La iniciativa por una Corte Penal Latinoamericana contra el Crimen Organizado.

La iniciativa por una Corte Penal Latinoamericana contra el Crimen Organizado.

Como generadores de contenido, análisis y propuestas orientadas a la proximidad entre los temas claves de la actualidad internacional y el ciudadano, en Equilibrium Global hemos tomado una serie de ejes o pautas comunicacionales donde justamente, el factor del protagonismo ciudadano es un tema de constante dedicación.
Siempre describimos en nuestras editoriales, en nuestro mensaje, sobre el especial e histórico momento que se vive de empoderamiento del ciudadano. Donde hoy, como nunca antes, el ciudadano tiene poder, lo sabe.
En nuestras redes sociales, en nuestro espacio radial, en nuestra agenda de eventos o en nuestro portal, con frecuencia presentamos y difundimos iniciativas que motivan la participación ciudadana para una transformación positiva del entorno o de la realidad. Dando visibilidad a líderes o a campañas, a organizaciones u a otras movidas que llevan la voz de la gente.
Con estas referencias presentamos esta nota que explica el contexto y el objetivo de una campaña sobre la cual manifestamos nuestra adhesión. Se trata de la creación de una Corte Penal Latinoamericana contra el crimen organizado COPLA, un asunto que urge en nuestra región, que se presenta en formato “Coalición” sumando adhesiones de organizaciones y reconocidas figuras públicas de diferentes ámbitos.

Referencias institucionales del contexto.

Al triste récord de ser la región socialmente más desigual del mundo, Latinoamérica ha agregado el de ser la región con mayores niveles de violencia criminal del planeta. La incontrolable situación en el norte de México, el crecimiento de las maras centroamericanas, la cooptación de vastos sectores de la política y del estado y el auge de la violencia criminal, el tráfico de armas, drogas y personas forzadas a la esclavitud laboral y sexual en el resto de los países configuran un problema regional de enormes repercusiones negativas en la vida de los ciudadanos latinoamericanos.
Lenta, pero inexorablemente, la proliferación de grupos dedicados al crimen transnacionalmente organizado se está constituyendo en el principal problema social de la región, en una amenaza para la democracia y en el principal freno a su desarrollo económico. Lamentablemente, los únicos que parecen haber comprendido el carácter global del mundo en que vivimos y logrado estructurar sus organizaciones con una lógica que supera las fronteras nacionales son los delincuentes. Redes de protección internacionales que esconden en otros países a prófugos de la Justicia, sistemas de colaboración entre organizaciones criminales que operan globalmente, intercambio mundializado de información, drogas y armas, mafias interconectadas en la región y el mundo son sólo algunas de las estrategias que reducen a la impotencia a los sistemas nacionales de persecución del crimen organizado.Baner COPLA
La violencia criminal y sus consecuencias sociales se han convertido hoy en parte central de la agenda política de nuestros países, y las desigualdades en términos de seguridad, en el principal factor de discriminación social en la región. Frente a la proliferación de organizaciones criminales estructuradas regionalmente y con poderosas conexiones con sus similares de otros lugares del mundo -como la mafia siciliana, la “ndrangheta calabresa” y la mafia china- los mecanismos nacionales de seguridad se demuestran cada vez más insuficientes y subordinados a poderes políticos impotentes, cuando no corruptos y cómplices. En vez de constituir una ventaja en términos de eficiencia, la cercanía de los tribunales, fiscalías y fuerzas de seguridad nacionales respecto de los lugares en que se consuman los delitos los deja a merced de la corrupción y de las amenazas del crimen organizado y limita su esfera de actuación a la persecución de la criminalidad menor, sin posibilidad ninguna de impulsar el desguace de las organizaciones criminales mediante el encarcelamiento de sus dirigentes y la confiscación de sus bienes.
La argumentación de esta campaña describe que el problema de la criminalidad organizada no es un problema nacional, sino regional. Los problemas regionales requieren políticas regionales. Y las políticas regionales requieren instituciones regionales para no quedar a merced de los desequilibrios de poder entre las naciones y las consecuentes arbitrariedades internacionales, ni de la inoperancia de los poderes estatales localizados. Una Corte Penal Latinoamericana contra el crimen organizado COPLA efectiva en la persecución de aquellos delitos que se organizan y ejecutan transnacionalmente no significa, de ninguna manera, una limitación a las soberanías nacionales ni a los poderes de los gobiernos latinoamericanos. Por el contrario, su éxito reforzaría los poderes de gobiernos nacionales hoy erosionados por redes criminales sobre las que están perdiendo progresivamente el control, y mejoraría la capacidad de autonomía y autodeterminación de Latinoamérica y de sus ciudadanos, demostrando que los latinoamericanos somos capaces de ocuparnos de los problemas de nuestra región.
Es precisamente por el espacio abierto por la actual ineficiencia de los gobiernos latinoamericanos para lidiar con la criminalidad organizada, especialmente en lo referido al tráfico de drogas, por donde se cuela la intervención de agencias extra-regionales. Por ello, los impulsores de esta campaña consideran que, en cambio, la constitución de una Corte Penal Latinoamericana contra el crimen organizado COPLA, reforzaría la capacidad de los países y de la región para manejar por sí misma sus problemas y establecería un límite fundado a las injerencias extra-regionales en esta y otras cuestiones. Por otra parte, y como ha demostrado el proceso de creación y de adhesión a la Corte Penal Internacional, casi todas las constituciones y gobiernos latinoamericanos reconocen el derecho público internacional como parte de su corpus de obligaciones.

Sobre el aspecto operativo, funcionamiento real.

La creación de la Corte Penal Latinoamericana contra el crimen organizado COPLA debería ubicarse en ese contexto jurídico, reforzado por la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Transnacional Organizada y los protocolos de Palermo, a las que casi todos nuestros países han adherido y que definen cuáles son los delitos considerados intrínsecamente transnacionales, con el objeto de aplicar los mismos principios usados en el ámbito internacional y mundial a la resolución del principal problema que enfrenta hoy Latinoamérica.
Por todos estos motivos, cada día más evidentes, se hace urgentemente necesaria una estrategia regional para enfrentar un delito que se organiza regionalmente; una estrategia que, además, siente las bases de una dinámica favorable a la integración regional tan necesaria para afrontar los demás desafíos económicos, políticos y sociales que enfrentan los países de Latinoamérica.  Una Corte Penal Latinoamericana contra el crimen organizado COPLA  (COPLA) multilateral, pluralista y efectiva puede constituirse en el elemento decisivo que evite a la región un futuro determinado por el  subdesarrollo y la criminalidad. Convocamos a todas las organizaciones, gobiernos y ciudadanos democráticos de Latinoamérica a participar activamente de su constitución.
Seguiremos el proceso de esta iniciativa, interesante desafío, especialmente para la comunidad internacionalista, seguramente quienes tienen una percepción más profunda de lo relevante del compromiso e involucramiento ciudadano en causas sociales de carácter transnacional.

Site institucional: http://www.coalicioncopla.org/

Desarrollo & Contenido
Martín Rafael López – Relaciones Internacionales Universidad Católica de La Plata.

Reino Unido: ¿Comienzo de una nueva etapa?

Reino Unido: ¿Comienzo de una nueva etapa?

El 18 de septiembre próximo tendrá lugar el primer referéndum por el cual Escocia podría lograr su independencia del Reino Unido. De esta manera, aquel país que supo poseer colonias e influencias alrededor del globo, podría volver a prescindir de una porción significativa de su territorio; significativa, no sólo por el tamaño de su superficie sino también por su proximidad e historia compartida.
La primera revolución industrial supo consolidar al Reino Unido más allá de las fronteras europeas, en donde su importancia política ya había sido alcanzada desde la misma conformación de Inglaterra, luego de la batalla de Hastings de 1066. Desde entonces, la expansión y la influencia política de la corona inglesa no supo ni de pausas ni de obstáculos. A comienzo del siglo XX, aquellas islas europeas conocidas por su clima no tan benévolo, regulaban tanto el comercio internacional como la vida en buena parte del planeta.
Luego de poseer territorios en todos los continentes, desde China e India hasta los Estados Unidos; desde Creta hasta Sudáfrica, el primer freno considerable en siglos lo supo dar la primera guerra mundial, paradójicamente, hace exactamente cien años. El Reino Unido salió victorioso de aquella contienda militar, de la cual hoy en día se discute si su participación fue necesaria, aunque su poderío político y económico sufrió un considerado revés. Luego la crisis de 1929, la imposibilidad de cobro de la deuda alemana de la primera guerra mundial, sumado a un deterioro en las condiciones de comercio (fin del patrón oro) y una alteración de la balanza comercial, llevaron a Londres a continuar perdiendo liderazgo y a empezar a compartirlo con una de sus ex colonias: los Estados Unidos.

La segunda guerra mundial significó una nueva victoria en lo militar pero a un costo económico y político inmenso: el Reino Unido para la segunda posguerra habría dejado de ser la gran potencia mundial y el comienzo del proceso de descolonización sería un claro ejemplo de ello. Independientemente de algunos territorios resistidos a su devolución (Hong Kong hasta el año 2000, Islas Malvinas, Gibraltar, Belice, diversas islas del Caribe, sólo por mencionar algunos ejemplos), el territorio británico tuvo una clara contracción de sus fronteras. Luego vendría la década de 1980 y el gobierno de Margaret H. Thatcher con la inclusión del neoliberalismo, permitiendo la privatización del espacio estatal y la inversión extranjera en ámbitos de estrategia nacional (e.g. energía).
En este contexto de cambios estructurales en las últimas décadas del Reino Unido es que podemos analizar con precisión lo que sucede ante la posible independencia de Escocia. Con el fin de entender la pregunta del titular, y en primera instancia, no sería el comienzo de una etapa sino la continuidad de otra con menos esplendor para la historia británica. Con rigor también se debe subrayar que la historia británica tampoco ha conocido de momentos estacionarios y que el cambio y la adaptación han sido variables recurrentes.

En caso que se lograse la independencia escocesa habría de pensarse algunas modificaciones estructurales en términos políticos. Para ello y en torno a considerar las más elementales, podemos encontrar que Inglaterra, Irlanda del Norte y Gales perderían una porción considerable de territorio con la partida de Escocia. Con ello, se desprenderían de una de las reservas más importantes de petróleo de Europa así como de una región comercialmente activa la que, seguramente, no sólo que dejaría de utilizar la Libra como moneda nacional (en su versión escocesa) sino que al sumarse a la Unión Europea podría reemplazarla por el Euro (en clara contradicción con la estrategia inglesa). Adicionalmente, la recaudación fiscal de Londres se vería disminuida por la pérdida de aportes y de utilidades petroleras del mar del norte.aref SI NO
En términos culturales e históricos el impacto sería profundo para un país caracterizado por su riqueza intelectual y autorreferencial. No olvidar que Escocia fue y es cuna de cientos de intelectuales, científicos y artistas de gran renombre para la tradición británica. Ejemplo actual de ello es que el anterior Primer Ministro, Gordon Brown, es oriundo de Escocia.
Ya en cuestiones más específicas, es de común conocimiento la voluntad de Edimburgo, en caso de lograrse la independencia, de no conservar en su territorio tanto la base de submarinos de propulsión nuclear como así tampoco el depósito de armas nucleares, de momento en manos del Reino Unido. Eso originaría, en primer lugar, la necesidad de negociar una transición en la que el Reino Unido administre ambas bases hasta su traslado final. Por el otro lado, debido a los altos costos de la referida mudanza de la base de submarinos y, más aún por el depósito nuclear, podría llegar a considerarse el desarme de los mismos, lo que originaría la primera experiencia concreta de esta situación en un país con capacidad bélica nuclear y miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Para el parlamento británico la perdida de Escocia significaría una derrota desde lo político. La administración del Primer conservador, David Cameron, quedaría muy debilitada, invitando a pensar a muchos analistas acerca de su posible dimisión en sus funciones. En caso que prevalezca el “no”, sería visto como un respiro para Londres aunque no le conllevaría a una ventaja posterior en lo político. En lo cotidiano al momento en que se escribe este artículo, se destaca la lentitud y la zozobra con que Downing Street manejo este asunto. El gabinete conservador demoró la toma de decisiones para acercar al electorado escoces al Reino Unido, y al aparecer encuestas con una luz de ventaja al “si”, medidas desesperadas han empezado a ser anunciadas. De momento es incierto el impacto que tendrán.
Continuando con la política interna, se puede agregar que periodistas británicos han comenzado a temer que la independencia sujeta a este breve artículo pueda ocasionar la reaparición de movimientos nacionalistas dentro del resto de las naciones británicas. Cabe recordar el pasado violento en el caso de Irlanda.
En contraposición con lo mencionado y siguiendo el empate técnico en las últimas encuestas, existe la posibilidad de que Escocia conserve su lugar dentro del Reino Unido y que todas estas hipótesis sean arrojadas por la borda. A pesar de ello, este referéndum es un claro ejemplo de la turbulenta política británica de las últimas décadas. A modo de conclusión, el 18 de septiembre será una fecha importante para la historia británica. Quizás sea un primer ensayo para la nación escocesa o bien un paso definitivo hacia su independencia. Sea cual fuere el resultado democrático, el proceso por aumentar la autonomía (en caso de que ganara el “no”) así como de consolidar la independencia (en caso de que el “si” obtenga mayores votos) será largo e invitará a ambas partes a aunar esfuerzos en pos de construir un orden estable que, principalmente, permita la continuidad social, económica y cultural de las islas británicas.

Por Lic. Mariano López Ferrucci
Analista Internacional

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