La criminalidad organizada en América Latina

La criminalidad organizada en América Latina

Entre las principales amenazas a la seguridad que enfrentan los Estados en América Latina se encuentra la Criminalidad Organizada. Este fenómeno afecta severamente tanto a gobiernos como a la ciudadanía, demanda soluciones a multinivel ya que las bandas operan a nivel transnacional. Representa un claro desafío a la autoridad estatal y sus instituciones, provoca cuantiosas pérdidas económicas y tiene un inaceptable costo en vidas. El reconocido académico argentino Dr. Mariano Bartolomé, actualiza en su último trabajo de investigación el estado de la cuestión en el hemisferio. El analista Bartolomé detalla las cinco principales actividades de estas organizaciones, que giran en torno al tráfico de drogas, el tráfico de armas, el tráfico de personas, el tráfico de dinero y divisas y delitos contra la propiedad intelectual. Invitamos a la lectura de este paper que aborda la cuestión del crimen organizado, una de las urgentes cuestiones de nuestra realidad inmediata.
Acceso al paper: Paper del Dr. Mariano Bartolomé.

 

El reto global de atender la hambruna en África

El reto global de atender la hambruna en África

Se declara situación de emergencia en varios países africanos que pueden caer en hambruna en 2018: Acciones inmediatas y de fondo

Yemen, Sudán del Sur y algunas partes del noreste de Nigeria ya están enfrentando oficialmente una situación de hambruna –en lo que la ONU ha denominado como la peor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial, mientras que varios de los países vecinos, se encuentran cada vez en mayor riesgo.
Así las cosas, Etiopía, Kenia y Somalia podrían caer en situación de hambruna en el 2018, debido, en gran parte, a otro año (2017) de lluvias por debajo del promedio. La sequía ha matado las cosechas y el ganado, así como obligado a muchos a abandonar su estilo de vida nómada y huir a las comunidades informales en donde hay agua y ayuda alimentaria disponible.
Estos tres países están experimentando ahora lo que se denomina una “crisis alimentaria de fase 31, según la escala de cinco niveles de la Red de Sistemas de Alerta Temprana
(FEWS por sus siglas en inglés)2. Según la Red FEWS, Etiopía y Somalia están en camino de alcanzar la fase 4 (emergencia) de inseguridad alimentaria aguda para 2018; mientras que para ese mismo año Somalia podría alcanzar la Fase 5, es decir, hambre absoluta.

¿Cómo se puede tomar acción?
Según la red FEWS, declarar la fase 3 de inseguridad alimentaria significa que los hogares necesitan ayuda humanitaria urgente y no pueden satisfacer las necesidades básicas de alimentos para sobrevivir. Eso deja 2,9 millones y 3,2 millones de personas que necesitan ayuda alimentaria inmediata en Kenia y Somalia, respectivamente, lo cual significa un aumento de más de un millón desde junio. Por su parte, aunque Sudán del Sur se declaró en junio como fuera de hambruna, el país aún enfrenta una alta inseguridad alimentaria y la amenaza de regresar al hambre.
En cuanto a Etiopía, la organización médica internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) determinó que la crisis alimentaria se encuentra en el peor pico de desnutrición que la organización haya visto en el país, donde 7,8 millones de personas necesitan ayuda alimentaria urgente.
Si las condiciones continúan deteriorándose, el Programa Mundial de Alimentos estima que su ayuda alimentaria para estas regiones se acabe a finales de este mes, con lo cual la ayuda alimentaria no llegará a los necesitados en septiembre.

Es por ello que la Organización Internacional Global Citizen3 ha hecho un llamado a firmar una petición https://www.globalcitizen.org/en/action/petition-food-and-hunger-un-funding-famine/ para pedir a los líderes mundiales que den prelación a esta urgencia y destinen suficiente dinero para detener y prevenir el hambre.
Es de anotar al respecto, que la Unión Europea prometió 60 millones de euros (casi 69 millones de dólares) a Etiopía, Kenia y Somalia, mientras que en la pasada cumbre del G20 en Hamburgo, el presidente estadounidense Donald Trump prometió 639 millones de dólares en ayuda a Somalia, Sudán del Sur, Nigeria y Yemen. Sin embargo, la ayuda prometida cubre sólo un tercio de lo que se estima en el Programa Mundial de Alimentos para alimentar a los de los cuatro países y zonas vecinas afectadas por la sequía y el conflicto.
El PMA dijo la semana pasada que inmediatamente necesita 96 millones de dólares para financiar a las comunidades que padecen inseguridad alimentaria en Etiopía hasta diciembre. Sin la ayuda adicional, casi 700.000 personas en el país estarán sin recursos.

La financiación, sin embargo, es sólo parte de la solución.
Muchos culpan a la falta de lluvia, provocada por tres años consecutivos de sequía, y los altos precios de los alimentos, como grandes detonantes de las hambrunas. En ese sentido, las explicaciones de los dos años consecutivos de sequías en Etiopía, Kenia y Somalia incluyen la deficiente infraestructura, la variabilidad natural, la contaminación causada por la quema de combustibles fósiles y el cambio climático.
No obstante, como señaló un informe reciente de la Unión Europea4, la situación climática por sí sola no causó la crisis humanitaria: “Estas crisis están ocasionadas por el hombre, sus raíces están en el conflicto y requieren soluciones políticas que van más allá de la ayuda humanitaria”, dice el informe.
Según la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR), las continuas guerras y brotes de enfermedades, como el cólera y el sarampión, también contribuyen a los efectos devastadores de la sequía y crean un espiral vicioso.
Por lo anterior, si bien se hace inminente destinar fondos de manera urgente para atender la situación ya declarada de hambruna, se hace necesario que en las altas esferas internacionales se debata esta enorme problemática, y se adopten decisiones de fondo que permitan, cuando menos, evitar que aumente el número de casos en las Fases 3 (crisis), 4 (emergencia) y 5 (hambruna) de la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna.
Aunque la ayuda es fundamental en el corto plazo, las soluciones a largo plazo que aborden las causas subyacentes de la hambruna son, en última instancia, la única manera de poner fin al ciclo de inseguridad alimentaria en África.
Esta aguda situación no nos permite ser indiferentes, como ciudadanos del mundo hoy debemos involucrarnos, participar y actuar. Podemos hacerlo de muchas maneras, también a través de este petitorio: https://www.globalcitizen.org/en/action/petition-food-and-hunger-un-funding-famine/

Fuentes:

Por: Germán Zarama
Abogado de la Universidad Javeriana, Magíster en RRII Universidad de Bologna (Italia). Investigador y consultor en políticas públicas, justicia, desarrollo y DD.HH. Actualmente trabaja en el Institute for Human Rights and Business, capítulo en Latinoamérica: http://creer-ihrb.org/ Twitter@germanzarama

Las dimensiones sobre “Sharing Economy”

Las dimensiones sobre “Sharing Economy”

El fenómeno de intercambiar bienes y servicios es tan antiguo como la existencia misma del hombre. En la actualidad, transitando lo que llaman la “Cuarta Revolución”, ésta práctica ha renacido con fuerza favorecida por la existencia de plataformas digitales. Como nunca antes en la historia de la humanidad el ser humano hoy está conectado. Plataformas populares como Airbnb, Uber y muchísimas otras iniciativas son englobadas bajo el concepto de “economía compartida”. Mientras académicos e investigadores no logran ponerse completamente de acuerdo en cuanto a su definición, características e implicaciones, el paso de una economía de “propiedad” a una economía de “acceso” promete continuar en ascenso astronómico y desafiar los cimientos del sistema económico globalizado actual. Aquí, los elementos esenciales de la economía compartida, en un minuto. Con esta infografía María Sofía Cosser Lambiertini nos propone saber de las dimensiones de lo que se conoce como Sharing Economy ( descargar infografía)

 

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