India y Estados Unidos en la Era Trump

India y Estados Unidos en la Era Trump

Compartimos otra publicación de la serie de artículos “Perspectiva India”, donde la experta Dra. Lía Rodríguez de la Vega nos acerca mensualmente un material para una proximidad con la agenda actual de la India. Aquí en análisis para seguir la geopolítica desde el suceso de la asunción de Donald Trump como Presidente en EEUU y la relación con India. Un completo abordaje que nos permite conocer de la agenda que se viene, desde el factor nuclear al tema China, desde la geopolítica en Asia y otros temas de controversias. Lía Rodríguez de la Vega nos ayuda a desgranar los acontecimientos más significativos de las relaciones internacionales de India, que será la nación más poblada del planeta en un futuro próximo y por ello, tenemos que tomar una proximidad. Aquí describiendo el significativo acontecimiento de “la era Trump” y cómo se ajustan las cosas en Asia desde la perspectiva de India.

El triunfo de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos y su asunción al poder el 20 de enero de 2017, abren un interrogante para las relaciones bilaterales con India, atendiendo a que con la gestión anterior, el Primer Ministro Modi desarrolló una muy buena relación, evidenciada entre otros en sus 9 encuentros con el presidente Obama, durante los 2 y medio últimos años. El escenario permite, por supuesto hacer consideraciones en función de los dichos del ahora presidente durante su campaña aunque no le quita cierta tensión al escenario de fondo, que en Delhi está dado por la remoción del Embajador de Estados Unidos en India, Richard Verma, primer descendiente de indios en ocupar esa posición, en el marco de la orden del nuevo presidente del cese de todos los embajadores nombrados por la administración anterior, en el día de su asunción al poder, sin períodos de gracia y sin contar aún con sus reemplazos -situación que por otro lado es la de las embajadas de Estados Unidos en todo el mundo-. Ello implica que  la Subdirectora de la Misión diplomática estadounidense en Delhi, Marykay L. Carlson, se desempeñará como Chargé d’affaires hasta el nombramiento de un nuevo embajador. El embajador saliente ha señalado por su parte, que espera que la nueva administración continúe el camino del crecimiento de la relación bilateral, agregando que el House Caucus de India e Indian Americans son dos de los mayores grupos en el congreso estadounidense.
Trump ha mostrado también su posición acerca de Asia a través de sus dichos de campaña. En tal sentido, pareciera que en lo que respecta a China, probablemente las relaciones bilaterales permanezcan con dificultad, considerando la promesa del nuevo presidente electo de  imponer una tarifa del 45 % sobre bienes chinos importados y también la de desafiar la beligerancia china en el Mar del Sur de China (vale aquí recordar además, que la plataforma republicana se manifiesta contra la tiranía en internet y señala a China, Cuba e Irán, como países que restringen la libertad de prensa y aíslan a sus pueblos, privándolos de diversas libertades) (p. 60).  Para sumar a la ecuación a India, mientras puede decirse que las cuestiones limítrofes tensionan su relación con China, al igual que lo hace el apoyo chino a Pakistán, forma parte con ella del bloque de los BRICS y al mismo tiempo, converge con Estados Unidos en la necesidad de contener el ascenso y alcance de China en la región.
Bajo la gestión del presidente electo, India podría beneficiarse del refuerzo del compromiso estadounidense con sus aliados asiáticos tradicionales como Corea del Sur, Japón y Taiwán, aunque cabe recordar que Trump puso en duda la cantidad de dinero gastada por Estados Unidos para garantizar la seguridad de sus aliados en Asia, exigiendo a Tokio y Seúl que “paguen para jugar”, manifestando incluso una sugerencia para el desarrollo de sus capacidades nucleares independientes, contradiciendo décadas de política exterior estadounidense en la región, al tiempo que anunció el retiro de su país del TPP/Acuerdo Trans- Pacífico de Cooperación Económica. Por lo demás, su contacto directo con la presidente taiwanesa recientemente electa rompió con décadas de la política del principio “una China”, de Estados Unidos, desarrollada por ambos partidos y generó la protesta formal de Beijing. Ese beneficio para India, del refuerzo de relación con estos aliados, tendría clara relación con la situación en el Mar del Sur de China y podría por ejemplo traducirse en el realce de las capacidades de la marina india. El Océano Índico y la zona marítima de Asia Pacífico serán focos de atención vital, por su importancia económica, estratégica y la presencia china allí. Asociado a ello, cabe recordar que China estableció ya  su primera base naval internacional en Djibouti -que asegura la presencia china allí hasta 2026, con un contingente de 10.000 soldados-, evidenciando la dimensión extra-regional de su alcance -con “la primera perla del collar” en la ruta de la seda que conecta China con Oriente Medio, pasando a formar parte de los países que tienen bases fuera de sus territorios-, de modo que para una mayor efectividad de acción, resultaría útil para los Estados Unidos poder cooperar con la marina india, inclusive coordinando acciones que impliquen a las islas de Diego García y Asunción. Cabe agregar que India tiene una muy buena relación con los tres países mencionados, aunque atraviesa un momento de tensión con Japón por sus restricciones a la importación de acero desde ese país, que puede llevar a ambos países a dirimir la cuestión en la Organización Mundial del Comercio y a pesar de que no reconoce oficialmente a Taiwán ni mantiene relaciones diplomáticas oficiales con ese país.

Respecto a Rusia, mientras Trump parece sostener una buena relación con el presidente Putin, la plataforma partidaria, afirma por un lado su respeto y deseo de mantener la relación amistosa con el pueblo ruso y por otro  señala que no aceptarán ningún cambio territorial en Europa del Este, impuesto por la fuerza, en Ucrania, Georgia u otro lugar, usando medidas legales para llevar a la justicia a quienes practiquen tales agresiones (p. 49). En ese marco y atendiendo a la India, en el reciente encuentro bilateral Rusia-India, Modi y Dmitry Rogozin avanzaron sobre el fortalecimiento de la asociación económica de ambos países y el abordaje de las cuestiones regionales de Afganistán y Pakistán. Por lo demás, las relaciones de India con Rusia son un pilar fundamental de la política exterior india y Rusia ha sido un socio probo, de larga data para la India. En 2000 se firmó la “Declaración sobre la asociación estratégica India-Rusia” y a partir de ello, los lazos entre ambos países adquirieron un carácter cualitativamente nuevo con la mejora de la cooperación en prácticamente todos los ámbitos.
En lo que se refiere específicamente a la India, la plataforma del Partido Republicano sostiene que “India es nuestro aliado geopolítico y socio comercial estratégico”, ensalza los valores democráticos de las instituciones indias y señala que ello le está dando al país una posición de liderazgo no solamente en Asia sino en el mundo. Apela al gobierno indio para la extensión de la inversión y comercio extranjeros. De igual manera, apela a la protección de todas las comunidades religiosas del país y hace un reconocimiento al aporte que los ciudadanos estadounidenses de origen indio hacen a los Estados Unidos (p. 56).
La misma plataforma, a continuación de lo señalado, apunta que los conflictos en Medio Oriente crearon desafíos políticos y militares para las personas de Pakistán. Agrega que su relación bilateral, a veces difícil, es beneficiosa para ambos y apunta que se espera fortalecer los lazos históricos que se han resentido bajo el peso del conflicto internacional. Advierte que ese proceso no puede progresar en tanto algún ciudadano pakistaní pueda ser castigado por ayudar en la Guerra contra el Terror y señala que pakistaníes, afganos y estadounidenses coinciden en el interés de liberar a la región de los Talibanes y de asegurar el arsenal nuclear pakistaní, objetivo que sostiene ha sido descuidado por la administración anterior. Finalmente, promete que un presidente republicano trabajará con todos los líderes regionales para restaurar la confianza mutua insistiendo sobre el progreso contra la corrupción y el comercio narcótico que abastece de combustible la insurrección (p. 56). A correlato de la plataforma, bien vale señalar que India busca aislar a Pakistán en asociación directa al tema del terrorismo, cuyo más cercano antecedente es el atentado del 18 de septiembre de 2016, en un cuartel de una brigada india cerca de la ciudad de URI, en la zona de la Línea de Control, que resultó en 17 muertos y del que es sospechoso principal, el grupo Jaish-e-Mohammed. Trump, por su parte ha señalado que le gustaría ver una mejora en la relación entre India y Pakistán.

Así, la temática del terrorismo, inicialmente podría pensarse como un punto de encuentro entre Estados Unidos e India y ello se traduce en los dichos de Trump, en la prédica de total oposición y lucha contra ISIS y el Talibán, sin embargo, cabe ver la implicancia de tales dichos al considerar grupos como Jaish-e-Mohammed (principal organización terrorista de Jammu y Cachemira, sospechoso de haber perpetrado distintos ataques en India, que a su vez recoge algunos cuadros de Al Umar Mujahideen) y  Lashkar-e-Taiba (una de las mayores organizaciones terroristas activas de Asia del Sur, al que India acusa por los atentados de 2001 en el Parlamento y 2008, en Mumbai), ambos particularmente anti indios y con base en Pakistán.
Por otro lado, respecto de Medio Oriente y del terrorismo, el presidente electo se ha mostrado crítico de la política exterior estadounidense en la región, lo que hace prever una inversión de la misma. En ese marco, mientras la plataforma republicana alude a que debe restaurarse la independencia de Líbano -aislando a Hezbollah-, apoyar la transición hacia un gobierno post-Assad en Siria,  continuar la ayuda a Irak en la lucha contra grupos como ISIS, (pp. 46-47), etc., parece avizorarse un cambio importante en  las relaciones con Irán, ante el posible intento de la nueva gestión de terminar el acuerdo nuclear con ese país (la plataforma partidaria sostiene que no considera el acuerdo con estatus de trato y al mismo tiempo reafirma su compromiso con la seguridad de Israel -cuya relación con India, por otro lado, se potenció durante el gobierno de Modi, siendo India el segundo socio comercial de Israel en Asia, luego de China-). La posibilidad del empeoramiento en las relaciones entre Estados Unidos e Irán  perjudicaría a la India, en tanto cualquier sanción contra Irán podría afectar  su capacidad importadora de petróleo de ese país (recordemos que en el último período de sanciones a Irán, India recurrió a Venezuela por más petróleo) y también la cooperación indo- iraní en lo referido al Puerto de Chabahar (que forma parte de su estrategia del “Triángulo de Varuna”, que contrasta la del “Collar de Perlas”, china). Paralelo a ello, India podría encontrar estímulo en la nueva administración en lo relacionado a la ayuda para la asistencia a Afganistán (debiendo considerarse aquí los beneficios que el puerto de Chabahar implica para ese país). Por lo demás, en lo que hace a los países aliados, incluídos los  del Golfo, Trump ha repetido que debieran pagar por la seguridad que se les  provee, mientras más allá de su retórica anti islámica, una parte de la opinión pública de esa zona aparece crítica de lo que ve como excesivas intervenciones de Estados Unidos en la región.
Pareciera también esperable una mayor presión de Estados Unidos sobre la India para obtener más acceso de mercado, especialmente en lo asociado al área de defensa (India es el primer comprador mundial de armamento y aunque Rusia es todavía su mayor proveedor, bajo la Iniciativa de Tecnología de Defensa y Comercio y habiendo nombrado a India “un socio mayor de defensa”, las firmas estadounidenses tienen progresivamente una presencia más importante en ese mercado indio). Al mismo tiempo, Estados Unidos parece avanzar hacia  medidas proteccionistas, que pueden perjudicar a India, por ejemplo en el tema del outsourcing, tornando más difícil que las compañías estadounidenses se muevan o mantengan funciones de servicio en el extranjero (Trump señaló su intención de imponer mayores impuestos a las compañías que tienen estas operaciones). También, el presidente electo manifestó que finalizará el uso de las visas H-1B, como un programa de trabajo barato y va a instituir el requerimiento de contratar a estadounidenses primero, por  cada visa y programa inmigratorio (habiendo sido ciudadanos indios, los mayores usuarios de esas visas en los últimos años), golpeando así a  dos de los grupos más formados que provienen de India (estudiantes y trabajadores  que pertenecen sobre todo a industrias tecnológicas). A la temática del trabajo, se agrega el tema de los derechos de propiedad, que siguen en la mira pero, a pesar de todo lo señalado, existen especulaciones acerca de que algunas de tales medidas podrían no ser inmediatas.

Otro tema abierto es el de la membresía de la India en el Grupo de Proveedores Nucleares, en el que India contó con el favor del lobby de la gestión Obama, al tiempo que encontró la negativa de China. Al respecto, pocos días previos a la asunción de Trump, el saliente Embajador de Estados Unidos en India, señaló que esperaba que la nueva gestión continuara impulsando el ingreso de la India al grupo.
Paralelo a lo señalado, cabe revisar la dinámica desarrollada hasta ahora entre Trump y la comunidad indo-americana. En ese marco, puede mencionarse que la Coalición Republicana Hindú (que busca una relación fuerte entre Estados Unidos e India e incluye una fuerte retórica anti islámica) fue uno de los mayores donantes de la campaña presidencial de Trump (su presidente, Shalabh Kumar, donó cerca de U$S 900.000 a la campaña). En un evento de la Coalición para recaudar fondos para la campaña de Trump, este expresó que tiene gran respecto por los hindúes (sin que nadie aclarara que ni todos los indios son hindúes ni todos los hindúes son indios), que tiene varios amigos de ese origen y que son empresarios impresionantes (agregando que “la comunidad india e hindú tendrá un amigo verdadero en la Casa Blanca”). Hizo también referencia al Primer Ministro Modi, diciendo: “espero trabajar con el Primer Ministro Narendra Modi, quien ha sido enérgico en reformar la burocracia india. Gran hombre. Lo aplaudo por hacer eso”. El evento fue respaldado y repudiado por distintos miembros de la comunidad indo-americana, al tiempo que son también conocidos otros dichos contradictorios con lo ya señalado, como la mención de Trump en un acto, de que Goodrich Lighting Systems despidió 255 trabajadores y llevó sus trabajos a la India (PTI).
Otro elemento que se suma a lo controversial de la llegada de Trump a la comunidad indo-americana, es el tema de sus avisos de campaña, que reutilizaban una frase usada en su momento por Modi “ “Abki Baar Trump Sarkar”/ “En este tiempo, un gobierno de Trump”.
Por lo demás, cabe señalar que un informe sobre votantes asiáticos registrados en Estados Unidos (los asiático-americanos y los isleños del Pacífico son el grupo racial de más rápido crecimiento en Estados Unidos), dirigido por Karthick Ramakrishnan, de UC Riverside School of Public Policy (que incluyó indios,  chinos, filipinos, vietnamitas, japoneses, camboyanos, coreanos y hmong), mostró que Trump era visto de modo desfavorable por el 79% de esa población, al tiempo que Hillary Clinton era vista de manera favorable por el 70% de la misma. Entre los votantes registrados de ese origen, Clinton lideraba el apoyo con el 70%. En contraste con este informe, Trump recibió el apoyo de un grupo nacionalista hindú en India, el Hindu Sena, cuyo líder, Vishnu Gupta, recalcó la coincidencia de ambos en la retórica en contra de los islámicos.
Así, a más de contar con Bobby Jindal (descendiente de indios) como uno de los candidatos de las primarias republicanas (más allá de su relación con la comunidad misma), la comunidad indo-americana sumó la designación de la también descendiente indo-americana y Gobernadora de Carolina del Sur, Nimrata “Nikky” Haley, como Embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas (quien primero apoyó a Marcos Rubio, tras su derrota apoyó a Ted Cruz y finalmente a Trump).

Por último, la escena del llamado telefónico de Obama al Primer Ministro Modi para agradecer la asociación entre ambos países que ha permitido mejorar y profundizar las relaciones entre ambos (recordemos que esa profundización implicó signos como un saludo en gujarati del presidente Obama a Modi y la apelación habitual de uno a otro por su primer nombre en público, habiendo sido Obama uno de los  primeros en saludar a Modi tras su triunfo en 2014 e invitándolo a visitar Estados Unidos y a su vez siendo Invitado de Honor por Modi, para la celebración del Día de la República en 2015) parece encontrar una cierta continuidad, aún con interrogantes y algunas tensiones, en la relación bilateral entre Estados Unidos e India, en la trayectoria positiva que ya tenía, a través de la felicitación del Primer Ministro Modi al electo presidente Trump,  invitándolo precisamente a profundizar las relaciones entre ambos países y “realizar el potencial total de nuestra cooperación”.

Por Dra. Lía Rodriguez de la Vega
Analista Internacional – Académica
Comité de Asuntos Asiáticos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales CARI
Ex. Directora de la Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y Africa ALADAA

India en la Organización de Cooperación de Shangai

India en la Organización de Cooperación de Shangai

Compartimos otra publicación de la serie de artículos “Perspectiva India”, donde la experta Dra. Lía Rodríguez de la Vega nos acerca mensualmente un material para una proximidad con la agenda actual de la India. Aquí en análisis para seguir la geopolítica en Asia, para seguir de la dinámica de Narendra Modi y su política exterior. La diplomacia de la India en la Organización de Cooperación de Shangai, la interpretación de la experta del CARI sobre la proyección regional de la política exterior de India desde la participación en la SCO y las claves para Eurasia. Lía Rodríguez de la Vega nos ayuda a desgranar los acontecimientos más significativos de las relaciones internacionales de India, que será la nación más poblada del planeta en un futuro próximo y por ello, tenemos que tomar una proximidad.

El fin del mes de junio de 2016 vio el desarrollo de distintas circunstancias de alcance geoestratégico mundial, que operaron como imágenes del pulso en distintas partes del mundo. Por un lado se realizó el plebiscito por el “Brexit”, que terminó marcando la inesperada salida del Reino Unido de la Unión Europea y por otro, se llevó a cabo la 16ava Cumbre de la Organización de Cooperación de Shangai (SCO) en Tashkent, Uzbekistán, en la que ingresaron a la misma dos potencias nucleares del sur de Asia: la India y Pakistán, deduciéndose que mientras la Federación de Rusia “apadrina” a la primera, la República Popular de China lo hace con el segundo.
Como sabemos, la SCO es una organización intergubernamental creada en 1996 por China, Rusia, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán. En 2001, ingresaría  Uzbekistán y en 2004, Mongolia se convertiría en el primer país con estatus de observador en la organización, lo que también sucedería con India, Irán y Pakistán, en 2005. Finalmente, este año (2016), India y Pakistán realizaron el proceso establecido para asegurar su membresía plena en la organización, mediante la firma del ”Memorando de obligaciones” (con la firma consecuente de otros documentos en 2017).
La membresía de la India añadirá por supuesto peso a la organización, de modo particular atendiendo a su performance económica. India es hoy la economía en más rápida expansión, con un crecimiento anual del PIB del 7,5 %, siendo un foco de prosperidad entre los países emergentes mientras desafía la desaceleración mundial  (recordemos que India es el mayor receptor de inversión extranjera en empresas completamente nuevas y que la perspectiva del Fondo Monetario Internacional espera que India continúe siendo la economía importante de mayor crecimiento en el mundo, en el año 2020). A su perfil que parece resultar confiable a los inversores externos, se suman las reformas económicas, el gran mercado que representa, su desarrollada industria de tecnologías de la información y el comentado “bonus demográfico” que posee (600 millones de personas menores de 27 años), un “activo” crucial tras cuyo desarrollo está empeñada. Paralelo a ello, su creciente demanda energética representa un mercado seguro para los muchos recursos de Asia Central y Rusia (recordemos que se espera que India se convierta en el segundo importador mundial de energía hacia 2035, por lo que precisa no solamente diversificar su matriz energética sino también sus fuentes de provisión que hasta ahora han estado concentradas en Medio Oriente, razón por la cual, considerando a Asia Central como parte de su  “vecindario extendido”, ha desarrollado las políticas de “Mirar hacia el Norte” y “Conectar con Asia Central”, sumando esto a su ya excelente relación con Rusia).
De igual manera, su membresía permitirá también a la India, atender a su posible participación en la Unión Económica Euroasiática (unión económica establecida en 2015, por el tratado firmado por  Rusia, Kazajstán y Bielorrusia, habiendo incorporado a Armenia y  Kirguistán, con Tayikistán y Uzbekistán como observadores y con otros estados que han manifestado la voluntad de sumarse a ella), cuyas rutas energéticas constituyen un elemento geoeconómico crucial: a) hacia el norte, favorece a Rusia, b) hacia el oeste, favorece los intereses de Estados Unidos, Turquía e, incluso, Georgia, para facilitar el tráfico con Europa, c) hacia el sur, tiene a Irán como eje estratégico, d)  hacia el este, hacia China y e) la ruta que lleva a atravesar Afganistán por el sudeste para llegar a Pakistán y la India.
En tal sentido entonces, uno de los desafíos cruciales de India es mejorar la conectividad con la región, lo que constituyera uno de los objetivos del viaje de Modi a esa zona en 2015, en que se firmaron varios acuerdos de distinta índole (debiendo recordarse también que está en marcha el TAPI, gasoducto entre Turkmenistán, Afganistán, Pakistán e India). En el marco de esa dinámica, existen también otros  proyectos en ejecución, tales como el relativo al puerto de Chabahar, eje del tránsito de un acuerdo tripartito entre India, Irán y Afganistán (cuyo acuerdo fuera firmado por sus tres representantes en el mes de mayo de este año, durante la visita del Primer Ministro Modi a Irán). Se suma a ello, el ferrocarril Chabahar-Zahedan-Mashhad, que une el puerto de Chabahar con Afganistán y Asia Central, que también busca aumentar la cooperación económica regional. En ese marco, el compromiso de India con la reconstrucción de Afganistán se vería reforzado por la inauguración de la Represa de la Amistad Afgano-India, en la provincia de Herat -limítrofe con Irán y Turkmenistán,  importante en lo que hace al comercio y lugar por donde pasa el (TAPI), en una nueva visita de Modi en el mes de junio. Cabe agregar que el puerto de Chabahar no está lejos del puerto pakistaní de Gwadar, que es desarrollado por China,ambos parte de las respectivas estrategias de influencia sobre el océano Índico, (la denominada estrategia “del Collar de Perlas” de China y la llamada “estrategia del Triángulo de Varuna” de India).

Mientras India espera encontrarse con el impulso de China para sumarse como miembro de la Asociación Surasiática para la Cooperación Regional (SAARC) en la cumbre que se celebrará en Islamabad en noviembre de 2016, intención que cuenta con el apoyo de algunos miembros de la misma, la OCS celebró este año por su parte, dos aniversarios: el 15avo aniversario de la Organización de Cooperación de Shanghai y el 20avo aniversario de los Cinco de Shanghai (el grupo de los miembros, excepto Uzbekistán). Por lo demás, en la  reciente cumbre, los países miembros firmaron la Declaración de Taskent y el Plan de Acción 2016-2020 para llevar la cooperación regional a un nuevo nivel,  reafirmando su apoyo a la iniciativa del Cinturón Económico de la Ruta de la Seda, enunciada en 2013, que busca  estimular las actividades económicas regionales. En línea con ello, la SCO pondrá en marcha distintos proyectos conjuntos (infraestructura, comercio, energía, etc.).MGocs
Por otro lado, en cuestiones de seguridad, los países miembros continúan preparando la Convención sobre la lucha contra el extremismo de la SCO, que será una parte relevante de la base jurídica de su cooperación en este ámbito y se  comprometieron a un trabajo concertado en la lucha contra la delincuencia transnacional organizada.
En ese marco, es probable que la SCO asuma la responsabilidad de abonar a la seguridad en Afganistán, tras la retirada de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN/ Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), conectado ello a la preocupación central de la lucha en contra del terrorismo (en muchos casos a su vez asociado al financiamiento a través del negocio con drogas). El tema resulta una amenaza particularmente preocupante en la región por la persistencia de la violencia en Afganistán y la temida escalada en accionar conjunto de distintos segmentos radicales, que podrían incluso tener alcances en grupos como el Movimiento Islámico de Uzbekistán – organización muy activa en los ‘90, que primero luchó contra la dictadura de Islam Karimov, y luego amplió sus objetivos para instaurar un estado islámico en la región, aliándose con Al Qaeda y los talibanes- Hizb-ut-Tahrir (que aunque propugna la creación de un estado regido por la sharia, dice rechazar el uso de la violencia), etc., a lo cual se suma la creciente influencia del Estado Islámico (IS)  en la región y la migración de militantes hacia Siria, que evidencia el accionar de sus células en la región. En ese marco, entonces, India no solamente puede aportar su experiencia de muchos años sino también profundizar su compromiso en el tema mediante una articulación más profunda con la Estructura Antiterrorista Regional (RATS), con sede en Tashkent, Uzbekistán, que busca combatir el terrorismo, separatismo y extremismo.
De igual modo, los miembros de la SCO reiteraron la intención de desarrollar la cooperación con otros países y organizaciones regionales y globales que compartan los objetivos de la Carta de la SCO, resultando en ese sentido básica la potenciación con los BRICS.
El evento de la SCO de 2016 resulta así un punto de inflexión en términos de su conversión en  una estructura política mundial, trans-asiática (que reúne los tres países más grandes de Eurasia y cuatro potencias nucleares). De igual manera, la participación de los países de la SCO y de la Comunidad de Estados Independientes (organización supranacional compuesta por 10 de las 15 ex repúblicas soviéticas, excepto Estonia, Letonia y Lituania, que actualmente son miembros de la Unión Europea; mientras que Turkmenistán pasó a ser  miembro asociado, Georgia se retiró en 2009, Mongolia es miembro observador y Ucrania no es miembro aunque participa de hecho) en el proceso de poner en línea la Unión Económica Euroasiática  y el Cinturón económico de la Ruta de la Seda podría constituir la antesala de una gran cooperación euroasiática. En ese marco, se espera que India y Pakistán se conviertan en miembros de pleno derecho en la próxima reunión de la SCO, en Astana, en 2017, agregándose a ello  el dato de que el presidente Putin ha señalado su apoyo a la membresía de Irán, cuya trayectoria hacia la organización no encuentra ya obstáculos, desde la solución de las cuestiones nucleares y el levantamiento de las sanciones.

Por Dra. Lía Rodriguez de la Vega
Analista Internacional – Académica
Comité de Asuntos Asiáticos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales CARI
Ex. Directora de la Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y Africa ALADAA

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