La actual crisis diplomática en el Golfo

La actual crisis diplomática en el Golfo

Los eventos en el curso de las relaciones internacionales se están produciendo a gran velocidad, abriendo interrogantes que solo el tiempo podrá develar cuáles serán las consecuencias y en qué realidades derivaran los mismos. La necesidad de estos tiempos está puesta en la reflexión en clave geopolítica; para descifrar la dinámica de esos eventos, para comprender cómo confluyen los intereses de los actores protagonistas, con el factor del espacio geográfico y del poder. Aquí el experto Dr. Paulo Botta nos ayuda a comprender algunas claves de la crisis que se ha desatado en el Golfo.

En las últimas dos semanas hemos asistido a una serie interesante de eventos en la zona del golfo que demuestra la peligrosidad inherente del sistema regional debido a actores con intereses muy divergentes.
En primer lugar el viaje del presidente de los Estados Unidos a Arabia Saudita ha significado para Riad dos cosas: En primer lugar la actualización de la vieja alianza forjada durante la segunda postguerra mundial (a pesar de que este país ha hecho de la ideología wahabita su interpretación oficial del Islam con todo lo que ello implica debido a que los principales grupos terroristas sunitas adscriben a esta posición) y en segundo lugar, ha fortalecido la percepción de que Irán es una amenaza regional tanto para Washington como para Riad.
Es por ello que no resulta sorprendente que el gobierno saudí haya interpretado esto como un “cheque en blanco” y pocos días después haya decidido (junto con su más cercano aliado regional, Emiratos Árabes Unidos) presionar al aliado díscolo, Qatar, que pretende llevar una política exterior más abierta hacia Irán (con quien comparte importantes yacimiento de gas) y no oculta su oposición ante la voluntad saudí de ser el líder regional árabe indiscutible del golfo.
La presión diplomática fue acompañada por los gobiernos de Egipto y Libia, dos aliados de Arabia Saudita y recibió el apoyo de Estados Unidos e Israel.
Lo paradójico es que Qatar es la base de 10000 tropas estadounidenses en la región, la más importante de hecho.
La decisión del gobierno de Irán y del de Turquía de apoyar a Qatar ha mostrado como se encuentran en estos momentos las alianzas de la región. El gobierno de Erdogan aprobó rápidamente una ley para permitir el despliegue de tropas turcas en Qatar donde desde 2013 hay una base de ese país.
Es un ejemplo más de la cercanía de las políticas exteriores de Ankara y Doha. Qatar y Turquía apoyan a los grupos vinculados con la Hermandad Musulmana que combaten contra el gobierno sirio y también apoyan a los grupos islamistas que combaten en Libia frente al gobierno libio reconocido internacionalmente y que cuenta con el apoyo de Arabia Saudita.
La decisión iraní, por su parte, de permitir a la aerolínea Qatar Airways usar su espacio aéreo y mostrar su voluntad de incrementar el intercambio comercial para evitar el estrangulamiento de la economía qatarí (cuyo única frontera terrestre es con Arabia Saudita y ha sido cerrada) ha generado, curiosa casualidad, el mayor atentado terrorista sufrido por la República Islámica de Irán en décadas.
El atentado en Teherán, en el Parlamento y en el mausoleo del Imám Jomeini, que dejó una docena de muertos y constituye es una ejemplo muy claro de la utilización del terrorismo de orientación salafista yihadista por parte de algunos estados de la región.
Ya sea que el responsable sea el Estado Islámico (ISIS) o los Muyaheddin-e-Jalq, lo cierto es que resulta muy inquietante que estados que acusan a otros estados de apoyar el terrorismo salafista-yihadista sean apoyados por los mismos teroristas!!
Se suele perder de vista que para los salafistas-yihadistas el primer enemigo no son los cristianos ni los judíos sino los musulmanes no sunitas, particularmente los shiitas.
Resulta muy claro que el denominado terrorismo salafista yihta es utilizado como una herramienta más en la guerra entre los estados con sus respectivos intereses nacionales. Cuando digo que es utilizado me refiero a que los estados pueden dar apoyo o simplemente dejar hacer a los terroristas cuando sus intereses así lo requieren.
Más allá de la gravedad de la situación, Arabia saudita y los Emiratos Árabes Unidos se han puesto en una situación muy compleja desde el punto de vista estratégico ya que no pueden volver atrás. O bien consiguen lo que desean de Qatar y el emirato se convierte en un apéndice de Riad o bien desisten de ello con las consecuencias que ello implica para su voluntad de ser las potencias regionales.
La crisis también ha demostrado que las organizaciones regionales más importantes, Consejo de Cooperación del Golfo y la Liga Árabe, son totalmente incapaces de resolver cualquier problema entre sus miembros. Son incapaces porque precisamente la ingeniería institucional que les dio origen tenía ese objetivo: Enmascarar intereses nacionales específicos bajo la apariencia de intereses comunes: los interés de Egipto en la conformación de la Liga Árabe y los saudíes en la conformación del Consejo de Cooperación del Golfo. Dicho esto de manera muy simplista.
En este complejo escenario, Alemania ha retirado sus tropas de la base dela OTAN en Turquía y el nuevo presidente francés (otro miembro de la OTAN) ha tomado la importante decisión de invitar al Presidente Putin a Paris para así demostrar que Francia está dispuesta a desempeñar un papel central en la política europea.
Habrá que esperar cual es la reacción de Rusia ante la crisis del golfo, seguramente Irán y Turquía intentarán, con diversos argumentos ganar su apoyo. La decisión de Moscú tendrá un impacto importante en el desarrollo de la crisis.

Por Dr. Paulo Botta
Analista internacional experto en Oriente Medio. Coordinador del Departamento Eurasia del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata. Doctor en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid.
http://paulobotta.wixsite.com/paulobotta

Nuevo capítulo de la crisis de Siria en Astaná

Nuevo capítulo de la crisis de Siria en Astaná

La expectativa de lograr en el 2017 un acuerdo que lleve la paz a Siria es aún posible. Es posible desde los esfuerzo del proceso de paz, donde la diplomacia busca superar fracasos para alcanzar un punto de negociación que ponga fin a la guerra que ya cumplió seis años. La continuidad del diálogo podemos seguirla desde el aporte del diplomático uruguayo Dr. Ramiro Rodríguez Bausero, que nos ofrece un detalle con interpretación del nuevo capítulo de Kazajstán, desde la anterior publicación cuando varias de las partes involucradas se reunieron en la anterior cumbre de Astaná enero de este año. Aquí una perspectiva que nos permite ver con alguna gota de optimismo el proceso que tiene menos participación de Estados Unidos. Estas reflexiones nos ayudan a seguir cómo evoluciona, muy lentamente por cierto, el diálogo para para el ansiado acuerdo de paz que ponga fin a esta espantosa tragedia que vive el pueblo sirio.

El proceso de conversaciones en la capital kazaja por el arreglo de Siria. Nueva parada en Astaná.

Los días 3 y 4 de mayo se llevaron a cabo en la capital de Kazajstán, una nueva instancia de conversaciones relativas a la guerra civil en Siria, tal como había sido acordado el pasado mes de abril. En esta nueva parada del Proceso de Astaná participaron representantes de Rusia, Turquía e Irán, además de delegados del régimen de Damasco, así como funcionarios de los gobiernos de Jordania, Estados Unidos, y el Enviado Especial por Naciones Unidas, Staffan de Mistura. Los delegados de la llamada oposición abandonaron las conversaciones y no participaron de esta instancia.
El avance registrado en este encuentro fue la firma de un acuerdo por el que se constituirían zonas de “desescalada bélica” en varios puntos de Siria a determinar.
De acuerdo al Enviado de Naciones Unidas, se trató de encontrar un término adecuado a esta iniciativa, que trate de recoger la intención de los negociadores de que se verifique en las zonas determinadas la mayor reducción posible en el uso de armas, especialmente material bélico pesado y aviones.
El punto negativo, que permite aventurar la poca efectividad del acuerdo, es que el mismo no fue suscrito ni por las fuerzas gubernamentales sirias, ni por la oposición, que como fuera dicho abandonó las negociaciones una vez más en respuesta a la continuación de los ataques aéreos, y mantiene su disconformidad respecto de la participación iraní en este proceso de conversaciones. Respecto del gobierno de Al-Assad, si bien se ha manifestado estar a lo acordado por las potencias garantes, también se ha expresado que continuará combatiendo a los grupos rebeldes allí donde estos se encuentren.
El objetivo de la instalación de estas cuatro zonas – que se establecerían en la provincia de Idlib, al noroeste del país, en la provincia central de Homs, la región controlada por los rebeldes al sur a lo largo del Jordán, y en las inmediaciones de Damasco[1] – es el de poner fin inmediato a la violencia y proporcionar las condiciones para el retorno de refugiados y desplazados de manera segura y voluntaria. Asimismo, se acuerda que se tomarán medidas tendientes a restablecer infraestructuras básicas para la población.
Estados Unidos habría expresado ser partidario de cualquier iniciativa hacia la paz, a pesar de que estas cuatro regiones estarían también cerradas a la aviación norteamericana. En este sentido, fuentes del  Pentágono habrían expresado que dado que las zonas no se encuentran en aéreas de actividad de ISIS, donde actúan principalmente las fuerzas norteamericanas, la creación de estas cuatro zonas no cambiaría o alteraría la misión militar de Estados Unidos de ningún modo.
El proceso de conversaciones llevado adelante en Ginebra y Astaná presenta como aspecto destacable y positivo, el hecho de estar logrando una continuidad en el tiempo, necesaria para que estos esfuerzos negociadores permanezcan en estado de alerta y al permanente escrutinio de la opinión pública internacional.
Lamentablemente la salida de la mesa de negociaciones y no participación de ese grupo que se etiqueta como “rebelde”, obsta grandemente a la legitimidad del propio proceso y por ende, al cumplimiento efectivo de las cuestiones que se van resolviendo.

Más allá de los esfuerzos de los negociadores de Rusia, Turquía e Irán, y las distintas iniciativas que han surgido, como esta última de crear esas cuatro zonas de “desescalada” bélica, el hecho de no contar con el apoyo ni del gobierno de Damasco, ni de las fuerzas “rebeldes”, amenaza que al acuerdo alcanzado sobre estas zonas quede en letra muerta, y enrarezca el ánimo y las esperanza de avance del todo el proceso.
Los participantes acordaron mantener el próximo encuentro en la capital kazaja a mediados de julio próximo, con una escala previa de consultas de expertos en Ankara dos semanas antes.

Por Dr. Ramiro Rodríguez Bausero
Diplomático de la República Oriental del Uruguay. Analista Internacional. Docente. Académico del Consejo Uruguayo para las Relaciones Internacionales.

[1] Más detalles de estas zonas de pueden obtener en http://mfa.gov.kz/index.php/en/last-news/8822-on-the-outcome-of-the-fourth-international-meeting-on-syria-within-the-framework-of-the-astana-process

Reseña anterior del primer capítulo de las negociaciones en Astaná: http://equilibriumglobal.com/de-astana-a-ginebra-nuevas-oportunidades-en-las-conversaciones-por-siria/

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