La analista internacional Dra. Sabrina Olivera explica en este artículo los factores que dan importancia a las dinámicas grupales conformadas por las mujeres rurales en la India. Su dimensión, su capacidad de impacto, se desarrolla en India de tal forma que no tiene comparación con otro país. La masa poblacional de las mujeres rurales y su empoderamiento es un caso de estudio a nivel mundial, y sobre lo que ocurre con su acceso al crédito y al sistema bancario, compartimos esta información que analiza la Dra. Sabrina Olivera.

La población actual de India es de aproximadamente 1326 millones de personas. El 68.5% vive en zonas rurales y el sector agrícola representa la mayor parte de la economía del país (17.4% del Producto Bruto Interno). Dicho sector emplea directa o indirectamente al 54.6% de la población del India, por lo que es posible concluir que el mismo ha sido uno de los más relevantes en ese país. Cabe poner de resalto que las mujeres representan el 48.6% de la población rural india y, por tanto, su aporte es fundamental. La cuestión de género en India ha adquirido en el transcurso de este 2019 una mayor visibilidad, no solo por reclamos relacionados con su ingreso a algunos templos [1] o por el movimiento #MeToo [2], sino también en razón de su voto mayoritario en las elecciones que se celebraron entre los días 11 de abril y 23 de mayo.

Desde su independencia en 1947, los sucesivos gobiernos de India han implementado políticas de desarrollo rural para erradicar la pobreza extendida y fomentar el autoempleo, creando sostenibilidad y mejorando el ingreso de los agricultores. Es indispensable conocer que, hoy por hoy, India cuenta con 600.000 aldeas y que uno de los problemas que aqueja al sector rural del país surasiático es su fragmentación: el 85% de los tenedores de tierra son agricultores propietarios de extensiones territoriales menores a dos hectáreas.
Hasta la década de 1990, una gran proporción de la sociedad rural no estaba bancarizada ni tampoco constituía un foco de interés para las instituciones bancarias. Los pobres del área rural de India solían –y suelen- encontrarse frente a la dinámica de un círculo vicioso: producían al nivel de mera subsistencia y el ahorro era prácticamente imposible, lo que dificultaba la inversión en recursos productivos. En consecuencia, la población rural debía recurrir a fuentes informales de crédito -es decir, prestamistas-, por ser más flexibles y más accesibles que las fuentes formales. Como contrapartida, se aceptaba pagar una tasa de interés exorbitante, sin tener presente las consecuencias que esa decisión acarreaba y, en épocas de crisis, los campesinos sucumbían en un estado de pobreza. Cabe señalar que, actualmente, las desavenencias climáticas como sequías o mismo inundaciones también han afectado a los agricultores.
A pesar de los esfuerzos del Gobierno de India y del Banco de la Reserva Indio –análogo a un Banco Central-, el sector informal continuó operando de esta forma. En verdad, el gobierno central de India desplegó iniciativas en las últimas décadas para lograr la inclusión financiera [3] total –como la nacionalización de los bancos en 1969 y 1980 y el establecimiento de los bancos regionales rurales en 1975-, pero sus resultados no alcanzaron a la totalidad de la población rural pobre.

En este contexto, surgieron los esquemas de microfinanzas. Estas últimas refieren a la provisión de servicios financieros a personas de bajos recursos o a grupos de solidaridad, que tradicionalmente se vieron impedidos de acceder a los servicios bancarios. Constituyen una herramienta de desarrollo económico cuyo objetivo es el de asistir a los sectores vulnerables a trabajar su propia salida de la pobreza mediante diversos servicios: crédito, ahorro, seguro, remesas y servicios no financieros como capacitación y consultoría. Como características importantes se menciona que los prestatarios son de grupos de ingresos bajos, los préstamos son de pequeña cuantía y de corta duración, no se exigen avales para su garantía y las tasas de devolución de esos préstamos son altas. Por lo general, tales créditos son tomados para desarrollar una actividad que genere ingresos.
Particularmente en India, las microfinanzas operan por medio de dos mecanismos: por un lado, a través del programa Self Help Group Bank Linkage Programme (SHG-BLP) –a cargo del National Bank of Rural Development (NABARD)- y, por el otro, mediante las instituciones microfinancieras.
El SHG-BLP, que comenzó como un programa de alcance meramente bancario, fue mutando hasta convertirse en un programa holístico de construcción de capital financiero, económico, social e inclusive tecnológico, en las áreas rurales del país. Es el programa de microfinanzas más importante del mundo –y el que más rápido creció- debido a su tamaño, a la cantidad de actores involucrados (gobierno, bancos y trabajadores) y población a la que se dirige. Se trata del modelo iniciado por NABARD para lograr la inclusión financiera y lleva 26 años empoderando a la población rural pobre, especialmente a las mujeres. A ellas se las incentiva a formar “Self – Help Groups” (SHG), que son grupos de alrededor de diez a quince miembros, que contribuyen periódicamente con sus ahorros y son recaudados para realizar pequeños préstamos internos a los integrantes. Tales préstamos son devueltos de conformidad con pautas establecidas en el seno del grupo, pero la presión de los pares es un elemento fundamental que permite su devolución en tiempo y forma. Luego, con estos ahorros, el grupo en su conjunto accede a préstamos bancarios –sin la exigencia de un aval o garantía- para desarrollar actividades generadoras de ingresos [4]. Los SHG mantienen reuniones periódicas y cada vez que ingresan los nuevos aportes a ese fondo de ahorro, se producen sus devoluciones y se asignan nuevos préstamos internos. Los bancos comerciales, gracias a su red a lo largo y ancho de India, asumieron el liderazgo del programa SHG-BLP y el 52% de los SHG del país tienen sus ahorros en sus cuentas. Los bancos regionales rurales poseen aproximadamente el 22% de esos ahorros, mientras que las cooperativas mantienen el 14%.

Por su parte, las instituciones de microfinanzas -dedicadas casi exclusivamente a esta actividad, a diferencia de lo ocurrido con los bancos comerciales que mantienen otras actividades- realizan préstamos a través del concepto de “Joint Liability Groups” (JLG), que consisten en grupos de garantía individual. En los últimos años, el sector de las microfinanzas en India protagonizó un crecimiento exponencial, en tanto que la cantidad de instituciones que proveen sus servicios se ha proliferado. Algunas instituciones crecieron y expandieron sus operaciones, llegando a operar como pequeños bancos bajo licencia bancaria. Asimismo, el portfolio de préstamos aumentó en un 27%, estrictamente de 2017 a 2018. Además de la señalada, otras cifras son contundentes en esta temática: durante el período 2014/2015, la cantidad de cuentas que recibieron préstamos desembolsados a instituciones de microfinanzas fueron 589; en 2015/2016, el número aumentó a 647; sin embargo, lo más sugerente ocurrió en 2016/2017, en que se registró un incremento a 2314. Cabe referir que en 2017/2018, la cifra descendió a 1922.
Al presente, más de 100 bancos (NABARD, Bank of Maharashtra, State Bank of India, bancos cooperativos, bancos regionales rurales, etc.) y más de 5000 ONG’s están colectiva y activamente involucrados en la promoción del movimiento de los SHG. El total de SHG con ahorros depositados en bancos ascendía, al 31 de marzo de 2018, a 8.744.000 –cubriendo a 110 millones de hogares para el empoderamiento social, económico y financiero de los sectores rurales pobres-; aquellos que se encuentran con préstamos son más de 5 millones. De la totalidad de los SHG, 7.390.000 están conformados solamente por mujeres. En el período 2017-2018 se registraron 167.000 de SHG más con ahorros en bancos, en comparación al período anterior, advirtiendo un mayor número en los estados de Assam, Bihar, Chhattisgarh, Jharkhand, Odisha, Rajasthan y Uttar Pradesh. Los números involucrados demuestran el éxito del esquema de grupos, atendiendo también la erradicación de la pobreza, empoderamiento de las mujeres, movilidad social, inclusión financiera y desarrollo de emprendimientos.
La cantidad de ahorros vinculados a SHG aumentaron un 8.53% solamente en 2017, tratándose del incremento más alto de la década. En el marco del SHG-BLP, se otorgó prioridad a los estados del Norte de India, de modo de compensar con la muy buena performance que han presentado los sureños. Estados principales como Telangana, Maharashtra, Gujarat, Chhattisgarh, Uttarakhand, West Bengal, Bihar, Jharkhand y Rajasthan registraron un crecimiento mayor, respecto de los tres años anteriores. De esta manera, el SHG-BLP facilitó la inclusión financiera de los sectores más bajos de la pirámide, constituyéndolo en una herramienta de reducción de la pobreza.

A través de las instituciones microfinancieras que proveen préstamos con propósitos de consumo y productivos, la mayor parte del flujo del crédito (un 94%, en 2016) es destinada a la realización de actividades. Agricultura, cría de animales y comercio a pequeña escala son las actividades generadoras de ingreso que representan el 79% de los microcréditos concedidos por las instituciones en el año 2016. Los créditos destinados a tareas que no generan retornos son básicamente utilizados para consumo, vivienda o la educación de los hijos. Por estas razones, los SHG desarrollan un papel relevante en la generación de fondos y dentro de la comunidad; en efecto, la proporción de miembros que estaban por debajo de la línea de la pobreza declinó de un 58% a un 33%, a partir del ingreso al grupo, por cuanto el crecimiento de sus ingresos aumentó en un 6% anualmente. Mientras que los programas de crédito rural de los años 1950 hasta 1980 experimentaron tasas de devolución inferiores al 50%, actualmente esa tasa es superior al 95%, llegando en ocasiones al 100%.

Ahora bien, a medida que se produce su empoderamiento social, las mujeres involucradas en estas dinámicas demandarán nuevos recursos. Por lo tanto, será menester que el Gobierno mejore la infraestructura de las zonas rurales de India –educación, condiciones de saneamiento, acceso al agua potable, salud, entre otros-, así como también los bancos deberán hacer lo propio y mejorar sus servicios y alcance. En relación a esto último, la inclusión financiera digital jugará un rol central en aras de acercar a las partes con los servicios financieros, sin importar la distancia entre la aldea y la sucursal del banco más cercana. Presumiblemente esto facilitará el funcionamiento de los SHG, habilitando que aún más mujeres se involucren en los grupos para desarrollar actividades generadoras ingresos. Sin perjuicio de los aspectos positivos de los SHG, se observa que sus miembros continúan atrapados en labores de baja calificación y de baja productividad, impidiendo su inserción en cadenas productivas de mayor complejidad. Esta condición merecerá un abordaje interdisciplinario si se pretende continuar con su buena performance en relación a las condiciones de las mujeres rurales de India.

Por Dra. Sabrina Olivera.
Investigadora y analista internacional. Especialista en Economía y Negocios con Asia del Pacífico e India. Miembro del Grupo de Trabajo sobre India y Asia del Sur (Comité de Asuntos Asiáticos) y miembro del Grupo Joven del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales CARI. En Twitter https://twitter.com/sabrolivera26

[1] La noticia del muro conformado por millones de mujeres en el estado de Kerala, como forma de protesta hacia la prohibición de ingreso al templo Sabarimala, fue recogida por los medios del mundo.
[2] Funcionarios y actores de Bollywood fueron objeto de denuncias de extendida notoriedad.
[3] Consiste en la distribución de servicios bancarios a un costo asequible para las secciones más postergadas de los grupos de bajos recursos. La inclusión financiera no se agota en la apertura de cuentas en sedes bancarias sino que, además, se extiende a ahorros, pagos, remesas, créditos, seguros, pensiones, etc. De conformidad con el último censo practicado en India en 2011, el 41% de la población india no tenía accesos a servicios financieros ni bancarios; de hecho ni siquiera la élite de India estaba familiarizada con sus conceptos básicos.
[4] Ejemplos de ello son la sastrería, procesamiento de frutas, pesca, porqueriza, tambería, plantación de cañas de azúcar, tejido, confección de sahumerios, agricultura, alfarería, cerámica, confección de juguetes, producción de té, cultivo de hongos, floricultura, pastelería, joyería, entre otros.

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