Desde la red de alianzas con think-tanks y expertos en diferentes capitales del mundo, la colaboración desde Moscú, el testimonio de la investigadora Dra. Anna Protsenko del Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias de la Federación Rusa. Una primera parte de sus reflexiones sobre el sistema internacional, el rol de Rusia como actor global y los temas de agenda de América Latina en clave geopolítica. El enfoque de la académica Anna Protsenko gira en torno al concepto de multipolaridad en el sistema de gobernanza, buscando qué enseñanzas nos arroja el pasado para comprender de los interrogantes del presente; sobre estos ejes conoceremos algunas ideas de cómo piensa un referente intelectual que lidera un grupo de investigadores en Moscú.

Pregunta: Estamos atravesando la segunda mitad de la primera década de este siglo, donde el actual sistema de gobernanza presenta una irreversible tendencia multipolar. En la palestra internacional ya no existe un solo centro de poder que monopolice la toma de decisiones, los actores emergentes buscan mayor protagonismo. Pero en este modelo de gobernanza, los bloques y alianzas regionales han sido una dinámica en ascenso. ¿Qué opina Ud. sobre Sudamérica, sobre rumbos de su proceso de integración y con visiones opuestas como el MERCOSUR y la Alianza del Pacífico?
Anna Protsenko: es un planteo muy inteligente, pero  desde mi punto de vista  tiene varios temas entrelazados en sí mismo. Por un lado, separaría el tema del orden mundial o sistema internacional y su configuración contemporánea. En segundo término identificaría el nuevo regionalismo y el papel de las regiones en el sistema de las relaciones internacionales. Por último sumaría un tercer asunto, el proceso de la integración latinoamericana, su dirección de desarrollo, profundidad, apertura y los avances hasta el presente.
El sistema de las relaciones internacionales atravesó diferentes formas en su configuración en distintos momentos hasta su curso actual; así lo vemos como proceso histórico en su continuidad. La opinión tradicional académica nos sugiere el punto de partida con la Paz de Westfalia (1648) hasta el “nuevo sistema” (1991), después de la caída de URSS. También es cierto observar este proceso como un seguimiento de eventos que diseñan sistemas diferentes, que van desde la superación de las grandes crisis hasta el tránsito por fase bélica de los conflictos; etapas donde los poderes principales hacían cambios cruciales en el arreglo internacional, de los cuales representaba el nacimiento a un nuevo sistema y la esperanza para los participantes al equilibrio y paz duradera.
En el proyecto científico y de investigación que nuestro Instituto dedica con el objeto de definir y desgranar los códigos geopolíticos de Latinoamérica[1], nuestro grupo de expertos apoya la idea de empezar la periodización antes de los tratados de Westfalia. Con base en el enfoque geopolítico y el ejemplo desde el concepto regional, donde es importante recordar que existía una división de los poderes sobre un gran territorio, esferas de influencia sobre grandes espacios del Nuevo Mundo, y con eso fue creado un código de las reglas del juego por el Tratado de Tordesillas (1494) entre España y Portugal. El enfoque de la disciplina de la geopolítica nos permite hablar precisamente sobre las épocas geopolíticas, que podrían reemplazar y ampliar  la periodización existente de los sistemas de las relaciones internacionales. En gran medida, este enfoque ayuda a superar la visión eurocentrista, con atención prestada solo a una región del territorio europeo como eje de diseño de la arquitectura global y analizar el desarrollo de las relaciones internacionales en el sentido literal más amplio.

Regresando a los tiempos más cercanos, el inicio del “nuevo sistema” representa un asunto clave de la discusión sobre las contribuciones que la academia debe aún desarrollar para entender su configuración. Como todos conocen, este “nuevo sistema”, por referirnos al orden global que prevalece en el presente, tiene sus características especiales si los comparamos con etapas anteriores. Y la diferencia principal está en que cada cambio del sistema antes surgía como resultado de una gran guerra, tras la cual seguían las demarcaciones y delimitaciones de las fronteras. Como en 1991 la descomposición de la URSS ha borrado uno de los dos polos de poder del sistema bipolar, luego sucedieron los cambios de las fronteras en Europa (Checoslovaquia, Yugoslavia). Este tránsito del sistema tiene sus ventajas y desventajas. El mayor logro está en que hemos evitado la guerra mundial, aunque los pesimistas dicen que la hemos atrasado para más tarde.
Este “nuevo sistema” del presente ha transitado por abruptas y forzadas adaptaciones hacia el “mundo unipolar” con todas las herencias de la bipolaridad (existencia de OTAN, la pendiente reforma de la ONU y del Consejo de la Seguridad, en particular, exclusión de Cuba de la OEA y embargo económico de La Habana entre otros ejemplos).
Todo la autoconfianza y el auto convencimiento de los EEUU en su liderazgo mundial y su papel excepcional para encabezar el sistema internacional, que fuera confirmado una vez más en el Discurso del Estado de la Unión por Barak Obama en enero de 2016, expone la configuración unipolar que exige una enorme responsabilidad y alto costo por ocupar este protagónico espacio en concepto de “desgaste”. Paralelamente, reconocemos que este formato unipolar está generando reacciones, como es el caso de un reagrupamiento de otros miembros de la comunidad internacional que buscan equilibrar esta preponderancia del poder, ya sea en forma individual o en forma de bloques.
Otra característica que podemos identificar del “nuevo sistema”, pese a su gran complejidad de los procesos contemporáneos, es que las problemáticas sobrepasan las fronteras nacionales y se convierten en los retos para el mismo concepto de soberanía de cada  Estado. Es decir, nos referimos al concepto “transnacional” de los problemas y la segmentación de los mismos. En este mundo inter-conectado e inter-dependiente, los poderes estatales intentan tener control sobre la expansión de los medios de comunicación, transporte, del comercio digital, del lobby de compañías y bancos multinacionales. Los Estados se ven sobrepasados frente al crimen organizado transfronterizo, el crecimiento de violencia, los ataques cibernéticos. Mientras, vemos cuán alto es el desafío para los Estados el tema del surgimiento de las agrupaciones terroristas dentro de las propias fronteras y territorios interestatales, como en caso del autodenominado Estado Islámico. Señales como estas, son ejemplos donde hay varios ejemplos de fracaso de la gobernabilidad, el caso más representativo es el concepto de los “Estados fallidos”; con instituciones estatales débiles y la aparición de las inestabilidades regionales (como por ejemplo la situación en Medio Oriente). Este “nuevo orden” global está obligado a convivir con la evolución del concepto de la guerra, que se ha cambiado drásticamente, llevando a complejizar hasta incluso la misma definición y clasificación tradicional de las guerras internas o civiles, y las guerras interestatales. 
Los procesos de la globalización ofrecieron nuevas oportunidades para los ciudadanos y las empresas, pero estos riesgos de carácter transnacional han significado que este “nuevo orden” tenga elevado nivel de amenazas para la gobernabilidad a niveles desconocidos hasta hoy.
Este entorno actual, abre elementos para disparar la pregunta que circula en el ámbito de analistas y académicos internacionales, ¿hoy día hablamos sobre orden internacional, o más bien hemos enfrentado un desorden completo?
Compartiendo con los lectores hispanoparlantes consideraciones e interrogantes que están presentes en el ambiente académico en Moscú, es pertinente saber también: ¿cuántas visiones del orden internacional existen ahora? ¿Seguimos siendo separados por Estados e intereses nacionales, o avanzamos poco a poco hacia una convergencia en los valores comunes que abraza mayoritariamente toda la humanidad? ¿O bien nos une la existencia de amenazas compartidas que empujan a colaborar y trabajar en conjunto entre las naciones y estados?
En mi opinión, lo que está claro es que el nuevo sistema internacional es único, porque por primera vez es verdaderamente internacional y acoge todas las regiones del mundo. Pero indudablemente, el sistema actual ya ha superado el momento de la unipolaridad y está avanzado hacia la configuración multipolar o, en otros términos, policéntrica. 
Este tránsito hacia un nuevo esquema de organización del sistema internacional abre las preguntas: ¿qué centros de poder identificamos en el nuevo sistema? ¿Quién decide y quién toma decisiones, cuando se trata de los desafíos sobre el arreglo internacional contemporáneo? ¿Cuál es el papel de las regiones en el sistema, tomando en cuenta el concepto de nuevo regionalismo y la idea de “nuevas regiones” (Rise of New Regionness – del sueco Bjorn Hettne).
A mi juicio, tiene sentido la idea de H. Kissinger, quien escribió en 2014 que el orden mundial estará compuesto como orden entre las regiones y orden para relacionar y coordinar a los espacios regionales, esto será una meta principal para alcanzar la estabilidad. Por ello, revisten especial interés los eventos del presente con la dinámica de conformación de alianzas regionales, porque se ha acelerado la forma en la que se arreglan y se organizan los sistemas regionales. En el caso de Sudamérica, el sistema regional ha experimentado unos cambios estructurales, entre ellos yo llamaría el pendiente ajuste de la OEA a las nuevas realidades; la disfunción del tratado de TIAR y salida de México de este; el regreso de Cuba al sistema Interamericano y las nuevas iniciativas de los países latinoamericanos (Comunidad Sudamericana de Naciones, UNASUR, CELAC).


Con fuerte base de valores compartidos, la Integración latinoamericana tiene  en de fondo una de las ideas o conceptos que se conocen como “pan-regiones” en el mundo; la idea de pan-americanismo. Concepto que tiene historia en su implementación desde ALALC y MCCA hasta el MERCOSUR. La Alianza del Pacifico es una agrupación interesante, la cual, a mi juicio, representa más bien un modelo de cooperación para el desarrollo común de los países latinoamericanos, que pertenecen a la Cuenca del Pacifico, con la orientación hacia la región Asiática, la cual parecía ser el promotor del desarrollo económico mundial incondicional hasta el declive del crecimiento de China. 
La integración latinoamericana ha navegado por décadas en la contradicción esencial de los conceptos históricos entre regionalismo, nacionalismo y soberanía nacional. Por eso diría que en la región funcionan los grandes proyectos interestatales, existen las metas ambiciosas de la integración pero en el fondo representan diferentes niveles de la cooperación intergubernamental e interestatal. Siempre con las dificultades de pasar concretamente de la cooperación a la integración, pese a que esto último podría dar frutos en el largo plazo, pero tiene su costo y necesidad de ceder parte de la soberanía nacional hacia las estructuras supranacionales. Este proceso también requiere un consenso sobre el liderazgo y representación de la región en el sistema, todavía no alcanzado.
Los datos económicos del PIB dicen que los dos líderes de mayor peso comercial en la región son Brasil y México.  
Brasil y México, como las economías grandes de Latinoamérica han tenido ambiciones de liderar procesos políticos en materia de integración, pero no podemos considerar éxitos en la historia latinoamericana; Venezuela, Cuba y Argentina han cumplido un rol clave en diferentes circunstancias para marcar un contrapeso y han contribuido a definir un rumbo para la región, algo que todavía es un asunto pendiente. Mientras que los pequeños países de Centroamérica ya han tomado su decisión y optaron por la estrategia de un grupo y estar representados como bloque, algo que se ha logrado con ayuda de la proximidad y característica regional.
Los intentos de liderazgo a base de una concepción ideológica entre los cuales destacaría proyecto Cubano y Alternativa Bolivariana de Venezuela (ALBA), expusieron su debilidad. Sigue abierta la pregunta sobre el liderazgo en el sistema regional. Para terminar, menciono solo que parece interesante, que entre los dos gigantes económicos regionales, Brasil se sintió la necesidad de un respaldo del grupo en 1991 con la creación de Mercosur, lo que le apoyo en gran sentido durante las negociaciones sobre ALCA, pero también ejercía su propia política exterior pro-activa en la escala mundial (especialmente durante el mandato de presidente Lula da Silva); México, en su vez, desde el 2011 opta por cooperación para el desarrollo de un grupo de países de la región, con eso firma su interés en asuntos Latinoamericanos y en diplomacia del grupo. En Moscú mucho se observa del proceso de integración en América Latina en categoría: asuntos pendientes.

CONTINÚA EN PARTE DOS: http://equilibriumglobal.com/reflexiones-sobre-un-mundo-multipolar-opinion-de-anna-protsenko-desde-moscu-parte-2/

Desarrollo & Contenido
Vanina Soledad Fattori

[1] El proyecto(№15-37-01216) “La influencia de los códigos geopolíticos a la formación de la estrategia de la política exterior y comercio de los países latinoamericanos en el mundo policéntrico y la construcción de las relaciones con Federación de Rusia de largo plazo”  realiza el grupo de los investigadores con apoyo financiero de la Fundación Científica para las Humanidades de Rusia (RFH – por las siglas en ingles http://www.rfh.ru)

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