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La masacre de Khojaly es una de las mayores tragedias de finales del siglo pasado. Fue una masacre contra civiles, pero aún es un crimen donde la justicia no ha llegado. Es un hecho ocurrido en la primera guerra entre Armenia y Azerbaiyán. Para saber qué ocurrió, sintéticamente podemos repasar lo que fue la madrugada del 26 de febrero de 1992, cuando tropas de las fuerzas armenias apoyadas por el regimiento 366 de la ex Unión Soviética, rodearon y atacaron el poblado de Khojali. Esta era una pequeña ciudad montañosa de Azerbaiyán, que primero fue aislada y luego, sus habitantes, que eran todos civiles, fueron masacrados. Incluso aquellos que querían escapar, fueron emboscados y acribillados por las balas de los militares armenios. Como resultado, murieron 613 civiles, 106 de ellas eran mujeres y 83 eran niños. Unas 8 familias fueron exterminadas. Y aún se desconoce el destino de 150 pobladores, quienes en términos jurídicos son desaparecidos, porque sus restos o sus cuerpos nunca fueron encontrados.
Esto, que ha sucedido guerra entre Armenia y Azerbaiyán cuando se desvanecía la Unión Soviética, fue un acto planificado, un crimen de guerra. Pero aún, la justicia no ha llegado porque los responsables no han sido juzgados.
Desde Bakú, traemos un testimonio, en la voz de Aybaniz Ismayilova, que es una sobreviviente del genocidio de Khojaly, y es la Jefa del Departamento de Relaciones Internacionales de la comunidad azerbaiyana de la región de Nagorno Karabaj en Azerbaiyán. Ismayilova relata sobre un caso testigo, el de la vida de Samira Huseynova. Representativo ejemplo para saber qué fue, qué representa Khojaly.

Quisiera compartir un relato, para conectar el pasado con el presente. El caso de Samira Huseynova, que nació en 1979 en la ciudad de Khojaly, en Azerbaiyán. Ella es una sobreviviente del genocidio de Khojaly, una de las últimas masacres contra civiles de finales del siglo pasado. Un acto criminal que fue cometido por las fuerzas armadas de Armenia contra la población civil azerbaiyana el 26 de febrero de 1992.
Su padre, Huseynov Bakir, su abuelo Huseynov Mirsiyab, su abuela Huseynova Minash, sus tías Huseynova Gatiba Mirsiyab gizi y Huseynova Makhmar, e incluso su tío que Héroe Nacional de Azerbaiyán Huseynov Tofig; todos ellos se encuentran entre las víctimas del genocidio de Khojaly.
Después de vivir una infancia muy difícil, Samira ingresó en la Facultad de Química de la Universidad Estatal de Bakú, donde se graduó con éxito para convertirse en una profesional del sector y no renunciar a sus sueños de progresar y tener una familia.
Hoy Samira es una mujer casada y es madre de 4 hijos. Hoy, Samira planea mudarse pronto a la ciudad de Khojaly junto con su familia: donde espera continuar viviendo el resto de su vida en su ciudad natal; en Khojaly, Azerbaiyán.
Samira trabaja actualmente como profesora en la escuela secundaria N2 de Khojaly. Ella es miembro de la comunidad azerbaiyana de la región de Nagorno-Karabaj de la República de Azerbaiyán. Esta docente, víctima directa de la agresión de Armenia, aboga activamente por la justicia para Khojaly y comparte este testimonio.

Lo que más me afecta, lo que impacta de Samira; lo que nunca puede perderse en el olvido es la tristeza que aún perdura en sus ojos.
Samira Huseynova nació en la ciudad azerbaiyana de Khojaly en Karabakh en 1979 y pasó una infancia y una adolescencia en paz. Antes de que esa región y otros siete distritos circundantes fueran ocupados por las fuerzas militares armenias.
Tan pronto como estalló la guerra. a principios de la década de 1990, la familia de Samira se encontró en el centro de esta. Su padre, Bakir Huseynov, y su tío, Tofig Huseynov; perdieron la vida defendiendo su patria y su tierra natal en lo que se llama hoy la Primera Guerra de Karabaj.
Pero ¿qué fue lo que ocurrió en Khojaly? Pues en una gélida noche de febrero en el año 1992, los armenios atacaron por sorpresa esta ciudad con la intención de arrasar con todo. Samira, su madre y su hermano fueron unos de los pocos que pudieron escapar milagrosamente del asedio y lograron llegar a Aghdam, la ciudad más cercana. Pero la huida fue a través de colinas nevadas. Los otros miembros de la familia de Samira, su abuela, su abuelo y su tía, no pudieron sobrevivir. Casi todos los miembros de la familia de Samira murieron en la masacre durante la trágica noche.
El lugar donde Samira y otros sobrevivientes se refugiaron, quienes se convirtieron forzosamente en desplazados internos; y la vida que ella y cientos de miles de azerbaiyanos han tenido que afrontar, es otra historia.
Qué injusticia y qué doloroso se convirtió el destino para todos ellos. Qué herida tan grande e imborrable, un dolor perpetuo para que ha padecido este hecho tan espantoso.
Aunque Samira, como todos los sobrevivientes, quedó impactada y conmocionada después de la tragedia; su vida no se derrumbó y ella no se rindió pese al padecimiento tan profundo
causado por esta masacre.
Samira creció, y con un gran sacrificio estudió y se convirtió en maestra. Pudo avanzar y construyó una carrera. Ahora, Samira tiene una hermosa familia y es madre de cuatro hijos.
A pesar del trauma y la tragedia de su vida, Samira trabaja cotidianamente no sólo para atender con dedicación a sus hijos sino también, para brindar una generosa atención a sus alumnos en compromiso con su escuela y con su comunidad.

Sin embargo, no podemos hablar de una carrera exitosa, porque nada en el mundo le devolverá la infancia, que fue interrumpida por una tragedia inesperada. No hay éxito que pueda reemplazar la ausencia de los miembros de su familia, quienes fueron silenciados para siempre por la crueldad de los invasores.
En mi caso personal, yo había leído acerca de la tragedia de Khojaly sólo a través de la prensa, y llegué a ver algunas de las imágenes devastadoras que se reflejaron en la televisión. Pero debo admitirlo, a veces no encontraba la fuerza para profundizar y seguir las historias de vida, de los sobrevivientes.
Lo que no pude soportar ver a través de la pantalla, Samira me lo enseñó desde lo que ella misma vivió, desde lo que son sus vivencias como testigo y por todo lo que representan sus recuerdos de esa noche de febrero de 1992.
Así ocurrió, fue hace 29 años, con el objetivo de intimidar a la comunidad azerbaiyana de Karabaj y para obligar a los residentes a huir en masa de sus hogares, los líderes armenios cometieron uno de los crímenes de guerra más horribles del siglo pasado: mataron a 613 de nuestra gente, incluidos los ancianos, niños y mujeres. Dejaron sus cuerpos en estados irreconocibles.
Los acontecimientos de Khojaly no sólo quedaron en la memoria de los supervivientes, sino que, para nosotros, como nación, se convirtieron en nuestra tragedia compartida y en un trauma colectivo.

Aybaniz Ismayilova Representante de Asuntos Internacionales de la Comunidad Azerbaiyana de la región de Nagorno Karabak, República de Azerbaiyán.

Aybaniz Ismayilova Representante de Asuntos Internacionales de la Comunidad Azerbaiyana de la región de Nagorno Karabak, República de Azerbaiyán.

Lograr que los criminales que cometieron estos aberrantes e inhumanos crímenes sean sometidos al derecho internacional se ha convertido en un objetivo para casi todos los azerbaiyanos.
En estos últimos 29 años, nos fortalecimos como estado independiente. Hemos establecido relaciones internacionales con todos los países, hemos podido prosperar y desarrollar nuestra economía; y nos hemos convertido en un centro estratégico reconocido en la región y en todo el mundo.
La campaña «Justicia para Khojaly» se ha convertido en nuestro objetivo nacional. Como nación, seguimos trabajando para sensibilizar a toda la comunidad internacional sobre la dimensión que tiene esta tragedia y confiamos el apoyo de todos los ciudadanos de bien para restaurar la justicia.
Pero todos tienen que saber, ni una sola vez en esos 29 años culpamos a la comunidad armenia de Karabaj de esta tragedia; no vinculamos este maldito crimen con su nombre. A lo largo de los años, solo identificamos como culpable de este horrendo ataque al régimen ocupante, y es ese régimen el que queremos que sea llevado a un tribunal penal internacional.
Durante la Segunda Guerra de Karabaj del 2020, cuando la República de Azerbaiyán finalmente liberó sus territorios soberanos de la ocupación armenia, sufrimos otra agresión contra la población civil. Bombardeos que provenían desde Armenia contra civiles, ancianos, mujeres y niños en las ciudades de Ganja, Barda y Tartar; ciudades residenciales ubicadas fuera de la zona de guerra. No es esto un evento aislado, sino una continuidad desde las decisiones políticas y las tácticas militares que son similares a las utilizadas en Khojaly. Porque, tal como se hizo hace treinta años, los civiles fueron atacados mientras dormían; así que el año pasado nuevamente se repitió una indignante situación que bebes en sus cunas fueron víctimas del ataque de las fuerzas militares de Armenia.
Y precisamente en referencia a los ataques de Khojaly, los líderes de Armenia, en reuniones oficiales, reconocieron que había cometido estos crímenes de guerra en forma intensional y que habían atacado a civiles para generar miedo y pánico entre los azerbaiyanos.
Sabemos que tarde o temprano la justicia llegará por las tragedias de Ganja, Barda, Tartar y Khojaly. Aquellos que cometieron estos crímenes recibirán un castigo adecuado, la pena que la justicia determine.

Pero habrá otro castigo, que durará por siempre, y tiene que ver con el sentimiento de la vergüenza, que pesará sobre los culpables y quienes le siguen amparando. Por generaciones, estos hechos no serán olvidados. Así es que los perpetradores de la masacre de Khojaly, también los involucrados y responsables en los crímenes de Ganja, Barda y Tartar; les ocurrirá igual que Hitler y sus cómplices culpables de cometer el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial, pasarán a la historia con la etiqueta de asesinos. Ellos han planificado la muerte de civiles inocentes, por el hecho de tener otra identidad y nacionalidad. Y sus nombres y apellidos se convertirán en tabú y sus compatriotas se avergonzarán de dar sus nombres a sus hijos.
Sabemos que se restaurará la justicia. Y en un futuro próximo viviremos en paz y armonía con nuestros ciudadanos armenios en Karabaj, porque ni el pueblo armenio ni nuestros ciudadanos de etnia armenia son nuestros enemigos. Los perpetradores de la tragedia de Khojaly fueron el régimen criminal ocupante de la década de 1990, y son ellos quienes deben rendir cuentas ante los tribunales de justicia y también, ante la historia. Porque la historia, los juzgará.

Por Aybaniz Ismayilova
Representante de Asuntos Internacionales de la Comunidad Azerbaiyana de la región de Nagorno Karabak, República de Azerbaiyán.
En Twitter: @AybanizIsm