Iniciamos la publicación de una serie de entrevistas en oportunidad de cumplirse tres años del inicio de la crisis en Ucrania. El testimonio del experto Dr. Marcelo Montes, miembro del Comité de Eurasia del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales CARI, quien ha sido una voz que ha venido sosteniendo el concepto de “federalización”, como una vía política y pacífica para solucionar el problema de las regiones separatistas del sudeste de Ucrania, ¿qué piensa Marcelo Montes sobre este concepto en el panorama actual, a tres años de haberse desatado la crisis? Un repaso sobre la revolución “Maidan”. Y con Donald Trump hay que observar qué nuevo diseño de la geopolítica emerge, sobre todo en la relación de Estados Unidos con Rusia y la prioridad que reciba la resolución de la crisis que, luego de tres años, aún atraviesa Ucrania.

Pregunta: estamos ante un tercer aniversario de la revolución “Maidán” o “Euromaidan”, ¿puede Ud. transmitirnos su opinión sobre el balance de esta gesta popular? Los miles de jóvenes que marcharon por sus convicciones sobre el futuro de Ucrania mirando a Occidente, ¿hoy han logrado un objetivo que pueda significar que ha valido la pena el sacrificio por esa histórica movilización?
Dr. Marcelo Montes: Desmitificaría parte de vuestra aseveración en el sentido de que no sólo había jóvenes idealistas o que marcharon “según sus convicciones”. La revuelta empezó el 21 de noviembre de 2013, iniciándose como una protesta de estudiantes pero también de pensionados en contra del ajuste impositivo y salarial del entonces Presidente Yanukovich, en el marco de la discusión del acuerdo asociativo con la UE. La debilidad y torpeza de este mandatario, para estabilizar la situación, hizo que las protestas, lejos de apaciguarse, se incrementaran y entonces, aprovechando el caos general, se agregaron grupos muy heterogéneos de adultos, extremistas, xenófobos, antijudíos, nacionalistas ucranianos -en un país que jamás hasta 1991, fue Estado independiente, a pesar de sus mil años de antigüedad- y seguramente, oportunistas antirrégimen. Todo se desnaturalizó y se llegó a febrero de 2014, a la toma total de la Plaza Maidán, con un espectáculo propio de una guerra civil: francotiradores, manifestantes organizados y armados de modo sofisticado, heridos, muertos y la caída del propio gobierno. Descarto entonces que haya sido una revuelta donde estuvo en juego la paz y la democracia liberal o el alineamiento con Occidente en contra del “imperialismo” ruso, como se ha pretendido mostrarla en muchos europeos y americanos. En todo caso, ésa sí fue la “Revolución Naranja” de 2004, diez años antes, pero que fracasó por la facciosidad de sus líderes, algunos de los cuales, como Timoshenko, pretendieron erigirse en los líderes del “Euromaidán” pero los propios manifestantes los expulsaron de la Plaza.


Respecto al balance, no puede ser peor. Tras tres años de inicio de la revuelta y más de dos años del nuevo del Presidente Poroshenkó, ex oligarca ucraniano, Ucrania perdió Crimea, se inició una guerra civil, que afectó al 10 % de su territorio (el sudeste), un millón de desplazados hacia Alemania y Rusia, daños materiales, caída de la mitad del PBI, un 40 % de pérdida salarial, con salarios que ya eran bajos en el año 2013, caos parlamentario, renuncia y reemplazo de Primer Ministro, escándalos de corrupción de sus funcionarios, etc. Lo peor es que hoy, Ucrania, está mucho más lejos de ser miembro de la UE y ni siquiera tendrá a la OTAN para defenderse, por lo que los dos grandes supuestos que “justificaban” la caída de Yanukovich, finalmente, no se concretaron ni creo, se concreten siquiera, en el mediano plazo.

Pregunta: un actor interesado en el cambio de régimen político en Ucrania es en forma explícita Estados Unidos. ¿Ud. cree que los esfuerzos de Washington por apoyar un nuevo gobierno pro-occidental es un balance positivo para los intereses de la Casa Blanca?
Dr. Marcelo Montes: el error general y de Washington en particular, fue creer que el nuevo gobierno ucraniano es proocidental. Ha habido mucho oportunismo en la elite política ucraniana, desde siempre. Lo había antes de Yanukovich, cuando supuestamente los gobiernos de Kravchuk y Kuchma eran prorrusos y los hubo después de la Revolución Naranja y ahora, cuando se supone que son prooccidentales. Como en muchas regiones de este mundo, a los políticos de Kiev los guía el más puro pragmatismo, por eso hoy están inquietos, porque las señales de Berlín y de Washington, con la elección y triunfo de Trump, al que repudiaron incluso en las redes sociales –hoy están arrepentidos-, no les son favorables para mantenerse en el poder por mucho más tiempo. Entonces, hasta qué punto le convino a Obama jugarse tanto inicialmente, no después, por los euromaidanistas, realmente, tengo mis serias dudas acerca de la eficacia de la jugada. Creo que debiera anotarse como uno de los grandes fracasos. Washington no jugaba ni juega demasiado estratégicamente allí en esa zona, excepto frenar a Rusia, aunque ésta ya estaba contenida por la ampliación de los OTAN en el este, en los noventa hasta 2004. Ahora bien, apoyar a un gobierno que es una amplia y heterogénea coalición, donde no escasean personajes exóticos, pronazis, xenófobos y hasta antisemitas, no la veo compatible  con los valores liberales y progresistas que dijo representar Obama a lo largo de sus dos mandatos.

Pregunta: si bien la crisis en Ucrania es un problema europeo que deben resolver los europeos, los líderes de la UE están agobiados en una agenda que le resta capacidad diplomática y política en los asuntos exteriores. Por ello nos importa conocer de tres actores, Rusia, Ucrania y Estados Unidos, la relación entre estos tres involucrados, cómo cree Ud que se va a desarrollar en el 2017 considerando a Donald Trump en la Casa Blanca?
Dr. Marcelo Montes: No sólo dependerá de Trump, sino del resultado de las elecciones europeas en Italia (referéndum del 4 de diciembre, en próximos días), Francia y Alemania; también por supuesto, de la evolución del proceso de “Brexit” de la Gran Bretaña. Si como se prevé, hay buenos resultados para las extremas derechas antieuropeístas en cadena, incluso el futuro de la UE puede entrar en seria y abierta discusión. Aún ganando Merkel, la historia ya no será lo mismo, si llegara a ganar Fillon en Francia –él simpatiza con Putin- y mucho menos si ganase Marine Le Pen o perdiera y renunciara Renzi. Es decir, la UE no está en condiciones de salvar a Kiev porque antes debe salvarse a sí misma. Respecto a Trump, todos conocemos su cercanía con Rusia y Putin. Es innegable aun cuando parte de su partido, con Mc Cain a la cabeza, se niegue a aceptar un acercamiento con Moscú. Por lo que, imagino un escenario con crecientes dificultades para la UE, con una necesaria distensión hacia Rusia, con presiones obvias en sentido contrario de Polonia y Bálticos, aunque insuficientes en términos geopolíticas y un Estados Unidos que priorizará su relación con Rusia, pero también con  presiones domésticas opuestas a tal acción. Cuánto durará esta nueva situación y cuán sustentable será, es mi gran duda.

Pregunta: sobre el asunto de Crimea, a dos años del referéndum y la adhesión de este territorio a la Federación Rusa. ¿Qué valoración en clave geopolítica pueda compartir sobre este suceso que significó el “movimiento de fronteras” en Europa del Este?
Dr. Marcelo Montes: Rusia no volverá a entregar jamás Crimea. Ya forma parte de territorio ruso y el Estado ruso está haciendo todo lo posible por retenerla definitivamente, con acciones soberanas como la construcción de un costoso puente, inversión en agua potable, modernización de sus playas costeras para “reaggiornarlas” a los fines turísticos, etc. En tal sentido, hay que decirlo, la Crimea ucraniana estaba en situación de semiabandono. En clave geopolítica, hay que observar con detenimiento la evolución de Abkhazia y Osetia del Sur en Georgia y Trandsnistria en Moldavia, porque allí el Kremlin podría concertar o forzar posiciones de mayor riesgo, que no involucren guerra alguna, sino, efectivización de enclaves que lo ayuden a recuperar algo del mucho terreno perdido tras 1991. Sumo a ello, por supuesto, la posición naval en Siria y sobre el Mediterráneo. Afirmo esto, sólo en términos de movimientos estratégicos, no bélicos. De ninguna manera, cabe esperar invasiones o movimientos de tropas en territorios ajenos, pero sí este tipo de acciones de baja intensidad, que demuestren el reconocimiento de status internacional, lo buscado y anhelado por Rusia desde el comienzo del nuevo milenio.

Pregunta: sobre la crisis en las regiones separatistas del Este de Ucrania, Donbass y Lugansk. ¿Esto ya se ha convertido en un conflicto congelado? ¿Qué apreciación puede Ud. compartir sobre algún posible escenario futuro para resolver este atolladero?
Dr. Marcelo Montes: sí, es conflicto congelado y poco puede hacerse “desde afuera”, excepto vigilar a Kiev en el cumplimiento –no tramposo- de los acuerdos de Minsk I y Minsk II. Si Ucrania le da finalmente un status federal al sudeste, podrá zanjar la situación. De lo contrario, será difícil lograr la convergencia. Hoy, la zona está fuera de su control y ni siquiera avanza rápido la profesionalización de las fuerzas armadas y policiales ucranianas, con lo cual, todo el Estado ucraniano, está en una situación de semifallido, en manos de oligarcas reciclados y bandas parapoliciales, con las que no puede encarar en serio un proceso de pacificación y reunificación del país.

Sólo la ayuda internacional, precaria e insuficiente, más sus riquezas naturales, la están salvando. La gente ya se fue de la zona, hacia una Alemania que no sé hasta qué momento podrá soportar tantos refugiados y Rusia, donde se verifican cada vez más conflictos entre rusos nativos y ucranianos recién llegados, que vienen a exigir a Rusia que les de lo que su propio Estado les ha negado. Se trata del mismo Estado que hoy apunta a quitar la lengua materna rusa, reemplazándola por el idioma inglés, de los pasaportes de sus ciudadanos. Todo ello ha puesto la relación entre rusos y ucranianos en el peor momento de su historia.

Pregunta: Ud. ha hablado en su momento de “Federalización”, como una solución posible para la crisis en el Este de Ucrania, como fórmula de contener los territorios separatistas y evitar que se conviertan en parte de la Rusia. ¿Sigue vigente su perspectiva y cómo se ajusta al presente?
Dr. Marcelo Montes: como dije antes, sigo sosteniéndola, pero hoy, en virtud de la situación del propio Estado ucraniano, la veo poco factible de concretar, excepto que “desde afuera” se obligue a Kiev a encarar seriamente un proceso constitucional en tal sentido. Hasta Rusia podría colaborar en este aspecto. Finlandia es un Estado unitario –como Ucrania-, pero tiene regiones autónomas y ése tal vez, sea un modelo a considerar para el sudeste ucraniano. Pero observo que la elite ucraniana se niega a hacer concesiones de este tipo, porque cree –equivocadamente- que esto sería percibido como una muestra de debilidad estatal tanto ante los rebeldes como frente a Moscú. Por ello, considero fundamental que tanto Berlín como Washington como Bruselas graviten y convenzan a Kiev de que dicha ingeniería institucional puede sacarla del atolladero y severa crisis doméstica y regional en la que se halla sumida desde hace un trienio. Diría que es la única posibilidad cierta para salir del actual estado crítico de situación.

Desarrollo & Contenido
Ariel Zaiser – Relaciones Internacionales y Gobierno UADE

Dr. Marcelo Montes
Profesor de Política Internacional UNVM
Cátedra Rusia (IRI, UNLP)
Grupo de Estudios Euroasiáticos (CARI)
http://consultoriayanalisisrrii.blogspot.com.ar/

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