La estratégica posición del Estrecho de Ormuz, la vía para trasladar el petróleo del Golfo Pérsico al resto de los océanos. Una sucesión de eventos ha elevado el nivel de tensiones entre Irán y los Estados Unidos. Por aquí pasa la tercera parte del petróleo que se extrae a nivel mundial. La analista internacional especializada en Medio Oriente Raquel Pozzi nos acerca esta reseña que ayuda a interpretar el contexto, a tejer una valoración de los recursos y la geografía; también a ver los intereses en juego en torno al Estrecho de Ormuz.

El Golfo Pérsico se ha constituido en el centro de atención no sólo por la profundización del enfrentamiento entre los EEUU e Irán sino también por la lucha hegemónica de la región entre el reino de Arabia Saudita y la República islámica de Irán. En el Golfo Pérsico convergen dos de los estrechos más importantes del mundo en la ruta petróleo: Ormuz y Omán. El que ha suscitado mayor atención en la actualidad es el Estrecho de Ormuz -una franja de 33 km en su punto más angosto y de 280 km de longitud- custodiado por La República Islámica de Irán por donde transita entre el 30 y 35 % del petróleo mundial como también otros productos desde los puertos de Irak, Kuwait, Qatar, Baréin, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. Los estrechos de Omán y Bab El – Mandeb, conforman otros puntos estratégicos también importantes en la ruta del petróleo mundial por el Mar Arábigo, Mar Rojo, Canal de Suez hacia el Mar Mediterráneo.
El clima de tensión en la región es determinante en las variaciones cíclicas en el precio del petróleo a nivel global. Los últimos ataques registrados en el Golfo de Omán a dos buques petroleros –Front Altair y Kokuka Courageous- con cargamentos de hidrocarburos y Metanol que navegaban hacia Taiwán –Front Altair- y Singapur –Kokuka Courageous- están relacionados con capitales japoneses en el contexto de la visita del primer ministro japonés Shinzo Abe al líder supremo iraní Alí Jameneí. Las fuertes sospechas de sabotaje surgieron desde Teherán donde el presidente Hasán Rohaní consideró de vital importancia la seguridad en los estrechos luego de los anteriores incidentes que señalaron al estado persa como el gestor de los mismos.
La inquietante situación en el Golfo Pérsico, la volatilidad del precio del petróleo, las presiones de Arabia Saudita y otros estados a la República islámica de Irán a través de la OPEP que reducen la oferta del oro negro y el consecuente aumento del precio,  se suma a la guerra comercial entre los EEUU y La República Popular de China como también a múltiples factores que inducen a la desaceleración de la economía a escala global.

Aspectos que inquietan a Donald Trump en el Golfo Pérsico

El desvelo norteamericano se centra en el poder de disuasión que ostenta Irán por el paso obligado del mayor tránsito del oro negro del mundo, el Estrecho de Ormuz. El estado persa altera los ánimos de varios estados cuando anuncia con patrullaje militar –poderosa fragata Sahand- y la táctica de colmena –enjambre de lanchas ligeras- el cierre del estrecho de Ormuz aunque esto  implique  un gran esfuerzo militar y la violación de leyes y reglamentos internacionales. Desde Teherán se evalúan los costos y riesgos que implica bloquear el paso como también la posible interpretación de una declaración de guerra directa con el agravante que en la ruta marítima del petróleo hacia el oeste orillando Omán y Yemen, se encuentra Djibouti -en el estrecho de Bab el – Madeb- un pequeño país africano en el cuerno de África en las costas del Mar Rojo, dónde están instaladas bases militares de EEUU; Francia; Italia; Japón y China. El Estrecho de Ormuz  históricamente se define como la “zona gris” –espacio de conflicto entre la zona blanca (resolución formal) y zona negra (enfrentamiento armado directo)- para Irán por ser una región altamente volátil tanto por la guerra en Yemen como el terrorismo islamista en Somalia lo que turba la tranquilidad de los EEUU y aliados ideológicos.
Las tensiones y  provocaciones entre los EEUU y la República Islámica de Irán no contemplan en absoluto ningún modo de acercamiento,  al contrario, cuanto peor mejor. Las incitaciones entre ambos estados exponen un clima enrarecido por posibles enfrentamientos militares en la región del Golfo Pérsico, tan candente como complicada por las implicancias geopolíticas. D. Trump movió piezas fuertes sobre el mar enviando los portaviones Al USS Lincoln, bombarderos B-52 y el buque USS Arlington con sistemas antiaéreos Patriot, los cuáles se encuentran en Qatar mientras tanto el líder supremo de Irán, Alí Jameneí manifiesta que “Nadie debe temer la aparente grandeza de EEUU, ni su despliegue en el Golfo Pérsico, porque su verdadero poder es mucho menor” (EFE) y que sólo se trata de una “guerra de voluntades”, sin embargo el desembarco de más de mil soldados estadounidenses en bases militares de países aliados del Golfo Pérsico hace prever que las provocaciones pendulan de la disuasión a la defensa -así lo manifiestan los halcones del pentágono argumentando que existe posibilidad de ataques iraníes por tierra-aire-tierra- de intereses norteamericanos en la región.

 

La República de Irak y los vestigios de la Guerra del Golfo

El presidente norteamericano demuestra fibra militar pero deja entrever el temor de los EEUU compartido con la República de Israel y los saudíes ya que el fortalecimiento de la rama musulmana chií en la región activa las alertas también en la República de Irak, generando otros frentes de disputa. La gigante petrolera estadounidense Exxon Mobil en la República de Irak  evacuó  todo  personal extranjero del yacimiento West Quma 1 en Basora, alegando motivos de seguridad. A sabiendas que un enfrentamiento convencional directo con Irán sería una catástrofe, Trump vuelve a rememorar viejos esquemas a través de la “construcción de un enemigo” repitiendo la historia otra vez en Irak.
Todo parece indicar que a los árabes saudíes -con mayoritaria población musulmana sunní- más allá de los odios históricos, les preocupa sobremanera la actitud de los aliados de Irán -con mayoritaria población chií- en Irak, Líbano y Siria. La sola mención del líder de la milicia chiita anti-estadounidense Kata´Ib Hezbollah (KH) en Irak se transformó en el temor generalizado no sólo para D. Trump sino para los estados de la región que ven la expansión de chiísmo como una amenaza regional. Si bien es cierto que la milicia chií y su líder Gamal Ibrahimi se encuentra en la lista de presuntos autores-intelectuales de atentados a las embajadas de EEUU y Francia en Kuwait (1983); la persecución y ejecución sistemática de civiles sunnitas como también el apoyo logístico a Basar Al Assad en Siria, este identikit alienta en el mundo posturas anti-iraníes.
Los vestigios de la Guerra del Golfo 1990-1991 aparecen, las advertencias desde Washington acerca de ataques posibles hacia empresas extranjeras en “Medio Oriente” se hicieron efectivas por el ataque perpetrado con misiles Katyusha de corto alcance cerca de las oficinas de Exxon Mobil como también el impacto de un cohete en instalaciones de extracción petrolera en Baryisia provincia de Basora y otras escaramuzas en la base militar Taji –norte de Bagdad-  ubicada en la denominada “Zona Verde de Bagdad” complican aún más las relaciones entre EEUU e Irán en el Golfo Pérsico.

 

La economía del estado persa agobiada por las sanciones

Ni el gobierno de tendencia moderada de Hasan Rohani, ni la voluntad demostrada en la firma del Plan Nuclear, ni tampoco la insistencia de la Unión Europea hacia los EEUU de abandonar la retórica belicista de Trump han logrado mitigar los efectos negativos en la economía iraní. La presión ejercida debido a las sanciones impuesta por los EEUU luego de la salida del Plan Nuclear (PAIC) estrangulan la economía persa, los números negativos pronostican vientos de guerra en la política interna iraní: el PBI prevé que caerá en 2019 un 6 %; Inflación mayor al 40 %; Moneda devaluado al 30%; la imposibilidad de comercializar el petróleo –el cual representa el 80 % del ingreso de divisas extranjeras- debido a las amenazas que elevó Trump hacia los estados que tengan intenciones de negociar con Irán componen un puzle desalentador para la República persa y sus socios europeos en Bruselas-Berlín-Londres y Paris.
El desbaratado Plan de Acción Integral Conjunto PAIC “el Pacto Nuclear” acordado en julio de 2015 entre Irán, los EEUU, Federación Rusa, China, Reino Unido, Francia, Alemania y el Grupo E3/Unión Europea + 3 alcanzado por el G5 + 1,  con el retiro prematuro de los EEUU y el anuncio recientemente realizado por Teherán de renunciar a obligaciones manifestadas en el acuerdo altera directamente a la Unión Europea quien capea como puede la turbulencia entre los EEUU e Irán. Si bien el presidente iraní Hasan Rohani aclaró que su país no abandona el Plan Integral de Acción Conjunta (PAIC) lo cierto es que el país persa está decidido a quebrantar el punto más sensible del pacto: ignorar los límites de sus reservas de uranio enriquecido y agua pesada.
El gobierno iraní confirmó que enriquecerá Uranio por encima del nivel permitido en el Pacto –3,6 %- lo que implica el desarrollo de energía nuclear con fines militares como también el restablecimiento  de la producción de agua pesada –refrigerante para los reactores nucleares- en las instalaciones ubicadas en la ciudad capital de Arak provincia de Markazi.  Tanto H. Rohani como la cúpula religiosa iraní consideraron que la buena conducta con respecto al Pacto Nuclear podrían morigerar los efectos recesivos de su economía, sin embargo la escasa tolerancia hacia los EEUU y viceversa como la rivalidad con Israel en Siria, sumada a su economía tambaleante determinaron el nuevo rumbo de las relaciones con Washington: De la distensión a la crispación.

Por Raquel Pozzi Académica. Analista en Política Internacional. En Twitter: @Raquelpozzitang

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