Razones por las cuales el territorio no puede “venderse”, por Dr. Alejandro Suarez Saponaro.

En estas semanas fue noticia el desaire que giró sobre la revelación acerca de la intención del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al gobierno de Dinamarca; asunto que chocó ante la negativa de “vender” el territorio danés de Groenlandia. Hablamos de una inmensa isla de 2.6 millones de km2 ubicada  en una posición de alto valor estratégico, en un foco de tensión que es la región del Ártico. El interés de Estados Unidos no es algo nuevo. La idea de comprar la isla estuvo presente en el siglo XIX y después de la Segunda Guerra Mundial. Pero la propuesta de Trump, es disparatada desde el punto de vista jurídico, a pesar que detrás de ello hay otro tipo de presión velada.

Un poco de historia
La presencia europea en la isla data del siglo X, con la llegada de navegantes provenientes de Islandia y Noruega, probablemente Erik El Rojo, llegó a dichas tierras y se crearon algunos establecimientos que sobrevivieron durante varios siglos. Se estima que unas 5.000 personas vivían en la zona oriental. Los originarios de la isla los inuit su presencia tiene varios milenios. En el siglo XI se creó la primera iglesia. En 1261 sus colonos aceptaron la soberanía noruega, para luego quedar bajo la llamada Unión de Kalmar, que unificó las coronas de los países nórdicos. Hacia el siglo XV la presencia europea desapareció, por el cambio climático y por los cambios en la economía europea. El rey de Dinamarca reivindicó sus derechos sobre la isla. En el siglo XVIII, una expedición danesa, que fundó Godthab – actual Nuuk, capital del país – que fue el centro de la colonización. Pronto se convirtió en un monopolio de empresas danesas.   En 1814 por el tratado de Kiel, las posesiones noruegas de antaño pasaron a manos danesas. En siglo XIX generó interés de exploradores y para 1860 se crearon dos consejos de distrito, electos popularmente. En 1867, el Secretario de Estado, Sewart, propuso comprar la isla para Estados Unidos, que fue objetado por el Congreso en su momento. La población inuit no fue integrada al sistema administrativo colonial hasta bien entrado el siglo XIX. Las últimas migraciones son de 1860 provenientes de Canadá.

En 1905 con la independencia de Noruega, dicho país reclamó derechos sobre la isla. Incluso apoyó que balleneros se instalaran en un sector que motivó en 1931, un importante fallo de la Corte Internacional de Justicia que reconoció los derechos daneses. La Segunda Guerra Mundial, impuso la ocupación alemana de Dinamarca. Sus posesiones quedaron bajo control de facto de Estados Unidos y el Reino Unido.  En el caso de Groenlandia, se condujo de hecho como una entidad independiente favorecida por la exportación del minera de criolita a los aliados, la presencia de Estados Unidos que construyó bases y desplegó tropas, dado que los alemanes tenían estaciones metereologicas secretas, que fueron rápidamente desalojadas. Al finalizar la guerra, Estados Unidos quiso comprar la isla por US$ 100 millones, cosa que Dinamarca no aceptó. La guerra Fría, el valor estratégico de la isla y la carrera de armas con la Unión Soviética, llevaron que el gobierno de Dinamarca cediera la base Thule para el despliegue de medios de bombardeo, vigilancia dentro del llamado NORAD, el sistema de defensa aéreo común entre Canadá y Estados Unidos.  Desde 1950, los Estados Unidos tiene una base permanente y en 1968 un accidente con un avión B -52 de bombardeo estratégico, protagonizó un incidente con armas nucleares.  Los nativos hasta el día de hoy señalan que hay consecuencias en la flora y fauna local de dicho accidente.

Groenlandia era considerada una colonia para Naciones Unidas, esta situación terminó cuando en 1953, el territorio fue incorporado a Dinamarca con representación en el parlamento, derechos plenos de ciudadanía. Asimismo hubo una política de asimilación cultural, a través de la educación, difusión del idioma danés. Esto generó resistencias en la población inuit que buscaba preservar su peculiar identidad. Las diferencias se acentuaron cuando Dinamarca ingresó al Mercado Común Europeo. La isla por medio de la Ley de Autonomía de 1979, comenzó adquirir potestades de autogobierno y logró no estar integrado al Mercado Común Europeo, decidido por votación popular en 1982. El grado de autogobierno le permitió a la isla formar parte el Consejo Nórdico, firmar acuerdos por separado con al UE y participar en las negociaciones sobre la base área de Thule, arrendada a Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. El proceso de autonomía se amplió aún más en 2009, por medio de un referéndum, que habilitó a la isla a poder separarse de Dinamarca. El grado de autonomía tiene sus limitaciones en la moneda, relaciones exteriores (lo que no impide que pueda celebrar acuerdos de carácter que no sean políticos) y defensa, que quedaron en manos de Dinamarca. El idioma oficial reconocido ha sido el inuit – groenlandés, además de ganar amplias competencias en materia interna, especialmente en control sobre sus recursos naturales, sistema judicial, y seguridad interna. El nuevo estatuto de autonomía permitió a la isla tener derecho de autodeterminación, siendo el pueblo de la isla dueño de su destino.

El pueblo de Groenlandia, único responsable del destino de la Isla.
Recapitulando. El estatus colonial de Groenlandia finalizó en 1953, cuando dejó de ser una colonia, para ser parte integrante del Reino de Dinamarca, teniendo sus habitantes plenos derechos de ciudadanía y representación parlamentaria. Asimismo la isla fue considerada un condado más dentro del Reino. El proceso de mayor autonomía tuvo como hito la ley de 1979 y desde ese entonces fue ganando competencias. En 2009 por referéndum, los isleños aprobaron la transferencia de una serie de competencias, quedando solo para Dinamarca la defensa y las relaciones exteriores. Incluso se acepta un escenario de autodeterminación. Dado la dependencia económica de la isla, los beneficios de los isleños de la ciudadanía danesa y de los servicios públicos que son garantizados por su calidad, el escenario de independencia lo hace poco probable. Estamos además hablando de una isla de 2.6 millones de km2 con una población que no llega a los 60.000 habitantes, genera dudas sobre un escenario de independencia.

El interés de Estados Unidos ha cobrado fuerza por varias razones. La base de Thule, recuperó valor estratégico con la creciente tensión en el Ártico con Rusia. La necesidad de desarrollar la isla, rica en importantes recursos minerales, que van desde tierras raras hasta hidrocarburos, la coloca como área donde China puede desembarcar con sus inversiones. El gobierno groenlandés ha mostrado interés por diversificar su economía, atada a la pesca y a las ayudas dinamarquesas. Esto inquieta a Estados Unidos y teme que la isla caiga bajo influencia económica china. Es posible que detrás de la curiosa oferta de Trump por comprar la isla, sea un mensaje sobre el interés que tiene Washington sobre el presente y futuro de Groenlandia. Mas allá de lo que dicen los medios de comunicación, donde más de artículo o nota, pone en evidencia la absoluta ignorancia sobre que la idea de comprar o vender territorios con poblaciones autóctonas es inviable, no solo en lo político, sino jurídico. Cualquier transferencia de soberanía, debe ser con el consentimiento expreso de la población originaria. Los groenlandeses son una nación, con su historia, identidad, no un bien que se compra y se vende. Es el pueblo originario de la isla el único dueño de dicha tierra y de su destino.

Por Jorge Alejandro Suárez Saponaro
Abogado – Mg en Defensa Nacional
Corresponsal Diario El Minuto para Argentina

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