Cuando coincide el momento y la oportunidad, las cosas suceden. Suele pasar, que con el paso del tiempo sea fácil identificar y ponerle fecha a los inicios, pero cuando los hechos suceden en vivo y en directo la cercanía a ellos puede nublar la identificación de los mismo. Como cuando uno va al museo, para apreciar la obra de arte hay que estar a una distancia prudencia, sino es todo lo mismo.
Las relaciones internacionales no son ajenas a estas conductas, por ello si reflexionamos sobre la emergencia de las mismas no podemos dejar de señalar que las prácticas tiene sus raíces en tiempos remotos identificando los aportes de Tucídides como un gran disparador con su obra maestra de la “Historia de la Guerra del Peloponeso”.

Desde incontables sucesos relevantes en la historia, sin lugar a duda, la Segunda Guerra Mundial ha si un punto de inflexión en materia de Relaciones Internacionales. Si bien, es cierto que se pueden identificar aportes interesantes desde la década del 20, el fin de la guerra y la configuración de un sistema internacional bipolar con el ascenso de Estados Unidos como potencia mundial fue un terreno fértil para la emergencia y consolidación de la disciplina. En este momento histórico identificamos la delimitación del objeto de estudio y el surgimiento de teorías propias.


Si bien no fue fácil el reconocimiento de las Relaciones Internacionales como una disciplina diferenciada de otras en especial de la Ciencia Política y el Derecho. Lo cierto es que con el avance del tiempo ha logrado consolidar su propio background intelectual disparado por los aportes de Stanley Hoffman, quien se encarga de definir claramente el surgimiento como disciplina enunciado tres circunstancias principales que dieron con la misma: 1. identifica las predisposiciones intelectuales de época; 2. circunstancias políticas ; y 3. oportunidades institucionales. Por su parte, a esta altura son reconocidos los aportes de Hans Morgenthau quien da la base de la teoría realista definiendo los conceptos de interés nacional y poder. Esta teoría se va a oponer al idealismo político, generando el Primer Debate de las relaciones internacionales. Un paso más adelante llegó de la mano de Kenneth Waltz quien identificó como primordial el nivel de análisis basado en el Sistema Internacional que va a determinar la conducta de los Estados en un sistema de auto ayuda basado en la existencia de la anarquía.
El avance del conocimiento va de la mano de la necesidad de dar nuevas respuestas, en muchos casos vinculados a los desafíos que aparecen producto de las circunstancias por ello la disciplina fue avanzando al son de los cambios que el sistema fue presentando. Así podemos identificar la aparición de varias teorías que dentro de los Debates de las disciplina trataron de dar cuenta a un momento histórico específico. Sin  querer hacer de este artículo una clase de teoría de las relaciones internacionales, porque esa no es la idea, es importante mencionar que a nivel académico se ha avanzado mucho en los últimos años. Los debates y el establecimiento de distintas corrientes han hecho que las Relaciones Internacionales pudieran reforzar su base como disciplina.
Pero como sabemos la realidad tiene la impertinencia de suceder y por ello la pregunta obliga de reflexión es ¿Ha podido la disciplina de las Relaciones Internacionales hacer de ella una profesión? Y allí emerge la principal respuesta intuitiva que toda persona que ejerza la disciplina puede decir “alguien que se dedica a esto puede ser necesitado en cualquier sitio como en ninguno a la vez”. Veamos un poco de que se trata esta primera impresión, considerando que estas reflexiones las compartimos a través de “Equilibrium Global”, que desde el concepto de “comunidad”, estamos llegando a abrir comparativas con Bogotá, Madrid, Lima, DF, u otros puntos cardinales del espacio hispanoparlante.
Uno puede ser un licenciado en Relaciones Internacionales,  luego ser diplomático, docente, periodista, académico,  analista, entre otros. Pero el puesto en una búsqueda laboral: “se incorporara un profesional de las relaciones internacionales”, todavía no abunda en los avisos clasificados o sitios de recursos humanos.
Para hablar de lo que nos pasa a los profesionales de las relaciones internacionales hay que agudizar el ingenio para una mirada osada, desprejuiciada y creativa; porque hay una amplitud de realidades y también, de enfoques. Pero en la relación con el mercado, los interrogantes emergen por tratar de cuantificar las dimensiones de ese “Mercado”. También, hay que identificar y revalorizar quienes son los actores que contribuyen a que este “mercado” sea amplio y de alcance para muchos.
¿Cómo se distribuyen las oportunidades en el campo laboral para los profesionales de las relaciones internacionales? ¿Desde los valores que percibimos por la vía informal del “boca a boca”, es cuando sabemos de los honorarios como docentes en una casa de estudios? ¿Nos atreveríamos a hablar de “marco regulatorio”, o bajo algún ente de respaldo en el ámbito laboral?
Al respecto de nuestras expectativas, las que pasamos todos cuando ingresamos en la Universidad con sueños de la vida de la diplomacia, viajes o la proximidad a los asuntos humanitarios, ¿cómo se han medido? ¿Cómo podemos cuantificarla? Cuando vamos promediando la carrera, las incertidumbres se apoderan de nuestros pensamientos y las alternativas viajan de una punta a otra.
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Imaginarnos cómo será el clima laboral para los profesionales de las relaciones internacionales en un futuro será algo que a muchos les podrá parecer negativo, difícil proyectar algo a 5 o diez años ¿quién lo está haciendo ahora en concepto “profesión? Pero el punto de partida debe ser sobre la confección de un diagnostico, y si este es compartido o tiene varias voces capaces de replicar mensajes similares, será mas auténtico y con mejor efecto para cualquier proyección hacia lo que viene. Y en toda descripción de escenario, cualquier capacidad de respuesta para mejorar el entorno, ha de ser bajo el formato “red” y con espíritu de cooperación, como todos los sistemas que se van conformando.
Finalmente para terminar, tal vez sea un buen momento para reflexionar que la teoría cobra valor en la práctica. Que quienes hacemos Relaciones Internacionales, hacemos Ciencias Sociales y nuestro principal compromiso es con las personas. La necesidad de dar respuestas se hace imperante y la única forma de responder es bajar el conocimiento académico al ejercicio práctico. Con ello me refiero a la necesidad de construir un puente entre la teoría de las Relaciones internacionales y su ejercicio. Propongo que ese puente se llame “Profesión de las Relaciones Internacionales. Tal vez sea el momento de hacer coincidir al momento y la oportunidad e incentivar a que las cosas sucedan…

Por Mg. Melisa Galvano Quiroga –
Analista Equilibrium Global -Relaciones Internacionales USAL – Maestría FLACSO – Docente Universidad de Belgrano – Autora del libro “Narcotráfico en México & Quisieron combatirlo y lo terminaron sembrando” – Doctorando – Relaciones Internacionales USAL.

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