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Estamos llegando al año 2015 y la fecha nos invita a reflexionar sobre algunos compromisos que ha tomado la comunidad internacional de cara al comienzo de un nuevo siglo. En el año 2000 se elaboró la conocida “Declaración del Milenio” en donde se pautaban ciertos objetivos principales para la agenda de la política mundial. La primera meta, fue justamente “erradicar la pobreza extrema y el hambre”.  De ese momento al presente muchas realidades han mutado, muchos problemas han encontrado solución, muchos otros no y también han aparecido nuevas demandas. Pero si hay un tema que existe desde que el hombre es hombre, y que en la puerta del 2015 tiene la misma deuda pendiente que tuvo en el 2000 y que tendrá en el 2050 es el tema del hambre.
Existe una tendencia a enfocar la problemática, desde un enfoque productivista relacionado a la cantidad de alimentos y la disponibilidad de los mismos , por ello cuando se habla del hambre a nivel mundial, se suele relacionar el fenómeno con la falta de alimentos, se culpa a los procesos climáticos como las grandes sequías o por su contrario las grandes inundaciones como responsables de la pérdida de alimentos; lo cual si bien tiene una cuota alta de responsabilidad también existen otros aspectos que deben ser discutidos al momentos de debatir que sucede con el hambre. Partiendo de considerar que desde 1945 la producción de alimentos se ha triplicado reflejándose en un aumento del 40% promedio por persona de mayor disponibilidad, queda claro que el problema del hambre responde a múltiples variables y no se puede ser reduccionista al momentos de enfocarlo solamente desde la producción de alimentos.
En ese sentido es interesante tomar los aportes realizados por Amartya Sen, quien publicó en su  libro llamado “Poverty and Famines”(1981) que “el hambre y la malnutrición no debían atribuirse necesariamente a la falta de alimentos disponibles”.  En ese sentido, reflexionó que  “se podía padecer hambre en momentos de gran prosperidad, cuando la renta de algunos grupos se mantenía demasiado baja mientras que la de otros colectivos aumentaba” razón por la cual concluye que “el hambre se debe a la precariedad, la marginación y la pobreza. (…) Es decir, tienen hambre porque carecen de recursos para acceder a una alimentación adecuada”.Humger5
Debido al significado que tiene el factor hambre a nivel mundial, y partiendo de la base que sin alimentación las personas no tienen posibilidad alguna de supervivencia y desarrollo; la comunidad internacional ha decidido considerar el “derecho a la alimentación” como un derecho humano y desde la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), ha comenzado a trabajar con los países para que incorporen en sus legislación el derecho a la alimentación. En ese sentido,  el reconocimiento de la alimentación como un derecho humano se torna vital para lograr una seguridad alimentaria sostenible a largo plazo.
De cara al 2015, la FAO ha realizado un informe sobre  “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2014”, en el cual plasma que según las últimas investigaciones unos 805 millones de personas atraviesan un estado crónico de subalimentación. De esta cifra, unos 791 millones viven en países en vías de desarrollo. Como tendencia comparativa, la FAO estima que el índice de subalimentación ha disminuido del 18.7% al 11.3% respecto al periodo 1990-92.  Pero esta tendencia no es representativa de lo que realmente sucede a nivel mundial, porque hay que diferenciar lo que dicho índices implican en cada una de las realidades, en especial las diferencias que hay entre los países más y menos desarrollados. Si bien la FAO establece que desde el periodo 1990-92 63 países han alcanzado la meta del primer objetivo del milenio respecto a la erradicación de la pobreza y el hambre; también es importante considerar que 11 de esos 63 países en desarrollo ya tenían tases de subalimentación por debajo del 5%.
Hasta aquí analizando la evolución de estos índices el panorama pareciera ser alentador porque muestran que va aumentado la “seguridad alimentaria” pero la pregunta clave es ¿Qué sucede cuando se centra el foco en las diferencias que manifiestan las regiones?. Respecto a ello, se señala que tal como se plasma en el mapa del hambre elaborado por la FAO, persisten marcadas contradicciones que justamente denotan la complejidad del tema en la agenda mundial. Por su parte, América Latina y el Caribe han logrado un progreso generalizado que no se logra plasmar en la realidad de África subsahariana y en Asia Occidental.

Mapa FAO

Fuente: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO)

De las presentes consideraciones, como primera conclusión se puede establecer que el compromiso político es condición sine qua non para la erradicación del hambre. En línea con ello, queda claro que el enfoque sobre el derecho a la alimentación debe incluir un visión integral que parta de considerar la necesidad de establecer políticas públicas que debatan el rol de las instituciones al momento de hacer cumplir la normativa y que incluyan el rol de las inversiones públicas y privadas para aumentar la productividad agrícola; un mejor acceso a los insumos, la tierra, los servicios, las tecnologías y los mercados; medidas para el fomento del desarrollo rural; protección social para los más vulnerables, incluido el refuerzo de su resiliencia ante los conflictos y los desastres naturales. Un segundo aspecto, es el económico relacionado a la necesidad de garantizar niveles adecuados de producción vinculados a la variable ambiental, que establezca un proceso productivo dentro de los términos del desarrollo sostenible para asegurar no solamente el consumo presente sino también el de las generaciones venideras. Por último, se señala una variable social,  que garantice el acceso y disponibilidad de los alimentos.
Por último, se señala que todos estos puntos, se engloban desde la visión de la “seguridad alimentaria” pero y también es importante considerar la necesidad de incluir en enfoque de la “soberanía alimentaria” en el debate de la aplicación al derecho de la alimentación, puesto que considera imperioso la autodeterminación de los pueblos al momento de determinar sus políticas alimentarias. Este debate, lo dejaremos para un próximo artículo porque merece una consideración aparte pero no se puede dejar de mencionar al momento de evaluar el cumplimiento del primer objetivo del milenio sobre la erradicación del hambre y la pobreza. El 2015 ya llega y la deuda del hambre sigue siendo uno de los temas más importantes de la agenda de política mundial porque es el principal derecho humano que asegura la supervivencia del hombre.

Por Mg. Melisa Galvano Quiroga
Doctorado en Relaciones Internacionales.
Docente Universitaria.
Analista y consultora internacional