¿Tiempo para algún reajuste de estrategias o tiempos para el reordenamiento para la política exterior de Argentina? Interrogante abierto sobre la etapa que se inicia con la asunción del nuevo Cancillería argentino, el diplomático de carrera Faurie.
Si bien todos sabemos que los ejes centrales van a continuar y no se podrían esperar ningún giro abrupto en la política exterior de Buenos Aires, el contexto global ha cambiado durante el periodo de un año y cinco meses de la anterior jefa de la diplomacia argentina Susana Malcorra marcan la necesidad de mejorar la performance y ajustar varios frentes.
Acudimos a la voz de algunos expertos que nos transmiten sus impresiones sobre la hoja de ruta para la Cancillería Argentina en bajo la conducción del ex. Embajador en Francia y Portugal, Jorge Faurie.

Como explica Gonzalo Casais del Grupo Joven del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), “antes que nada es menester mencionar que la renuncia de la Canciller Malcorra ha tomado por sorpresa al gobierno de Mauricio Macri y a la población argentina en general”. Casais remarca que “el nuevo Canciller enfrentará una serie de desafíos internos y externos durante su gestión. Antes que nada deberá ordenar la Cancillería argentina. En los últimos meses y semanas ha habido numerosos reajustes dentro de los cuadros del Palacio San Martin. Los más notables fueron las renuncias del Vicecanciller Carlos Foradori y la Secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cristina Boldorin. Ambos remplazados por personas de confianza de Malcorra, Pedro Villagra Delgado y Horacio Reyser respectivamente. Asimismo, esta secuencia fue seguida por un reordenamiento de numerosos cargos de responsabilidad entre ellos nuevos nombramientos de Embajadores y Directores Nacionales. Con la asunción de Faurie se espera que el nuevo Vicecanciller sea el Embajador Daniel Raimond y que Reyser mantenga su puesto.

Todos estos cambios, brevemente mencionados, muestran ciertas pujas existentes al interior de la Cancillería. En particular demuestra la puja existente entre los cuadros radicales y los peronistas no-kirchneristas, ambos ampliamente relegados durante los últimos años de la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. Además hace notar la creciente importancia y poder del Secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, Fulvio Pompeo quien maneja una importante influencia en la política exterior de la administración Macri. Es imposible prever como organizará la Cancillería el nuevo Ministro de Relaciones Exteriores pero la elección del primer Canciller diplomático de carrera desde 1989 (cuarto en la historia) es un indicio importante. No solamente el carácter profesional y estricto por cual se lo conoce a Faurie, sino también por su amplia experiencia protocolar podrá ayudar al Palacio San Martín a ordenar sus filas”.
Para el investigador del CONICET Dr. Leandro Morgenfeld,..”la salida de Malcorra, además de las cuestiones personales que fueron atribuidas, responde, como ella misma lo declaró, a ciertas divergencias con la jefatura de Gabinete. En consecuencia, creo que la gestión que va a encabezar ahora Jorge Faurie estará en la línea que determine Fulvio Pompeo, el principal asesor de Macri en la materia. Creo que la política exterior de Macri, más allá del discurso auto-elogioso y de la remanida “vuelta al mundo”, no tiene muchos resultados para mostrar, además de las fotos y las visitas. Macri abandonó una perspectiva de integración latinoamericana, la única que a mi juicio le permitiría a la región posicionarse más autónomamente, y subordinó la agenda exterior a los dictados de las principales potencias y los organismos financieros internacionales. Así y todo, no mejoró las exportaciones ni las inversiones. No creo que con la nueva gestión cambie la línea. No lo hicieron ante fenómenos disruptivos como el Brexit o la elección de Trump, no lo van a hacer ahora”

Por su parte, la mirada de Francisco De Santibañes, que también es autor del libro “La Argentina y el Mundo & Claves para una Integración Exitosa”, entiende de la continuidad y sobre los desafíos que vienen entiende que, por un lado creo que el Canciller debe mantener lo que está haciendo bien el gobierno. El Ejecutivo entendió que vivimos en un mundo en donde Estados Unidos ya no es la única gran potencia. Es por lo tanto en el interés de la Argentina mantener relaciones excelentes relaciones con este país pero también con China -la nueva potencia emergente- y con todas las naciones con las que esto es posible. Esto no sólo fomentará la llegada de inversiones sino que también nos permitirá evitar conflictos innecesarios e incrementar nuestro comercio. 
 
Para el analista De Santibañes, ..”es posible sin embargo realizar ciertas mejoras. Necesitamos tener una clara visión más estratégica para entender cuáles son nuestros intereses a largo plazo. De esta deberán luego derivar las decisiones de tipo táctica. También sería importante separar la formulación de nuestra política exterior de consideraciones domésticas y ser, al mismo tiempo, más creativos a la hora de pensar mecanismos que nos permitan fortalecer relacionarnos económicamente en el  mundo. Finalmente, necesitamos liderar la integración económica de América latina. La Argentina se encuentra en una situación privilegiada para convertirse en el puente que una a la Alianza del Pacífico con el Mercosur.”
Gonzalo Casais baja información finita de la realidad de la Cancillería con su interpretación sobre los desafíos que se vienen donde “en el plano externo, el nuevo Canciller deberá avanzar con una serie de iniciativas puestas en marcha por su predecesora. Los nuevos aires que ha traído el gobierno de Macri a las muy postergadas negociaciones de un Acuerdo Mercosur – Unión Europea marcarán un hito en la gestión de Faurie. Él junto a Reyser deberán conducir estas negociaciones a buen puerto antes de fin de año según previos anuncios de la Cancillería. Un número de factores juegan a favor de Faurie. En primer lugar, el gobierno de Macri es el principal promotor del acuerdo dentro del bloque del sur. Por otra parte, la asunción de Trump en Estados Unidos ha echado por tierra cualquier posible revitalización del TTIP, abriéndole el camino a la Unión Europea para invertir mayor capital político  en el acuerdo con el Mercosur. Sin embargo, las dificultades inherentes a las negociaciones son tanto el espinoso asunto agrícola como la debilidad de Brasil para avanzar con el plan y las presiones internas de las poblaciones de ambos bloques serán las principales trabas al momento de arribar a un acuerdo. Más aun considerando que la Canciller Malcorra anunció que para fin de año se espera tener un acuerdo cerrado. Este deseo tiene que ver con el deseo de presentar el acuerdo en simultáneo con la siguiente Reunión Ministerial de la Ronda de Doha de la OMC que se llevará a cabo en Buenos Aires en diciembre de este año. Esta nueva reunión de negociaciones es otro de los grandes desafíos de Faurie ya que la Ronda de Doha ha estado congelada hace varios años. Si esta reunión no fuera fructífera en el avance de nuevos acuerdo sin duda será un golpe al desempeño del nuevo Canciller. Por otra parte, el deseo de la Casa Rosada de ingresar a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) dependerá en gran medida de las negociaciones que pueda llevar adelante Faurie. En este sentido, el triunfo de Macron en Francia significa mucho más que eso para el gobierno de Macri. El nuevo presidente francés fue compañero universitario del funcionario argentino que está encargado de gestionar el ingreso del país en la OCDE. En caso ocurrir el ingreso, Argentina se sumaría a la lista de espera con Colombia y Costa Rica para acompañar Chile y México como los miembros latinoamericanos de la OCDE. El ingreso no solamente significaría la certificación de la prestigiosa organización y acceso al apoyo que esta brinda sino que sería un gran triunfo para el nuevo Canciller. Sumado a la creciente relevancia de la Argentina en las mencionadas instituciones internacionales, Argentina ha sido designada la sede de la cumbre del G20 en 2018. Este será un nuevo desafío para el Palacio San Martín que buscará aprovechar esta puesta en vidriera del país al máximo. El hecho de que Faurie sea un experto en protocolo no es casualidad con su designación en este sentido. La Argentina deberá mostrar su mejor faceta durante la cumbre. Además, deberá gestionar las variadas discusiones durante la cumbre desde política comercial y económica global hasta cuestiones de Cambio Climático. Todas discusiones muy controversiales y disputadas al día de hoy”.

Venezuela
Un tema central en la agenda de la política exterior tiene que ver con la situación en Venezuela, que no escapa a ninguno de los países de la región, que tienen que definir posiciones sobre cómo pararse frente a la crisis venezolana.
En la opinión de especialista en economía y política internacional De Santibañes, en el tema Venezuela, Argentina ha tomado la decisión de no liderar la oposición al régimen de Maduro. No creo que esto cambie con el nuevo Canciller”.
Desde otro punto de vista, para Morgenfeld, “este tema es preocupante. Hasta ahora, Macri mostraba una posición dura contra el gobierno bolivariano (impulsó la exclusión de Venezuela del Mercosur, alienta la intervención de la OEA, se reunió con la oposición destituyente, y donde la Canciller venezolana denunció ser agredida cuando vino a Buenos Aires a la reunión del Mercosur), pero Malcorra era más cauta, más propensa a una salida negociada con el resto de los países del continente. Temo que ahora se profundice la línea injerencista contra Venezuela, lo cual establecería un pésimo antecedente, como fue el apoyo de Macri al golpe parlamentario en Brasil contra Dilma y al encumbramiento del ilegítimo Michel Temer. Desde que asumió, Macri desconoció el rol clave que tuvieron la UNASUR y la CELAC en conflictos regionales y, junto a Estados Unidos, impulsa la recomposición del poder que tenía la OEA en la etapa de la guerra fría.

Relacionando diferentes eventos de la política regional Gonzalo Casais reflexiona sobre el siguiente contexto… “Faurie deberá tomar una postura hacia la principal crisis en la región, la situación en Venezuela. Hay que tener en cuenta que lo más probable es que no haya grandes cambios. La situación en Venezuela como todos sabemos es desesperante. El nuevo proceso constituyente con bases comunales es contrario a la constitución que postula claramente que para iniciar una reforma constitucional se puede realizar únicamente a través de una consulta popular. Pero más allá de los mecanismos y artilugios puntuales de Maduro para ganar tiempo la realidad es que debe haber una fracción de la alianza con los militares y con Cuba para que haya un cambio. Ambas fracturas se ven distantes. Por un lado los militares han sido una base de apoyo del proyecto bolivariano desde el intento de golpe de estado en 1992 y desde entonces han sido depuradas y adoctrinadas en la lealtad al Comandante Chávez y ahora Maduro. Asimismo la corrupción, el narcotráfico y los delitos contra los derechos humanos ahora unen a las elites gobernantes venezolanas. Cualquier caída del régimen chavista los dejaría abiertos a procesos penales tanto en Estados Unidos como en La Haya. Por su parte Cuba sigue sosteniendo al régimen con más de 20.000 cubanos en la administración pública venezolana aportando sus conocimientos de represión y censura. La Cancillería liderada por Faurie probablemente tomará una posición más firme hacia Venezuela, montando presión internacional para acompañar a las protestas. La próxima reunión de Jefes de Estado de Mercosur en Mendoza entre el 17 y el 21 de junio próximo será un espacio para converger y coordinar e accionar del bloque frente a esta situación crítica. La inestabilidad y profunda crisis política y económica que sacude a Brasil le presenta la oportunidad a la Cancillería argentina de asumir un rol protagónico en la región”.

UNASUR
Argentina preside ahora UNASUR, y ¿puede esto significar algo estratégico para la política exterior de Buenos Aires? Para el investigador del CONICET Leandro Morgenfeld, “lamentablemente, Macri le quita relevancia a los organismos regionales y prefiere ir a aquellos dominados por Estados Unidos y Europa. En enero de 2016 fue un entusiasta asistente al Foro Económico de Davos, y esa misma semana faltó a la Cumbre presidencial de la CELAC en Quito, aduciendo que tenía una costilla fisurada. América Latina, como ámbito estratégico de la inserción internacional argentina, no entra en su vocabulario político. Se siente cómodo en la Casa Blanca o visitando mandatarios europeos. Impulsó a la Argentina como sede de la Cumbre ministerial de la OMC (diciembre 2017) y del G20 (julio 2018), pero no propone allí ninguna posición conjunta con los demás países de la región ni los emergentes. Por estos motivos, no tengo expectativas en la presidencia argentina de la UNASUR”.
Por su parte, Francisco De Santibañes cree que si bien la Argentina necesita formar parte activa de todos las organizaciones regionales e internacionales de las que forma parte, creo que es en nuestro interés priorizar la CELAC al UNASUR. Mientras que  la primera involucra a toda la región -más el Caribe- la segunda nos limita a América del Sur. Esto último nos quita flexibilidad diplomática y nos priva de los beneficios económicos que traería una integración más amplia”. 
Mientras que Gonzalo Casais ensaya una tesis donde entiende que “es probable que la Argentina además utilice su presidencia en Unasur para avanzar con varios de estos desafíos. Por un lado, intentará alinear a los países sudamericanos en cuanto a la cuestión venezolana. Dado que Venezuela mantiene un número de aliados incondicionales tales como Ecuador y Bolivia, resultará complicado llegar al consenso que requiere la Unasur para decidir. A esta complicación se le suma que la organización fue el fruto de las negociaciones brasileñas por liderar la región sudamericana. En vistas de la existente situación brasileña deberá buscarse un modo por imponer un nuevo liderazgo pero que difícilmente remplazará al de Brasil en cuanto salga de la crisis. Por otra parte, la Argentina buscará utilizar a la Unasur para avanzar sus intereses comerciales ampliando la integración en infraestructura en la región. Sin lugar a dudas, uno de los mayores problemas de América del Sur es su declinante y atrasada infraestructura (más aún si se la compara con el sudeste asiático). El caso de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) es uno de los proyectos que el gobierno de Macri buscará resurgir durante su presidencia. Esta iniciativa comenzó buscando integrar la región a través de fuertes inversiones en la región para aumentar tanto el comercio intra-regional como inter-regional. La salida del comercio de la Argentina por Chile hacia el Asia-Pacífico es uno de los principales intereses del país. Sin embargo, un gran número de los proyectos de IIRSA están estancados hace años, ejecutando los presupuestos de la Unasur pero muy pocos han sido finalizados. Seguramente el gobierno de Cambiemos buscará hacer énfasis en la inversión en infraestructura a modo de mejorar la competitividad de las exportaciones nacionales frente a una política de reducción arancelaria y acuerdos de libre comercio.

Mercosur
Y en el tránsito eterno del proceso de integración en Sudamérica encontramos que el MERCOSUR no termina de dirimir sus diferencias internas mientras que, en otra dinámica, la Alianza del Pacífico abre otra perspectiva que debe leerse en clave geopolítica. En este tema, el académico Morgenfeld opina que “la Cancillería ha dado señales de acercamiento, pero qué Macri se mostró entusiasta, en 2016, en la convergencia con la Alianza del Pacífico. Sumó a la Argentina como observador, imaginando que sería un primer paso para firmar un TLC de gran alcance, como alguna vez fue el ALCA. El problema es que ganó Trump en EEUU y con ello cayó el Acuerdo Transpacífico (TPP), al cual Macri apuntaba a incorporar a la Argentina. Hoy propone un TLC Mercosur-Alianza del Pacífico y un acuerdo comercial Mercosur-Unión Europea, pero este tipo de acuerdos están muy cuestionados a nivel global, con lo cual tienen pocas chances de avanzar o ser ratificados”.
Por su parte, De Santibañes, Master en Relaciones Internacionales de SAIS Johns Hopkins de Estados Unidos, piensa que “junto con Brasil, la Argentina debe liderar la transformación del Mercosur en un tratado más parecido al de la Alianza del Pacífico. Hacer esto no sólo eliminará muchos de los inconvenientes que implica formar parte de una unión aduanera imperfecta, sino que también hará más factible una convergencia entre ambos bloques”.

China
El factor China también es una cuestión clave. En Argentina, la relación con China ha sido un foco muy protagónico en la política exterior, pero esto nos lleva a preguntar ¿qué sucede con los países de ASEAN? ¿Qué consideración tiene Uds, o sugerencia, con este bloque económico que representa un gran mercado para productos argentinos y donde tenemos resultados muy ventajosos en la balanza comercial?
En la mirada de Gonzalo Casais, la diplomacia argentina en materia de política exterior comercial de la Argentina, bajo el gobierno de Macri y la gestión de Faurie en Cancillería, una región clave es el Asia-Pacífico. Esta administración ha apostado a integrarse en las cadenas de valores globales y regionales a través de nuevos acuerdos internacionales, tales como un acuerdo con la Alianza del Pacífico. La AP le daría un camino más directo al mercado del ASEAN dado que estos países fueron relegados frente a China durante el gobierno de los Kirchner. Este acercamiento a los mercados del sudeste asiático prometería un impulso a las exportaciones argentinas agropecuarias dado que en este sentido ambas economías son complementarias. Sin embargo abriría el mercado argentino en materia de bienes de consumo donde las empresas locales no podrían competir contra las empresas asiáticas. Lo mismo sucede con la Alianza del Pacífico que si bien promete expandir el mercado para la industria agro-ganadera argentina pondría en riesgo la matriz industrial local. Aún más sabiendo que Argentina y el Mercosur son mercados altamente protegidos. Es difícil pensar que las industrias locales puedan competir con industrias mexicanas o con los tigres asiáticos. Antes que nada debería haber un mayor compromiso del Mercosur a bajar sus aranceles y eliminar las barreras no-tarifarias para entrar en un proceso de reconversión y adaptación de sus industrias para hacerlas más competitivas en el mercado global”.
En analista y miembro del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, Francisco De Santibañes cree que “la mejor manera de fomentar el intercambio económico con la ASEAN consiste es firmar acuerdos comerciales. En este sentido, la transformación del Mercosur en un tratado de libre comercio -al permitirle a cada uno de sus miembros firmar acuerdos por su propia cuenta- nos permitiría afianzar nuestras relaciones con una región que tiene economías muy compatibles con la nuestra”.
Para el Doctor en Historia Leandro Morgenfeld, “más allá de la necesaria diversificación de mercados, el problema es qué se exporta y qué se importa. El modelo de vender materias primas o derivados, como la soja y el aceite de soja, e importar masivamente bienes manufacturados ya se ensayó en distintos momentos de la historia. Es un gran negocio para una minoría muy poderosa, pero que deja afuera a millones de argentinos. Es volver a la “Argentina granero del mundo” del primer Centenario, sólo que ahora se habla de ser el “supermercado del mundo”. Más allá del marketing, es una inserción internacional dependiente, que profundiza la desindustrialización e impulsa un esquema extractivista que depreda el medio ambiente y sólo incorpora a la actividad económica a un sector minoritario de la población”.

Trump y el contexto global
Y finalmente, sobre el contexto internacional, alguna referencia a la participación en el G20, Trump y la región.
Aquí el autor del libro “Argentina & Claves para una integración Estratégica”, Francisco de Santibañes considera que…”la Argentina debe aprovechar la presidencia del G20 y la organización de su cumbre en Buenos Aires para instalar en la agenda internacional temas que favorezca tanto los intereses de nuestro país como los de América latina en general. En este sentido, sería conveniente defender el multilateralismo, ya que un mundo en donde las grandes potencias negocien de manera bilateral perjudicaría nuestros intereses. 

Por su parte, Morgenfeld opina que “Trump es un síntoma del creciente descontento con la globalización neoliberal. Todavía no se salió de la crisis económica internacional que empezó en 2007-2008. Todavía no sabemos cómo va a impactar Trump hacia adentro de Estados Unidos y tampoco hacia afuera. Estamos en un momento de mucha incertidumbre. En la región, las derechas no lograr establecerse con fuerza y dar por terminado con el “ciclo progresista”. Enfrentan estancamiento económico, tensiones sociales y protestas políticas. Trump las descolocó. Hoy la región no tiene un claro proyecto hegemónico. En cuanto al G20, en 2018 tendrá por primera vez su cumbre presidencial en la Argentina. Vendrá Trump? ¿Cómo impactará eso en la política doméstica, teniendo en cuenta el nivel de rechazo que genera? Son preguntas que ordenarán el debate sobre la inserción internacional y la política exterior argentina en los próximos meses”.
Para el académico de la Universidad Católica Argentina, Gonzalo Casais, “hay que comprender que este no es el mundo para el cual Macri se preparó. Durante los 12 años de gobierno del Frente para la Victoria, el gobierno argentino había optado por una inserción internacional que no privilegiaba a Europa o América del Norte, sino que ponía el acento en forjar alianzas económicas con los mercados emergentes. Esta posición se fue consolidando lentamente en un contexto en que América Latina giraba a la izquierda y con mayor énfasis luego de la crisis del 2008 que sumió a los países desarrollados en la Gran Recesión. Sin embargo, desde 2015 las economías centrales han vuelto a crecer y, si bien a una menor tasa que en el pasado, parece que lo peor de la crisis ha quedado atrás. Al mismo tiempo, los mercados emergentes comenzaron a toparse con inconvenientes macroeconómicos, empezando por la desaceleración china y la crisis político-económica brasileña que sacude a la región. Esto hizo más atractivo un acercamiento a las potencias industriales tradicionales. Macri, durante su campaña, promovió el acercamiento con Europa y Estados Unidos, mostró su compromiso con la democracia liberal y su creencia en los beneficios del libre comercio y la globalización. Las visitas de Obama, Hollande y Renzi a la Argentina a comienzos de 2016 convalidaron esta visión, momentáneamente. Desafortunadamente para Macri, el segundo semestre de 2016 trajo consigo una serie de sorpresas que materializaron el descontento preponderante en los países desarrollados y llevaron a un viraje de los vientos políticos: el triunfo del Brexit en Gran Bretaña, el de Trump en Estados Unidos y el crecimiento de la popularidad de líderes iliberales en países como Francia, Austria y Holanda. Estos hechos han puesto en duda la sustentabilidad del orden internacional en el que Macri buscaba (re)insertar a la Argentina. En este contexto el nuevo Canciller Jorge Faurie deberá reordenar la política exterior argentina ateniéndose a los grandes desafíos que la región y el mundo le imponen”.

Reajustar la política sobre la cuestión Malvinas, donde los interrogantes que surgen desde hace tiempo por la salida del Reino Unido de la Unión Europea y con la obligada mirada a ver los pasos de España por Gibraltar, son otro capítulo que desarrollaremos en un próximo artículo. Medir aún cuanto puede afectar a Argentina la inestabilidad y el atascamiento en Brasil también será asunto de análisis en un futuro próximo. Con la información y las opiniones que nos acercan estos tres expertos bien podemos concluir que para la nueva etapa de la Cancillería argentina con Jorge Faurie a cargo, hay mucho por hacer.

Por Martín Pizzi
Relaciones Internacionales UCASAL

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