Reflexiones sobre el factor Crimea. Javier Morales desde Madrid

Reflexiones sobre el factor Crimea. Javier Morales desde Madrid

El asunto de Crimea parece haber pasado a un segundo plano en la agenda entre Estados Unidos y Rusia, incluso, ha mermado la atención para la Unión Europea. A tres años de los sucesos que dieron comienzo a la crisis de Ucrania y que representaron un punto de fricción entre Rusia y Occidente consultamos al experto español Dr. Javier Morales de GE-EURASIA para comprender si este conflicto ha caído a una situación de “atolladero” o “congelado”. Pero a tres años de concretarse la adhesión de la península de Crimea a la Federación Rusia, y pese a que esto no es reconocido por occidente, el analista Javier Morales ve irreversible este proceso pese a que entiende que hay ilegalidad en el mismo.

Pregunta – Queremos consultar sobre el asunto de Crimea. Ya han sucedido tres años y el punto de partida es consultar su opinión de la relación de este acontecimiento de separación de la península de Ucrania con la revolución del Maidán, con el estallido de la crisis. ¿Puede Ud. comentar su opinión de los orígenes de este punto de conflicto entre Rusia y Ucrania?
Dr. Javier Morales: la ocupación de Crimea por fuerzas rusas fue ordenada por Putin inmediatamente después de que se produjera en Kiev la toma del poder por parte de los partidos opositores, como resultado de la revolución del Euromaidán de febrero de 2014. No es posible entender un acontecimiento aisladamente del otro.
Recordemos que el 21 de febrero se había firmado un acuerdo con la mediación de varios gobiernos europeos entre el todavía presidente Yanukovich y la oposición, en el que se aceptaba poner fin a las protestas en la plaza de la Independencia (el “Maidán”) de Kiev a cambio de establecer un gobierno de concentración nacional con representantes de la oposición. Además, se preveía un adelanto de las elecciones presidenciales a finales de ese mismo año. Sin embargo, los manifestantes anunciaron que no respetarían el acuerdo y sólo aceptarían una salida inmediata de Yanukovich. Ante la posibilidad de un golpe de estado, y el abandono por algunos de sus partidarios, el presidente huyó de la capital hacia su feudo tradicional del Donbass. Esto fue aprovechado por los opositores para rodear el parlamento, impidiendo con agresiones la entrada de los diputados progubernamentales, y permitiendo así una votación (claramente irregular y al margen del procedimiento constitucional de impeachment) en la que se destituyó a Yanukovich y se estableció un gobierno provisional, sin ningún miembro del Partido de las Regiones hasta entonces en el poder.
La intervención de Rusia se produce como respuesta a este acontecimiento. En primer lugar, porque la ausencia en ese momento de un gobierno legamente constituido les proporcionaba una conveniente excusa: si Ucrania carecía de autoridades legítimas con las que negociar, se trataría de un “Estado fallido” en el que Rusia se podría sentir obligada a poner orden, para mantener la estabilidad en la región. Con el fin de reforzar este argumento, la propaganda del Kremlin alentó los rumores de que los grupos paramilitares de ultraderecha presentes en el Maidán se dirigirían a continuación a Crimea, para realizar una limpieza étnica entre la población de origen ruso. Esto era sin duda exagerado: aunque esos grupos existían y habían empleado la violencia durante las protestas en Kiev, no había indicios de que supusieran una amenaza inminente para las vidas de los habitantes de Crimea.
En segundo lugar, la ocupación de Crimea y su posterior incorporación a la Federación Rusa fue una represalia o castigo de Putin a Ucrania, por haber derrocado a un presidente aliado de Rusia. En ese momento, la sensación del Kremlin era de humillación y derrota: se habían visto superados por los acontecimientos, no consiguiendo evitar el triunfo de la revolución contra Yanukovich mientras aún era posible detenerla. Ocupar Crimea les ofrecía una pequeña victoria que mostrar ante su opinión pública, para justificar que se había “enseñado una lección” a los ucranianos sobre el precio de desafiar a Rusia. No obstante, aunque Moscú consiguió su objetivo (la popularidad de Putin aumentó del 65% al 82%), la realidad es que Rusia fue una perdedora neta de la crisis de Ucrania en 2013-2014.
Finalmente, existía un tercer motivo para la intervención rusa: la importancia geoestratégica de la base naval de Sebastopol, sede de su Flota del Mar Negro. Si la Ucrania post-Maidán hubiera obligado a la marina rusa a abandonarla, para más adelante solicitar el ingreso en la OTAN, Rusia se arriesgaba a encontrarse con una base naval de la Alianza Atlántica en la ruta de salida de sus buques hacia el Mediterráneo. La combinación de estos tres factores, unida a la incertidumbre sobre la evolución de la crisis, explica por qué Putin adoptó una decisión tan arriesgada.

Pregunta – ¿Tenemos que decir “adhesión” de Crimea a la Federación Rusia o “anexión”?
Dr. Javier Morales: lo que se produjo en Crimea fue de iure una anexión unilateral por parte de Rusia, violando la soberanía e integridad territorial de Ucrania; que el gobierno provisional en Kiev hubiese llegado al poder de forma irregular no significaba que el propio Estado ucraniano hubiese desaparecido, ni que su soberanía hubiera quedado anulada. Por otra parte, como sabemos por otros contextos (el caso de Cataluña fue muy recordado entonces en los medios españoles, aunque las similitudes con Crimea eran escasas), el derecho de autodeterminación sólo se aplica a la independencia de territorios bajo dominación colonial. De no ser así, es necesario un acuerdo entre las autoridades del Estado y del territorio en cuestión para celebrar un referéndum en el marco de la legalidad, como sucedió en Escocia. Ninguna de estas situaciones existía en Crimea, donde las tropas rusas se desplegaron sin autorización de las autoridades ucranianas y ampararon un referéndum que no permitía la propia legislación del país.

Pregunta – En el contexto actual, ¿qué perspectivas puede Ud. considerar para una resolución, siendo que la postura de Kiev es irrenunciable a recuperar el control de Crimea?
Dr. Javier Morales: la independencia y posterior adhesión de Crimea como sujeto de la Federación Rusa es hoy una realidad de facto, que posiblemente sea ya irreversible a pesar de su ilegalidad; entre otras razones, por haber sido apoyada realmente por la mayoría de la opinión pública local. Por tanto, se trata de una cuestión mucho más compleja que una simple invasión extranjera de la que Ucrania pudiera en el futuro “liberar” a sus ciudadanos, ya que entre los crimeos existía un sentimiento de identidad nacional rusa desde mucho antes de dichos acontecimientos. Lo cual, por supuesto, no justifica ni reduce la responsabilidad de Rusia por unas acciones ilegales que ella misma había considerado inadmisibles en otras situaciones: por ejemplo, en la intervención de la OTAN en la guerra de Kosovo de 1999.
En cualquier caso, aunque lógicamente Kiev no va a renunciar a su soberanía sobre Crimea (a la que define ahora como un territorio “temporalmente ocupado”), la superioridad militar de Rusia es tan abrumadora que plantear una futura reconquista la fuerza es completamente irreal. También es reveladora la actitud de la OTAN: pese a haber apoyado con sus declaraciones públicas la revolución del Maidán, no se mostró nada dispuesta a enfrentarse militarmente a Rusia para expulsar a sus tropas de Crimea. A no ser que en un futuro se alcanzase un acuerdo bilateral mediante el que Rusia devolviera la península al control de Ucrania (posibilidad que ahora parece muy remota), la situación continuará previsiblemente sin cambios: control ruso de facto, pero no reconocido por Ucrania ni por la mayoría de la comunidad internacional.

Pregunta – ¿Qué papel juega este conflicto con el incremento de las tensiones entre los diferentes actores del sistema internacional?
Dr. Javier Morales: la crisis de Ucrania no fue la causa del deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente, sino su resultado. Los intentos de acercamiento (el llamado “reset”) entre la Administración Obama y el entonces presidente ruso Medvedev acabaron por fracasar; desde 2012, tras el retorno de Putin a la presidencia, los enfrentamientos diplomáticos han sido frecuentes. Esta tensión es la que explica que en Ucrania, donde ambas potencias trataban de arrastrar al país a sus respectivas esferas de influencia, se prefiriera la acción unilateral a la búsqueda de una solución negociada; la cual hubiera permitido, por ejemplo, una Ucrania más abierta al comercio con la UE pero sin tener que romper por ello sus tradicionales vínculos económicos y culturales con Rusia.
En el momento actual, se está produciendo un realineamiento de las alianzas de Estados Unidos, que algunos consideran que dará lugar a un nuevo “reset” o incluso una alianza plena entre Washington y Moscú. No obstante, las expectativas de este acercamiento parecen exageradas, ya que existen limitaciones objetivas al margen de actuación de Trump que ya le están obligando a moderar alguna de sus primeras decisiones. Por ejemplo, no parece probable que Estados Unidos se atreva a reconocer la soberanía rusa sobre Crimea, con lo cual daría la imagen de haber traicionado a Ucrania y perdería su credibilidad como superpotencia leal con sus aliados.

Pregunta – ¿Ve alguna posibilidad de externalización o repetición de este tipo de conflictos en el espacio post-soviético?
Dr. Javier Morales: los recursos que Rusia puede dedicar a intervenir en su vecindario no son ilimitados, más aún cuando ahora Siria ha pasado al primer plano de la agenda internacional y requiere de Moscú un esfuerzo diplomático y militar considerable. Todo esto apunta hacia un impasse a corto-medio plazo, en el que los “conflictos congelados” de Transnistria, Osetia del Sur, Abjasia, Nagorno-Karabaj o el Donbass se seguirán manteniendo latentes debido a la falta de condiciones para cualquier solución negociada. Sin embargo, la tensión acumulada en la región, los precedentes de pasadas intervenciones unilaterales y el bloqueo de las vías negociadoras pueden llevar a que cualquier incidente menor dé lugar a una escalada bélica en un corto periodo de tiempo; incluso aunque no se trate de una decisión premeditada por parte de Rusia, sino de una mera reacción improvisada ante los acontecimientos sobre el terreno o a la actuación imprudente de los distintos actores locales.

Por Martín Rodríguez Osses
Relaciones Internacionales de la Universidad del Salvador

Javier Morales es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Madrid, y codirector del Grupo de Estudios de Europa y Eurasia (GEurasia). Es doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido miembro asociado senior del Russian and Eurasian Studies Centre de la Universidad de Oxford. Su principal línea de investigación es la política exterior y de seguridad de Rusia, especialmente sus relaciones con EE.UU., la UE y la OTAN.
Más info: http://geurasia.eu/javier-morales/

¿A quién perderá Europa en el 2017?

¿A quién perderá Europa en el 2017?

A finales del 2014 el medio alemán Der Spiegel publicó un artículo que sinceraba una crítica situación, “el año que Europa perdió a Rusia”. Explicando en detalle cómo fueron los pasos que significaron el error de cálculos de la diplomacia europea en no medir la reacción de Moscú tras la destitución del presidente Victor Yanukovich, que devino luego la adhesión de Crimea y los focos separatistas en el Este. Allí estaban los eventos que marcaron el alejamiento con Rusia.
Para el 2015, podemos asociar muchas señales políticas que evidenciaron que ese año fue cuando “Europa perdió a Turquía”. El bloque comunitario falló en contener estratégicamente a Turquía. Las críticas hacia el gobierno de Erdogan y las acusaciones por la responsabilidad en la crisis humanitaria de los refugiados llevaron a un distanciamiento que agotó la paciencia de Ankara en torno al eterno camino del ingreso de Turquía a la UE.
Siguiendo este ejercicio, el 2016 podemos definirlo como el año en que “Europa comenzó a perder a Reino Unido”, momento en que Gran Bretaña decide salir de la Unión Europea. Si bien no está formalmente sellado el proceso desde el plano legal, es largo camino que representa un evento político del que aún hay que analizar las consecuencias. El auge de los nacionalismos, los sentimientos euroescépticos influyeron en el resultado del referéndum del Brexit.
Entonces, ¿a quién va a perder Europa en el 2017? De cara al próximo año, la Unión Europea transitará por un proceso de prueba, los principales Estados que ejecutan la agenda europea, Francia y Alemania, tendrán elecciones nacionales, donde sus respetivos partidos de derechas están ganando espacio. ¿Perderá Europa el fuerte liderazgo de Hollande y Merkel, quienes apuestan a fortalecer la integración del bloque comunitario? ¿El “efecto Trump” llegará a las elecciones europeas?

El Factor Trump
Cuando tratamos de analizar la estrategia europea y sus posibles acciones de cara a lo que se viene, no podemos hacerlo sin tener presente a Estados Unidos, un socio necesario para Bruselas. Por ello, para ensayar los eventuales escenarios del 2017 debemos mirarlos desde una variable: Donald Trump en la Casa Blanca, quien prometió cambiar rotundamente la política exterior estadounidense.
Sin dudas Trump ha generado un escenario de incertidumbre para el diseño de la estrategia europea, puesto que durante su campaña electoral mandó un mensaje directo sobre cómo deben distribuirse los esfuerzos económicos para que la OTAN funcione, prometiendo replegar las fuerzas armadas del territorio europeo, en un contexto los países del Bálticos perciben como amenazante y expansionista la política rusa en la región.
Hace 60 años que Washington es el garante de la seguridad europea. Con la membresía de la OTAN se extiende la capacidad nuclear para la disuasión, que es enfocada a un solo oponente: Rusia. Como dice el experto ruso Fyodor Lukyanov, uno de los principales problemas que minaron orden mundial en el 2016 fue expansión de la OTAN, disfrazado bajo la buena voluntad de Occidente para garantizar la seguridad y poner en práctica el concepto de “disuasión”. La Alianza es un reflejo de las varias perspectivas que tienen sus miembros, incluso desde ambos lados del Atlántico.
Mientras Trump va formando su equipo de cara a la asunción del 15 de enero, las señales que se pueden capturar hasta ahora es que el próximo Presidente de los Estados Unidos será el que imponga un mensaje a los europeostienen que madurar y ser más autónomos. Los europeos ya tienen antecedentes, pasaron por situaciones similares, donde por iniciativa propia formaron diferentes proyectos para que el bloque comunitario tenga autonomía, pero desde el Tratado de Lisboa sería la primera vez donde es Estados Unidos que decide darle la espalda.
El 2017 será un año de prueba. Las circunstancias lo imponen, Washington no dedicará el mismo esfuerzo para ser el resorte donde vayan a rebotar los problemas geopolíticos del eje euro-atlántico.
Este escenario puede llevar a una fragmentación sobre el debate de la Alianza Transatlántica en el viejo continente. Como dice la experta Judy Dempsey del think-tank Carnegie Europe, hay una parte, como los del Báltico, que pide más acción y poder político para la OTAN, haciendo que la agenda seguridad de la UE y la seguridad de la Alianza “sean la misma”.
Esto no implica que Europa salga a multiplicar su presencia, porque su economía y sus urgencias no lo permiten, pero si está obligada rediseñar de su relación, por lo menos, con Rusia y China. Para el inicio del 2017 Donald Trump y su nube de contradicciones ya dejaron una tarea para Europa: busquen otra alternativa al TTP.

Transnistria
Un punto focal donde algunos editorialistas especulan que puede haber noticias en materia de posibles casos de modificación de fronteras está en torno al separatismo el Moldavia. La región de Transnistria tiene nuevas autoridades de marcado perfil pro-ruso. Se trata de Igor Dondon, quien ha advertido que en el 2017 espera concretar una resolución política. El nuevo presidente no tiene el poder absoluto, cualquier impulso debe abrir proceso de negociación con su Parlamento.
¿Será Transnistria desde donde lleguen señales de un cambio político que tenga que ver con la modificación de las fronteras tal cual las conocemos?, no se puede hablar de certezas, pero sí el ambiente estará “muy inquietante”. Se ensaya la tesis de “federación” con más peso que cualquier otra idea de separatismo. Con las experiencias anteriores, si Bruselas ejerce presión sobre Chisinau, esto puede ser un elemento en contra y habilitar una respuesta de Transnistria.

Ucrania
El asunto de Ucrania, que sigue y parece que seguirá siendo un atolladero en estado “congelado”, demandará de muchas negociaciones por hacer cumplir el lento proceso de los acuerdos de Minks II, pero si fluyen presiones populistas en los gobiernos europeos, estos no estarán muy dispuestos a un apoyo irrestricto porque saben que pagarán un costo. Hasta ahora, en Europa siguieron el ritmo de una melodía que se confecciona en Washington y se interpreta en el viejo continente. El discurso de “agresión rusa” por el asunto Crimea no desaparecerá, pero en la práctica las divisiones en Europa van a llegar a decisiones más pragmáticas considerando intereses propios frente a una postura solidaria en común de chocar en la diplomacia económica contra Rusia.

Crisis de valores
El telón de fondo es una crisis de valores para occidente, la UE está abrumada por una fatiga institucional y atorada hacía un destino que no puede escapar: la caída del estado de bienestar. A este escenario se suma la falta de alternativas para contener las imperfecciones del sistema, que se evidencia con la mala gestión de la crisis de refugiados que golpea los estándares de los valores europeos.
Estas problemáticas, que se reflejan en la sociedad europea, hacen al auge de los sentimientos euroescépticos. Podemos traer al presente los interrogantes que planteaba Zginiez Brezinski sobre la Federación Rusa en su libro “El Gran Tablero”, ¿Qué es Rusia? ¿Qué es ser ruso?, pero si trasladando el eje a Europa, ¿Qué es Europa? ¿Qué es ser europeo?, tal vez podamos hallar algunas respuestas a las múltiples preguntas que hacen al amenazante escenario de auge de nacionalismos.
Por otro lado, el balance de la pérdida de poder para occidente en el asunto Siria se podrá ir evaluando desde el comienzo del 2017, en cinco años de este conflicto que están entre los más acuciantes de la agenda política mundial tiene a Europa involucrada en estrategias que han ido fallando. En el análisis en clave geopolítica, es un botón de muestra de la baja de Europa y su potencialidad como actor global.
Europa ata sus políticas y baja el discurso de los valores, pero el aliado occidental del otro lado del Pacífico, estará en el año próximo más orientado a “recibir ofertas” y negociar en pos de los intereses nacionales de Estados Unidos que a acompañar las formas de “sostener valores” que impera en Europa. Esto en línea con lo que expresan tantos editorialistas que describen con connotación de temor la pérdida de valores que caracterizan a la civilización occidental.

El saldo perdedor: está en la agenda doméstica
A nivel doméstico, los próximos 12 meses podrían representar para la UE un verdadero “golpe” al liderazgo, afectando al futuro político de sus principales promotores de los valores europeos y de quienes militan por sostener el proyecto de integración comunitario, estamos haciendo referencia a Hollande y Merkel. Francia y Alemania transitarán por procesos electorales para elegir nuevas autoridades, del mismo modo lo hará Holanda. Estos eventos, entre otra multiplicidad, serán un desafío para sortear obstáculos en el camino de fortalecer el modelo integrador de Europa, siendo que en esos tres países el euroescepticismo se ha ganado un lugar en sus respectivos espacios políticos.
La Presidencia del Consejo de Europa, que ha ido perdiendo capacidades de injerencia en la agenda, estará en el primer semestre a cargo de Malta, con escaso potencial de influir.
Esto contrasta con el protagonismo que el Primer Ministro de Hungría Victor Orban ha tomado durante el 2016 y que hacia el año próximo está parado en una posición de legitimidad, siendo la voz del Grupo Visegrad V4 (Polonia, Rep. Checa, Hungría y Eslovenia).  Orban impulsa una visión diferente de cómo relacionarse con Rusia, de cómo distribuir las cuotas de asilo a refugiados y mayor pragmatismo frente a un tema que busca solidaridad forzada: la crisis en Ucrania.
Es desde Hungría donde se alzan una de las voces más resonantes por un concepto que es también un dolor de cabeza para Bruselas: mayor autonomía decisoria para los socios.
Esto es uno de los tantos ejemplos de la dispersión reinante que afecta silenciosamente en el rumbo de la UE, por ejemplo, causando un efecto para la OTAN, ya que ha llegado a un punto no deseado: cargar de ideología que pone todas las decisiones a debate frente al pragmatismo que aspiran tener las autoridades. ¿Qué perderá Europa en el 2017?, ya existirán elementos para evaluar; en retrospectiva, van tres años que se materializa un elemento que fagocita el poder de la UE, esto quiere decir que algo es indiscutible: Europa está padeciendo transformaciones.
Estos ejes son parte de la tesis que se puede ensayar y que anima a estimar de un saldo perdedor, la agenda doméstica será la que pueda causar mayores complicaciones.
En materia de espacio territorial, de aliados estratégicos tal vez el 2017 no será un año de pérdidas para la Unión Europea, pero la profunda necesidad de cambios es una señal para que no pierda algo fundamental: la confianza de la gente en las instituciones, en la identidad europea.

Por Alejandro Barrandegui
Relaciones Internacionales Universidad del Salvador

Crimea es un mensaje de Rusia al mundo entero: estamos de vuelta

Crimea es un mensaje de Rusia al mundo entero: estamos de vuelta

En oportunidad de cumplirse tres años del inicio de la crisis en Ucrania nuestro espacio está realizando consultas a expertos, diplomáticos y referentes académicos para conocer de diferentes enfoques y opiniones sobre el significado de la crisis ucraniana. El testimonio del analista internacional Damián Jacubovich, con su consideración sobre la adhesión del territorio de Crimea a la Federación Rusa, como un mensaje de Moscú al mundo en el aumento de fricciones con Occidente. Un balance de la crisis, que se extiende por tres años y que se encuentra en un atolladero donde es sugerente recurrir a voces calificadas para saber de posibles caminos para la estabilidad en Europa del Este y el fin del conflicto que afecta a Ucrania. Una reseña en clave geopolítica en la entrevista que realizara Ariel Zaiser al corresponsal Damián Jacubovich. 

Pregunta: estamos ante un tercer aniversario de la revolución “Maidán” o “Euromaidan”, cuando comenzaron las protestas populares en Kiev que significaron la destitución del presidente pro-ruso Victor Yanukovich y luego devino esto en la separación de Crimea y el inicio de la guerra en el Este de Ucrania. Hacia el 2017, todo hay que analizarse desde la llegada de Trump al poder. ¿Qué puede comentar sobe la crisis del bloque europeo en la relación entre Rusia y Ucrania?
Damián Jacubovich: lo primero para señalar es que la llegada de Donald Trump a la presidencia estadounidense y una potencial alianza o “normalización de las relaciones” con la Federación Rusa; de alguna manera podría llegar a “patear”, a sacudir todo el tablero geopolítico en lo que respecta al triángulo que conforman hoy las relaciones entre Occidente, Ucrania y Rusia. El actual gobierno Ucraniano y pro-europeo y la misma Europa podrían perder con la llegada de D. Trump un aliado esencial (EE.UU) para poder contrarrestar las ambiciones rusas. A esto se le debe sumar, una Europa ya fuertemente debilitada con la cuestión del Brexit, sumado a la reciente dimisión de Mateo Renzi (pro europeo) a la cabeza de Italia y el auge de los partidos ultras-nacionalistas y antieuropeos en el viejo continente. Con ese panorama, no es de extrañar que en países europeos como Bulgaria y Moldavia, en las últimas elecciones realizadas en noviembre del 2016 hayan triunfado los candidatos pro-rusos. Realmente por decirlo de alguna manera y para que se entienda de manera clara, la espalda geopolítica tanto de Ucrania y del bloque europeo a la hora de negociar frente a Rusia se ha achicado muchísimo en estos últimos tiempos.

Pregunta: son tres años desde el inicio de la crisis en Ucrania. ¿Qué valorización puede hacernos en clave geopolítica?
Damián Jacubovich: Lo primero para señalar es que Ucrania, desde la caída de la Unión Soviética, ha sido lo que se denomina en geopolítica, un estado tapón, es decir un Estado (en  principio neutro) que impide que dos potencias superpongan sus fronteras. Ucrania en este caso, se encuentra tironeada geopolíticamente por dos mega-potencias: el bloque occidental y Rusia.
La llamada revolución “Maidán” o “Euromaidan ocurrida a fines del 2013 que terminara con la dimisión del presidente Ucraniano pro ruso Viktor Yanukovich, posee a mi entender características similares a las ocurridas en ese mismo país en el año 2004 (mismo escenario), es decir, por un lado, ambas “revoluciones” fueron atizadas poderosamente por los medios occidentales; pero por el otro lado, también es cierto que existía un descontento popular in crecento que permitió que Occidente lograra su objetivo.
Este tipo de “revolución”,  sobre todo la primera acontecida en 2004, esto por haber sido una de las primeras de la historia, marcan un hecho importantísimo: en esta nueva era, la comunicación se ha convertido en el nuevo nuclear del siglo XXI, constituyendo uno de los principales medios que permiten conquistar el poder, esto en parte, debido a que la proliferación armamentista impide el enfrentamiento directo entre las principales potencias del mundo. En América Latina, han existido estos últimos tiempos, distintos ejemplos de esta nueva tendencia en materia de los llamados “golpes comunicacionales”: Honduras, Paraguay y recientemente Brasil.

Pregunta: para profundizar sobre este tema, ¿cuáles son los orígenes de esta intensa relación que une a Ucrania y Rusia?
Damián Jacubovich: nivel general podemos decir que Ucrania representa un eje de vital importancia para la geoestrategia de la hoy Federación de Rusia, esto por 3 razones principales:

1- Vínculo Histórico y cultural muy fuerte entre Rusia y Kiev: Kiev (actual capital de Ucrania) centro de la antigua Rus de Kiev constituía una importante federación de tribus eslavas orientales desde finales del siglo IX hasta mediados del siglo XIII. Los pueblos modernos de Bielorrusia, Ucrania y Rusia reivindican a la llamada Rus de Kiev como el origen de su legado cultural.
2- Geopolítica en materia de hidrocarburos: Ucrania es un elemento clave en la geopolítica del gas entre Rusia y Europa. 18 estados de la Unión Europea reciben gas por parte de Rusia a través de Ucrania, y de ese total, 6 estados son dependientes en materia gasífera al 100%: Letonia, Lituania, Estonia, Finlandia, Eslovaquia y Bulgaria.
3- Geoestrategia militar: con 2400 km, teniendo en cuenta mar y tierra, Ucrania es la frontera más importante que Rusia comparte con cualquiera de sus vecinos al oeste. Si Occidente colocara estratégicamente una base militar en la frontera entre Ucrania y Rusia podría encontrarse a menos de 500 km de alcance de Moscú.

Otro hecho reciente que debe mencionarse a la hora de hablar de las relaciones entre ambos países es la tragedia nuclear de Chernóbil ocurrida en 1986: es un hecho importante que ha marcado desde entonces las relaciones ucrano-rusas; y es todavía en la actualidad, una herida abierta para el pueblo ucraniano. Los ucranianos suelen evocar una especie de abandono y/o negligencia por parte del entonces bloque soviético en el manejo de esta tragedia.

Pregunta: tras el inicio de la crisis en Ucrania devino la destitución del presidente Vicktor Yanukovich, luego Crimea se adhiere a la Federación Rusa y estalla la crisis en el Este del país. ¿Qué puede comentarnos sobre el asunto Crimea?Sebastopo.3
Damián Yakubovich: Es importante señalar que Rusia posee un fuerte legado histórico que lo une con la Península de Crimea; a modo de recordatorio, el Imperio ruso conquistó la península en 1774 en la guerra turco/rusa y la incorporó al Kanato de Crimea, para ser integrada al Imperio en el año 1783. Durante la era soviética, la administración de la península pasó por una cuestión administrativa de la República Socialista de la Federación Rusa a la República Socialista de Ucrania y, tras la disolución de la Unión Soviética, permaneció en la Ucrania postsoviética hasta el 2014. Por eso, desde el punto de vista del gobierno ruso, Crimea históricamente siempre ha sido rusa, salvo como suelen decir ellos mismos,  por un breve paréntesis de 25 años.
Respecto de la anexión (o recuperación según el punto de vista) de Crimea por parte Rusia, uno puede estar de acuerdo o no,  pero es difícil no reconocer la audacia geopolítica del presidente  Vladimir Putin dentro de un contexto internacional, audacia que por cierto le costaría un pesado bloqueo económico por parte de su principal socio comercial, la Comunidad Europea, que sumado a la baja del precio del petróleo complicarían seriamente la economía rusa.
Es difícil pensar que el gobierno ruso no tuviera pensado esta maniobra geopolítica con antelación, y por el lado de Europa, todo parece suponer que dicha maniobra no había sido tenido en cuenta en los distintos escenarios geopolíticos post “revolución Maidan”. Sea como sea, la anexión de Crimea, ha sido un mensaje más que claro por parte de Rusia hacia el mundo entero: estamos de regreso. Así lo interpretó el pueblo ruso, lo cual explica en parte la inmensa popularidad de Putin en su país a pesar de crisis económica.

Pregunta: en este contexto, qué consideraciones puede compartir con nosotros en cuanto a la relación entre Rusia y la Unión Europea?
Damián Jacubovich: hoy, en la actualidad, Europa reanaliza seriamente su hasta ahora característica relación de choque con Rusia. No es para menos: además de encontrarse fuertemente debilitada por la crisis económica que arrastra desde hace años, la falta de coherencia política entre los distintos países que integran el bloque, el debilitamiento político que significó para Europa la salida del Reino Unido del bloque, la consolidación de los partidos ultranacionalistas europeos,  debe sumarle la hora de gloria geopolítica que vive el gobierno de Putin: la victoria de Donald Trump y su potencial deseo de armonizar las relaciones ruso-americanas, hacen pensar a un vuelco a favor  de la posición rusa en numerosos conflictos donde este último interviene: Siria, Ucrania, etc…, las victorias de los candidatos pro rusos en las últimas elecciones en Moldavia y Bulgaria,
A manera de resumen, podríamos decir que el mensaje de Rusia, fue, ustedes se quedan con la Ucrania continental, nosotros tomamos Crimea y nos damos por satisfechos.

Pregunta: ¿y sobre las regiones separatistas en el Este de Ucrania?
Damián Jacubovich: en la actualidad, Ucrania se encuentra fuertemente dividida entre el Oeste pro-europeo que ha tomado el poder y el Este del país que es mayoritariamente pro-ruso y cuenta actualmente con milicias armadas con reivindicaciones separatistas que el gobierno ucraniano acusa de ser apoyadas logísticamente y militarmente por Rusia. Ha habido numerosos enfrentamientos entre ambos mandos que han dejado gran cantidad de muertos La resolución de este tipo de conflicto en el cuál el “factor cultural” posee un peso específico de suma importancia resulta muy difícil de resolver y muestra por decirlo de alguna manera, la estupidez de las potencias de haber pretendido dividir pueblos y/o etnias en el afán de repartirse el mundo. Los ejemplos en ese sentido abundan en demasías; los pachtun  repartidos entre Afganistán y Pakistán, los kurdos repartidos entre Siria, Turquía, Irán, Irak, lo mismo sucede en la región de Cachemira que se disputan China,  India y Pakistán, y los ejemplos se multiplican a lo largo y ancho del mundo.
La resolución debería pasar por terremotos geopolíticos planetarios que permitan redibujar las fronteras del mundo teniendo en cuenta el mencionado factor étnico-cultutral; pero aun así la resolución de los mismos no estaría asegurada, porque de fondo, según mi opinión, existe un problema desde que el hombre es hombre, que tiene que ver más con “lo humano”, que es el miedo, el odio, al que piensa, cree o se ve distinto.
Volviendo al tema separatista de Ucrania, gran parte del origen de esta tensiones se originaron el 23 de febrero del 2014, cuando La Rada (Parlamento ucraniano) decide retirar, luego de que Rusia anexe Crimea, el status de idioma oficial al ruso (así como al rumano, al húngaro y al tártaro crimeo) en 13 de las 25 regiones ucranianas (esencialmente repartidas al sur y al este del país). Frente a esta medida legislativa, la indignación de la población rusófona ha sido significativa, ya que entre el 60 y el 90 % de gran partes de esas poblaciones tienen al ruso como idioma nativo: Crimea, Dnipropetrovsk, Donesk,  Mykolaïv,  Louhansk, Kharkov, d’Odessa y e Zaporijia son algunas de esas.

Entrevista realizada por Ariel Zaiser – Relaciones Internacionales y Gobierno UADE

Damián Jacubovich es analista internacional experto en geopolítica. Corresponsal de prensa y columnista en diferentes medios de Argentina y el mundo.

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