Posibilidad histórica para la Argentina en materia de relaciones internacionales

Posibilidad histórica para la Argentina en materia de relaciones internacionales

El año 2016 brinda a la Argentina una posibilidad única en materia de política internacional. Dos funcionarios nacionales se postulan para ocupar cargos de alta jerarquía en materia de Organismos Internacionales.
Por un lado la recientemente designada Canciller, Susana Malcorra, aparece como posible candidata a ocupar el cargo de Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), actualmente en manos del surcoreano Ban Ki Moon. Si bien tiene apenas semanas de haber asumido su nuevo rol al frente del Palacio San Martín, la funcionaria presenta una considerable experiencia alternando puestos de jerarquía en la ONU. Su última posición fue nada menos que la de Jefe de Gabinete del Secretario General, la que abandonara luego de la oferta del actual Presidente Mauricio Macri. Pese a sus cualidades, Malcorra deberá hacer frente a una serie de dificultades para alcanzar tan importante meta. En primer lugar, tendrá que saltear el orden de regiones. Es decir, los candidatos de Europa oriental tienen ventaja por sobre otros aspirantes. En particular, se presentan solidos candidatos de Eslovenia (dos fuertes figuras del poder ejecutivo nacional) y Bulgaria (Irina Bokova, actual Directora General de la UNESCO). En caso de buscar una salida por fuera de esa región, aparece la competencia de un ex Primer Ministro australiano.CHanc
Por otro lado, el actual Embajador argentino ante Austria y concurrente con la República de Eslovaquia y la República de Eslovenia, y representante ante Organismos Internacionales, Rafael M. Grossi, se postula como candidato a reemplazar al actual Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el japonés Yukiya Amano. Grossi, diplomático de carrera con vasta experiencia en temas nucleares, no proliferación y desarme supo ser Jefe de Gabinete de Amano, quién iría por su tercer mandato. Como ventaja se podría mencionar que el argentino cuenta en su haber con una destacada trayectoria diplomática, en la que se puede destacar que ha presidido recientemente, por dos años consecutivos, el Grupo de Proveedores Nucleares y ha liderado con gran eficiencia reuniones internacionales de suma sensibilidad, como la reunión extraordinaria de la Convención de Seguridad Nuclear. Otro factor a considerar es que el japonés Yukiya Amano había mencionado oportunamente su intención de no ir en busca de un tercer mandato. Por otro lado, Grossi deberá afrontar dos recientes victorias, en el terreno diplomático, por parte del japonés: la correcta salida política al accidente en la central nuclear japonesa de Fukushima Daiichi de 2011 y el acuerdo entre el OIEA e Irán firmado hace algunos meses.

Luego de analizar ambos casos por separado, es menester hacer un análisis conjunto. En primer lugar parece ser el escenario menos probable el que ambos obtengan los cargos referidos. La diplomacia internacional es sensible a la nacionalidad y a la correcta distribución geográfica de los máximos representantes de los organismos internacionales. En este caso, la jefa de la diplomacia argentina tendría ventaja. Por otro lado, la responsable del Palacio San Martín requerirá del apoyo del Presidente Mauricio Macri, lo que parecería dificultoso teniendo en cuenta el poco tiempo al frente del ministerio ubicado en las intersecciones de Arenales y Esmeralda. Por su parte, Rafael M. Grossi se presenta como un sólido candidato para la dirección del OIEA, y solo enfrentaría la disputa del candidato japonés y actual Director General.
Para concluir, es menester considerar que este será un tema destacado en la agenda de política exterior argentina para el año 2016, aunque las respectivas decisiones se llevarán a cabo entre la finalización de este año y los primeros meses del próximo. Cualquiera fuese el resultado, en caso de que alguno alcanzara su objetivo, sería el máximo cargo alcanzado por un compatriota en materia de organismos internacionales.

Por Lic. Mariano López Ferrucci
Analista Internacional

70 años de ONU, desafíos para el liderazgo

70 años de ONU, desafíos para el liderazgo

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), creada luego del Tratado de San Francisco de junio de 1945, ha sabido modificar la estructura conocida por entonces de los organismos internacionales. Por primera vez aparecía una entidad internacional universal dedicada a la cooperación internacional, a la prohibición del uso de la fuerza entre los Estados y a la solución pacífica de las controversias internacionales.
A diferencia de lo que había sucedido con la Sociedad de Naciones, creada al concluir la Primera Guerra Mundial, las Naciones Unidas nutria las esperanzas de la comunidad internacional por alcanzar un espacio de debate y colaboración capaz de habilitar áreas de intercambio y resolver (o al menos cercenar) las disputas entre los Estados.
Es menester recordar que la ONU le otorgó una categoría especial a los Estados ganadores de la Segunda Guerra (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y la por entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), lo que se traduciría más adelante en un sinfín de acuerdos por mantener el statu quo, entre los que podemos señalar los del campo nuclear.
La ONU empezó su funcionamiento en un clima inestable de comienzo de Guerra Fría, el que se originó a partir de la Guerra de Corea (1950-1953) generando, incluso, una alteración en su propio ordenamiento. Simplemente recordar la “Resolución Pro Paz”. Lo que es indudable, es que en un intento por replicar figuras similares del pasado, la ONU trataba de ofrecer, entre otras herramientas, un nuevo instrumento para la diplomacia internacional: la figura del Secretario General.
En el artículo 99 de la Carta de las Naciones Unidas se establece que el Secretario General puede llamar la atención del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, órgano dedicado a velar por el mantenimiento de la paz y seguridad internacional. No obstante, la figura del Secretario General parecería ser simbólica. En términos prácticos, es la figura visible de la Organización.
Podemos destacar en tal sentido que excepto el británico Gladwyn Jebb, el que ocupó el mencionado cargo por menos de un año, las potencias han sabido liberar ese cargo a representantes de países de segundo y hasta de tercer orden. Podemos recordar hechos significativos como el del sueco Dag Hammarskjöld, quién trató de mediar en el conflicto del Canal de Suez de 1956 y creó en aquella ocasión la figura de las “Operaciones para el Mantenimiento de la Paz”; el birmano U Thant, quien colaboró durante la guerra de Vietnam; hasta considerar a Kofi Annan, ganador del Premio Nobel de la Paz en 2001. Al parecer la figura del Secretario General estaba en aumento en cuanto a su interferencia como figura de la diplomacia y la paz, aunque esa tendencia pareció perderse con la llegada del actual Secretario General, el surcoreano Ban Ki-moon, quién asumiera sus funciones en 2007.
La actual guerra civil en Siria, el avance del Ejército Islámico, la crisis migratoria en Medio Oriente y África, las crisis e intervenciones en Yemen y Bahréin, la invasión aliada en Afganistán; la mal llamada “Primavera Árabe”, la guerra civil en la República del Congo, Boko Haram en Nigeria, la disputa por el Ártico, el cambio climático, la continua inestabilidad entre las Coreas, así como también entre Paquistán y la India… Un sinfín de alternativas para ver los dotes del Secretario General de la ONU en un mundo que requiere de nuevos canales de interacción. No obstante, el actual Secretario parece ser un desconocido para las tapas de los diarios más importantes del mundo. Un perfil, quizás, demasiado correcto para los tiempos que corren y la necesidad de rencauzar determinadas pujas políticas.
En contraposición, aparecen los Directores Generales de Organismos especializados, alguno de ellos miembros de lo que se conoce como “La Familia de las Naciones Unidas”. El egipcio Mohamed ElBaredei quién siendo Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) supo desafiar a los Estados Unidos diciendo que Iraq no tenía armas nucleares. Posición que lo llevara a obtener el Premio Nobel de la Paz en 2005. Del mismo modo, Rogelio Pfirter, diplomático argentino, quién dirigió entre 2002 y 2010 la Organización contra la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) con una activa y destacada participación en la crisis de Siria, podría ser un buen caso de lo antes mencionado.
Para concluir, es importante mencionar la necesidad que tiene el actual contexto internacional por contar con líderes capaces de acercar e interceder entre las partes de un conflicto. En esta ocasión, merece la pena considerarse las funciones y actividades del Secretario General de las Naciones Unidas así como de los distintos órganos especializados. Respecto del primero, es importante que recupere el rol activo que supo tener así como su prestancia a los diversos escenarios. En relación a los Directores Generales, la dedicación a temas particulares les da una ventaja para entender y participar activamente en ese contexto. Puede ser una herramienta útil en un complejo entorno político.

Por Lic. Mariano López Ferrucci
Académico – Analista Internacional-

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