El factor de la multipolaridad en el sistema internacional

El factor de la multipolaridad en el sistema internacional

Desde nuestra red de alianzas con think-tanks y expertos en diferentes capitales del mundo compartimos esta colaboración desde Alemania. El punto de partida es interpretar que el mundo transita hacia cambios en la reconfiguración del poder global y, en un escenario de multipolaridad, se abre un gran debate sobre el protagonismo de nuevos polos de poder regional y su incidencia en la confección del nuevo orden global. El monopolio en la toma de decisiones ya no ha quedado en un solo punto geográfico. Muchas voces avecinan una mayor cantidad de fricciones. El presente nos muestra una falta de liderazgo con un esquema institucional no concordante con la realidad de hoy, un formato definido por los ganadores de la segunda guerra, en un mundo que ya no existe más. Compartimos entrevista a Jorge Garzón, Investigador del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA) en Hamburgo, Alemania, y sus reflexiones sobre el factor de la multipolaridad en el concierto internacional de naciones.

Pregunta: Son tiempos de transformaciones en la reconfiguración del poder global, nuevos actores emergentes buscan protagonismo en el concierto internacional, la unipolaridad ya no tiene el monopolio de las decisiones y el espacio geográfico de Eurasia tiene un dinamismo propio, que potencia el concepto de multipolaridad. ¿Cuáles serán las principales claves que determinen el orden global que prevalecerá en esta década?
Jorge Garzón: En términos de poder estructural, los economistas de Goldman Sachs que acuñaron el término BRICS, y otros estudios ya vaticinaron que las economías de las potencias emergentes sobrepasarán antes de mediados de siglo a las economías de los países que conforman el G7. Sin embargo, creo que más importante, y relevante, es preguntar qué patrones de relacionamiento de esta multipolaridad tiende a producir tanto entre las grandes potencias o “polos” como entre éstas y otros Estados, ya sean potencias secundarias o países más pequeños. Más que prestar atención a datos crudos como el creciente Producto Interno Bruto o los gastos militares de estas naciones, deberíamos preguntarnos hacia qué nuevas pautas de comportamiento la multipolaridad emergente condiciona a los Estados o aquello que muchos autores llamaron “la polarización de la polaridad”. El comportamiento de los Estados en ésta nueva estructura dependerá, entre otros factores, principalmente de cómo sus élites políticas interpreten los vientos de cambio en el sistema internacional. Así, habrá algunos Estados que vean el mundo aún en términos unipolares o uni-multipolares y que, equivocados o no, se embarquen en costosas políticas que busquen preservar esta estructura. Otros Estados, sobre todo potencias emergentes, tal vez vean un sistema plenamente multipolar y pidan cambios y responsabilidades para los que aún no están preparados. Otros, preferirán esperar, acumular capacidades y emerger pacíficamente, como China. Incluso el comportamiento agregado de muchos países secundarios y pequeños puede tener un impacto sistémico como lo muestra el creciente número de tratados de libre comercio y alianzas estratégicas Norte-Sur y Sur-Sur que van tejiendo. Al final de cuentas, lo único que se puede decir a ciencia cierta es que la multipolaridad no será el resultado de voluntad de dos, tres o cuatro actores, sino de cómo una miríada de diferentes estrategias interactúan entre sí de forma compleja. Sin embargo, eso no excluye que los académicos intentemos comprender o capturar su lógica a través de distintos instrumentos conceptuales.

Pregunta: Hemos podido observar sus trabajos aborda la “emergencia de la multipolaridad.” ¿Cuál es su eje conceptual? ¿Qué argumentos tiene al respecto? 
Jorge Garzón: El argumento básico de mi investigación es que la lógica de la multipolaridad emergente será muy distinta de aquella de pasados sistemas multipolares. Podemos pensar en al menos tres escenarios alternativos en la evolución de la multipolaridad en el siglo XXI. Primero, la multipolaridad puede significar el desarrollo de una o dos nuevas superpotencias. Los candidatos más obvios son China y la Unión Europea sumándose a los Estados Unidos. Una multipolaridad (o bipolaridad) de superpotencias, sería altamente hegemónica. Algo muy parecido experimentó ya la humanidad con los imperios coloniales europeos desde el siglo XVI hasta la Segunda Guerra Mundial y luego nuevamente con la Guerra Fría. En éste escenario, las superpotencias tienen una fuerte presencia a lo largo y ancho del globo, penetrando y determinando los ordenes regionales de casi todas las regiones. En algunas regiones construyen esferas de influencia, en otras crean condominios, mientras desgarran a otras en su competencia por influencia.
Un segundo escenario sería lo que el académico Amitav Acharya llamó la “regiopolaridad”. En éste escenario no hay desarrollo de nuevas superpotencias, sino más bien de potencias grandes y potencias regionales. Partiendo de la observación de que muchos de los actuales candidatos a grandes potencias son también las únicas potencias regionales de su propia región (piénsese en Brasil, Rusia o India), sus proponentes sostienen que éstas, careciendo de los recursos materiales de las superpotencias para proyectar poder a lo largo y ancho del globo, concentrarán más bien sus esfuerzos en construir órdenes regionales sólidos en torno a ellas, más o menos de la misma manera como las potencias regionales de Europa, Alemania y Francia dedicaron la mayor parte de sus energías en la construcción de la Unión Europea. A diferencia Geopolitc-2013del primer escenario, cuyo desarrollo se vuelve cada vez más inverosímil en vista de la mengua del poder estadounidense, la crisis de la Unión Europea y los grandes desafíos que aun enfrenta China, éste segundo paradigma ha ganado muchos adeptos entre académicos (demás está decir que el desarrollo de una multipolaridad de superpotencias sería catastrófica para América Latina).
Sin embargo, creo que hay muchos indicios que apuntan a que la multipolaridad emergente tampoco se está desarrollando de acuerdo a éstas líneas. Por eso lo que hago es proponer un tercer escenario, que llamo “multipolaridad descentralizada”. Éste modelo alternativo parte del supuesto de que en un mundo más globalizado, tanto las potencias establecidas como las emergentes tienen una serie de intereses extraregionales que son tan importantes como sus intereses regionales. Un segundo supuesto, es que la proyección de poder económico y el despliegue de la diplomacia pueden recorrer grandes distancias. Así, en éste escenario tenemos a superpotencias en declive (Estados Unidos), grandes potencias (China, Alemania, Japón) y potencias medias (Brasil, Rusia, India, Francia) proyectando poder fuera de su propia región a través de diferentes instrumentos de política exterior de acuerdo con sus capacidades relativas. Así, por ejemplo, vemos a Estados Unidos haciendo alianzas estratégicas con países del Sudeste Asiático, Brasil dedicando más de la mitad de su ayuda al desarrollo a África, Francia vendiendo armamento de alta tecnología a Brasil y Rusia, y a China invirtiendo grandes sumas en África y Latinoamérica. En vista de ésta nueva situación, potencias regionales secundarias y países pequeños ven una gran oportunidad de diversificar sus relaciones internacionales con varias potencias extraregionales al mismo tiempo a fin de evitar volverse dependientes de una sola. El resultado de esta dinámica es un entrecruzado de relaciones comerciales y políticas inter- y transregionales que terminan neutralizado el poder de la potencia regional en su propia región. En éste complejo tejido de relaciones, el ejercicio de influencia se hace mucho más difícil que en el pasado.

Pregunta: Qué significado tiene el suceso de Crimea, en referencia a que pone a prueba al sistema internacional.
Jorge Garzón: El suceso de Crimea y la crisis de Ucrania en general son una prueba de fuego para los escenarios teóricos discutidos más arriba. Por un lado, Rusia ha estado intentando por un tiempo hacer de Ucrania parte de su proyecto geopolítico (la Unión Euroasiática). La Unión Europea por su parte, también ofreció a Ucrania un acuerdo de asociación de tipo excluyente, es decir, que no permite a este país ser parte otro bloque comercial al mismo tiempo, y que podría implicar a largo plazo, su acceso al bloque comunitario. Visto desde esta perspectiva, tanto Rusia como la Unión Europea estarían intentando construir esferas de influencia o bloques exclusivos en sus propias regiones, lo cual sería evidencia de que la multipolaridad del siglo XXI se parecerá más al escenario de “regiopolaridad” anteriormente descrito. Sin embargo, es difícil pensar que a esta altura del conflicto, tanto Rusia como la Unión Europea consigan alcanzar sus objetivos originales. Con el apoyo recibido por parte de Estados Unidos, el acuerdo de asociación firmado con la Unión Europea y millones fluyendo a hacia Kiev, será muy difícil, sino imposible para Rusia hacer de Ucrania parte de su región. Al mismo tiempo, sin embargo, Rusia a conseguido elevar los costos de un eventual acceso de Ucrania a la OTAN y a la Unión Europea a niveles insostenibles para occidente, a tal punto que muchos diplomáticos consideran estas opciones una posibilidad remota para el futuro. Por ello, si las cosas no se descontrolan sobre el terreno llevando el país hacia una guerra civil, lo más probable es que Ucrania termine convirtiéndose en un puente entre la Unión Europea y Rusia. Lo cuál, de hecho sería más beneficioso para los ucranianos que ser parte de uno u otro bloque. De ésta manera, en la crisis de Ucrania, existen tanto fuerzas empujando el sistema hacia una multipolaridad con esferas de influencia como también dinámicas estructurales centrífugas que de por sí neutralizan éstos esfuerzos y que parecen anticipar más bien una multipolaridad de tipo “descentralizada”.

Pregunta: Vemos el asunto de Crimea, también que se cumplen más de tres años de la guerra en Siria, donde Occidente no ha podido imponer su proyección geopolítica, impulsada por sus intenciones de intervención y de cambio de régimen político de Bashar Al Assad. Qué valuaciones podemos hacer sobre este escenario, en el que incide Occidente para modificar los procesos de las relaciones internacionales.
Jorge Garzón: La guerra en Siria se parece mucho, desde el punto de vista estructural, a la crisis en Ucrania. Si en ésta última el papel de la potencia regional dispuesta a jugarse el todo por el todo antes de permitir un cambio desfavorable en su región lo juega Rusia, entonces para el caso de Siria es Irán. El régimen de Bashar Al Assad hubiera sido incapaz de sobrevivir sin la masiva transferencia de recursos y armas por parte de éste último. Eso no significa, sin embargo, que el destino de Siria sea completamente dependiente de Irán o que el juego se reduzca, como lo previeron Wohlforth y Huntington, a la contención de poderes regionales con ambiciones hegemónicas regionales por parte de los Estados Unidos y sus aliados, sino que la transición a un mundo multipolar se trata también del involucramiento activo de otras potencias en asuntos fuera de su región. Aparte de Irán, Rusia decidió lanzar parte de su peso relativo hacia Oriente Medio para apoyar diplomática y económicamente a Siria, cosa que en menor medida hizo también China. Al negarle, por una parte, la legitimidad a una intervención armada, vetando cualquier resolución en éste sentido en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y, por otra, elevar los costos materiales de ésta al prometer una mayor ayuda militar a Siria en caso de que se llevase a cabo, este involucramiento fue suficiente para disuadir y eventualmente frustrar la intervención de Occidente en Siria. Una vez más, vemos que la emergencia de la multipolaridad dificulta enormemente el ejercicio de la influencia, a tal punto que es difícil imaginarse que algo parecido a la Guerra de Iraq pueda repetirse.

Pregunta: Muchos teóricos argumentan que la unipolaridad garantiza la paz y el equilibrio, pero ahora vemos nuevas tendencias hacia la multipolaridad. ¿Qué factores podemos identificar de esta incertidumbre que caracteriza a cualquier escenario próximo de las relaciones internacionales? Un escenario en el que podemos entrever que cada vez más, los polos regionales buscan su lugar en el sistema internacional de naciones.
Jorge Garzón: Todo sistema internacional tiene ventajas y desventajas. Digamos que en términos de paz y estabilidad, un sistema unipolar ofrece más certidumbres, aunque no se puede decir lo mismo si el foco de atención cambia a cuestiones de desarrollo. El mundo de los años 90, cuando la unipolaridad estaba en su apogeo,  no presenció rivalidad geopolítica significativa entre las grandes potencias. Las guerras eran locales y motivadas sobre todo por clivajes étnicos o religiosos. Ahora vemos que los mismos clivajes étnicos o religiosos desbordan lo meramente local y, digamos, succionan a las potencias regionales y globales que terminan involucrándose peligrosamente en ellas, o quizás sean éstas nuevas rivalidades internacionales las que terminan atizando conflictos que, de otra manera, se hubiesen consumido rápidamente en el limitado oxígeno de su entorno (piénsese en Siria).AFG WAR
La guerra en Siria y la crisis en Ucrania no son eventos aislados, ni mucho menos y tampoco serán las últimas crisis que presenciemos. Dondequiera que eventos locales como un cambio de gobierno o una revolución tengan el potencial de alterar los delicados balances de poder regionales (que son los puntos de intersección donde los mundos de la unipolaridad y la multipolaridad pujan entre sí en ésta fase de transición), podemos esperar ser testigos de tensiones y crisis internacionales con diferentes niveles de potencial conflictivo (recuérdese la polémica que en nuestra región causó la intensión de Colombia de permitir a militares norteamericanos acceso a bases en su territorio). Sin embargo, soy optimista respecto a la multipolaridad, porque creo que precisamente esa compleja red de interacciones políticas y económicas que los Estados tejen entre sí, casi sin proponérselo (los pequeños al intentar escapar de la hegemonía de los poderosos y los poderosos al intentar contrarrestar la influencia de sus pares) hace no sólo que proyectos hegemónicos sean más difíciles de construir sino que el costo de intervenciones armadas sea prohibitivo incluso para los actores más poderosos del sistema internacional. De la misma manera, si países pequeños como Siria o Ucrania tuviesen alianzas estratégicas con muchas potencias al mismo tiempo (como las que los países del Sudeste Asiático están tejiendo cuidadosamente), la pregunta de si éstos son aliados de Occidente o de Irán o Rusia tendría menor relevancia y, por tanto, también menor potencial conflictivo.

Desarrollo & Contenido
Vanina Soledad Fattori

Por Jorge F. Garzón
Master en Relaciones Internacionales por la Universidad de Tubinga, Alemania.
Investigador del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA) en Hamburgo, Alemania. Intereses académicos: Multipolaridad, Regionalismo Comparado, Regionalismo Latinoamericano, Estrategias de política exterior en un mundo multipolar. Última publicación: “Hierarchical regional orders: An analytical framework” – Journal of Policy Modeling (2013); disponible en: http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0161893813001026

Perspectivas hacia los “Objetivos Desarrollo del Milenio”

Perspectivas hacia los “Objetivos Desarrollo del Milenio”

La comunidad internacional determinó en el año 2000 desde la “Declaración del Milenio”, los objetivos 2015 que representan un antecedente histórico al establecer un marco de acciones que a lo largo de estos años ha traído numerosos avances para millones de ciudadanos de todo el planeta. En la declaración de los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” se han determinado ocho prioridades. Tengamos presenta la última meta, la número 8: “Fomentar una alianza mundial para el desarrollo”. Se trata de unificar esfuerzos en una misma estrategia, orientando gestiones políticas y decisiones hacia una contribución concreta por la equidad en todo el mundo.OB

Tengamos presente algunos datos de contexto, actualmente 19.000 niños mueren diariamente a causa de enfermedades prevenibles. Ante esta situación el Secretario General de la ONU recordó que quedan menos de dos años para que se cumpla el plazo de los Objetivos del Milenio y hace un llamado para acelerar los trabajos para cumplir con la totalidad de ellos.
Ban Ki Moon afirmó que la consecución de los Objetivos del Milenio fomentará la confianza y movilizará el apoyo para una agenda ambiciosa post 2015 que centre los esfuerzos en el desarrollo sostenible.
Aún queda mucho para evitar con las muertes de estos niños a causa de la pobreza, sin embargo las metas del milenio han logrado que más de 2.100 millones de personas tengan acceso al agua potable y hay progresos en el combate a la malaria y la tuberculosis.

El punto de partida no es superficial, porque considera inaceptable el nivel de pobreza y desigualdad global. Pese a las voces de escepticismo por cuanto falta en la complejidad del presente y por lo pretencioso del objetivo, la Meta 8 es una necesidad insustituible. Esta meta define cuatro tareas:

A-“Atender necesidades especiales de los países menos desarrollados”
B-“Aboga por un sistema de comercio mundial justo, para que naciones en vías de desarrollo puedan acceder al mercado y no estén sometidos ni marginados al mismo”.
C-“Llama a emprender acciones para lidiar con la deuda de los países en vías de desarrollo”.
D-“Busca involucrar al sector privado para su aporte para el desarrollo”.

Seguro que repasar estas asignaturas nos lleva a visualizar enorme distancia entre las aspiraciones y la realidad, lejos de lo que cualquiera de nosotros pretendería. Pero sepamos que todos los días se materializan enormes esfuerzos de millones de ciudadanos, de cientos de líderes y de muchos otros actores que trabajando desde los Estados, las ONGs y el sector privado, están luchando por estos objetivos. Por un mundo mejor. Hay muy buenas intenciones pero si hay también importantes avances. El resto de los otros siete objetivos del milenio demandan un gran esfuerzo en conjunto de parte de toda la comunidad internacional. Pero en especial, el Objetivo N 8 requiere más que nunca de la aplicación de los principios del multilateralismo, porque esta Meta tiene claros componentes de trabajar desde la democratización de las relaciones internacionales para mejorar la situación mundial. Tengamos presente. El multilateralismo es un mecanismo para alcanzar los “Objetivos de Desarrollo del Milenio”.

Desarrollo & Contenido
Eric Paredes – Relaciones Internacionales Universidad de Palermo

http://www.un.org/spanish/millenniumgoals/global.shtml

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