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La muerte del papa Francisco, puso en el centro del interés mundial, al estado del Vaticano. Nacido en 1929 por el Tratado de Letrán, pero sus orígenes se remontan a la Edad Media. En el año 751, cuando el papa Esteban II asumió el control del Ducado de Roma, dando inicio a la creación de los Estados Pontificios, entidad que sobrevivió hasta 1870.  En este trabajo explicamos brevemente la peculiaridad del Estado de la Ciudad del Vaticano y la Santa Sede.

El Vaticano, es un estado de 0.44 km2 enclavado en la ciudad de Roma y tiene unos 800 habitantes permanentes (sin contar los casi 5.000 italianos que trabajan en el estado vaticano). Esta entidad alberga la Santa Sede, cabeza de la iglesia Católica Apostólica Romana. Es la última monarquía absoluta de Europa, además de ser una teocracia.  El estado vaticano cuenta con una constitución, conocida como Ley Fundamental, donde establece las atribuciones del Papa como jefe de estado, los organismos responsables de la administración del estado. La última reforma fue en 2023, introducida por el Papa Francisco, destacándose una mayor claridad en la determinación de funciones de los organismos que permiten el funcionamiento del estado vaticano, criterios modernos y transparentes en la elaboración del presupuesto, mecanismos de control y la última innovación, que una mujer, pueda ocupar el importante cargo como titular de la Gobernación de la Ciudad del Vaticano.

La creación del estado vaticano, surgió de la necesidad que la Santa Sede mantenga su independencia de cualquier poder externo.  El Papa, soberano del Vaticano, ejerce los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, por medio de una serie de organismos especializados que lo asisten tanto en sus labores de cabeza de la iglesia como en la administración del pequeño territorio del cual es responsable.  La Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano, es el órgano que administra el territorio vaticano, ejerce el poder legislativo y su presidente, quién también encabeza la Gobernación de la Ciudad del Vaticano. El Papa Francisco designó por primera vez en la historia vaticana, a una mujer, la una monja, la Hermana Raffaella Petrini.   A tales efectos Francisco, modificó la Ley Fundamental de la Ciudad del Vaticano en febrero de 2025. La comisión antes citada, la forman seis cardenales designados cada cinco años, responsables de áreas vinculadas con aspectos religiosos. 

 

El Papa, además de ser la máxima autoridad de la Iglesia Católica, es el jefe de estado vaticano.  Es un cargo de carácter vitalicio y electivo. La elección del máximo líder de la Iglesia recae en el “Cónclave” reunión que celebra el Colegio Cardenalicio para dicho cometido. Hasta la elección de un nuevo papa, la sede vacante queda en manos del “Cardenal Camarlengo”. La elección se realiza bajo el máximo nivel de secretismo, a fin de evitar influencias externas, que incluye la prohibición de los electores de comunicarse con el exterior durante el proceso.  El procedimiento está regulado por la  constitución apostólica, Universi Dominici Gregis, de 1996, promulgada por el entonces papa Juan Pablo II y con algunas modificaciones realizadas durante el papado de Benedicto XVI.  A lo largo de la historia, diferentes papas modificaron las normas del Cónclave.

Este estado diminuto cuenta con una estructura propia de seguridad, posiblemente una de las mejores del mundo, formada por la célebre Guardia Suiza por sus uniformes históricos, responsables de la seguridad del Papa y de la misma Ciudad del Vaticano. Este cuerpo armado de unos 130 militares de origen suizo, tienen sus orígenes en 1506. El saqueo de Roma por parte de tropas españolas, puso en riesgo la seguridad del entonces papa Clemente VII, quién puso salvar su vida, gracias a la resistencia opuesta por las tropas suizas. De 189 hombres solo sobrevivieron 42.  Estamos ante una fuerza con elevado nivel de preparación para brindar protección a la figura del papa y contribuir la seguridad de los edificios del Vaticano. Las funciones policiales quedan en manos del Cuerpo de Gendarmería de la Ciudad del Vaticano. Unos 130 agentes se ocupan del orden público de la Ciudad en cooperación con las autoridades italianas. También existe un pequeño cuerpo de bomberos. Los delitos cometidos en territorio vaticano, por el tratado de Letrán, podrán ser juzgados por la justicia italiana.

La Ciudad del Vaticano presta servicios públicos, tales como el sistema de Archivos, la biblioteca Apostólica Vaticana, las Pontificias Academias, la Tipografía Políglota Vaticana, la Librería Editorial Vaticana, L´Osservatore Romano, Radio Vaticano, el Centro Televisivo Vaticano, la Fábrica de San Pedro (nacida en 1503, cumple funciones de mantenimiento de la Basílica San Pedro) y el Servicio Postal (Poste Vaticane).

postales, de las rentas provenientes de las propiedades inmobiliarias, inversiones y servicios financieros. Las actividades económicas generan empleo para más de 4.000 personas. El pequeño estado tiene un serio desafío que es el déficit fiscal, que alcanza los US$ 87 millones. En su momento el Papa Francisco impuso serios recortes en salarios de altos funcionarios y otras medidas de austeridad.  Bajo su gestión se adoptaron una serie de medidas para combatir la corrupción, mejorar sustancialmente la transparencia de las finanzas vaticanas, destacando por el panel de expertos de lucha contra el lavado de la Unión Europea (Moneyval).  Los cambios en la gestión económica, fue la creación en 2014 de una Secretaría para la Economía (equivalente a un Ministerio de Finanzas), un Consejo Económico formado por religiosos y laicos, destinado a supervisar los organismos responsables de la administración y gestión económica del estado vaticano.  En esta estructura encontramos el “banco vaticano” como se conoce popularmente al Instituto de Obras de Religión o IOR, es responsable de la administración de bienes, cuentas e inmuebles de la Santa Sede e instituciones católicas que lo soliciten. Es una entidad sin fines de lucro y administra recursos valuados en unos 5.000 millones de euros que pertenecen a órdenes religiosas y diversas instituciones católicas.  La Ciudad del Vaticano forma parte de los Convenios internacionales contra la corrupción y la lucha contra el lavado. En este último aspecto cuenta con una agencia de inteligencia financiera desde 2010, denominada desde 2020, Autoridad Supervisora y de Información Financiera (ASIF), objeto de importantes cambios por parte del fallecido papa Francisco, mejorando su funcionamiento. El equivalente al “banco central” es la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, que provee de recursos para el sostenimiento del estado vaticano, está facultado para emitir moneda. Desde 1929 hasta 2002, el Vaticano tenía su moneda – la lira vaticana – reemplazada por el euro cuando adhirió a la “Eurozona” a pesar de no ser parte de la Unión Europea.

Estamos frente a un estado con características muy particulares, que generó un debate importante en el mundo académico, pero su posición se consolidó gracias a la costumbre internacional y el comportamiento de la Comunidad Internacional, que reconoció en su gran mayoría el carácter “estatal” del Vaticano.

El Estado Vaticano y la Santa Sede: dos sujetos del Derecho Internacional.

Es común referirse a la Santa Sede y al Vaticano como si fueran equivalentes, cuando estamos ante dos entidades diferenciadas, pero estrechamente vinculadas. En el caso la Santa Sede, es un sujeto del derecho internacional, como surge del Tratado de Letrán de 1929. Allí reconoce la preexistencia de la Santa Sede su personalidad internacional, como quedó reflejado en las negociaciones con otros estados, mantener legaciones diplomáticas y suscribir, en el caso de Italia, un tratado internacional. Cabe destacar, al mismo tiempo, lo estipulado por dicho texto del derecho internacional, dio origen a otro sujeto, el Estado de la Ciudad del Vaticano, que nació a los fines de dar una base territorial para las actividades de la Santa Sede como cabeza de la Iglesia Católica.  Esto lo explicará claramente el Papa Paulo VI en su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas en 1965: “el Papa no está investido sino de una minúscula y cuasi simbólica soberanía temporal: el mínimo necesario para ser libre de ejercer su misión espiritual y para asegurar a aquellos que tratan con él que es independiente de toda soberanía de este mundo”.

En su carácter de sujeto del derecho internacional la Santa Sede en 1961 firmó y ratificó la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas,  Convención reservada exclusivamente a los estados, lo propio hizo en el año 1969 con la  Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, siendo, asimismo, invitada sin oposición alguna a participar en el año 1975, en la Conferencia de Viena para adoptar la Convención sobre las Relaciones de los Estados con los Organismos Internacionales de carácter Universal. La participación en organizaciones internacionales y el reconocimiento de la Santa Sede por la mayoría de los estados miembros de las Naciones Unidas, permitió que el Vaticano, pudiera integrarse como “Estado Observador” del citado organismo internacional.

El denominado Tratado de Letrán, engloba una serie de acuerdos, en los cuáles dio origen al Estado Vaticano, reconoce formalmente a la Santa Sede como sujeto del derecho internacional, se suscribe un Concordato que regula las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado italiano; reconocimiento de la soberanía de la Santa Sede sobre el Vaticano; un régimen de compensación económica por la pérdida de los territorios con la disolución de los Estados Pontificios en 1870: así como el régimen de extraterritorialidad de edificios y exenciones de impuestos. Esto puso fin a la “Cuestión Romana” una serie de conflictos desatados entre el Papa y el Reino de Italia, como como consecuencia de la unificación de dicho país.

La Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas con 180 países (a través de 106 misiones permanentes, que en más de un caso tienen jurisdicción sobre dos o más países).  En 1978 con la llegada de Juan Pablo II, en aquel momento, las relaciones diplomáticas se limitaban a 84 estados.  Asimismo, mantiene representaciones en la Organización Internacional de Energía Atómica, la Organización de Seguridad y Cooperación Europea, Unión Postal Universal, la Unión Internacional de Telecomunicaciones, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, además de ser observador en la UNESCO, Organización Mundial de la Salud, Organización Internacional de las Migraciones, la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Comunidad del Caribe (CARICOM), etc.  La política exterior vaticana recae en manos de la Secretaría de Estado, cuyo titular también tiene importantes responsabilidades en el campo político.

El Vaticano: “potencia diplomática”

La diplomacia vaticana remonta sus actividades desde tiempos de la Edad Media, donde el Papa tuvo un papel relevante en la solución de controversias entre monarcas cristianos, permitiendo cosechar una amplia experiencia en el campo de las relaciones internacionales. Vale la pena recordar la figura de los vicarios apostólicos del año 380 o los delegados acreditados ante la Corte de Bizancio en el año 453, como antecedente de la “diplomacia vaticana”.

Gregorio XIII en el siglo XVI fue el impulsor de la figura de los “nuncios apostólicos”, los embajadores de la Santa Sede ante las cortes extranjeras.  En 1701 fue creada la Academia Eclesiástica Pontificia, donde se forma el cuerpo diplomático de la Santa Sede, siendo ejemplo de una de las instituciones pioneras en profesionalizar el servicio exterior. Estamos ante personal con una sólida formación, que ha sido motivo de estudios dado la experiencia cosechada a lo largo de siglos de tradición diplomática.  A pesar del tamaño del estado vaticano, estamos ante un actor geopolítico relevante. La experiencia adquirida, le permitió a la Santa Sede desarrollar un sólido “poder blando” o soft power, donde combina aspectos morales, narrativa y estrategia, sin recurrir a las armas.  El Vaticano sustenta su poder en la legitimidad moral, la diplomacia religiosa y el simbolismo cultural. Imágenes de un Papa – como el caso de Francisco – despojado de bienes, de vida austera, de destinar sus ingresos a obras de bien público, en un mundo, donde las clases políticas están sumamente desprestigiadas, cobra inusual fuerza en la opinión pública internacional.

El Papa es la cabeza de una iglesia con unos 1.400 millones de integrantes, con presencia en los lugares más recónditos de la Tierra, permitiéndole al Vaticano obtener un cuadro de situación de la política internacional, que llevó a muchos a considerar al citado estado, como el mejor sistema de inteligencia del mundo. La proyección que tiene el jefe de estado vaticano, transforma a este pequeño estado en un actor global.  Su poder no reside en la coerción militar, presión económica, sino en una hábil diplomacia y su influencia en millones de creyentes católicos, pero también no católicos, como quedó reflejado por fallecido Papa Francisco, gracias a su trabajo de promoción del diálogo interreligioso. Desde la oficina del Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, reconocieron la labor de Francisco de instalar en la agenda global el drama de millones de migrantes y la cuestión del cambio climático.

El valor de la diplomacia de la Santa Sede está reflejado que solo quince naciones ( de más de ciento noventa) no tienen relaciones diplomáticas formales. La presencia de la diplomacia vaticana está en países tanto de mayoría católica, como de otros donde no lo son. Durante el papado de Juan Pablo II, el crecimiento de los países que establecieron vínculos con el Vaticano se duplicó.  El estatuto de neutralidad, le permitió al Vaticano ser mediador en conflictos, siendo un ejemplo muy cercano el caso de la mediación del cardenal Samoré durante la crisis del Beagle entre Argentina y Chile. La sutil diplomacia papal estuvo involucrada en el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos (2014), en la liberación de presos políticos en el citado país caribeño, en el conflicto colombiano y el proceso de paz con las FARC (2015), en la paz en Sudán del Sur. Incluso a través de organizaciones católicas expresamente reconocidas por la Santa Sede – con fuerte influencia moral -pueden tener injerencia en procesos de paz. Ejemplo de ello es el caso de la Comunidad Sant’ Egidio, institución católica, que intervino en el fin de la guerra civil de Mozambique en los 90 y en las negociaciones entre el gobierno argelino y el Frente Islámico de Salvación para poner fin al conflicto interno en el país magrebí. Su intervención en otros conflictos, llevó a la ONU abrir un canal de comunicación con dicha Comunidad. El cardenal Mateo Zuppi, perteneciente a dicha organización, fue designado por el Papa Francisco para mediar en el conflicto de Ucrania. La presencia del presidente ucraniano Zelenski en el funeral de Francisco, indica la importancia del Vaticano como actor en la resolución de conflictos, teniendo en cuenta, que las partes involucradas, son países donde la fe predominante es la cristiana ortodoxa.

A pesar de las luces y sombras de la diplomacia papal a lo largo de los siglos, podemos reflexionar, que en este mundo cada vez más conflictivo, de cuestionamiento al derecho internacional y de los organismos internacionales destinados a promocionar la seguridad y paz internacionales, deja como interesante lección, sobre la importancia de la existencia de actores, que puedan servir de interlocutores entre partes en conflicto y la promoción de valores universales.

De los Estados Pontificios al Estado Vaticano

La caída del imperio Romano de Occidente en el año 476, en el marco de un contexto convulso, de invasiones, vacío de poder, convirtió al Papa y obispo de Roma, en una figura relevante que iba más allá del poder espiritual.  La famosa intervención del Papa León Magno con el rey de los hunos, Atila en el 452, donde fue persuadido de saquear Roma, elevó el papel político del papado. En un proceso gradual el pontífice romano terminó recaudando impuestos, acuñando monedas y reuniendo fuerzas militares para defender el territorio a su cargo. El dominio bizantino era cada vez más endeble. La amenaza de los lombardos en el norte, puso en una situación delicada. La alianza del papado con el reino de los francos, en conflicto con los lombardos, permitió la expansión de los dominios papales. La “donación” realizada por el rey franco Pipino el Breve al Papa Esteban II en el año 756, la región central de Italia quedó bajo el control del papa. A partir de este momento, los papas extenderían sus dominios territoriales.

Los Estados Pontificios, lograron sobrevivir hasta el siglo XIX. A lo largo de una historia agitada, el “estado pontificio” sobrevivió a cismas, invasiones, las Cruzadas e innumerables crisis y conflictos.  El Congreso de Viena de 1815, reconoció los dominios históricos del papado en el centro de Italia, perdiendo algunos territorios a favor del imperio austríaco y Francia (condado Venaissin). El movimiento por la reunificación de Italia pronto chocaría con el conservadurismo de Gregorio XVI. Este lidió con sendos levantamientos que motivó la intervención extranjera, dado que las fuerzas militares del Estado Pontificio eran incapaces de actuar.  En 1848, Pio IX tuvo que abandonar Roma, luego de la proclamación de la República Romana, eliminada en 1850 por una coalición de estados europeos, liderado por Francia.  En 1860 una rebelión en Romaña terminó con la convocatoria de una serie plebiscitos pidiendo la incorporación de territorios papales al Reino del Piamonte. El rey Víctor Manuel exigió al Papa Pío IX la entrega de los territorios de las Marcas y Umbría, que decidieron ser parte de su reino, ante su negativa, estalló el conflicto y las fuerzas papales fueron derrotadas en las batallas de Castelfidardo y en Ancona.

La precaria independencia de los Estados Pontificios quedó garantizada por Francia. La guerra franco prusiana de 1870, llevó al emperador Napoleón III a retirar su guarnición de Roma. Italia aliada de Prusia, tuvo las manos libres de ocupar lo que quedaban de los Estados Pontificios. Luego de una resistencia simbólica, el Papa Pío IX se declaró “prisionero” en el Vaticano. Italia en 1871 aprobó una ley de garantías, asignando una pensión al Papa, el control sobre una serie de iglesias y edificios, además del derecho a designar representantes diplomáticos. Esto fue rechazado por el Santo Padre al considerarlo como una imposición. La conflictiva relación entre la Santa Sede e Italia, se conoció como la “Cuestión Romana” finalmente resuelta en 1929 por el Tratado de Letrán, dando origen al Estado de la Ciudad del Vaticano.

Por Dr. Alejandro Suárez Saponaro. Abogado. Magíster en Defensa Nacional. Columnista de la revista Defensa y Seguridad, y de Diario El Minuto (Chile). Co autor del libro, junto al Dr. Alberto Maestre Fuentes: Del Infierno al Paraíso. Una historia de Timor Oriental. Íbera Ediciones. 2024

 

 

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