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Azerbaiyán, la «Tierra del Fuego», emergente y pujante en el Cáucaso, punto geográfico donde contrasta el modernismo arquitectónico del presente de este joven país, frente a una rica herencia cultural que perfila el factor identitario de este pueblo milenario. El poblado de Lahic, lugar de ensueño para descubrir tradiciones, costumbres y características de la cultura azerbaiyana. Compartimos testimonio de viaje de Martín Rafael López, ganador del concurso de ensayos «¿Qué sé sobre Azerbaiyán?» edición 2014, certamen organizado por el Ministerio de Turismo y Juventud de Azerbaiyán junto con la «Cátedra de Azerbaiyán» del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata. En este primer reporte de la experiencia en Azerbaiyán, la visita al poblado de Lahic.

Un viaje tiene tres etapas: la preparación, que es un estado de ánimo; disfrutar de la travesía; y, la última etapa, los recuerdos que serán perdurables si la experiencia ha sido auténticamente maravillosa. Los tres pasos se cumplen y el último, en especial, cuando se trata de descubrir Azerbaiyán. Tras un obligado paso por la ruta aérea vía Estambul, transportarse a esta joven república soberana ubicada a orillas del mar Caspio, abre una fabulosa posibilidad de tomar proximidad con la herencia cultural que resguarda la identidad de un pasado enriquecido con la influencia de varias culturas y en cuidado contraste con la pujante modernidad del presente. Se trata del país más grande del Cáucaso. Esta lejana región –para muchos de nosotros en Sudamérica- está situada entre Europa Oriental y Asia Occidental, entre el mar Negro y el mar Caspio.
El punto de partida para compartir mi experiencia en este país es desde una consideración histórico-cultural de los pueblos de esta región. En el caso de Azerbaiyán, las raíces históricas dejan un particular legado en el presente, tanto en lo que se puede apreciar a nivel arquitectónico como a nivel cultural.

El poblado de Lahic.

Luego de arribar a la fascinante ciudad capital Baku nos trasladamos 180 km hasta llegar al pintoresco pueblo de Lahic, uno de los asentamientos humanos más antiguos de Azerbaiyán, que está situado en lo alto de las montañas del Cáucaso sobre la costa izquierda del río Girdmanchaj.
El distrito de Lahic, perteneciente a la región de Ismayilli, posee una riqueza histórica inigualable que se remonta a aproximadamente 1500 años atrás. Los historiadores datan su establecimiento entre los siglos III y VII d.C., momento en el cual se erigía la Albania caucásica.Aze.35
Si nos adentramos en su pasado, encontraremos que algunas personas consideran que el nombre “Lahic o Lahij” se identifica con el nombre de una tribu; mientras que otras sostienen que el nombre hace referencia a una localidad llamada “Lahijan” ubicada al norte de Irán. Según cuenta la leyenda, Lahic fue fundada por Keykhosrov I, “Shah” -título que recibía el máximo líder político de la actual Irán- del Imperio Sasánida (segundo Imperio persa). Su reinado enfrentó cruentas guerras con Turán. Cansado de la guerra, Keykjosrov abdica y se retira junto a sus allegados hacia las montañas del Cáucaso. Encantado por su excelente clima y belleza natural decide quedarse y nombrar a este asentamiento “Lahij” en referencia a una provincia de lo que fue hasta entonces su reino.
Muchas de las peculiaridades cautivas en este pueblo son producto de este legado histórico.
Los residentes del pueblo se llaman “tats” y a pesar de poder comunicarse mediante el azerí, aún mantienen su propio dialecto (sus raíces derivan de la lengua persa).
Al recorrer las estrechas calles que conectan la ciudad, hallamos los típicos talleres de producción artesanal. En estos, los artesanos decoran platos, bandejas, copas y jarras de cobre. Uno de los elementos más distintivos y autóctonos son los llamados “guyum”, viejos contenedores de agua.
Desde la antigüedad, estas artesanías cautivaron a todos los extranjeros que visitaban la región. Aunque en un principio la elaboración artesanal se realizaba en cobre, su exponencial crecimiento permitió diversificar la incipiente producción hacia otras ramas como la realización de artesanías en hierro, estaño o cuero y la extracción de carbón bituminoso.
Como mencionábamos anteriormente, gran parte de sus 925 habitantes han heredado oficios antiguos tales como maestro grabador, conocido como “hakkak”, y tejedor de alfombras. Pero también, otro tanto todavía se dedica al comercio, ofertando las especias típicas de la región y las diversas artesanías.
Cabe destacar que Lahic se caracteriza por la distribución de sus distritos según el oficio de los habitantes. En cada distrito existe su plaza principal, mezquita, baño público o “hammám” y cementerio.
Al visualizar la fisonomía de las antiguas estructuras edilicias, encontramos que la mayoría fueron elaboradas con piedras extraídas de las montañas, que también sirvieron para construir las calles y un añejo sistema de alcantarillado que se encuentra en perfecto funcionamiento.aze.38
Las viviendas tradicionales de Lahic fueron construidas mediante la técnica tradicional conocida como “dirvachu”, la cual utiliza conjuntamente piedra y madera con el fin de lograr más resistencia ante los varios terremotos que se producen en la región. Las mismas están ubicadas sobre la calle comercial de la ciudad y cuentan con dos plantas. En las plantas bajas de las mismas, se sitúan los talleres o las tiendas. En el interior de los mismos, podemos observar huecos para colocar objetos decorativos (llamados “tajcha”) y diversas estanterías en la pared.

Recorrer Azerbaiyán es observar la determinación de esta nación por sostener el legado del pasado confluyendo con el modernismo para el desarrollo del turismo. Desde la puesta en valor de todas sus tradiciones en contraste con las innovaciones en el diseño y adaptación de sus paisajes. Recorrer el país es conectarse con todos los sentidos a sitios de ensueños: como la misma “Ciudad Vieja” en Bakú o los destacados puntos geográficos de Gabala, Sheki o Najicheván, entre otros tantos.
Para los ojos de cualquier visitante, Lahic es una muestra atractiva de la conservación de una parte de la historia de la región del Cáucaso, pero detrás del paisaje, confluyen factores identitarios que confeccionan el perfil cultural de Azerbaiyán.

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Martín Rafael López – Relaciones Internacionales Universidad Católica de La Plata