Tensiones en Asia del Sur: la relación India y China

Tensiones en Asia del Sur: la relación India y China

Compartimos otra publicación de la serie de artículos “Perspectiva India”, donde la experta Dra. Lía Rodríguez de la Vega nos acerca mensualmente un material para una proximidad con la agenda actual de la India. Aquí un repaso de los eventos relevantes en la relación de India con China para una comprensión de las tensiones del presente. Los antecedentes históricos que permiten observar qué significado tiene Pakistán y el Tibet en las fricciones entre China e India, también cómo han sido los pasos que ha dado la diplomacia con señales políticas para etapas de acercamiento y enfriamiento en la relación entre los dos gigantes de Asia. Pero hoy está el liderazgo de Narendra Modi y ante una nueva una cumbre BRICS la India parece intentar mostrar un cambio político que impacta en las relaciones internacionales de India, en su forma de posicionarse con China. Como remarcamos sobre las publicaciones de la académica Rodríguez de la Vega del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, saber de India es clave, ya que será la nación más poblada del planeta en un futuro próximo y por ello, tenemos que tomar una proximidad.

Agosto de 2017 encuentra al mundo saturado con noticias de una escalada entre India y China, por disputas limítrofes que generaron desde ambos países, con retóricas de guerra, que retrotraen a pasados enfrentamientos y al hecho puntual de que ambos países poseen armamento nuclear, al igual que Pakistán, aliado de China y en disputa permanente con su vecina India.
India y China mantienen relaciones diplomáticas desde 1947, primero con el gobierno de la República de China y tras el triunfo de la revolución comunista en la China continental, con el gobierno de la República Popular China -previo reconocimiento indio, en 1949-. Sin embargo, el surgimiento de la India como estado trajo al centro de la escena el problema de la determinación de sus nuevos límites, atendiendo a la consideración de si ellos habían sido fijados por costumbre o a través de tratados. Al respecto, La República de China expresó su no reconocimiento de la línea McMahon (frontera entre el noreste de la India y Tíbet, propuesta por Henry McMahon, negociador británico, en el Tratado de Simla, de 1914),  pero no atendió el tema de modo particular en ese momento, debido a la complejidad de su propia situación interna. Por su parte, la República Popular China, al asumir el poder, renunció a todos los acuerdos extranjeros anteriores como tratados desiguales, impuestos durante el “siglo de humillación”, exigiendo la renegociación de todas las fronteras.
Sería la cuestión del Tíbet la que cooptaría la atención de la relación bilateral (India basaba su relación con Tíbet en el Tratado de Simla y sus acuerdos complementarios de comercio), en cuyo marco la expulsión de los chinos de Tíbet, en1949 precipitaría la situación. En 1950, efectivos del Ejército Popular de Liberación se abrieron paso hacia Tíbet y en 1951 se firmó entre las partes el Acuerdo de las Diecisiete Cláusulas para la “liberación pacífica” del Tíbet. Aunque las notas intercambiadas sobre el tema por ambos gobiernos evidencian las tensiones surgidas, India reconocería la soberanía china sobre Tíbet, mediante el acuerdo de 1954. Así, ese mismo año, la primera constitución china creó la Región Autónoma del Tíbet y en 1959, insurgentes proclamaron la independencia del Tíbet, sin conseguir reconocimiento de Estados Unidos y el Reino Unido, aunque contaron con una resolución de Naciones Unidas, en la que se pedía respeto por los derechos humanos de su pueblo. La consiguiente represión del levantamiento y la huida del Dalai Lama hacia la India provocaron el deterioro de la relación entre India y China, activando el diferendo limítrofe entre ellos, hasta llegar a la guerra en 1962 (coincidentemente con la crisis de los misiles en Cuba), que implicó una momentánea ocupación china del territorio en Arunachal Pradesh -que devendría un estado indio en 1987-, retrocediendo rápidamente las fuerzas chinas a la Línea McMahon y devolviendo prisioneros indios, en 1963. A tal instancia de guerra se llegó precisamente por una diferente interpretación de la formación de la frontera: mientras India sostiene que gran parte de la misma ha sido definida por tratados internacionales, China aduce que existe una frontera tradicional delimitada por la costumbre. Desde la perspectiva china, la frontera con India tiene una extensión aproximada de 2.000 kilómetros y está dividida en tres zonas: la occidental (que señala la frontera entre China, India y Pakistán y la disputa alude a la zona de Aksai Chin), la media (que abarca desde el extremo sudeste del sector oeste hasta el lugar donde concurren los límites entre India, China y Nepal, con la zona de Juwa, Qure, San, Congsha, Bolinsanduo, Wure,Xiangzha y Labudi, en disputa) y la oriental (que abarca desde la concurrencia de los límites de India, China y Bután hasta la zona donde concurren los límites entre India, China y Birmania). Por su parte, India señala que  la disputa incluye también la frontera entre el Tíbet y Sikkim (que se incorporaría como estado indio en 1975, tras un referéndum entre su población acerca de tal incorporación y sobre el cual, algunos aducen que China habría reconocido la soberanía india, atendiendo a la publicación de un mapa chino,que lo incluye en el territorio indio, en el World Affairs Year Book 2003-2004 y a su no clasificación de Sikkim como estado independiente) y entre la zona de Cachemira controlada por Pakistán y Xinjiang.

Resuelta en 1948 la disputa por Junagadh (que se convirtió en parte del estado indio de Saurashtra hasta 1956, en que Saurashtra se convirtió en parte del estado de Bombay, que a su vez se dividiría en 1960 en otros dos estados,  Gujarat y Maharashtra, es hoy uno de los distritos de Saurasthra en Gujarat), India y Pakistán mantuvieron la disputa por la región de Cachemira, que cada uno ocupa de modo parcial. La zona de ocupación pakistaní limita con la región de Xinjiang (en el noroeste chino, con mayoría étnica uigur y religiosa islámica -por la presencia  uigur y de la minoría china Hui)  y en razón de ello, en 1961, el gobierno de Pakistán propuso a China negociar un acuerdo definitivo de límites, pero las autoridades chinas optaron por la firma de un acuerdo provisional, atendiendo a la situación de Cachemira. Por su parte, el gobierno de la India, sostiene que dicho tratado es ilegal. 


Diversas circunstancias fueron modificando el conflicto entre India y Pakistán,  tales como el progresivo deterioro del vínculo de China con India y su acercamiento a Pakistán;  cambios en la política exterior pakistaní; el apoyo de la URSS a India (recordemos el Tratado de Paz, Amistad y Cooperación entre ambos, en 1971, que aludía a una cooperación estratégica mutua e implicaba un desvío de la trayectoria de no alineamiento de la India y era visto por China como un paso más en la política de cercamiento de la Unión Soviética hacia China), etc.
Firmado el tratado de límites, en 1963, China otorgó ayuda económica a Pakistán y anunció su apoyo a ese país en la segunda guerra indo-pakistaní (1965), aunque su posición resultó sobre todo retórica. Ese enfrentamiento armado duró cinco semanas, ocasionó miles de bajas en ambos contendientes y derivó en un mandato de las Naciones Unidas de alto el fuego y la Declaración de Tashkent, que restauró el status quo. Las secuelas de esa guerra de 1965 produjeron un cambio dramático en el enfoque de seguridad de Pakistán, en lo que ha sido llamado la “cuerda floja triangular”, un intento complejo de mantener buenos lazos con los Estados Unidos (que había declarado su neutralidad en la guerra), al tiempo que cultivar lazos con China y la Unión Soviética.
La Revolución Cultural en China profundizó las tensiones en su relación con India y en 1967 hubo nuevos choques en la frontera Tíbet-Sikkim (cuando este último era todavía un Protectorado de la India) -precedidos de numerosos incidentes y acusaciones-, con enfrentamientos en las zonas de Nathu La y Cho La. Si bien se produjo el retiro de los embajadores y el éxito militar acompañó a la India, las partes mantuvieron las relaciones diplomáticas.

La tercera guerra indo – pakistaní (1971) representó una amenaza concreta para China, en tanto la independencia de Pakistán Oriental (ahora, Bangladesh, que había logrado tal independencia con apoyo de India), implicaba el desmembramiento de su socio estratégico en la contención de India, Pakistán.  En ese marco, China rechazó tal independencia y vetó las propuestas para el ingreso de Bangladesh a las Naciones Unidas. Finalmente, en 1975, China reconoció al gobierno popular de Bangladesh y estableció relaciones diplomáticas con ese país, siendo esto la antesala de la normalización de sus vínculos con India, produciéndose otra vez la acreditación de embajadores chino e indio respectivamente, en 1976 y recomenzando el intercambio comercial, en 1977.
En 1979, el entonces Ministro de Relaciones Exteriores indio, Atal Bihari Vajpayee, (en el gabinete del Primer Ministro Morarji Desai), visitó China, donde reconoció la existencia de una disputa de límites entre ambos países (al tiempo que se producía la intervención militar de China en Vietnam) y en 1981, se produjo la visita del Ministro de Relaciones Exteriores chino a la India, comienzando las conversaciones diplomáticas sobre los límites disputados y China habilitó la ruta Kailash-Manasarovar, posibilitando así la reanudación de las peregrinaciones desde la India hacia el Tíbet (al monte Kailash, considerado residencia de Shiva para los hinduistas, hogar de Chakrasamvara para los budistas tántricos y objeto de peregrinación para ambos, junto a los jainistas).
En lo que hace al panorama económico, en 1984 los gobiernos firmaron un protocolo comercial que otorga mutuamente el principio de nación más favorecida (lo que permitiría potenciar su comercio hasta que, en 2008, China se convirtiera en el mayor socio comercial de India, desplazando a los Estados Unidos).
En 1985, la relación bilateral se tensó nuevamente ante la decisión del parlamento indio de elevar a nivel de estado a la región de Arunachal Pradesh, que China reclama como parte del sur de Tíbet. Esa decisión, sumada a los movimientos militares indios en la zona de Tawang, fueron considerados por China, una provocación y estalló otra vez el conflicto en 1987, encontrándose luego representantes de ambos países en Bum La, para discutir la situación, tras el paso del Ministro de Relaciones Exteriores indio, N. D. Tiwari, por China. A correlato de ello, sería la visita del Primer Ministro Rajiv Gandhi, en 1988, la que constituiría un punto de inflexión en la relación, al negociar la resolución del problema de límites simultáneamente al desarrollo de los otros ámbitos de la relación bilateral, comprometiéndose a proteger la paz y tranquilidad en la zona de la Línea de Control Actual hasta tanto resolvieran el problema de límites, al tiempo que establecieron un mecanismo de diálogo a nivel ministerial, creando el Grupo de Trabajo Conjunto sobre el Problema Fronterizo y el Grupo Conjunto Científico-Técnico y Económico-Comercial.
En 1992, se produjo la visita a China del Ministro de Defensa indio, Sharad Pawar (primer ministro de esa cartera en visitar el vecino país) y la reapertura del Consulado chino en Mumbai y del Consulado indio en Shangai. Posteriormente, en 1993, el Primer Ministro indio, Narashimba Rao firmó un acuerdo sobre el Mantenimiento de la Paz y la Tranquilidad a lo largo de la Línea de Control Actual en las Áreas Fronterizas, durante su visita a China. En 1994, China anunció que no solamente favorece una solución negociada sobre Cachemira sino que también se opone a la independencia de la región.

En 1995, se abrió en Nueva Delhi un Centro Cultural y Económico de Taipei, que sirve como representación de la República de China y opera como contraparte de una Asociación India-Taipei, en Taiwán, con el objeto de mejorar las relaciones entre ambos países, sin que hubiese expresión de ningún comentario por parte de la República Popular de China. En 1996, Jiang Zemin, Presidente chino, visitó India (el primero en hacerlo, desde el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1950), impulsando la negociación de la cuestión limítrofe. En 1998, bajo el gobierno del entonces Primer Ministro Vajpayee (el primero fuera del Partido del Congreso en completar el término de 5 años), se realizaron  dos pruebas nucleares indias  en Pokhran, dirigidas contra China y Pakistán, volviendo a perturbarse la relación bilateral y modificando a su vez, las relaciones entre India y los Estados Unidos.

En 1999, estalló la cuarta guerra indo-pakistaní o Guerra de Kargil, en que las fuerzas militantes de Cachemira, con apoyo de militares pakistaníes, cruzaron la Línea de Control ingresando en Kargil, ubicada en la zona de ocupación india de Jammu y Cachemira. India repelió el ataque y el Primer Ministro paquistaní, Nawaz Sharif y su Canciller buscaron respaldo político chino, pero no lo  obtuvieron y hacia el fin de ese mismo año, Sharif fue derrocado por el entonces Jefe del Ejército paquistaní, Pervez Musharraf, que permanecería en el gobierno por 9 años. Con su llegada al poder se inició una nueva etapa en las relaciones indo-pakistaníes, signada por la amenaza nuclear, la fijación de Musharraf por el agua de Cachemira (recordemos que una razón vital tras la demanda de Cachemira por parte  de Pakistán, se relaciona a la  necesidad de prevenir un conflicto entre Punjab y Sindh, y una posible secesión de Sindh y Balochistán, resultando los ríos Jhelum y  Chenab, tributarios del Indo y que fluyen en la región en disputa, una fuente de agua y seguridad alimentaria para Pakistán, dado que el sistema del río Indo, sobre el cual hay un tratado firmado entre ambos países, es un sistema hídrico crucial para Pakistán, en el que el 92 % de la tierra es árida o semi árida) y la política anti terrorista de Estados Unidos (que implicó una declaración de alianza con occidente en el combate al terrorismo, por parte de Musharraf y un cambio sustancial en la política exterior de Pakistán).
Mientras en 2003 se produjo la histórica visita del Primer Ministro Vajpayee a China, en cuyo marco se firmaron 11 documentos sobre cuestiones económicas, sociales y políticas, en 2004, ambos países propusieron la apertura de los Pasos de Nathu la y Jelep la, en Sikkim y por primera vez en su comercio bilateral, sobrepasaron los 10 mil millones de dólares.
En 2005, los Primeros Ministros Wen Jia Bao y Manmohan Singh firmaron una declaración conjunta, que establece que las partes buscarán la resolución política del problema de límites. En 2009, el Banco Asiático de Desarrollo, reconoció a Arunachal Pradesh como parte de India y aprobó un crédito para que el país llevara adelante un proyecto de desarrollo en esa zona, con la consiguiente protesta de China. En 2010, en una visita del Primer Ministro chino, Wen Jiabao a la India, ambos países acordaron establecer un mecanismo de diálogo estratégico y económico para la discusión de cuestiones macroeconómicas estratégicas compartiendo sus mejores prácticas individuales e identificando campos  para mejorar la cooperación. En 2012, China expresó públicamente su posición acerca de que los lazos entre ambos países  podrían constituir la “asociación bilateral más importante del siglo” y en la cumbre de los BRICS en Nueva Delhi, el presidente chino, Hu Jintao, sostuvo que “es  política inquebrantable de China desarrollar la amistad sino-india, profundizar la cooperación estratégica y buscar el desarrollo común“. 


Habiendo existido en años posteriores, distintos momentos de tensión por diversas cuestiones (reclamos de China sobre Tawang, distrito de Arunachal Pradesh; una supuesta invasión china al territorio de Arunachal Pradesh en 2016; la visita del Dalai Lama a Tawang en 2017, etc.),  ya en la actualidad y previo al incidente de Sikkim, cabe señalar que India estuvo ausente en el Foro que China realizó sobre el Cinturón y la Ruta de la Seda, en mayo de 2017, en protesta porque una de las iniciativas dentro de esa ruta es un corredor comercial entre China y Pakistán, que además pasa por una zona de Cachemira que India considera ocupada por Pakistán e incluye al Puerto de Gwadar, en la provincia pakistaní de Balochistán, muy rica en recursos aunque pobre en desarrollo y cuya insurgencia es apoyada por India, según denuncia Pakistán (generándose incluso convergencias en la diáspora de balochis e indios, en protestas contra Pakistán), acusación que por otro lado, extiende también a Afganistán (cuya dinámica interna motivaría un comentario acusatorio del presidente norteamericano Donald Trump, el 21 de agosto de 2017,  sobre la acogida de grupos terroristas por parte de Pakistán, que provocaría la pública defensa de este último por parte de China).

En junio de 2017, soldados chinos comenzaron a extender un camino a través del territorio de Doklam, área disputada entre China y Bután (comprende una meseta y un valle, situada entre el valle de Chumbi del Tíbet al norte, el valle de Ha de Bután al este y el estado de Sikkim de la India. al oeste). El área es considerada por Bután parte de su territorio desde 1961, aunque China lo considera suyo, en base a la Convención de 1890, de Calcuta. India, como aliado cercano de Bután, desplegó tropas para detener el proyecto de construcción, lo que llevó a China a acusar a la India de traspasar tierras chinas, instando a que India retire sus tropas mientras India propone que ambos las retiren. En el caso de esta disputa, la determinación india  de asegurar el área de triple unión se debe a que la misma conduce a un punto de su propia vulnerabilidad estratégica, el Corredor de Siliguri, que conecta el noreste del país con el resto del mismo. China por lo tanto, busca abordar su propia vulnerabilidad estratégica mediante la ampliación del Valle de Chumbi y al mismo tiempo concentrar su atención en el punto más vulnerable de India. Paralelo a ello, en el ámbito comercial, India impuso derechos antidumping sobre 93 productos chinos, al tiempo que un medio chino, parte del grupo de publicación del Partido Comunista, instó a las firmas chinas a “reconsiderar los riesgos” de invertir en la India.
Puede finalmente especularse que el actual accionar chino en la zona está guiado por la intención de mantener su diferencial de poder con la India y ser  reconocida como la fuerza dominante. Sin embargo, el riesgo de una acción en contra de India es el de potenciar su imagen intervencionista y de tendencias imperiales, imagen por lo demás opuesta a la que parece tratar de proyectar. De igual modo, el gobierno de la India enfrentará la reelección en 2019 y tampoco le convendría un enfrentamiento armado con China. El factor económico de más de 70.000 millones de dólares de intercambio bilateral, sumado a una larga tradición de intercambios diplomáticos parecen también contribuir a una visión que aleja cualquier acción de guerra, más allá de las retóricas esgrimidas.

Así, la visita del Primer Ministro indio Narendra Modi y su Consejero de Seguridad Nacional, Ajit Kumar Doval (a quien se le atribuye el cambio doctrinal en la política de seguridad de la India en relación con Pakistán, pasando esta de “defensiva” a “ofensiva- defensiva”) a China, en ocasión de la Cumbre de BRICS, que se desarrollará en Shanghai y Xiamen, entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre, constituirá un momento crucial para dialogar con la contraparte china y estimar el margen real existente para volver ambos sobre los pasos ya dados, no sin tener en cuenta que la relación aparece signada por distintas situaciones de potencial conflicto, que hacen esperar futuras tensiones, a lo que se agrega la cuestión del agua  (existen cuatro ríos que fluyen de China hacia India, pero China posee la ventaja estratégica sobre ellos y su decisión de construir grandes represas y desviar el agua en beneficio propio causará, seguramente, otras fricciones).

Por Dra. Lía Rodriguez de la Vega
Analista Internacional – Académica
Comité de Asuntos Asiáticos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales CARI
Ex. Directora de la Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y Africa ALADAA

Cultura y poder en la India: la batalla por la prohibición de Jallikattu

Cultura y poder en la India: la batalla por la prohibición de Jallikattu

Compartimos otra publicación de la serie de artículos “Perspectiva India”, donde la experta Dra. Lía Rodríguez de la Vega nos acerca mensualmente un material para una proximidad con la agenda actual de la India. Aquí en análisis para profundizar en un asunto del factor cultural, que tiene que ver con la milenaria tradición de Jallikattu. Lía Rodríguez de la Vega nos ayuda a entender el significado de esta costumbre y a qué conflictividad se enfrenten los cambios culturales en la India. El caso de Jallikattu permite ver el peso de un simbolismo en la sociedad India, qué significa esta práctica que se entiende como un deporte pero que tiene que ver con los animales. Como remarcamos sobre las publicaciones de la académica Rodríguez de la Vega del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, saber de India es clave, ya que será la nación más poblada del planeta en un futuro próximo y por ello, tenemos que tomar una proximidad.

La cultura puede entenderse como las normas, actitudes y prácticas simbólicas y estructuradas por las que se percibe, articula y experimenta las relaciones sociales, definiendo de esta manera la cultura en y por esas relaciones, que se predican al poder. La incorporación de la cultura por parte de los actores sociales, suma la consideración de las identidades sociales, que remite a grupos de repertorios culturales a través de los cuales lo sujetos delimitan simbólicamente sus fronteras. Las identidades sociales se producen a través de la diferencia, pero también aluden a la desigualdad y la dominación, de manera que las prácticas de marcación (que permiten señalar lo que es propio de los sujetos/colectivos sociales considerados) están ligadas a la conservación o confrontación de diversas jerarquías sociales, políticas, etc.
En ese marco, numerosas batallas que comprometen elementos identitarios han tenido ya lugar en la India y es poco probable que ésta sobre Jallikattu sea la última. Entre tales antecedentes, pueden mencionarse la abolición de la práctica de sati (costumbre que refiere a la inmolación de la viuda en la pira mortuoria de su marido o pocos días después, prohibida por los ingleses en el siglo XlX, siendo tal  prohibición profundizada a través del Indian Sati Prevention Act, de 1988), el tema de un nuevo matrimonio de las viudas (cabe recordar aquí la Hindu Widows’ Remarriage Act, de 1856; la Hindu Marriage Act de 1955; la Hindu Succession Act de 1956; la Hindu Minority and Guardianship Act de 1956, la Hindu Adption and Maintenance Act de 1956, etc.), el movimiento contra el sistema de castas (sobre el cual bien vale tener presente el legado fundante de Ambedkar, las diversas iniciativas que dentro y fuera del país desarrollan activistas de origen Dalit, incluso el alcance de la temática en la Equality Act de 2010, en el Reino Unido, etc.), que continúa agitando las circunstancias, más allá de la letra de la Constitución del país, entre otros.
Sumado a ello, en años recientes, se han podido ver discursos y actitudes que denotan una perspectiva más progresista en  cuestiones que durante años habían sido puestas fuera del alcance del debate en India. Distintos episodios trajeron otra vez al género al centro de la escena y en ese contexto, las mujeres se han manifestado públicamente y legalmente por el acceso a distintos lugares sagrados, reservados hasta ese momento para hombres, como el caso de los templos de Sabarimala en Kerala (cuyos representantes alegaban que no habían ingresado mujeres en 1500 años) y  de Shani Shinganpur en Maharashtra,  cuya posibilidad de acceso ha sido ganada por el apoyo de decisiones judiciales, obteniendo resonancia y visibilidad a lo largo de toda la India (de hecho, en el caso de Maharashtra, el Alto Tribunal de Bombay extendió el levantamiento de cualquier prohibición de ingreso a todos los templos del estado); el de la  mezquita Haji Ali Dargah Trust, en Mumbai, que permitió finalmente la entrada de mujeres al santuario de un mausoleo del siglo XV, que contiene los restos del santo sufí Haji Ali, tras una batalla legal prolongada; la famosa mezquita de Lucknow, Eidgah Aishbagh, que permitió el ingreso de las mujeres para ofrecer la oración de Eid-ul-Fitr dentro de Eidgah, etc. Más allá de ello, otros casos quedan aún por ser modificados, como el caso del templo Patbausi Satra, de Assam, que por iniciativa del gobernador del Estado permitió por un breve tiempo el ingreso de mujeres pero luego reimplantó la prohibición; el caso del templo del Señor Kartikeya, en Pushkar, cuya prohibición se sostiene en la idea de que el dios maldice a las mujeres en vez de bendecirlas; el de diversos templos en Rajasthan y Madhya Pradesh, que imponen distintas reglas para permitir el ingreso de mujeres, etc. Por otro lado, las mujeres llegaron también a la justicia contra el sistema de Triple talaq y la poligamia (en diciembre de 2016, el Alto Tribunal de Allahabad declaró que considera inconstitucional el principio de triple talaq, abriendo inimaginables trayectorias que aluden al extenso tema de las Leyes Personales en India, ya de por sí agitado por la propuesta gubernamental de un Código Civil Uniforme).

En el caso que nos ocupa, numerosos tamiles a través del mundo (el estado de Tamil Nadu tiene una población de poco más de 60 millones de personas y hay un buen número de personas que reside en otros países) se unieron para protestar contra la prohibición de la Corte Suprema (2014) contra Jallikattu, actividad que da en llamarse deporte, donde se “doma” un toro, que se lleva a cabo en distintas partes del estado, durante las celebraciones de Pongal, el festival tamil de la cosecha, que se extiende durante 4 días. La muy numerosa protesta popular en favor de la festividad (en la que participaron muchos jóvenes estudiantes y profesionales y fue apoyada por diversos actores de Kollywood, industria fílmica local, entre los cuales puede mencionarse a Rajinikanth, Kamal Haasan, Vijay, etc.), encontró en este momento eco en el apoyo de los partidos políticos estatales  y en el reaseguro del Primer Ministro Modi, acerca de que “todos los esfuerzos están siendo hechos para cumplir las aspiraciones culturales de las personas”. Tras una acción positiva del gobierno central en tal sentido, el Gobernador de Tamil Nadu, Vidyasagar Rao (BJP), aprobó la ordenanza que permite a Jallikattu ser sostenido a través del estado, durante la celebración de la festividad, en enero de 2017.

La primera prohibición contra Jallikattu se produjo en marzo de 2006, como decisión del Alto Tribunal de Madras. El defensor L Shaji Chellan había archivado una petición de mandato judicial con el Tribunal, buscando el permiso para conducir un carro tirado por un toro de raza castrado, en una carrera rekla (carreras tan populares como Jallikattu y también celebradas durante el mismo festival de Pongal), en Thaniankootam, en el distrito Ramanathapuram. Tras escuchar el caso, la juez Banumathi (actualmente,  juez de la Corte Suprema india y además cristiana, lo cual provocó suspicacias), amplió el alcance del juicio y prohibió tanto las carreras rekla como Jallikattu, citando la Prevention of Cruelty to Animals Act (PCAA), de 1960. Entre 2009 y 2014, diversas instancias estatales se expidieron acerca de la festividad, avanzando en su prohibición. En enero de 2016, el Ministerio de Ambiente, Bosques y Cambio Climático enmendó su notificación de 2011, permitiendo  Jallikattu y también el uso de carros con toros de raza castrados, a través de los estados de Maharashtra, Karnataka y Gujarat, con condiciones específicas. Esta notificación fue desafiada por PETA, el Animal Welfare Board of India (AWBI)  y otras organizaciones, que apoyan la PCAA (que agregó los toros a la notificación de 1991, que prevenía el uso y adiestramiento de ciertos animales para performance), ante la Corte Suprema. PETA insiste en que la crueldad no se limite al acto de  matar, sino que incluya el sufrimiento innecesario y la tortura inducida en animales para el entretenimiento humano, sosteniendo el deber del Estado y los ciudadanos indios de asegurar esto (bien cabe recordar aquí el contexto de contacto y conflicto crecientes entre humanos y animales en la India, debido al crecimiento de la población india, al turismo y también a la sequía). En julio de 2016, la Corte Suprema, revirtió esa decisión del gobierno y prohibió otra vez Jallikattu. Por su parte, los defensores de la festividad sostienen que los campesinos y agricultores se han inclinado hacia el desarrollo de variedades altas de ganado, afectando de modo desproporcionado a las clases nativas de toros, debido a los procesos de mecanización, entre otros y que Jallikattu provee de orgullo y honor a quienes mantienen estas especies nativas. Agregan no ver ninguna acción para la prohibición del uso de otros animales como caballos utilizados en carreras, elefantes, etc., frente a las que se dan en contra de este “deporte” al que atribuyen una antigüedad de 2000 años.

Para diversos observadores, a la prédica del conflicto “tradición-cambio cultural”, se une un componente de género importante, en tanto Jallikattu es un espectáculo ostensible de masculinidad (lo cual suele ser reafirmado por numerosas películas de cine tamil, en que la doma de toros ensalza la masculinidad y el estatus social del héroe). Se agregan a ello además, el hecho de ser una práctica casteísta, tomando en cuenta que hasta hace poco tiempo no se permitía  que los Dalits participaran de tal celebración y el factor económico, asociado a la cría de toros, las apuestas realizadas en el marco de este “deporte” y los premios.
La oposición a Jallikattu no resulta en absoluto difícil, atendiendo a cualquier espacio considerable de daño a los animales implicados y a sus implicancias simbólicas -entre ellas, las de género-, sin embargo pareciera que la protesta no es estrictamente sobre Jallikattu en sí misma sino más bien, como señalara Visvanathan, acerca de cómo los tamiles ven lo que consideran la opresión de la cultura dravidia, de la producción (y reproducción) de su localidad, del no cuestionamiento de esta “tradición” como forma de su existencia moderna y como un elemento de su núcleo identitario, en un claro mensaje de falta de confianza con respecto a la élite política y judicial de Delhi, que termina estableciendo juicios de valor e influye en la decisión  sobre el tema, confrontando de esta manera tal jerarquía. A correlato de esto, la cuestión de Jallikattu trae a consideración el tema de los festivales nativos en general y evidencia el escenario de disputa de legitimidades valorativas, que traduce esos clivajes de poder asociados a identidades específicas.
Los debates sobre animales en la India (y en cualquier otro lugar) resultan siempre condicionados por quienes detentan poder y suelen evidenciar contradicciones. Ejemplo de ello resulta la prohibición de matanza de vacas, establecida en la mayoría de los estados indios y del consumo de su carne (extendida también), que aunque llegó hasta a significar el linchamiento del islámico Mohammad Akhlaq, en Uttar Pradesh,  sospechado de haber matado y consumido carne de vaca (2015), no encuentra en absoluto correlato en el hecho de que India sea el principal exportador de carne vacuna del mundo (siendo además el quinto país en la producción de esa carne y el séptimo en su consumo doméstico). Otro ejemplo es el de la Wildlife Protection Act (1972), que si bien protege por ejemplo a los osos, habiendo prohibido el gobierno central a los “osos danzarines”, debido a dificultades en la aplicación, puede observarse “osos bailarines” en destinos turísticos como Shirdi, Shani Shinganapur  Ahmadnagar e incluso las afueras de la misma ciudad de Mumbai. Esos ejemplos se multiplican en los monos, los animales usados en filmaciones, las peleas de gallos, etc.
A ello se suma el hecho del riesgo que suponen estas circunstancias para el imperio de la ley en el país, en la medida en que “ceder” ante estas “aspiraciones culturales” una vez, establece un muy peligroso precedente. ¿Cómo se establecerá a futuro la legitimidad de los reclamos de base similar y su alcance público?, ¿en qué asuntos se atenderán las leyes y decisiones legales vigentes y no las “aspiraciones culturales” de las personas”?

El debate mayor en términos de beneficios para los animales contra elementos  y prácticas culturales, resulta todavía un ámbito de compleja interacción  para los actores sociales indios, en general y los políticos y  judiciales, en particular (entre otras cosas porque está imbricado de cuestiones relativas al poder y disputas simbólicas entre grupos sociales, como sucede en las otras partes del mundo donde estos temas ya son motivo de discusión y protestas). La consideración moral acerca de esta temática es un acto voluntario y libre, es decir, los derechos no son naturales, son otorgados por quienes pueden y desean hacerlo y este marco de discusión sobre los seres co-vivientes de los humanos ha registrado un avance contínuo, que se va extendiendo, en todo el mundo. Tal discusión acerca de las muchas dinámicas de cultura y poder presentes en esta potencia emergente, forman parte de lo que aún precisa dirimirse profundamente, en el contexto de las aspiraciones indias de poder global, con el escenario de fondo de una globalización que ya discute la temática (ejemplo de ello es la recomendación de incorporar el bienestar animal a las prácticas sobre animales y agricultura en el mundo, hecha en el Encuentro Mundial por la Seguridad Alimentaria, llevado a cabo en Roma, en 2016) y tomando en cuenta que aunque el moderno movimiento de bienestar animal se inició en occidente, existen varios antecedentes y uno de ellos, muy importante, es el del mismo Emperador budista Ashoka, en la India del siglo lll AC.

Por Dra. Lía Rodriguez de la Vega
Analista Internacional – Académica
Comité de Asuntos Asiáticos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales CARI
Ex. Directora de la Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y Africa ALADAA

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