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¿Será el asunto Crimea el suceso más trascendental de la geopolítica del 2014? Seguramente sí, ha sido un año en el que se han corrido las fronteras. Podemos tomar la expresión del medio alemán Der-Spiegel, para definir en pocas palabras una reflexión muy certera que resume lo acontecido: “El año que Europa perdió a Rusia.”[1] El asunto Crimea ha estado bajo la mirada de todos los líderes políticos, de la prensa internacional y de los asesores de seguridad, ocupando un lugar irremplazable en cualquier análisis de geopolítica 2014. Con la crisis en Ucrania se ha vuelto a traer en debate si el presente se remonta, o no, a la configuración de poder de tiempos de la Guerra Fría.
Cerrando un convulsionado 2014 podemos contabilizar diferentes capítulos sobre los efectos de Crimea, uno de ellos, el trascendental suceso de derogar la ley que mantenía al país bajo neutralidad militar, un factor que definitivamente marcará la agenda geopolítica del año próximo.
Crimea ha sido una disputa en el marco jurídico, en la esfera militar y geopolítica, pero también ha sido una “guerra de comunicación”; las acusaciones han sido mutuas, las partes ha desplegado sus estrategias argumentativas para luego revalidar sus posturas, manteniendo posiciones rígidas al momento de negociar concesiones.
Es oportuno aclarar que el objetivo de este artículo no es el de profundizar sobre la raíz del conflicto, siendo que no podemos dejar de lado el factor histórico que entrelaza a todos los actores involucrados, pero sí dejar disparadores para re-pensar lo acontecido en Crimea durante este año, siendo un conflicto que ha manifestado la preeminente vigencia de la geopolítica en el sistema internacional. Tal como venimos expresando en Equilibrium Global y como remarca nuestro Director Académico, Dr. Alberto Hutschenreuter, la geopolítica nunca se fue, de hecho, esta puja interestatal entre Rusia y Occidente la reinstaló en el centro de las relaciones internacionales, siendo un factor clave para comprender la dinámica del conflicto.[2]

Europa y una mirada errante hacia Rusia
Han sido 12 meses donde Europa ha tenido fallas en su diplomacia, cometiendo algunos errores de cálculos y subestimado la capacidad de respuesta rusa.  Considerando que este fue un año de transición para las autoridades europeas, el asunto Crimea ha significado una “piedra en el zapato” para el nuevo Alto Representante de la Política Exterior del bloque comunitario; Federica Mongerini asumió heredando una crisis, con un alto movimiento de tropas en la frontera rusa, con un territorio anexado a Rusia y con una Ucrania ya partida. Tras cinco años de mandato de la baronesa Catherine Asthon, la italiana Mongerini es ahora quien tendrá, entonces, la difícil tarea cumplir con una de las aspiraciones del Tratado de Lisboa: hacer que Europa tenga una sola voz. En este contexto de recambio de autoridades y, por lo tanto, de balances, se optó por emprender una postura política que sólo trajo magros resultados al medir el detrimento que ha sufrido la relación con Moscú, una relación categorizada, por gran parte de los editorialistas, como pésima. Por consiguiente, una conjetura generalizada en los observadores internacionales es que, estas fricciones en el espacio post-soviético conllevaron a que las relaciones entre Moscú y Washington cayeran al más bajo nivel desde la época soviética.
Hablar de Europa y de la crisis en Ucrania nos lleva a un suceso que no podemos obviar y que quedará en la memoria de los europeos, aquel Noviembre del 2013 cuando en la Cumbre de Vilnus Yanukovich dijo No a la Unión Europea, instalando momentos de incomodidad en el viejo continente, puesto que las autoridades de Bruselas se vieron obligadas a dar explicaciones de la mala gestión tras la fallida firma al documento que rubricaba el proceso de integración al bloque económico. Como respuesta a este escenario con aires de fracaso, alentaron al ala pro-occidental de Ucrania sin predecir geopolíticamente lo que Rusia podría dar como respuesta. A los pocos meses, con el movimiento del “EuroMaidán” de por medio, llegó el referéndum de Crimea.SEBASTOPOL
Bruselas ha tenido una alta responsabilidad con lo acontecido a través de su apoyo al “EuroMaidán”, impulsando el cambio de régimen político debido al “No” de Yanukovich hacia la Asociación Oriental europea. Este estímulo al cambio de color político no sólo incrementó la inestabilidad social e institucional del pueblo ucraniano, generando caos y violencia, producto del agite de quienes buscaban “la libertad y los valores occidentales”, sino que también materializó el objetivo de alterar las circunstancias para conseguir la deposición del pro-ruso Yanukovich del poder.
Desde el inicio y desenlace de este latente conflicto, Europa pudo contabilizar a su favor que ha tenido una posición uniforme, pero siguiendo, una vez más, las directrices de Washington, sin poder lograr un margen de maniobra autónomo. Las intensión última era contrarrestar la esfera de influencia de Moscú, un resultado que no se ha podido alcanzar con éxitos en materia de geopolítica, o sino miremos el desenlace final de Crimea y la crisis actual en el Este ucraniano. Por consiguiente, la Unión Europea podía estar bien preparada para cooperar y dar apoyo a la parte pro-europea que se inclinaba políticamente a favor de Occidente, potenciando el efecto Maidán, pero no estaba preparada para contener semejante respuesta rusa, que sin activar el fuego de sus tropas sobre los civiles, logró obtener la anexión de Crimea mediante el voto de decisión popular que otorgó legitimidad a la anexión, pero que a su vez dejó un profundo debate acerca de su legalidad jurídica. En su momento, varias oficinas diplomáticas en el mundo se movilizaron por comunicar “advertencia”, explicando que este antecedente abría una “caja de Pandora”, dejando instalada discusiones en todo el mundo sobre el efecto que podían ocasionar los “referéndum”, pero lo cierto es que esto no ha traído grandes consecuencias, ni los “miedos” se han validado como en otros Estados que tienen población rusoparlante.
Entonces, ¿quién administró peor esta crisis? ¿Europa, Washington o Moscú? La respuesta dependerá de dónde nos paremos para leer el conflicto, sin embargo, no podemos dudar al decir que Bruselas no ha brillado en gestionar acertadamente un plan de solución; al menos no supieron prevenirla. Pero ¿qué hay de la propia Ucrania? Con la anexión de Crimea a la Federación Rusa, la diplomacia ucraniana se vio obligada a salir al mundo a justificar su posición sobre esta península a través de mecanismos jurídicos y políticos. Sobre este escenario, Occidente ha develado un juego de doble rasero de acción, puesto que, como suele suceder, según la ocasión y los costos-beneficios, los derechos de autodeterminación valen para algunos pueblos, pero no para otros, varía según el nivel de conveniencia.
Por otra parte, lo acontecido ha llegado a tal nivel que hoy Bruselas se encuentra atada a una nueva crisis, siendo que no puede desatender ni disminuir su apoyo a Kiev. No por casualidad se implementaron las políticas de aislamiento y de sanciones económicas en contra de Moscú, acompañadas de los intereses de Washington, para debilitar la influencia rusa. Estas medidas producen, al mismo tiempo, consecuencias negativas en las empresas y desarrollo de negocios de Europa con Rusia. Hablamos de una disputa que involucra a múltiples actores, por lo tanto, sin Rusia la crisis no se puede resolver. Esta decisión de castigar económicamente a Moscú produce mayor hostilidad, entorpeciendo la recuperación económica y la construcción de una  relación estratégica para planificar inteligentemente un canal de diálogo fructífero entre Unión Europea y Rusia.
Sin embargo, cuando hablamos de las sanciones pensamos a nivel estatal y no tomamos dimensión de que las mismas afectaron y afectan, en simultáneo, al bolsillo del propio ciudadano. El pasado 18 de Diciembre hemos visto que el Consejo Europeo se ha reunido para debatir acerca de un nuevo paquete de medidas que penalizan las decisiones rusas, finalmente fueron aprobadas, afectando a aquellos civiles que no se sienten nacionales ucranianos. Con ello, hacemos referencia a aquellos espacios que han llevado adelante pedidos y procesos de anexión a la Federación Rusa, discutidos por su legalidad y legitimidad, razón por la cual son esos ciudadanos quienes están bajo el foco de atención de Bruselas.

Un conflicto estancado
La forzada dimisión de Yanukovich para dar lugar a nuevas elecciones que pusieron al magnate Petró Poroshenko en el poder y las medidas económicas coercitivas de Unión Europea, han dejando instalado un escenario de escisión, configurando un clivaje de mirar hacia un lado u otro, adquiriendo mayor rigidez las posturas contrapuestas y por lo tanto dejando desactivada la opción flexibilidad para buscar concesiones que marquen una solución en las rondas de negociaciones. De esta forma, queda planteado un juego de suma cero, donde ninguno querrá ceder sus intereses, porque lo que pierde uno es victoria para el otro.
Crimea terminó por eliminar la posibilidad de que Ucrania pueda ser un puente entre Este y Occidente, viéndose obligada a pertenecer a una influencia u a otra. Hoy ya no quedan dudas al respecto, basta con mirar la votación parlamentaria que determinó el fin de la neutralidad para dar cuenta del destino pro-europeo al que aspira Poroshenko. El deseo de acercarse a la OTAN provoca una mayor división del país, incrementando el nivel de rivalidad. Un acontecimiento declarado por la diplomacia rusa como un factor de amenaza directa contra Rusia y que por lo tanto no contribuye a solucionar el conflicto. Su Ministro de Exteriores, Serguei Lavrov, fue contundente y categórico en sus palabras: “Hay unos pocos países occidentales que quieren la crisis en Ucrania para mantener y aumentar el enfrentamiento entre Ucrania y Rusia, a través de iniciativas de provocación como la posible membresía a la alianza atlantista.”[3]
En consecuencia, los intereses en conflictos que están en juego, las fricciones políticas-diplomáticas, las tomas de decisiones que transmiten un claro mensaje de endurecimiento de posturas, nos conducen a comprender el por qué hoy hablamos de un conflicto estancado o encerrado en un callejón sin salida. Un enfrentamiento que al comienzo parecía ser temporal pero que finalmente terminó siendo continúo y, por ahora, sin fin. La diplomacia pareciera no encontrar los caminos para salir de esta situación; un indicador de ello, la falta de resultados generados en las reuniones de Minsk.
Analistas encuadran el caso Ucrania como parte de un conflicto transnacional y como tal, todos los actores involucrados en sus intereses deberían formar parte de esas mesas de negociaciones. Es crucial hacer hincapié en la falta de avances, puesto que Kiev cierra un año dramático: 5.200.000 personas fueron afectadas por el conflicto; hubieron 10.322 víctimas fatales, incluyendo 102 niños; 542.080 desplazados internos; 597.956 refugiados y solicitantes de asilo fuera del país. Dentro de estas tristes cifras, 4.700 es el número total de víctimas en el Este, siendo 1.300 los fallecidos desde aquel débil alto al fuego del mes de Septiembre.[4] Definitivamente, para quienes viven específicamente en esa región oriental, la tragedia no parece haber terminado, las hostilidades se mantienen con intensidad.
No sólo se trata de dar a conocer estadísticas, por lo contrario, es bajar a la realidad las consecuencias de la preocupante situación, ocasionada por el enfrentamiento entre la insurgencia de los pro-rusos, dotados de un poderío militar considerable, y el Gobierno de Kiev, quien ha tenido que llevar el ejército a las calles para pelear, siendo los civiles los mayores perjudicados.
En consecuencia, cuando hablamos de Ucrania hacemos referencia a la revalorización de la geopolítica en el sistema internacional, pero también estamos haciendo mención a un caso más donde que la diplomacia fracasa en la búsqueda de resolución pacífica, prevaleciendo el poder por sobre el deber.

Arquitectura en movimiento
Y qué es el asunto Crimea sino un claro ejemplo de que la arquitectura del mundo se va moviendo. En el cierre del 2014, el año en el que se movieron las fronteras, Ucrania busca redoblar sus esfuerzos para impulsar el ingreso a la OTAN.
Aquí resulta conveniente tener presente algunos datos, la relación cercana entre OTAN y Ucrania se remonta a la Carta de 1997 donde se establecía la base formal de la relación sobre una Asociación Específica que había establecido la Comisión OTAN-Ucrania (NUC) y luego posteriormente en el 2009 con la Declaración firmada a los fines de complementar esa Carta. Con los años, ambos han ido reforzando el diálogo político y la cooperación práctica a través del Programa Nacional Anual de Ucrania, un aspecto que se intensificó con el inicio del conflicto.Sebastopo.3
Es importante traer a colación una serie de tomas de decisiones ucranianas para comprender cuan significativo es la de decisión de dejar la neutralidad. Recordemos, el presidente Víktor Yushchenko, el entonces ganador de las elecciones 2005 respaldado por los EE.UU., quiso impulsar una política para que su país se uniera a la alianza militar occidental, pero no tuvo éxito ni acompañamiento. Posteriormente, su sucesor ganó en el 2010 la aprobación legislativa para promover la no alineación y ordenar la no participación de Ucrania en alianzas político-militares. Con el actual escenario de preocupación, tras meses y meses de conflicto, con civiles que padecen la violencia diaria en el Este y con el giro político gubernamental de la mano de Poroshenko, la Rada de Ucrania derogó esa ley del 2010, abandonando legamente la neutralidad y allanando los caminos que puedan conducir a una anexión formal a la OTAN. El presidente expresó una decisiva frase para no dejar dudas acerca de la postura que busca mostrar Kiev al mundo: «Finalmente, hemos corregido un error».[5]
Esta medida no significa que Kiev vaya a ser automáticamente miembro pleno de la OTAN pero si le será funcional para tener a su disposición un útil aliado estratégico para un territorio en donde Rusia pisa fuerte.
Ahora, con la derogación de la ley si será seguro que se intensifique el mencionado Programa Nacional Anual para el sector de defensa y seguridad a través de programas de desarrollo de capacidad y de creación de capacidad que, a su vez, será potenciado con nuevas iniciativas importantes. En este contexto, aliados pondrá en marcha nuevos programas con un enfoque de comando, control, comunicaciones y computadoras logística y normalización, ciberdefensa, transición de carrera militar y comunicaciones estratégicas.[6]
Sin embargo, no olvidemos que Ucrania mantiene una guerra contra los separatistas pro-rusos en el Este, tiene una economía en ruinas y una crisis a multinivel, de modo que aún tiene mucho por trabajar para lograr la estabilidad que dé luz verde a la adhesión, por ello hablamos de un deseo que busca fortalecer Kiev pero que le llevará un tiempo poder formalizar.
Sobre esta cuestión, si bien el propio subjefe del Estado Mayor ucraniano, Valeriy Chalyi, expresó que el ingreso a la alianza atlantista no es una prioridad de agenda,  Ucrania sabe que es una meta a alcanzar, también sabe que para ello deberá de transitar por una serie de reformas para encuadrar en los criterios y requisitos de adhesión.[7]
Aunque desde una primera observación consideremos que el posible ingreso o una alineación de facto podría ser de utilidad para Ucrania a los fines de hacer frente a Putin, también surge otro panorama, en caso de unirse a la alianza podría generar un dilema de seguridad, en referencia a incrementar niveles de tensión, puesto que en caso de materializarse un enfrentamiento, Ucrania padecería de consecuencias desastrosas, peores de las que tiene hoy. Como dice el Primer Ministro Dmitri Medvedev: “una solicitud de ingreso en la OTAN por parte de Ucrania, la convierte en un enemigo potencial de Rusia”.[8]
Una lección que debe tener en cuenta Ucrania
Tras lo expresado en estas últimas líneas, Kiev no debería olvidar lo sucedido con Georgia, en el 2008 los georgianos esperaban la ayuda estadounidense con el envío de tropas y/o soporte militar para enfrentar a Rusia en la guerra. En ese entonces, Tbilisi aprendió una lección que debería tener en cuenta Poroshenko: si bien el presidente George W Bush estaba dispuesto a realizar visitas al terreno, mostrar atractivas garantías a Saakashvili, no estaba dispuesto a luchar y combatir en nombre de Georgia. De este modo, Kiev no deberá ignorar que depender de la seguridad otorgada por actores externos no siempre resulta ser un reaseguro o factor de garantía. Ante un choque bélico, los estadounidenses y europeos pondrán primero en valoración sus propios costes por sobre los beneficios que ellos le puedan generar a Ucrania, por lo tanto,  la disposición de despliegue y margen de acción que puedan tener los aliados occidentales jugará un papel importante a la hora pensar en la adhesión, puesto que el país de Poroshenko siempre quedará en desventaja por su posición geográfica y actual situación de crisis.
Aunque vimos a funcionarios occidentales “coquetear” con Kiev, generando un clima de promesas y optimismos, a lo largo del conflicto se evidenció otra realidad, finalmente el apoyo práctico proporcionado ha sido limitado; la transferencia financiera para la búsqueda de una recuperación ha sido “modesta”, dentro de los parámetros que se anhelaban; la espera por las tropas de despliegues nunca llegaron; y la existencia de un pobre soporte de instrumento militar para contrarrestar el poder de los pro-rusos del Este.
Podemos decir que presenciamos un contexto de mayor militarización en las fronteras entre tropas rusas y de la OTAN; sobre ello, los asesores de seguridad de los Estados europeos pueden revalorizar toda hipótesis de conflicto, pero lo cierto es que a lo largo de este 2014 la política de disuasión emprendida por la OTAN no arrojó los resultados deseados.
En consecuencia, con este clima bélico y a la luz de los hechos, pocas expectativas positivas podemos tener para esperar que prosperen los acuerdos de Minks hacia la primera parte del 2015. Más allá de un primer arreglo, quien puede tener expectativas sobre la “reconciliación” en el corto plazo, tan necesaria entre ciudadanos del Este y el Oeste de Ucrania con los ciudadanos de Kiev con los de Simperófol, algo que puede durar décadas.

Crimea es factor de geopolítica
El mundo da cuenta de una crisis de diplomacia y de liderazgo, con vestigios de un estancamiento económico por resolver y con la búsqueda de un reajuste en el sistema de gobernanza, mediante un formato más representativo que haga resonancia de todas las voces. Transitamos hacia un irreversible proceso de sistema multipolar, teniendo un eje de atracción comercial que gira hacia Oriente. Simultáneamente, ése mismo mundo da cuenta de pujas geopolíticas, con disputas de poder que potencian las complejidades de los escenarios futuros.
Seguramente, con Ucrania podamos observar los por qué es importante contabilizar en beneficios que un presidente sea afín a los intereses de un actor foráneo; se puede lograr que el país cambie de “estatus”, para que persiga la misma la perspectiva que adopta el mismo. Pero la pregunta que deberíamos hacernos es para quién es beneficioso o bien, repreguntarnos si una dependencia como tal puede realmente ser definida como un indicador que contabilice positivamente, puesto que siempre se buscará tomar ventaja de la situación.
Tras el golpe de Estado que derrocó a Víktor Yanukovich en el 2013, terminamos por definir que el destino de Ucrania no se decide en Kiev: hoy, el país está caminando por la cornisa de la bancarrota, con una situación económica muy preocupante, algo que, inevitablemente, la hace dependiente de fuentes de financiamiento externo. La historia nos muestra cuán complicada es su posición geográfica por simplemente ser un canal entre Occidente y Rusia, por estar en el medio de una encrucijada geopolítica. Rusia y Europa son dos atores internacionales que a perpetuidad serán diferentes, no encontramos puntos de convergencias que puedan unir alguna esfera de intereses comunes a través de una posible línea de conexión Lisboa-Vladivostok.
Transcurridos algunos meses de lo sucedido, no cabe duda que, más allá de quienes consideran legal o ilegal, el asunto Crimea ha sido una lección para la comunidad internacional y una prueba para medir las capacidades del nuevo Secretario General de la OTAN, el ex Ministro noruego Jens Stoltenberg. Con la suerte ya echada, un escenario ya planteado y estrategias expuestas, son dudas más que confusiones las que prevalecen cuando estas autoridades políticas buscan responder a la simple pregunta de ¿y ahora cómo actuar? Cómo seguir con todo lo sucedido, con la mirada crítica de la prensa internacional hacia las tomas de decisiones, con el número de víctimas que arrojó y sigue arrojando el conflicto.
Muchas veces hemos leído y/o escuchado pensamientos que argumentan que Ucrania trae aparejado asuntos no resueltos desde la caída de la Unión Soviética, el 2014 ha sido un año para dirimir cuentas pendientes que aún quedaron sin resolverse, trayendo nuevamente al centro de la escena los no tan viejos debates de la geopolítica, siendo Kiev el protagonista.

Desarrollo Contenido
Vanina Soledad Fattori

[1] Der-Spiegel, “How the EU lost Russia over Ukraine.” http://www.spiegel.de/international/europe/war-in-ukraine-a-result-of-misunderstandings-between-europe-and-russia-a-1004706.html
[2] Equilibrium Global, “La geopolítica nunca se fue.” Dr. Alberto Hutschenreuter. http://equilibriumglobal.com/la-geopolitica-nunca-se-fue/
[3] The Telegraph, “Russia: Ukraine’s pursuit of Nato membership poses danger to European security.” http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/europe/ukraine/11313276/Russia-Ukraines-pursuit-of-Nato-membership-poses-danger-to-European-security.html
[4] Office of the United Nations High Commissioner for Human Rights, “Report on the Human Rights Situation in Ukraine – 15 December 2014.” http://www.ohchr.org/Documents/Countries/UA/OHCHR_eighth_report_on_Ukraine.pdf
[5] Forbes, “Ukraine wants to join NATO and fight russia us must say no and make Alliance an issue of security not charity.” http://www.forbes.com/sites/dougbandow/2014/12/26/ukraine-wants-to-join-nato-and-fight-russia-u-s-must-say-no-and-make-alliance-an-issue-of-security-not-charity/
[6] North Atlantic Trade, “NATO’s relations with Ukraine” http://www.nato.int/cps/in/natohq/topics_37750.htm
[7] The Huffington Post, “Russia NTO Ukraine nonaligned.” http://www.huffingtonpost.com/2014/12/24/russia-nato-ukraine-nonaligned_n_6377186.html
[8] The Guardian, “Ukraine angers Russia with landmark step towards Nato.” http://www.theguardian.com/world/2014/dec/23/ukraine-russia-nato-europe