La voz de la diplomacia de Ucrania en Argentina, entrevista al Embajador Yurii Duidin

La voz de la diplomacia de Ucrania en Argentina, entrevista al Embajador Yurii Duidin

Pregunta: Ha habido una reunión de alto nivel entre el Presidente de Ucrania Petro Poroshenko en Washington con el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. ¿Qué reflexión puede Ud. compartir de este encuentro?
Yurii Diudin: El dato más importante es lo que le dijo Donald Trump a Poroshenko: que los Estados Unidos brindarán apoyo total a la posición ucraniana frente a la agresión rusa en el Este de Ucrania y en el asunto de Crimea. Entonces la agenda de cooperación tendrá una continuidad, ambos países firmarán una serie de acuerdos de apoyo técnico militar, de apoyo logístico a nuestro Ejército de parte de los Estados Unidos. Se trató de una visita muy productiva y exitosa, porque en dos días Petro Poroshenko tuvo siete reuniones con todos los jefes más importantes, desde el Presidente y el Vicepresidente hasta el Ministro de Defensa, Ministro de Energía, Secretario de Estado; así como con las autoridades del FMI y del Banco Mundial. Siendo esto una señal que los Estados Unidos siguen dando relevancia a la situación en Ucrania.

Pregunta: Entre los temas de conversación estuvo la cuestión de las sanciones, ¿no?
Yurii Diudin: Si, y ambos comparten la misma posición de seguir extendiéndolas. Cabe mencionar que el mismo día de la reunión entre los Presidentes, el 20 de junio, el Ministerio de Finanzas (Departamento del Tesoro) de los EEUU informó sobre la ampliación de las sanciones contra la Federación de Rusia por causa de la agresión rusa contra Ucrania.
Al respecto, es importante destacar que, por el momento, hay dos paquetes de sanciones. Uno que está ligado al tema de Crimea; donde el Secretario de Estado, Rex Tillerson dijo claramente que este paquete sólo será levantado cuando Rusia desocupe la península y la misma sea devuelta a Ucrania. El segundo es en referencia a la situación en el Este, en Donbás, donde la posición norteamericana también sostuvo que serán levantadas cuando la Federación Rusa cumpla con los Acuerdos de Minsk.

Pregunta: Luego de la visita de Poroshenko, ocurrió la votación de la UE de apoyar la extensión de las sanciones. ¿Cree Ud. que esto es parte de los efectos de la visita?
Yurii Diudin: En el marco de la última cumbre de la UE, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, anunció que todos los líderes que componen el bloque europeo votaron a favor de continuar las sanciones por seis meses más, logrando la unanimidad. Sin embargo, no puedo decir que haya sido por el apoyo que tuvimos de parte de los Estados Unidos. Fue algo que muestra el apoyo europeo y que los asuntos de Ucrania están en la agenda de Bruselas.

Pregunta: Sin embargo, el conflicto en el este de Ucrania y la cuestión de Crimea parecían estar olvidados o congelados en la agenda de Bruselas y de Washington. Entonces, ¿qué lectura podemos hacer ahora con la reunión con Trump y la votación de la UE?.
Yurii Diudin: Esa era una percepción que ya está cambiando. Por ejemplo, el presidente francés Emmanuel Macron dijo que será necesario reunirse con los miembros del Cuarteto de Normandía (países quienes están llevando las negociaciones de Minsk) antes de la cumbre del G20 que será en Hamburgo en el mes de julio.
El presidente Macron hizo declaraciones muy sólidas en referencia a la unidad europea y en defensa a Ucrania, en los valores democráticos que estamos defendiendo en el enfrentamiento con Rusia.
Después de Washington nuestro presidente voló a Bruselas, se reunió con Merkel, con Tusk, con Macron y otros líderes de la UE. Aunque no parezca, debido a los problemas que tiene Bruselas con el Brexit, la crisis de refugiados o la amenaza terrorista, el tema de Ucrania está en la agenda.

Pregunta: Cuando hablábamos de la agenda entre la UE y Ucrania hacíamos referencia la promesa europea para la liberación de las visas, ¿cuáles son los asuntos que son parte de la relación Ucrania con UE en el presente?
Yurii Diudin: El asunto de visados ya está claro. Los ucranianos a partir del 11 de junio pueden entrar a Europa sin visado. Este ha sido uno de los logros de nuestro país más importantes en los últimos años, porque para ello tuvimos que cumplir con 144 criterios diferentes que la UE nos ha exigido. Por ejemplo, mejorar el control de migraciones y de fronteras, aumentar los niveles de seguridad de documentos con pasaportes biométricos, protocolos en la lucha anticorrupción hasta introducir un sistema de declaraciones del patrimonio de todos los funcionarios públicos más abierto en el mundo. Fue un proceso de dos años en donde conseguimos cumplir con todos los puntos necesarios para obtener la liberación de visas para todos los ciudadanos ucranianos. El presidente Poroshenko lo ha definido muy bien, cuando dijo que eso significa el último adiós al viejo imperio soviético.
Otro logro es que Holanda finalmente ratificó el Acuerdo de asociación de la UE con Ucrania. Faltaba este voto de los Países Bajos a favor, para conseguir la unanimidad de los miembros. Demoró un año en llegar a este resultado. Con todo este, ya en septiembre la asociación de Ucrania con la Unión Europea entrará en vigor completamente.

Embajador de Ucrania en Argentina Yurii Duidin

Pregunta: hablamos a nivel político, pero a nivel militar, se sigue discutiendo sobre la relación entre Ucrania y la OTAN. ¿Puede Ud. comentar al respecto?
Yurii Diudin: También tenemos un progreso en esta cuestión, porque el 8 de junio el Parlamento ucraniano aprobó una ley que proclama el deseo de nuestro país de adherirse a la OTAN como un objetivo a largo plazo de la política ucraniana. Esta es una cuestión que antes dividía a la población ucraniana y a los políticos, pero ahora se logró un consenso en el Parlamento en seguir una misma línea. Algo que dota de legitimidad a la aspiración de Ucrania de ingresar a la alianza transatlántica. El primer paso es acercase a la OTAN capacitando nuestro ejército, acercándonos a los estándares técnicos de las Fuerzas de la Alianza Atlántica, para luego evaluar nuestro ingreso. Nuestro Presidente fue muy claro: “si hubiéramos sido miembro de la Alianza no habríamos tenido lo que estamos teniendo ahora”, en referencia al artículo 5 que hace alusión a la seguridad colectiva.

Pregunta: Pero para el ingreso a la OTAN, estatutariamente, cuando un candidato tiene un conflicto interno irresuelto dentro de sus fronteras tiene impedido el ingreso a ser miembro.
Yurii Diudin: Es importante resaltar que no padecemos un conflicto interno sino una agresión, que es la rusa. Instalar el conflicto interno es parte de la propaganda que Rusia quiere imponer. No sólo hay milicianos que se levantaron para luchar contra su pueblo, sabemos que hay tropas rusas en el Este del país. Por eso es una agresión y no un conflicto interno.
Sin embargo, creo que no sería un impedimento absoluto, hay otras cuestiones por el momento que debemos cumplir para acercarnos cada vez más a estos bloques. Pero lo importante es recuperar el estado de bienestar que teníamos, el nivel de vida y así aproximarnos a los estándares europeos. Pero es un camino largo que estamos transitando, sabemos que queremos ir hacia la Unión Europea y por el buen camino.

Pregunta: Pero no todos los nacionales ucranianos tienen esa misma percepción de ir hacia Europa, en referencia a los que viven en las regiones de Luhansk y Donetsk que se los llaman pro rusos, pero no se siente “nacionales ucranianos”. ¿La voluntad de estos ciudadanos puede ser un problema para esos objetivos que Ud describe?
Yurii Diudin: No lo creo. El territorio del Este de Ucrania temporalmente ocupado por las fuerzas prorrusas compone sólo el 5% del todo territorio de Ucrania. Claro que en el área del conflicto hay diversidad de opiniones, pero su población comparando con el número total de todos los ciudadanos de Ucrania es minoría.

Pregunta: ¿Y cómo es el día a día de los ciudadanos del este, hay cruces bélicos constantes?
Yurii Diudin: Lamentablemente aún siguen los cruces bélicos. Si hay un día donde no hay un muerto ucraniano, hay un día de fiesta para nosotros. Hay violaciones del alto del fuego constantemente por parte de Rusia. Este es el primer punto a respetar en los Acuerdos de Minsk. Claro, los ucranianos debemos defendernos y responder a la agresión. Por ello, ningún acuerdo de Minsk está funcionando, ni siquiera la retirada de armamento pesado. Los rusos los retiran de día porque es cuando están presentes los observadores de la OSCE, pero luego a la noche este personal se retira y es allí donde vuelve a desplegar el armamento. Por esta razón nuestro interés es que haya una misión de paz, ya sea por ONU, la UE o la OSCE con misión policial u otro organismo.

Pregunta: Pero, ¿cuán posible es una misión independiente?, ¿qué dice Rusia de una misión de paz?
Yurii Diudin: Está en contra de la paz. No les interesa. Y para nosotros la situación es otra en muchos sentidos. Por lo mínimo, entendemos que mientras tengamos los 400 km de la frontera sin control será difícil poner fin al conflicto, porque es un agujero negro donde entra contrabando, armas, mercenarios y tropas rusas; entran los llamados “convoyes humanitarios” que nunca pudimos verificar su supuesto contenido de ayuda humanitaria. Pero cada vez que llegan esos convoyes, luego hay bombardeos.

Pregunta: ¿Y los planes políticos de autonomía de la región?
Yurii Diudin: Esa es una cuestión que se puede hablar. Pero antes de llegar a ese punto, primero debemos garantizar la seguridad y control de la frontera. No puede haber elecciones cuando hay bombardeos todos los días, es una cuestión indispensable, una situación sine qua non. Los observadores electorales no pueden hacer su labor en estas condiciones. Y si no hay elecciones democráticas y transparentes,de que procesos políticos podemos hablar.

Pregunta: En referencia a Crimea. Sabíamos que Ucrania haría un petitorio a la Corte Internacional de Justicia de la ONU. ¿En qué situación está eso?
Yurii Diudin: El primer paso era que la Corte Internacional de Justicia aceptó analizar el caso, finalmente, aceptó que podía tratar este asunto. Rusia se opuso diciendo que no tenía competencia, pero la Corte aceptó la queja de Ucrania, planteando la intensión de estudiar el caso en cuestión. Pero el proceso es muy largo. La siguiente etapa será el juicio en los méritos, ahora debemos presentar un petitorio para el junio de 2018. Luego Rusia tendrá un año para presentar su posición en respuesta al nuestro en el año 2019 etc.

Pregunta: La diplomacia ucraniana tiene que salir a comunicar su posición al mundo, un lugar táctico sería el Consejo de Seguridad. ¿Qué piensa?
Yurii Diudin: Ucrania es el miembro no permanente del Consejo, este año terminamos el periodo de dos años. En febrero asumimos la presidencia rotativa, durante ese mes hubo diferentes debates y presentamos documentos sobre la situación ucraniana. Tratamos que esté presente siempre, buscamos hacer valer nuestra voz cada vez que podemos. Pero en lo que toca nuestro caso en el Consejo siempre estamos frente al poder de veto de Rusia. Podemos recordar que en el marzo de 2014, cuando Rusia ya ocupó Crimea, en el Consejo de Seguridad de la ONU fue votado el proyecto de la resolución que debía expresar el apoyo de las Naciones Unidas a la soberanía e integridad territorial de Ucrania. Pero este proyecto fue vetado por Rusia. Luego casi la misma resolución fue votada en la Asamblea General de la ONU y fue aprobada por la mayoría de las naciones – 100 países votaron “por” y solo 11 “en contra”. Por ello, nos vemos que en la Asamblea General es donde generalmente conseguimos mayoría abrumadora a nuestros petitorios y es allí donde focalizamos nuestro esfuerzo de comunicar nuestra posición y ganar apoyo de la comunidad internacional.

Por Martín Pizzi
Relaciones Internacionales UCASAL

Reflexiones sobre el factor Crimea. Javier Morales desde Madrid

Reflexiones sobre el factor Crimea. Javier Morales desde Madrid

El asunto de Crimea parece haber pasado a un segundo plano en la agenda entre Estados Unidos y Rusia, incluso, ha mermado la atención para la Unión Europea. A tres años de los sucesos que dieron comienzo a la crisis de Ucrania y que representaron un punto de fricción entre Rusia y Occidente consultamos al experto español Dr. Javier Morales de GE-EURASIA para comprender si este conflicto ha caído a una situación de “atolladero” o “congelado”. Pero a tres años de concretarse la adhesión de la península de Crimea a la Federación Rusia, y pese a que esto no es reconocido por occidente, el analista Javier Morales ve irreversible este proceso pese a que entiende que hay ilegalidad en el mismo.

Pregunta – Queremos consultar sobre el asunto de Crimea. Ya han sucedido tres años y el punto de partida es consultar su opinión de la relación de este acontecimiento de separación de la península de Ucrania con la revolución del Maidán, con el estallido de la crisis. ¿Puede Ud. comentar su opinión de los orígenes de este punto de conflicto entre Rusia y Ucrania?
Dr. Javier Morales: la ocupación de Crimea por fuerzas rusas fue ordenada por Putin inmediatamente después de que se produjera en Kiev la toma del poder por parte de los partidos opositores, como resultado de la revolución del Euromaidán de febrero de 2014. No es posible entender un acontecimiento aisladamente del otro.
Recordemos que el 21 de febrero se había firmado un acuerdo con la mediación de varios gobiernos europeos entre el todavía presidente Yanukovich y la oposición, en el que se aceptaba poner fin a las protestas en la plaza de la Independencia (el “Maidán”) de Kiev a cambio de establecer un gobierno de concentración nacional con representantes de la oposición. Además, se preveía un adelanto de las elecciones presidenciales a finales de ese mismo año. Sin embargo, los manifestantes anunciaron que no respetarían el acuerdo y sólo aceptarían una salida inmediata de Yanukovich. Ante la posibilidad de un golpe de estado, y el abandono por algunos de sus partidarios, el presidente huyó de la capital hacia su feudo tradicional del Donbass. Esto fue aprovechado por los opositores para rodear el parlamento, impidiendo con agresiones la entrada de los diputados progubernamentales, y permitiendo así una votación (claramente irregular y al margen del procedimiento constitucional de impeachment) en la que se destituyó a Yanukovich y se estableció un gobierno provisional, sin ningún miembro del Partido de las Regiones hasta entonces en el poder.
La intervención de Rusia se produce como respuesta a este acontecimiento. En primer lugar, porque la ausencia en ese momento de un gobierno legamente constituido les proporcionaba una conveniente excusa: si Ucrania carecía de autoridades legítimas con las que negociar, se trataría de un “Estado fallido” en el que Rusia se podría sentir obligada a poner orden, para mantener la estabilidad en la región. Con el fin de reforzar este argumento, la propaganda del Kremlin alentó los rumores de que los grupos paramilitares de ultraderecha presentes en el Maidán se dirigirían a continuación a Crimea, para realizar una limpieza étnica entre la población de origen ruso. Esto era sin duda exagerado: aunque esos grupos existían y habían empleado la violencia durante las protestas en Kiev, no había indicios de que supusieran una amenaza inminente para las vidas de los habitantes de Crimea.
En segundo lugar, la ocupación de Crimea y su posterior incorporación a la Federación Rusa fue una represalia o castigo de Putin a Ucrania, por haber derrocado a un presidente aliado de Rusia. En ese momento, la sensación del Kremlin era de humillación y derrota: se habían visto superados por los acontecimientos, no consiguiendo evitar el triunfo de la revolución contra Yanukovich mientras aún era posible detenerla. Ocupar Crimea les ofrecía una pequeña victoria que mostrar ante su opinión pública, para justificar que se había “enseñado una lección” a los ucranianos sobre el precio de desafiar a Rusia. No obstante, aunque Moscú consiguió su objetivo (la popularidad de Putin aumentó del 65% al 82%), la realidad es que Rusia fue una perdedora neta de la crisis de Ucrania en 2013-2014.
Finalmente, existía un tercer motivo para la intervención rusa: la importancia geoestratégica de la base naval de Sebastopol, sede de su Flota del Mar Negro. Si la Ucrania post-Maidán hubiera obligado a la marina rusa a abandonarla, para más adelante solicitar el ingreso en la OTAN, Rusia se arriesgaba a encontrarse con una base naval de la Alianza Atlántica en la ruta de salida de sus buques hacia el Mediterráneo. La combinación de estos tres factores, unida a la incertidumbre sobre la evolución de la crisis, explica por qué Putin adoptó una decisión tan arriesgada.

Pregunta – ¿Tenemos que decir “adhesión” de Crimea a la Federación Rusia o “anexión”?
Dr. Javier Morales: lo que se produjo en Crimea fue de iure una anexión unilateral por parte de Rusia, violando la soberanía e integridad territorial de Ucrania; que el gobierno provisional en Kiev hubiese llegado al poder de forma irregular no significaba que el propio Estado ucraniano hubiese desaparecido, ni que su soberanía hubiera quedado anulada. Por otra parte, como sabemos por otros contextos (el caso de Cataluña fue muy recordado entonces en los medios españoles, aunque las similitudes con Crimea eran escasas), el derecho de autodeterminación sólo se aplica a la independencia de territorios bajo dominación colonial. De no ser así, es necesario un acuerdo entre las autoridades del Estado y del territorio en cuestión para celebrar un referéndum en el marco de la legalidad, como sucedió en Escocia. Ninguna de estas situaciones existía en Crimea, donde las tropas rusas se desplegaron sin autorización de las autoridades ucranianas y ampararon un referéndum que no permitía la propia legislación del país.

Pregunta – En el contexto actual, ¿qué perspectivas puede Ud. considerar para una resolución, siendo que la postura de Kiev es irrenunciable a recuperar el control de Crimea?
Dr. Javier Morales: la independencia y posterior adhesión de Crimea como sujeto de la Federación Rusa es hoy una realidad de facto, que posiblemente sea ya irreversible a pesar de su ilegalidad; entre otras razones, por haber sido apoyada realmente por la mayoría de la opinión pública local. Por tanto, se trata de una cuestión mucho más compleja que una simple invasión extranjera de la que Ucrania pudiera en el futuro “liberar” a sus ciudadanos, ya que entre los crimeos existía un sentimiento de identidad nacional rusa desde mucho antes de dichos acontecimientos. Lo cual, por supuesto, no justifica ni reduce la responsabilidad de Rusia por unas acciones ilegales que ella misma había considerado inadmisibles en otras situaciones: por ejemplo, en la intervención de la OTAN en la guerra de Kosovo de 1999.
En cualquier caso, aunque lógicamente Kiev no va a renunciar a su soberanía sobre Crimea (a la que define ahora como un territorio “temporalmente ocupado”), la superioridad militar de Rusia es tan abrumadora que plantear una futura reconquista la fuerza es completamente irreal. También es reveladora la actitud de la OTAN: pese a haber apoyado con sus declaraciones públicas la revolución del Maidán, no se mostró nada dispuesta a enfrentarse militarmente a Rusia para expulsar a sus tropas de Crimea. A no ser que en un futuro se alcanzase un acuerdo bilateral mediante el que Rusia devolviera la península al control de Ucrania (posibilidad que ahora parece muy remota), la situación continuará previsiblemente sin cambios: control ruso de facto, pero no reconocido por Ucrania ni por la mayoría de la comunidad internacional.

Pregunta – ¿Qué papel juega este conflicto con el incremento de las tensiones entre los diferentes actores del sistema internacional?
Dr. Javier Morales: la crisis de Ucrania no fue la causa del deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente, sino su resultado. Los intentos de acercamiento (el llamado “reset”) entre la Administración Obama y el entonces presidente ruso Medvedev acabaron por fracasar; desde 2012, tras el retorno de Putin a la presidencia, los enfrentamientos diplomáticos han sido frecuentes. Esta tensión es la que explica que en Ucrania, donde ambas potencias trataban de arrastrar al país a sus respectivas esferas de influencia, se prefiriera la acción unilateral a la búsqueda de una solución negociada; la cual hubiera permitido, por ejemplo, una Ucrania más abierta al comercio con la UE pero sin tener que romper por ello sus tradicionales vínculos económicos y culturales con Rusia.
En el momento actual, se está produciendo un realineamiento de las alianzas de Estados Unidos, que algunos consideran que dará lugar a un nuevo “reset” o incluso una alianza plena entre Washington y Moscú. No obstante, las expectativas de este acercamiento parecen exageradas, ya que existen limitaciones objetivas al margen de actuación de Trump que ya le están obligando a moderar alguna de sus primeras decisiones. Por ejemplo, no parece probable que Estados Unidos se atreva a reconocer la soberanía rusa sobre Crimea, con lo cual daría la imagen de haber traicionado a Ucrania y perdería su credibilidad como superpotencia leal con sus aliados.

Pregunta – ¿Ve alguna posibilidad de externalización o repetición de este tipo de conflictos en el espacio post-soviético?
Dr. Javier Morales: los recursos que Rusia puede dedicar a intervenir en su vecindario no son ilimitados, más aún cuando ahora Siria ha pasado al primer plano de la agenda internacional y requiere de Moscú un esfuerzo diplomático y militar considerable. Todo esto apunta hacia un impasse a corto-medio plazo, en el que los “conflictos congelados” de Transnistria, Osetia del Sur, Abjasia, Nagorno-Karabaj o el Donbass se seguirán manteniendo latentes debido a la falta de condiciones para cualquier solución negociada. Sin embargo, la tensión acumulada en la región, los precedentes de pasadas intervenciones unilaterales y el bloqueo de las vías negociadoras pueden llevar a que cualquier incidente menor dé lugar a una escalada bélica en un corto periodo de tiempo; incluso aunque no se trate de una decisión premeditada por parte de Rusia, sino de una mera reacción improvisada ante los acontecimientos sobre el terreno o a la actuación imprudente de los distintos actores locales.

Por Martín Rodríguez Osses
Relaciones Internacionales de la Universidad del Salvador

Javier Morales es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Madrid, y codirector del Grupo de Estudios de Europa y Eurasia (GEurasia). Es doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido miembro asociado senior del Russian and Eurasian Studies Centre de la Universidad de Oxford. Su principal línea de investigación es la política exterior y de seguridad de Rusia, especialmente sus relaciones con EE.UU., la UE y la OTAN.
Más info: http://geurasia.eu/javier-morales/

¿A quién perderá Europa en el 2017?

¿A quién perderá Europa en el 2017?

A finales del 2014 el medio alemán Der Spiegel publicó un artículo que sinceraba una crítica situación, “el año que Europa perdió a Rusia”. Explicando en detalle cómo fueron los pasos que significaron el error de cálculos de la diplomacia europea en no medir la reacción de Moscú tras la destitución del presidente Victor Yanukovich, que devino luego la adhesión de Crimea y los focos separatistas en el Este. Allí estaban los eventos que marcaron el alejamiento con Rusia.
Para el 2015, podemos asociar muchas señales políticas que evidenciaron que ese año fue cuando “Europa perdió a Turquía”. El bloque comunitario falló en contener estratégicamente a Turquía. Las críticas hacia el gobierno de Erdogan y las acusaciones por la responsabilidad en la crisis humanitaria de los refugiados llevaron a un distanciamiento que agotó la paciencia de Ankara en torno al eterno camino del ingreso de Turquía a la UE.
Siguiendo este ejercicio, el 2016 podemos definirlo como el año en que “Europa comenzó a perder a Reino Unido”, momento en que Gran Bretaña decide salir de la Unión Europea. Si bien no está formalmente sellado el proceso desde el plano legal, es largo camino que representa un evento político del que aún hay que analizar las consecuencias. El auge de los nacionalismos, los sentimientos euroescépticos influyeron en el resultado del referéndum del Brexit.
Entonces, ¿a quién va a perder Europa en el 2017? De cara al próximo año, la Unión Europea transitará por un proceso de prueba, los principales Estados que ejecutan la agenda europea, Francia y Alemania, tendrán elecciones nacionales, donde sus respetivos partidos de derechas están ganando espacio. ¿Perderá Europa el fuerte liderazgo de Hollande y Merkel, quienes apuestan a fortalecer la integración del bloque comunitario? ¿El “efecto Trump” llegará a las elecciones europeas?

El Factor Trump
Cuando tratamos de analizar la estrategia europea y sus posibles acciones de cara a lo que se viene, no podemos hacerlo sin tener presente a Estados Unidos, un socio necesario para Bruselas. Por ello, para ensayar los eventuales escenarios del 2017 debemos mirarlos desde una variable: Donald Trump en la Casa Blanca, quien prometió cambiar rotundamente la política exterior estadounidense.
Sin dudas Trump ha generado un escenario de incertidumbre para el diseño de la estrategia europea, puesto que durante su campaña electoral mandó un mensaje directo sobre cómo deben distribuirse los esfuerzos económicos para que la OTAN funcione, prometiendo replegar las fuerzas armadas del territorio europeo, en un contexto los países del Bálticos perciben como amenazante y expansionista la política rusa en la región.
Hace 60 años que Washington es el garante de la seguridad europea. Con la membresía de la OTAN se extiende la capacidad nuclear para la disuasión, que es enfocada a un solo oponente: Rusia. Como dice el experto ruso Fyodor Lukyanov, uno de los principales problemas que minaron orden mundial en el 2016 fue expansión de la OTAN, disfrazado bajo la buena voluntad de Occidente para garantizar la seguridad y poner en práctica el concepto de “disuasión”. La Alianza es un reflejo de las varias perspectivas que tienen sus miembros, incluso desde ambos lados del Atlántico.
Mientras Trump va formando su equipo de cara a la asunción del 15 de enero, las señales que se pueden capturar hasta ahora es que el próximo Presidente de los Estados Unidos será el que imponga un mensaje a los europeostienen que madurar y ser más autónomos. Los europeos ya tienen antecedentes, pasaron por situaciones similares, donde por iniciativa propia formaron diferentes proyectos para que el bloque comunitario tenga autonomía, pero desde el Tratado de Lisboa sería la primera vez donde es Estados Unidos que decide darle la espalda.
El 2017 será un año de prueba. Las circunstancias lo imponen, Washington no dedicará el mismo esfuerzo para ser el resorte donde vayan a rebotar los problemas geopolíticos del eje euro-atlántico.
Este escenario puede llevar a una fragmentación sobre el debate de la Alianza Transatlántica en el viejo continente. Como dice la experta Judy Dempsey del think-tank Carnegie Europe, hay una parte, como los del Báltico, que pide más acción y poder político para la OTAN, haciendo que la agenda seguridad de la UE y la seguridad de la Alianza “sean la misma”.
Esto no implica que Europa salga a multiplicar su presencia, porque su economía y sus urgencias no lo permiten, pero si está obligada rediseñar de su relación, por lo menos, con Rusia y China. Para el inicio del 2017 Donald Trump y su nube de contradicciones ya dejaron una tarea para Europa: busquen otra alternativa al TTP.

Transnistria
Un punto focal donde algunos editorialistas especulan que puede haber noticias en materia de posibles casos de modificación de fronteras está en torno al separatismo el Moldavia. La región de Transnistria tiene nuevas autoridades de marcado perfil pro-ruso. Se trata de Igor Dondon, quien ha advertido que en el 2017 espera concretar una resolución política. El nuevo presidente no tiene el poder absoluto, cualquier impulso debe abrir proceso de negociación con su Parlamento.
¿Será Transnistria desde donde lleguen señales de un cambio político que tenga que ver con la modificación de las fronteras tal cual las conocemos?, no se puede hablar de certezas, pero sí el ambiente estará “muy inquietante”. Se ensaya la tesis de “federación” con más peso que cualquier otra idea de separatismo. Con las experiencias anteriores, si Bruselas ejerce presión sobre Chisinau, esto puede ser un elemento en contra y habilitar una respuesta de Transnistria.

Ucrania
El asunto de Ucrania, que sigue y parece que seguirá siendo un atolladero en estado “congelado”, demandará de muchas negociaciones por hacer cumplir el lento proceso de los acuerdos de Minks II, pero si fluyen presiones populistas en los gobiernos europeos, estos no estarán muy dispuestos a un apoyo irrestricto porque saben que pagarán un costo. Hasta ahora, en Europa siguieron el ritmo de una melodía que se confecciona en Washington y se interpreta en el viejo continente. El discurso de “agresión rusa” por el asunto Crimea no desaparecerá, pero en la práctica las divisiones en Europa van a llegar a decisiones más pragmáticas considerando intereses propios frente a una postura solidaria en común de chocar en la diplomacia económica contra Rusia.

Crisis de valores
El telón de fondo es una crisis de valores para occidente, la UE está abrumada por una fatiga institucional y atorada hacía un destino que no puede escapar: la caída del estado de bienestar. A este escenario se suma la falta de alternativas para contener las imperfecciones del sistema, que se evidencia con la mala gestión de la crisis de refugiados que golpea los estándares de los valores europeos.
Estas problemáticas, que se reflejan en la sociedad europea, hacen al auge de los sentimientos euroescépticos. Podemos traer al presente los interrogantes que planteaba Zginiez Brezinski sobre la Federación Rusa en su libro “El Gran Tablero”, ¿Qué es Rusia? ¿Qué es ser ruso?, pero si trasladando el eje a Europa, ¿Qué es Europa? ¿Qué es ser europeo?, tal vez podamos hallar algunas respuestas a las múltiples preguntas que hacen al amenazante escenario de auge de nacionalismos.
Por otro lado, el balance de la pérdida de poder para occidente en el asunto Siria se podrá ir evaluando desde el comienzo del 2017, en cinco años de este conflicto que están entre los más acuciantes de la agenda política mundial tiene a Europa involucrada en estrategias que han ido fallando. En el análisis en clave geopolítica, es un botón de muestra de la baja de Europa y su potencialidad como actor global.
Europa ata sus políticas y baja el discurso de los valores, pero el aliado occidental del otro lado del Pacífico, estará en el año próximo más orientado a “recibir ofertas” y negociar en pos de los intereses nacionales de Estados Unidos que a acompañar las formas de “sostener valores” que impera en Europa. Esto en línea con lo que expresan tantos editorialistas que describen con connotación de temor la pérdida de valores que caracterizan a la civilización occidental.

El saldo perdedor: está en la agenda doméstica
A nivel doméstico, los próximos 12 meses podrían representar para la UE un verdadero “golpe” al liderazgo, afectando al futuro político de sus principales promotores de los valores europeos y de quienes militan por sostener el proyecto de integración comunitario, estamos haciendo referencia a Hollande y Merkel. Francia y Alemania transitarán por procesos electorales para elegir nuevas autoridades, del mismo modo lo hará Holanda. Estos eventos, entre otra multiplicidad, serán un desafío para sortear obstáculos en el camino de fortalecer el modelo integrador de Europa, siendo que en esos tres países el euroescepticismo se ha ganado un lugar en sus respectivos espacios políticos.
La Presidencia del Consejo de Europa, que ha ido perdiendo capacidades de injerencia en la agenda, estará en el primer semestre a cargo de Malta, con escaso potencial de influir.
Esto contrasta con el protagonismo que el Primer Ministro de Hungría Victor Orban ha tomado durante el 2016 y que hacia el año próximo está parado en una posición de legitimidad, siendo la voz del Grupo Visegrad V4 (Polonia, Rep. Checa, Hungría y Eslovenia).  Orban impulsa una visión diferente de cómo relacionarse con Rusia, de cómo distribuir las cuotas de asilo a refugiados y mayor pragmatismo frente a un tema que busca solidaridad forzada: la crisis en Ucrania.
Es desde Hungría donde se alzan una de las voces más resonantes por un concepto que es también un dolor de cabeza para Bruselas: mayor autonomía decisoria para los socios.
Esto es uno de los tantos ejemplos de la dispersión reinante que afecta silenciosamente en el rumbo de la UE, por ejemplo, causando un efecto para la OTAN, ya que ha llegado a un punto no deseado: cargar de ideología que pone todas las decisiones a debate frente al pragmatismo que aspiran tener las autoridades. ¿Qué perderá Europa en el 2017?, ya existirán elementos para evaluar; en retrospectiva, van tres años que se materializa un elemento que fagocita el poder de la UE, esto quiere decir que algo es indiscutible: Europa está padeciendo transformaciones.
Estos ejes son parte de la tesis que se puede ensayar y que anima a estimar de un saldo perdedor, la agenda doméstica será la que pueda causar mayores complicaciones.
En materia de espacio territorial, de aliados estratégicos tal vez el 2017 no será un año de pérdidas para la Unión Europea, pero la profunda necesidad de cambios es una señal para que no pierda algo fundamental: la confianza de la gente en las instituciones, en la identidad europea.

Por Alejandro Barrandegui
Relaciones Internacionales Universidad del Salvador

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