Perspectiva no occidental sobre la agenda política. Artículo que nos acerca algunos interrogantes sobre el nuevo orden mundial, y por supuesto, sin certezas sino con más incertidumbre. Desde nuestra red de alianzas con expertos y think-tanks en diferentes partes del mundo, compartimos estas opiniones desde Moscú que nos reflejan cómo ven los rusos la relación con China.

Es ya de rigor, entre los observadores y conferencistas internacionales de Rusia y de China, cuando suelen abrir sus discursos lo hacen con una cita de algún gran filósofo chino. En continuidad con esta tradición, permitanme citar a Confucio, que dice: “si el caos llega a tocar tu puerta, permítele entrar. Quizás te ayude a colocar tu hogar en orden”. Y el caos ya ha golpeado la puerta de nuestro hogar en común, es decir, el sistema político global. En los hechos, el caos se ha filtrado a través de las puertas; pero sin llave, a través de las ventanas abiertas, los muros derruidos y los techos desmoronados. Entonces, ¿puede este caos poner todas las cosas nuevamente en orden? Aparentemente, eso no será algo que ocurra por sí mismo. Por eso, resulta evidente, que sería extremadamente desaconsejable tanto para Rusia como para China, aferrarse a un orden mundial  que muy pronto podría haber desaparecido para siempre. Existe la opinión de que tanto Rusia como China son los poderes más grandes con actitud revisionistas del mundo contemporáneo. En la práctica, si miramos a través de los trillados estereotipos del pasado, tanto Moscú como Beijing siempre han tratado de preservar el statu quo. Rusia desea mantener el statu quo de la actual configuración de seguridad del mundo, incluyendo el tradicional régimen de control y limitación de armamentos; el que se entiende por estabilidad estratégica. China, por su parte, ansía preservar el actual balance de la economía mundial, por ello actúa en defensa del libre comercio y se opone al creciente avance del proteccionismo. Es decir, como muchos otros países, Rusia y China están aferrados a sostener las formas que rigen a nivel global desde de vieja data, por ello apelan a acuerdos anteriores y evaden prácticas internacionales obsoletas. Entonces, si vemos la conducta de quien dirige la mayor potencia del planeta, vemos que el antiguo orden internacional no puede ser rescatado. Que el actual sistema está siendo agitado, y desde Europa provienen muchas advertencias. Así entonces, cualquier intento de preservar este statu-quo que prevalece en el presente, está condenado, de un modo u otro, a fallar.

Las viejas estructuras podrán estar en algún lugar, pero no resistirán la presión de los problemas del siglo XXI por mucho más tiempo.  Parafraseando al ex presidente de Kazajstán, Nursultán Nazarbayev, aquellos que no lamenten la desintegración del viejo orden mundial no tienen corazón y aquellos que deseen su restauración no tienen cerebro. Este caos que ha penetrado nuestro hogar en común, y demanda nuevas iniciativas. Por ello, más allá de la visión occidental, son válidas las iniciativas regionales. Y podemos ver que se está en un momento muy interesante en la cooperación Ruso-China, que es una necesidad de las partes pero también, hace a la salud del sistema internacional. Esta cooperación multivectorial tiene una agenda con interacción en la esfera de comunidades de intelectuales y de expertos de ambos países.

Pero sin pretender desvalorizar el trabajo realizado y los resultados ya alcanzados, quisiera proponer una idea que puede resultar algo controversial: la cooperación entre Rusia y China aún adolece de una perspectiva estratégica. Y esto sabrán mensurarlo en Occidente, tal vez como una fortaleza pero ciertamente, no como una debilidad para sus propios intereses. Es que más allá de los acuerdos bilaterales, la cooperación ruso-china se condensa (o se reduce meramente) a reacciones a crisis emergentes (como el caso Siria, Corea del Norte o Venezuela). Es decir, ambos actores euroasiáticos encuentran posiciones comunes frente a un hecho puntual de la política mundial que mayormente, es marcado por la agenda que sigue Washington.
Así es que ambos países hacen su mejor esfuerzo para contener los intentos estadounidenses de socavar la soberanía de los demás estados independientes, que aplica un doble estándar en su política exterior y recurre al uso de sanciones y guerras comerciales. Rusia y China sostienen ejercicios militares conjuntos y se consultan mutuamente como parte de organizaciones multilaterales. Y esta cooperación ad-hoc es muy importante, pero carece de una estrategia a largo plazo. Y tampoco asume un liderazgo. En mi opinión, un abordaje estratégico necesita incluir algo más allá del voto coordinado en el Consejo de Seguridad de la ONU, e incluso más allá de los esfuerzos para combinar la iniciativa de la Ruta de la Seda con el proyecto para el desarrollo de la Unión Económica Euroasiática. Desde un sentido estratégico, ambos países deberían combinar sus visiones del orden mundial futuro que desean, y coordinar sus esfuerzos para crearlo. ¿Cuál es la visión ruso-china del mundo en cinco, diez o veinte años desde ahora? ¿Qué amenazas a la seguridad global y al desarrollo deben considerarse como las más críticas? ¿Cómo deberían ambos países desarrollar el derecho y las instituciones internacionales? Esta lista de cuestiones estratégicas puede, naturalmente, ampliarse. El debate respecto al futuro de las relaciones ruso-chinas tanto, en Oriente como Occidente, siempre desemboca en una gran pregunta: ¿se convertirán Moscú y Beijing en aliados? Yo no creo que esa sea la pregunta correcta para formularse.

En los hechos, no está totalmente claro que significan en este siglo XXI un concepto como “relaciones entre aliados”. Por ejemplo, Estados Unidos y Turquía son miembros de la OTAN, pero ¿desean Moscú como Beijing estar en los mismos términos con Washington y con Ankara? Rusia y China siempre han tenido –y siempre tendrán- intereses divergentes y hasta en posiciones de conflicto. Es posible que la competencia entre ambos países incluso se intensifique en el futuro. Pero es más importante para Rusia y China arribar a entendimientos comunes para desenvolverse en un sistema internacional con nuevas reglas de juego. Este entendimiento al que arribaron las grandes potencias en 1945 permitió generar las bases del –entonces- nuevo orden mundial, que nos ha servido eficientemente a todos por las pasadas siete décadas. No estoy completamente seguro de que Moscú y Beijing hayan arribado todavía a un entendimiento común. Rusia y China suelen utilizar los mismos términos para describir el tipo de futuro que desean: multipolaridad, un mundo post Occidental, el imperio del derecho internacional como condición indispensable, la indivisibilidad de la seguridad, y etcétera. Tristemente, sin embargo, muchos de esos términos permanecen siendo meras proclamaciones, sin significados concretos. Si disecamos estas nociones con el filoso escalpelo de un análisis completamente despolitizado, podemos encontrar numerosas contradicciones latentes, incongruencias y conflictos internos. Este abordaje “ligero” o “simplificado” basado en el “apoyo a todo lo positivo y me opongo a todo lo negativo” nunca funcionó en el pasado y no hay razón para que funcionare en el futuro.

Si pudiera dirigirme a aquellos miembros que representan a las comunidades intelectuales de ambos países, a las personas que desempeñan una función crucial: proveer información y soporte analítico para las relaciones bilaterales. Además de ser proveedores de conocimiento sobre la perspectiva sino-rusa del presente, el aporte intelectual tiene aún mucho por ser considerado en la elite política que toma decisiones.
Los Jefes de Estado, diplomáticos y funcionados están inevitablemente constreñidos por rígidas limitaciones temporales y espaciales. Sus máximas preocupaciones son la preparación de la agenda oficial, la próxima reunión del G20 en Japón o la próxima conferencia de APEC, por ejemplo.
Expertos, académicos y analistas tienen certeras ventajas sobre los políticos y los funcionarios. Pueden pensar no solamente sobre qué ocurrirá mañana o en un año, sino también que sucederá en 10 o en 25 años desde ahora. ¿Cómo aseguraremos la seguridad global en medio de la “Nueva Revolución” en los asuntos militares que va transformando las Relaciones Internacionales? ¿Cuáles son las maneras más efectivas de gestionar asuntos como la energía, los alimentos, la información o incluso los recursos humanos enfrentando las inevitables escaseces futuras?
El académico Li Yongquan recordó las palabras de Deng Xiaoping: cerrar las puertas del pasado implica abrir las puertas del futuro. No puedo sino acordar que, en sus interacciones a través de estos años previos, Rusia y China no han cumplido completamente el primer objetivo: las contradicciones, desacuerdos y conflictos acumulados a través de los siglos entre estos países aún no se han suturado del todo. Esto, al menos para mí, significa que el segundo objetivo (abrirle la puerta al futuro) es todavía más importante, y aún está por alcanzarse.

Por Andrey Kourtnov
Ph D. en Historia, Director General del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales
Discurso pronunciado en la 5ta Conferencia Internacional “Rusia y China: Cooperación en una nueva era”. Publicado originalmente el 6 de junio de 2019 en
https://russiancouncil.ru/en/analytics-and-comments/analytics/who-will-build-the-new-world-order/

(Traducción & Adaptación: Martín Pizzi)

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