Compartimos otra publicación de la serie de artículos “Perspectiva India”, donde la experta Dra. Lía Rodríguez de la Vega nos acerca mensualmente un material para una proximidad con la agenda actual de la India. Aquí en análisis sobre un tema de la geopolítica en Asia, sobre las relaciones de India con Bután. Una reseña de los lazos con este pequeño país vecino, de los intereses de Nueva Delhi y de los desafíos por el desarrollo y la estabilidad. Qué pasa en el espacio próximo fronterizo  de India y cómo son los pasos de la diplomacia que emprende el Primer Ministro Narendra Modi desde reciente visita a Bután. 

El Reino de Bután, “estado tapón” (buffer state) entre India y China ha tenido una relación particular con India, desde los comienzos de la misma. Inicialmente, ambos países estuvieron ligados por el Tratado de Sinchula (1865) -en virtud del cual Bután cedía territorios a la India británica-, luego por el Tratado de Punakha (1910) y posteriormente por el Tratado de Amistad (de 1949, por el cual Bután aceptaba la guía del consejo de India para sus relaciones exteriores), modificado en 2007 (en que se removió tal artículo, entre otros).
Este estado, pequeño en superficie, posee una población total de 775.000 personas (Naciones Unidas, 2015) y sus pobladores (Drukpa) son descendientes del pueblo tibetano, al igual que su idioma, el Dzongkha.  Con un fuerte lazo cultural con India a través del Budismo (que es su religión de estado), tras la anexión de Tíbet por parte de China, en 1951, ante lo que consideró una amenaza de política exterior, diseñó un plan conjunto de modernización y defensa, con la India (circunstancia en la que el entonces Primer Ministro indio, Jawaharlal Nehru  llegó a decir ante el parlamento indio que cualquier agresión de China hacia Bután sería vista como una agresión hacia India).
En ese marco, habiendo establecido relaciones diplomáticas formales en 1968, Bután, con el patrocinio de India, se uniría a la Organización de las Naciones Unidas, en 1971, iniciando una mayor independencia en materia de política exterior y en 1985, se convertiría en miembro de la Asociación de Cooperación Regional de Asia del Sur (SAARC).


En 2003, la relación diplomática entre ambos volvería al centro de la escena debido al asentamiento de grupos de insurgentes indios en ese país, así como otros países vecinos (que generarían un ingreso de militares indios a Myanmar/Burma, con conocimiento y autorización del gobierno de ese país, que recibió una gran difusión y provocó algunas tensiones), que serían reprimidos por Bután ese año, unilateralmente, acusando recibo no solamente de la presión del gobierno indio sino del perjuicio que tal presencia en su territorio causaba a sus actividades y rutas económicas.
La importancia estratégica que Bután representa para la India quedó reflejada en el hecho de que este país constituyó el primer destino de visita oficial del Primer Ministro Narendra Modi, un mes después de resultar electo, en 2014, al tiempo que constituyó un poderoso mensaje a los vecinos de Asia del Sur, acerca de la importancia que India les asigna.

Por otro lado y de manera central, India comparte con Bután diversas iniciativas sobre energía hidroeléctrica, tema sensible a la matriz energética india, de creciente demanda (cuyas últimas conversaciones se dieron entre Sushma Swaraj, Ministro india de Relaciones Exteriores y Tshering Tobgayel, Primer Ministro butanés, en febrero de 2016). Bután posee un potencial de energía hidroeléctrica de alrededor de 30.000 MW, con aproximadamente 24.000 MW factibles de ser explotados y solamente casi el 6% de ese potencial explotado hasta el momento. Por su parte, India proporciona financiación y conocimientos técnicos para construir plantas hidroeléctricas y ha estado comprando la mayor parte de la energía generada (cerca del 75% de la electricidad generada en Bután se exporta a la India, al tiempo que las exportaciones de energía hidroeléctrica proporcionan más del 40% de los ingresos de Bután y constituyen el 25% de su PIB).
En 2006, India y Bután firmaron un acuerdo “sobre cooperación en el campo de la energía hidroeléctrica”, por el que India acordó importar por lo menos 5000 MW de potencia de Bután. En 2009, se firmó un Protocolo del Acuerdo alcanzado en 2006, por el cual  India acordó apoyar a Bután para crear una capacidad hidroeléctrica instalada de 10.000 MW en el año 2020. Esta es la base para el ambicioso programa 10/20 de Bután, cuya capacidad se espera se desarrolle en diversos mega proyectos, de los cuales tres están ya en construcción: Punatsangchu-I, de 1200 MW; Punatsangchu-Il, de  1020 MW y Mangdechhu, de 720 MW.  La primera piedra para el proyecto de Kholongchhu, de 600 MW fue colocada en el primer viaje de Modi a Bután, en 2014. El resto de las obras,  en diversas etapas de desarrollo,  son el proyecto del embalse de Bunakha de 180MW,  el embalse de Amochhu, de 540 MW; el proyecto de Wangchu, de 570 MW;  el proyecto de  Chamkharchhu-I HEP (hidroeléctrica), de 770 MW; el proyecto de Kuri Gongri de 2640 MW y el proyecto del embalse de Sankosh, de 2560 MW. Todo ello a pesar de la consideración de los impactos sociales y medioambientales de los proyectos (cabe recordar que Bután es líder mundial en prácticas de conservación y tiene un 52% de sus tierras bajo su red de áreas protegidas).


Sin embargo, los lazos con Bután no se limitan a contactos con autoridades nacionales sino que se han dado también acciones en el ámbito de la  para diplomacia, tales como la visita de la Ministro en Jefe de West Bengal (único estado del este de India que comparte frontera con Bután, 183 kilómetros), Mamata Banerjee , en 2015, para discutir iniciativas de mutua colaboración en lo que hace a industrias agrícolas, irrigación, iniciativas indias para asentar fábricas en Bután e incluso la consideración de un corredor económico entre ambos, etc. Esa visita sería retribuída con la prometida presencia del Primer Ministro Butanés en la edición de enero de 2016 de la Cumbre Bengal Global Business.
Bután, por otro lado, alcanzó notoriedad por el desarrollo del término “Gross National Happiness”, que originalmente buscó representar el compromiso de construcción de la economía, sin disociar tal construcción de los valores budistas. El index desarrollado a partir del mismo, cuyos pilares son  el desarrollo sostenible, la conservación del medioambiente, la preservación y promoción de valores culturales y el establecimiento del buen gobierno,  ha generado a lo largo de estos años, distintas discusiones y el surgimiento de diversas mediciones en diferentes ámbitos (se produjo el desarrollo de un índice de felicidad tailandés en 2007;  en 2011, la ONU incluyó la “felicidad” en la agenda de desarrollo global y publicó un informe mundial sobre el tema;  en 2012,  Corea del sur lanzó su índice de felicidad y el  Reporte del Consejo del Jubileo de Oro de Goa, Gobierno de Goa, India, propuso que Goa deviniese el primer estado indio en medir y monitorear la felicidad, considerándola como un indicador de desarrollo socio-económico crítico, etc.).
En una nueva vuelta de la relación bilateral entre India y Bután, inspirándose en las acciones de Bután, el Ministro Jefe de Madhya Pradesh,  Shivraj Singh Chouhan, anunció en abril de 2016, su idea de crear un Ministerio de la Felicidad, con la intención de estimular la positividad en la vida de las personas, contribuyendo a prevenir, por ejemplo,  los suicidios. Se busca que tal ministerio organice distintas actividades como algunas relacionadas al yoga, la  meditación y programas culturales, entre otras,  que a su entender contribuyen para mantener felices a las personas. El mandatario informó que la propuesta para constituir el Departamento de  Felicidad sería pasada en la siguiente reunión de gabinete.
La dinámica revisada enfrenta no pocos desafíos en la relación. Uno de ellos es el del cambio climático y los recursos naturales, en una de las zonas más populosas del planeta. A la demanda energética creciente de India, que esta enfrenta con un menú diversificado, se añade el dato de que Bután ha perdido 20% de sus glaciares en los últimos 20 años y se prevé que el caudal de sus ríos pueda caer de manera significativa en las próximas décadas, dejando a las represas inoperables. Más, en el corto plazo, la fusión de glaciares en la zona, supone riesgos de grandes inundaciones, que podrían también causar fallas importantes en los proyectos hidroeléctricos.
El tema del agua aparece además como un elemento de orden geopolítico, dados los distintos ríos compartidos en la zona -con el consiguiente impacto en las relaciones bilaterales, multilaterales y la gobernanza del agua, elemento por lo demás vital, atendiendo a las duras previsiones de Naciones Unidas para 2030 sobre ella-, que ha generado diversos acuerdos y por otro lado urge la revisión de las estrategias propias para el abordaje de este tema por parte de todos los implicados.
El tema enfrenta a los países de la región con otros grandes problemas relacionados, tales como la polución medio ambiental (polución del aire, del agua, especies en peligro de extensión, deforestación, urbanización creciente, etc.), la seguridad alimentaria asociada, etc., que a su vez remiten a la educación en todos sus niveles y las deudas en términos de empoderamiento de sus ciudadanos.

Por Dra. Lía Rodriguez de la Vega
Analista Internacional – Académica
Comité de Asuntos Asiáticos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales CARI
Ex. Directora de la Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y Africa ALADAA

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