultos, extremistas, xenófobos, antijudíos, nacionalistas ucranianos -en un país que jamás hasta 1991, fue Estado independiente, a pesar de sus mil años de antigüedad- y seguramente, oportunistas antirrégimen. Todo se desnaturalizó y se llegó a febrero de 2014, a la toma total de la Plaza Maidán, con un espectáculo propio de una guerra civil: francotiradores, manifestantes organizados y armados de modo sofisticado, heridos, muertos y la caída del propio gobierno. Descarto entonces que haya sido una revuelta donde estuvo en juego la paz y la democracia liberal o el alineamiento con Occidente en contra del “imperialismo” ruso, como se ha pretendido mostrarla en muchos europeos y americanos. En todo caso, ésa sí fue la “Revolución Naranja” de 2004, diez años antes, pero que fracasó por la facciosidad de sus líderes, algunos de los cuales, como Timoshenko, pretendieron erigirse en los líderes del “Euromaidán” pero los propios manifestantes los expulsaron de la Plaza.Ukr
Respecto al balance, no puede ser peor. Tras tres años de inicio de la revuelta y más de dos años del nuevo del Presidente Poroshenkó, ex oligarca ucraniano, Ucrania perdió Crimea, se inició una guerra civil, que afectó al 10 % de su territorio (el sudeste), un millón de desplazados hacia Alemania y Rusia, daños materiales, caída de la mitad del PBI, un 40 % de pérdida salarial, con salarios que ya eran bajos en el año 2013, caos parlamentario, renuncia y reemplazo de Primer Ministro, escándalos de corrupción de sus funcionarios, etc. Lo peor es que hoy, Ucrania, está mucho más lejos de ser miembro de la UE y ni siquiera tendrá a la OTAN para defenderse, por lo que los dos grandes supuestos que “justificaban” la caída de Yanukovich, finalmente, no se concretaron ni creo, se concreten siquiera, en el mediano plazo.

Pregunta: un actor interesado en el cambio de régimen político en Ucrania es en forma explícita Estados Unidos. ¿Ud. cree que los esfuerzos de Washington por apoyar un nuevo gobierno pro-occidental es un balance positivo para los intereses de la Casa Blanca?
Dr. Marcelo Montes: el error general y de Washington en particular, fue creer que el nuevo gobierno ucraniano es proocidental. Ha habido mucho oportunismo en la elite política ucraniana, desde siempre. Lo había antes de Yanukovich, cuando supuestamente los gobiernos de Kravchuk y Kuchma eran prorrusos y los hubo después de la Revolución Naranja y ahora, cuando se supone que son prooccidentales. Como en muchas regiones de este mundo, a los políticos de Kiev los guía el más puro pragmatismo, por eso hoy están inquietos, porque las señales de Berlín y de Washington, con la elección y triunfo de Trump, al que repudiaron incluso en las redes sociales –hoy están arrepentidos-, no les son favorables para mantenerse en el poder por mucho más tiempo. Entonces, hasta qué punto le convino a Obama jugarse tanto inicialmente, no después, por los euromaidanistas, realmente, tengo mis serias dudas acerca de la eficacia de la jugada. Creo que debiera anotarse como uno de los grandes fracasos. Washington no jugaba ni juega demasiado estratégicamente allí en esa zona, excepto frenar a Rusia, aunque ésta ya estaba contenida por la ampliación de los OTAN en el este, en los noventa hasta 2004. Ahora bien, apoyar a un gobierno que es una amplia y heterogénea coalición, donde no escasean personajes exóticos, pronazis, xenófobos y hasta antisemitas, no la veo compatible  con los valores liberales y progresistas que dijo representar Obama a lo largo de sus dos mandatos.

Pregunta: si bien la crisis en Ucrania es un problema europeo que deben resolver los europeos, los líderes de la UE están agobiados en una agenda que le resta capacidad diplomática y política en los asuntos exteriores. Por ello nos importa conocer de tres actores, Rusia, Ucrania y Estados Unidos, la relación entre estos tres involucrados, cómo cree Ud que se va a desarrollar en el 2017 considerando a Donald Trump en la Casa Blanca?
Dr. Marcelo Montes: No sólo dependerá de Trump, sino del resultado de las elecciones europeas en Italia (referéndum del 4 de diciembre, en próximos días), Francia y Alemania; también por supuesto, de la evolución del proceso de “Brexit” de la Gran Bretaña. Si como se prevé, hay buenos resultados para las extremas derechas antieuropeístas en cadena, incluso el futuro de la UE puede entrar en seria y abierta discusión. Aún ganando Merkel, la historia ya no será lo mismo, si llegara a ganar Fillon en Francia –él simpatiza con Putin- y mucho menos si ganase Marine Le Pen o perdiera y renunciara Renzi. Es decir, la UE no está en condiciones de salvar a Kiev porque antes debe salvarse a sí misma. Respecto a Trump, todos conocemos su cercanía con Rusia y Putin. Es innegable aun cuando parte de su partido, con Mc Cain a la cabeza, se niegue a aceptar un acercamiento con Moscú. Por lo que, imagino un escenario con crecientes dificultades para la UE, con una necesaria distensión hacia Rusia, con presiones obvias en sentido contrario de Polonia y Bálticos, aunque insuficientes en términos geopolíticas y un Estados Unidos que priorizará su relación con Rusia, pero también con  presiones domésticas opuestas a tal acción. Cuánto durará esta nueva situación y cuán sustentable será, es mi gran duda.

Pregunta: sobre el asunto de Crimea, a dos años del referéndum y la adhesión de este territorio a la Federación Rusa. ¿Qué valoración en clave geopolítica pueda compartir sobre este suceso que significó el “movimiento de fronteras” en Europa del Este?
Dr. Marcelo Montes: Rusia no volverá a entregar jamás Crimea. Ya forma parte de territorio ruso y el Estado ruso está haciendo todo lo posible por retenerla definitivamente, con acciones soberanas como la construcción de un costoso puente, inversión en agua potable, modernización de sus playas costeras para “reaggiornarlas” a los fines turísticos, etc. En tal sentido, hay que decirlo, la Crimea ucraniana estaba en situación de semiabandono. En clave geopolítica, hay que observar con detenimiento la evolución de Abkhazia y Osetia del Sur en Georgia y Trandsnistria en Moldavia, porque allí el Kremlin podría concertar o forzar posiciones de mayor riesgo, que no involucren guerra alguna, sino, efectivización de enclaves que lo ayuden a recuperar algo del mucho terreno perdido tras 1991. Sumo a ello, por supuesto, la posición naval en Siria y sobre el Mediterráneo. Afirmo esto, sólo en términos de movimientos estratégicos, no bélicos. De ninguna manera, cabe esperar invasiones o movimientos de tropas en territorios ajenos, pero sí este tipo de acciones de baja intensidad, que demuestren el reconocimiento de status internacional, lo buscado y anhelado por Rusia desde el comienzo del nuevo milenio.

Pregunta: sobre la crisis en las regiones separatistas del Este de Ucrania, Donbass y Lugansk. ¿Esto ya se ha convertido en un conflicto congelado? ¿Qué apreciación puede Ud. compartir sobre algún posible escenario futuro para resolver este atolladero?
Dr. Marcelo Montes: sí, es conflicto congelado y poco puede hacerse “desde afuera”, excepto vigilar a Kiev en el cumplimiento –no tramposo- de los acuerdos de Minsk I y Minsk II. Si Ucrania le da finalmente un status federal al sudeste, podrá zanjar la situación. De lo contrario, será difícil lograr la convergencia. Hoy, la zona está fuera de su control y ni siquiera avanza rápido la profesionalización de las fuerzas armadas y policiales ucranianas, con lo cual, todo el Estado ucraniano, está en una situación de semifallido, en manos de oligarcas reciclados y bandas parapoliciales, con las que no puede encarar en serio un proceso de pacificación y reunificación del país. montesSólo la ayuda internacional, precaria e insuficiente, más sus riquezas naturales, la están salvando. La gente ya se fue de la zona, hacia una Alemania que no sé hasta qué momento podrá soportar tantos refugiados y Rusia, donde se verifican cada vez más conflictos entre rusos nativos y ucranianos recién llegados, que vienen a exigir a Rusia que les de lo que su propio Estado les ha negado. Se trata del mismo Estado que hoy apunta a quitar la lengua materna rusa, reemplazándola por el idioma inglés, de los pasaportes de sus ciudadanos. Todo ello ha puesto la relación entre rusos y ucranianos en el peor momento de su historia.

Pregunta: Ud. ha hablado en su momento de “Federalización”, como una solución posible para la crisis en el Este de Ucrania, como fórmula de contener los territorios separatistas y evitar que se conviertan en parte de la Rusia. ¿Sigue vigente su perspectiva y cómo se ajusta al presente?
Dr. Marcelo Montes: como dije antes, sigo sosteniéndola, pero hoy, en virtud de la situación del propio Estado ucraniano, la veo poco factible de concretar, excepto que “desde afuera” se obligue a Kiev a encarar seriamente un proceso constitucional en tal sentido. Hasta Rusia podría colaborar en este aspecto. Finlandia es un Estado unitario –como Ucrania-, pero tiene regiones autónomas y ése tal vez, sea un modelo a considerar para el sudeste ucraniano. Pero observo que la elite ucraniana se niega a hacer concesiones de este tipo, porque cree –equivocadamente- que esto sería percibido como una muestra de debilidad estatal tanto ante los rebeldes como frente a Moscú. Por ello, considero fundamental que tanto Berlín como Washington como Bruselas graviten y convenzan a Kiev de que dicha ingeniería institucional puede sacarla del atolladero y severa crisis doméstica y regional en la que se halla sumida desde hace un trienio. Diría que es la única posibilidad cierta para salir del actual estado crítico de situación.

Desarrollo & Contenido
Ariel Zaiser – Relaciones Internacionales y Gobierno UADE

Dr. Marcelo Montes
Profesor de Política Internacional UNVM
Cátedra Rusia (IRI, UNLP)
Grupo de Estudios Euroasiáticos (CARI)
http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/

Pin It on Pinterest